viernes, 8 de mayo de 2009

André-Pierre Gignac

Lo que ha pasado esta última semana me recordaba a lo que pasa en los bares de la calle donde vive mi novia. Son bares de barrio, con habituales que bromean con el camarero y algún parroquiano que parece vivir postrado en la barra. Desde que abrieron el BEC (ridículas siglas que atienden al nombre de la nueva Feria de Muestras de Bilbao en inglés), en ocasiones especiales (exámenes de oposiciones, conciertos multitudinarios, partidos de baloncesto y demás espectáculos) se llenan a veces de gente que parece descolocada, que no pega con la decoración del bar. El día del concierto de AC/DC me hizo gracia ver como en uno de ellos tenían en la barra seis tortillas de patata recién hechas y la tele con videos de los australianos a todo trapo. Las chupas de cuero chirriaban con el póster de cinzano bitter. Algo así ha ocurrido con este blog. Mira que yo siempre encabezo las entradas con nombres populares o relativamente populares, pero fue poner Gotzon Mantuliz y al día siguiente ver el marcador ese que coloqué no sé cuando ni para qué y se habían conectado más de cien personas. Y ha seguido subiendo. En fin, el caso es que el concierto ya ha terminado, así que supongo que ahora volveremos a ver solo por aquí a los parroquianos habituales.
Y, quizás por ello, tenía ganas de escribir una nueva entrada pero no sabía de qué y se me ha ocurrido hablar de futbolistas gitanos. Quizás porque Ibrahimovic se enfadó el otro día y ahora cuentan que se va a apuntar al club de amigos de Florentino. No es el único gitano que juega al fútbol profesionalmente. El de ahí arriba, Gignac, es un delantero francés joven que la temporada pasada jugaba en banda porque en punta tenía que jugar Elmander y no destacaba, pero esta temporada es pichichi de la liga con el Tolouse, no, Toulouse, perdón (joder...). Su primo, también de raza gitana, juega para el Valenciennes y se llama Jacques Abardonado. Mario Lacatus, Ilie Dumitrescu, el gran Gica Haghi (dios, cómo jugaba), Nicolita... supongo que en la liga rumana habrá muchos más. Y en los Balcanes hay muchos, muchos jugadores que descienden de familias gitanas y que yo por lo menos no lo sabía: Milan Baros, Dejan Savicevic, Sinisha Mihajlovic... ¿Y Rafael van der Vaart? Su padre es gitano neerlandés. ¿Y Hristo Stoichkov? ¿Ricardo Quaresma? En España, a parte de aquel famoso delantero del Zaragoza, Jesús Seba, que luego jugó en lugares tan dispares como Villarreal, en el Wigan o en Portugal y que aún juega con 35 años en Andorra, creo que también son gitanos o tienen raíces gitanas jugadores como Apoño, Arzu, Jesús Navas, José Aurelio Gay, Casquero, Daniel López Ramos, José Antonio Reyes o David Cortés. Eso es al menos lo que he leído en Internet. ¿Sabes quién más? Eric Cantona también.
¿Y qué demuestra todo esto? Que me he ido avergonzando según iba escribiendo esta entrada de mis propios prejuicios escondidos, tan escondidos que creía que no los tenía. ¿Por qué me sorprende tanto? ¿Juegan con una sola pierna o qué? La ignorancia nunca es buena consejera. Supongo que sabemos solo lo que queremos saber y desconocemos, lo que no sabemos, y si no lo sabemos es porque no queremos saber. ¿El qué? Que soy gilipollas. No sé cómo terminar la entrada. No sé ni por qué la empecé. Ah, sí, para quitar a Mantuliz de la cabecera, y eso ya está hecho, así que, sefiní, que no sé si tiene que ver, pero parece caló, o romaní, que no debe ser lo mismo.

martes, 5 de mayo de 2009

Gotzon Mantuliz

La televisión, oh, la televisión, hablemos de ese gran invento… Intentaba ponerme patéticamente poético y escribir una oda paródica a la caja boba, pero no me sale. Voy a confesar otro defecto, uno que quizás no lo sea y que comparto, al parecer, con mucha gente: me he tragado la quinta edición de “El conquistador del fin del mundo.” Voy a explicarlo porque como es un programa de la ETB, si alguien lo lee desde fuera, quizás no lo pille. “El conquistador del fin del mundo” es un reality show, supongo, un programa de supervivencia que transcurre en la Patagonia y cuya última prueba consiste en nadar por las aguas heladas del estrecho de Beagle hasta que alcanzas una canoa que tienes que remar durante unos diez kilómetros para llegar al susodicho faro del fin del mundo.
Para alguien como yo, que como ya se sabe, ha vivido un año en Estados Unidos, la televisión depara aún sorpresas, pero no tan sorprendentes. Noventa canales donde podías encontrar todo tipo de realities que aún siguen exportando formatos televisivos: maquear coches, maquear motos, maquear cuartos de baño, hacer putadas en los probadores, intentar proteger tu casa para que no te roben, ligarte a dobles de famosos, ser tú el doble del famoso, elegir pareja husmeando en sus habitaciones, sobrevivir en islas desiertas varias, en todo tipo de casas prefabricadas, en selvas, en granjas, en autobuses, fardar de mascota, todo tipo de programas sobre habilidades musicales, potenciales jugadores de béisbol, de fútbol americano, de baloncesto, bailarines, actores, obreros de la construcción, Jessica Simpson, la otra rubia del perrito en el bolso… Las posibilidades son múltiples.
En España hay otros programas de supervivencia, con o sin famosos, con más o menos hincapié en las pruebas físicas o en la convivencia, con más o menos morbo. “El Conquistador del fin del mundo” cumplía este año su quinta edición. Un dato para corroborar lo que voy a explicar a continuación: he visto todas las ediciones, pero no me acuerdo de uno solo de los ganadores. Esto es un concurso. El que gana se lleva un premio en metálico. ¿Antes no era un viaje que daba la vuelta al mundo? El que gana es un deportista aficionado con una gran capacidad de sufrimiento y esfuerzo. Hay roces, problemas de convivencia, cámaras husmeando, nominaciones, pruebas de inmunidad, una organización todopoderosa, publicidad, un plató el último día de programa, un número de teléfono para votar, foros en Internet, lo de siempre. Sin embargo, el programa se centra, en mayor o en menor medida, en lo que deberían centrarse los demás: el esfuerzo atlético, las pruebas y duelos, las condiciones climatológicas, los problemas físicos y mentales de los participantes, el entorno… dejando en un plano secundario otros alicientes más mediáticos de todo programa televisivo. Los participantes son personas de la calle, con diferentes circunstancias y una buena preparación física, mucho más cercanos al espectador, sin ánimo de convertirse en estrellas televisivas (supongo) y con el objetivo de alcanzar el faro del fin del mundo y superarse a ellos mismos. Es televisión, sin más, pero las pruebas y el esfuerzo de los participantes destilan una autenticidad que parecen no poder demostrar los otros programas.
Este año la edición ha sido todo un éxito, especialmente de audiencia. A mí me costó entrar, porque en principio, los roces producto de la personalidad de ciertos participantes y la convivencia de los grupos, me hacían sospechar que el programa había dado un giro. Quizás lo hizo, pero no fue para tanto. La última prueba en el estrecho de Beagle no fue especialmente emocionante, pero el anterior duelo en el glacial Perito Moreno fue de una plasticidad y arrojo especial.
El ganador de este año ha sido un chaval de 20 años llamado Gotzon Mantuliz que ha caído especialmente bien entre el público por demostrar ser el más fuerte, por su sonrisa y por su actitud. Siempre recordando que esto no deja de ser un programa de televisión, es cierto que el ejemplo demostrado por este chaval ha sido especialmente digno de alabar teniendo en cuenta los modelos de comportamiento que nos encontramos hoy en día en televisión. No le conozco de nada, solo le he visto remar en la tele, pero no ha remado nada mal, si se me entiende. Así que, enhorabuena al ganador, al resto de participantes y a la producción del programa. El año que viene quizás no esté por la labor de verlo, quién sabe, soy caprichoso con mis aficiones televisivas, pero espero que todo siga en la misma línea y, al menos una vez al año, podamos disfrutar de los increíbles paisajes de la Patagonia y envidiar como nuestros vecinos son capaces de superarse físicamente con tanta bravura.

Efrén Vázquez


¿Quién es Efrén Vázquez? Lo de las motos, los coches, los quads… no es lo mío. He leído que Efrén Vázquez terminó quinto en el Gran Premio de Jerez. Su mejor resultado desde que corre el Mundial. Herri Torrontegui es su valedor. Herri Torrontegui ganó una carrera del Mundial se ve que hace ya mucho tiempo. Sacó a pasear la ikurriña para celebrarlo. Dicen que aquello no gustó en cierta prensa nacional y se le despreció con premeditación. Dicen que se le llamó el vencedor moral. Dicen que precisamente este fin de semana era el aniversario de aquel acontecimiento. Justo ahora que su pupilo parece asomar la cabeza.
Cuando Torrontegui triunfaba en los circuitos, yo veraneaba en Oriñón, una pedanía de Castro Urdiales, una ciudad costera del este de Cantabria colonizada por los vizcaínos y martirizada por el ladrillo. Mi familia por parte materna desciende de un valle congosto, verde y elegante que nace del trasero de Castro Urdiales. De pequeños, íbamos, por la mañana, a la playa de Oriñón y, por la tarde, a abrevar las vacas en Guriezo. Un verano, empezó a correr el rumor por la pedanía. Herri Torrontegui veraneaba en Capri, la urbanización de persianas azules con lonjas habitables donde los franceses guardaban las bolas para jugar a la petanca en la playa. En uno de los portales que daba al patio interior de la urbanización, había una enorme moto de gran cilindrada aparcada. Desde el balcón, vigilábamos para poder ver al rubio de Gorliz. Quizás podíamos ver un caballito en la recta del embarcadero. Nunca le vimos. Quizás nunca estuvo. A Efrén Vázquez le he visto esta temporada en primera fila del pabellón de La Casilla. A los dueños del Bilbao Basket, muy dados a los homenajes (esta temporada he visto cinco o seis partidos de Europa y dos de Liga y creo que al menos en la mitad ha habido algún homenaje antes del partido), se les ocurrió regalarle una camiseta y agradecerle que fuera aficionado del club. Menudo, serio, acompañado por su novia y recatado a la hora de celebrar las canastas. ¿Sacará la ikurriña algún día? La verdad es que igual que no soy muy aficionado a las motos, tampoco lo soy a las banderas, pero espero que el bilbaíno Efrén Vázquez dé, en el futuro, alguna alegría a los que sí son aficionados a las motos y, si a él le place, también a los que son aficionados a las banderas.

Zeljko Obradovic

Detalles. Pequeños detalles que a veces no traslucen. Detalles. Pequeños detalles que hacen que el deporte profesional merezca aún la pena. Uno: Obradovic gana su séptimo campeonato de Europa de clubes. Entrevistado al final del partido, sus primeras palabras son de felicitación para Ettore Messina. Le preguntan por su palmarés. Responde que él siempre mira por el bien del colectivo. Le preguntan por la NBA, contesta: no me voy a ir ahí. Todo es espectáculo, aquí hay que ganar cada día. Segundo: Guardiola tras el derby, y tratándole de usted, felicita a Juande Ramos por el trabajo que ha venido haciendo desde que fichó por el eterno rival. Acaban de meterles seis goles en el Bernabeu. Tercero: Manolo Preciado. Su equipo, el Spórting de Gijón, ha visto como seguía en el pozo por un gol del Athletic en el descuento. Los periodistas entrevistan al último chaval que ha debutado en el primer equipo bilbaíno. Adrien Goñi, emocionado, dice que es el día más feliz de su vida. Por detrás, pasa casualmente Preciado que se dirige al chaval, “enhorabuena, niño.” Cuarto: dije que siempre hay una rampa y un tío dispuesto a subirla en bicicleta. Romain Sicard, vascofrancés de Hazparren, otorga al Orbea, filial del Euskaltel-Euskadi, una victoria de relumbrón en la clásica subida al Naranco. Entra en línea de meta llorando, superado por la recompensa de un esfuerzo que a sus 21 años, aún promete más que cumple. Quinto: pensaba que E ni iba a salir. 2-6 y no conozco a nadie que lleve más adentro al Real Madrid. Aún así, es capaz de disfrutar de Messi, Iniesta y Xavi y, con un poso que quizás den los años y la vida, es capaz de celebrar las derrotas con unas cervezas escuchando a Mgmt en el Panorama. Detalles. Pequeños detalles.

Wayne Simien

Empezamos con una mera noticia que he leído hoy en la prensa digital pero que me ha llamado la atención. Simien, que ganó el anillo de campeón de la NBA con los Miami Heat de Shaquille O'Neal y Dwayne Wade, y que contaba con varias ofertas de la ACB tras un año magnífico en la LEB Oro donde en 15 partidos ha hecho medias de 16'8 puntos y 8'2 rebotes por partido con el equipo de Cáceres, ha decidido retirarse del baloncesto profesional.
Las razones las ha debido dar en una entrevista para la publicación Lawrence Journal:"Estoy oficialmente retirado del baloncesto. Todavía amo este deporte y puedo jugar a gran nivel y vivir muy bien, pero siento más pasión por otras cosas. Esa pasión es por ser sacerdote cristiano y por los jóvenes deportistas."
El Señor ha llamado a la puerta de Simien y la ha indicado que su camino es otro. Con todo el respeto para la decisión del jugador y para aquellos que tengan fe, no deja de ser una noticia chocante, ¿verdad?

lunes, 4 de mayo de 2009

Alan Shearer

Bien. Veamos.
La primera jugada es ésta:

Sanción: lo que resta de temporada más 130.000 euros por juego sucio.
Declaraciones de Alan Shearer, entrenador del Newcastle United, que está apunto de descender a la First Division para tragedia de su afición: "La decisión del árbitro de mostrar la roja fue correcta. Ha dejado mal al club y a él mismo por esa dura entrada. Habrá que tomar medidas."
Bien. Veamos.
La segunda jugada es ésta:
Sanción: 10 partidos.
Declaraciones de Vicente Boluda, presidente del Real Madrid, que hasta este fin de semana disputaba el título de Liga al FC Barcelona: "La sanción a Pepe es una salvajada."
¿?

viernes, 1 de mayo de 2009

Stefan Schumacher

No sabía ni qué nombre poner ahí arriba. No tengo ninguna gana de escribir esta entrada. Todos aquellos que leéis este blog sabéis muy bien que me encanta el ciclismo y habéis podido intuir que intento evitar hablar de dopaje. ¿Por qué? No estoy echando la mierda debajo de la alfombra, pero no me apetece darle más bombo al asunto, bastante espacio ocupa en los noticieros, que, sin embargo, resumen otras noticias en unos solos segundos. Tampoco voy a hacer una defensa encendida, ni abogaré por recurrir a las típicas disculpas (no sin cierto razonamiento) que se preguntan por qué el ciclismo y no otros deportes. Hay tramposos. Muchos. Tramposos que ensucian este deporte que no puede mancharse del todo por mucho que a algunos les convenga o les importe tan poco que lo encuentren hasta divertido. Siempre se acercan los buitres al cadáver, ¿verdad? Unas preguntas si voy a hacer: ¿por qué la gente desconfía lo mismo de los ciclistas, que de los directores deportivos, que de los comités, de los laboratorios, de los médicos, los masajistas, los mecánicos y hasta del conductor del helicóptero? ¿Todo el mundo se dopa? ¿Tan barato es? ¿Tan rentable sale medicar a un ciclista para que acaba en el puesto 56º de la general? ¿Por qué suspenden a Pecharromán el 26 de Agosto de 2007 y necesitan hasta finales de abril de 2008 para darle la razón y sobreseer su caso de positivo por el uso de un crecepelo? ¿Qué pasó con Iban Mayo? ¿Qué pasó con Patxi Vila?
Los últimos han sido el joven ruso Serguei Shilov, José Antonio Redondo y por segunda vez Stefan Schumacher. También repitió hace poco Tyler Hamilton. Unámoslos a los Floyd Landis, Riccardo Ricco, Bernard Kohl, Leonardo Piepoli, Raimondas Rumsas. Remontémonos hasta los reportajes de Jesús Manzano en el AS. ¿Qué demonios queréis que diga? Lo que más me duele es cuando alguien a quien el ciclismo ni le va ni le viene, lo cual es respetable, te salta con el tema del dopaje y tú no puedes hacer nada más que agachar la cabeza y apretar los puños.
Y, sí, lo sé: en esa lista de arriba falta Davide Rebellin. Alguna vez he escrito ficción en este blog, por lo tanto me lo inventé. Quizás otras veces, haya cometido errores, pero es que a veces abuso mucho de la wikipedia y eso no está bien. Pero nunca he mentido ni he escurrido el bulto. Sé lo de Davide Rebellin, y cuando me lo dijo mi hermano, no me llevé un disgusto porque hace tiempo que aprendí que hay muchas otras cosas más importantes por las que ya me llegará el día de disgustarme. Sin embargo, aunque haya dicho que no, sí, me lo llevé, me llevé un disgusto. No he querido ponerlo en la lista porque, en el fondo, siempre he sido un poco estúpido, y aún espero y deseo con todas mis fuerzas que el contraanálisis dé negativo. Él dice que no ha tomado nada y que tiene la conciencia tranquila y yo no quiero que todos los demás que le precedieron me obliguen a desconfiar con antelación y por norma. Ya hablaremos después, si eso, o, en su caso, lo de siempre: agachar la cabeza y apretar los puños. Eso sí: siempre habrá una rampa y un tío encima de una bicicleta dispuesto a subirla, pase lo que pase.