jueves, 11 de junio de 2009

Francesco Petrarca


Nació en bla bla bla y murió en tororó. Su obra influenció a Fulanito y a Menganito. A lo que vamos: el 26 de abril de 1336, según datos de la prestigiosa fuente de información Wikipedia (soy irónico y a la vez no lo soy) Petrarca, junto a su hermano y otros dos compañeros, escaló el Mont Ventoux (1.909 metros). Al parecer, escribió una memoria del viaje en forma de carta y la envió a su amigo Francesco Dionigi. Digo yo que los estudiosos de la obra del ínclito italiano tendrán conocimiento de la misiva... y me apetecía utilizar palabras como ínclito y misiva, y procede, ¿no? Continúa la wikipedia: "Como en ese tiempo no era usual escalar montañas sin fin práctico alguno, se considera ese día la fecha de nacimiento del Alpinismo como deporte y a Petrarca como uno de los precursores del mismo."
¿No es curioso?
¿No es curioso que si del mono viene el hombre... de Petrarca venga Juanito Oiarzabal?

Alejandro Valverde


Qué dulce la derrota cuando quedas segundo con los dedos apretando la maneta del freno. Valverde ha levantado levemente el puño. Igual que Abraham Olano sonreía cuando Manuel Fernández Ginés le ganaba por un tubular. Sabe dulce cuando quedas segundo en una cima tan mítica como el Mont Ventoux, el Monte ventoso, el monte pelado, con esos cuatro kilómetros sin vegetación, un espejismo marciano que gravita en torno a la hercúlea torre de la cima. Una carretera de rectas interminables donde la leyenda del ciclismo creó héroes y mártires. Tiene que saber dulce quedar segundo cuando atacas a nueve kilómetros del final y nadie te sigue, cuando lo haces en los morros de los que se empeñan en despreciarte y acusarte, cuando demuestras nobleza de competición y dejas vencer a quien también se lo merece.
No soy un gran admirador de Valverde porque lo sufro. Porque tiene por costumbre ganar donde yo quiero que ganen otros. Que no sea un gran admirador no quiere decir que no admire su talento para el ciclismo. Talento que es más admirable aún porque ha demostrado flaquezas, síntomas de humanidad. No conozco los detalles sobre las acusaciones de dopaje que año tras año llevan manchando su nombre. No sé qué razones esgrime el CONI ni por qué la organización del Tour se las cree. Tampoco puedo defenderle por la misma razón. Pero lo que siempre defiendo es la inocencia de alguien hasta que no se demuestre lo contrario. Y las presunciones en el ciclismo hace tiempo que se convirtieron en asunciones. Y no de vírgenes, si no de magnates, ejecutivos, presidentes de comités, representantes, mánagers... Es un juego de palabras, claro.
Lo que no ha sido un juego ha sido el espectáculo de ciclismo que se ha dado hoy en el monte donde Petrarca subía de paseo (próxima entrada). El gesto de Valverde con Szmyd. El ataque de Valverde. La resistencia de Zubeldia. La sorpresa de Fuglsang. El empeño de Gesink. El tesón de Antón y Astarloza. La bravura de José Luis Arrieta. El misterioso cerebro de Evans. La segunda oportunidad de Basso. La inconsistencia de Nibali. Las viruelas de Moncoutie... Tú los ves en la tele y te olvidas del murmullo del viento, del ruido de las noticias y disfrutas de un deporte que sigue siendo épico porque ha caído por el barranco cientos de veces.

miércoles, 10 de junio de 2009

Vince Lombardi



En 1960 Time le eligió para su portada como la imagen de la Liga de Fútbol Americano. Desde entonces, Lombardi se convirtió en el gran icono de este deporte. En los nueve años que tuvo como primer entrenador, ocho en los Green Bay Packers y otro con los Washington Redskins, ganó cinco títulos de la Superbowl. Hoy en día, el trofeo que le otorgan al ganador lleva su nombre. Murió en 1970, justo cuando comenzaba su segunda temporada con los Redskins. Desde hacía tiempo tenía problemas de estómago, pero se resistía a acudir al médico. Para cuando no hubo otro remedio, le diagnosticaron un cáncer de colon que ya se había reproducido en otros órganos vitales. Según he podido leer, uno de los oncólogos que le trató, dijo que era uno de los casos más agresivos que jamás conoció. Este detalle daría fe de la filosofía y el carácter por el que Lombardi se hizo leyenda. Ganador compulsivo, gran motivador, ejemplo de los valores más americanos, hijo de emigrantes católicos, creyente, adicto al trabajo... dicen que todos sus jugadores tenían fe y le apreciaban. Su único espíritu era el de superación y el de competir. Hoy en día, todavía hay quien recurre a la enciclopedia de frases míticas que dejó para la posteridad, incluida la más famosa, que se le atribuye aunque se desconocen las palabras exactas, y que decía que ganar no lo es todo, pero es lo único. Con un rápido vistazo a internet, encontráis cientos de ellas: una escuela sin fútbol sería como un centro de estudios mediaval, la confianza es contagiosa, y también la desconfianza, la fatiga nos hace cobardes, si no importa quién gana o quién pierde, ¿por qué tenemos marcador?... Todo un icono de la cultura y el deporte americano que daría pie a un gran análisis de las virtudes y los vicios de esta sociedad.

domingo, 7 de junio de 2009

Pedro Delgado

Dos recuerdos sobre Perico Delgado:
Uno. Levantarme por la mañana en Oriñón y correr hasta el bar de Juanchu para comprar el marca antes de que se acabara. La portada: Perico Delgado da positivo. ¿Qué es positivo? ¿Eso es bueno? ¿Decía positivo? Ya no me acuerdo. Mi tía se enfadaba conmigo: ella quería ver la telenovela y yo la etapa del Tour. Igual que en la habitación del hotel de Benicassim durante nuestro tercer festival. Ella quería dormir y yo ver como Floyd Landis engañaba a todos. Ella se tumbaba en la cama y yo en el suelo, con una toalla, sin voz en el televisor.
Dos. El año en el que salimos en el deia pintando el nombre de Laiseka en una de las últimas curvas de Luz Ardiden. Justo cuando empezábamos nuestra larga espera en la cuneta, apareció Perico conduciendo un coche descapotable y se detuvo a saludar a la afición. Creo que fue el amigo de mi hermano quien le gritó: ¡Perico!, ¿por qué Geslin es geslen y Turpin es turpan? No se dio por aludido.
Epílogo. ¿Sabíais que hay un grupo de música escocés que se llama The Delgados? Se llaman así por Perico Delgado, aunque no lo creáis. O se llamaban, porque, para mí desgracia, hace unos años que decidieron descansar. Al menos, Emma Pollock sacó un precioso disco hace bien poco. De verdad, si os gusta la música, aunque os la traiga floja el ciclismo, agenciaros los discos de The Delgados y de Emma Pollock.


Agustín Gajate


(por no decir Larrañaga y Gorriz)

San Francisco, California:

Me acompañan en coche hasta el motel, un backpackers cuesta arriba muy cerca de Union Square. Sin bajarse del coche, se despiden: ¿tienes ambiente ahí dentro, verdad? Todas las luces del motel encendidas, y los franceses, para variar, de cháchara en las escaleras. Digo que sí con la cabeza. Una de las chicas se pone seria: entonces, nos vemos mañana a las diez en el árbol de Navidad. Y digo que sí con la cabeza. Los cuatro a la vez gritan adiós y arrancan el coche en dirección a Market.
Esquivo a los franceses mientras murmuro goodnight. No hay nadie en recepción. Me cuesta encontrar mi habitación. Abro con cuidado. Hay luz. Dos tíos duermen en las literas de la izquierda. Murmuro goodnight y me contestan. El de arriba lee, el de abajo escucha música. En la litera de debajo de la derecha, un montón de toallas, subo arriba. Y luego vuelvo a bajar. Mi ropa amontonada en una esquina.
El tío de la primera litera se presenta: hi, I’m Mike.
Le contesto y me pongo rojo: hi, nice to meet you.
El otro no tiene tantas ganas pero también se presenta.
Sorry about last night, me excuso. Anoche me dieron la habitación cuando ya dormían. Creí que mi litera era la de abajo y me acosté allí. Cuando llegó el francés, tuvo que flipar. Me despertó y a duras penas le entendí como me explicaba que aquella litera era suya, la mía era la de arriba. Me puse rojo pero a oscuras no funcionaba. Subí arriba. No sé qué ostias hicimos con las sábanas. Repito: el francés tuvo que flipar. Mike se ríe y me pregunta que cómo coño pude confundirme. Le digo, arriba había unos pantalones y yo qué sé, estaba a oscuras y no vi la tarjeta colgada de la almohada. Dice que sí con la cabeza. Pero los dos se ríen una vez más. En inglés, le contesto: reíros, reíros, si supongo que tiene gracia… pero el francés tendría que flipar.
Mike parece un buen tipo. Me dice: somos escoceses, estamos dando la vuelta al mundo.
¿De verdad?
Dice que sí con la cabeza.
Llevamos tres días en San Francisco, mañana ya nos vamos para L.A.
Bien.
¿De dónde eres tú?
Español.
Good, I love Spain. ¿Qué haces en los States?
Trabajo, en Iowa, ahora estoy de vacaciones. Mis amigos, una panda de gilipollas, duermen en Mission.
Mike asiente con la cabeza. El otro ha vuelto a la música.
¿De qué parte de España eres?
Bueno, soy vasco, del País Vasco.
Ey, that’s cool. Vivi en donostía, sansebastian dos años.
No jodas.
Fucking nice place, man.
Yo soy de la otra esquina, de Bilbao.
Fucking nice place too, man.
Me río.
Ey… grita: ¡Lorroniaga, Goris… y!
Aprieta los puños. Frunce el entrecejo, no se acuerda:
Gajate, murmuro, mientras intento volver a subir a la litera, porque mientras hablábamos, me estaba desnudando y poniendo el pijama.
GAHATE!
Su amigo se asusta.
FUCKING GAHATE!
Fucking Gahate, murmuro.
Y seguimos hablando de fútbol, de Iuralde, Louren, Rikarte, y de Durie, Mo Johnston, McCoist hasta que su amigo murmura algo y Mike pone cara de circunstancias: mañana nos tenemos que levantar pronto, tío, será mejor dormir.
Sí, yo también.
Encantado de haberte conocido.
Igualmente.
GAHATE! grita. Y yo me río. Justo acaba de abrir la puerta el francés y nos mira a los dos con cara de estar flipando.

Mark Simpson


Él lloraba en la cancha, yo lloraba en mi habitación. ¿Se llamaba Dallas Comegys? Quizás me equivoco. ¿Se llamaban Oximesa Granada? Quizás me equivoco. Mark Simpson lloraba en la cancha. Y yo lloraba en mi habitación. Fin a tantos años de recuerdos imborrables: Joe Kopicki, Darrell Lockhart, Román Carbajo, Juanma López Iturriaga, Aitor Zárate, Joaquín Arcega, Koldo Mauraza, Fausto Orio, Chus Codina, Josean Figueroa, Granville Waiters, Eugene McDowell, Wallace Bryant, J.J. Davalillo… carne de foros en internet y conversaciones de sábado aburrido. Empezó otra época: de ilusiones que se fueron diluyendo con crueldad. Más recuerdos medio borrados: Jeff Norgaard, Kike Hermosilla, Jorge González, José Luis Ortún, Txus Bidorreta, Javi García Panizo, Patrik Sáez de Ugarte, Xabier Madina, Isma Torres, Mark Poag… carne de foros especializados en la web y conversaciones de resabidillos antes de entrar a La Casilla. Él lloraba en la cancha, yo lloraba en mi habitación. Y ahora: recuerdos que están por llegar, por formarse. Vuelta a La Casilla, nuevos nombres: Pedja Savovic, Ricardo Uriz, Marko Banic, Asier Zengotita, Javi Salgado, Lucas Recker, Brian Howard, Richard Scott, Marcelinho Huertas… Hay algo que llega tarde. Algo que es distinto. Me siento extraño, como si no me habrían invitado. Yo lloraba en mi habitación, él lloraba en la cancha. Quizás esté ahí la clave, quién sabe. Carne de foros y monólogos de blog: ¿qué fue del gran Mark Simpson?

Hristo Stoitchkov


Voy a contar una anécdota sobre el búlgaro, pero, antes, una pregunta: ¿de qué maldito mundial estoy hablando? Soy muy malo para las fechas, pero bueno, eso es lo de menos. El caso es que era un mundial, o durante un mundial que Stoitchkov jugó con la selección de su país. Al parecer, estaba lesionado, o, al menos, renqueante. A menudo, jugaba infiltrado y apenas entrenaba. La mayor parte del tiempo la ocupaba en recibir masajes. La selección búlgara coincidía con la española en el hotel de concentración. El masajista búlgaro, se ve que un tipo con educación, le preguntó a Stoitchkov que cómo se saludaba en castellano. El hombre se cruzaba todos los días con periodistas y colegas españoles por los pasillos y quería poder saludarles. Hristo asentía con la cabeza, muy buena idea, le debía decir, mientras el inocente masajista sonreía y le sobaba los gemelos. Ahora aquí ejerzo la ficción porque no recuerdo exactamente lo que el simpático Stoitchkov le sugirió a su compatriota, pero lo que fuera no fue muy distinto a lo que yo me invento. Hristo, siempre dado al chascarrillo, le explicó a su masajista que una forma muy popular de saludar en castellano era ¡cabrón, joputa! Así que nos imaginamos al masajista, al cerrar la puerta de su habitación, repitiéndose para sí mismo, tratando de memorizar, en un murmullo, cabrónjoputa, cabrónjoputa, y al bajar a recepción se encuentra con el corresponsal del as y con una sonrisa de oreja a oreja le grita cabrónjoputa, y sigue su camino tan complacido y orgulloso.
Posdata: es una anécdota, y todas las anécdotas tienen de ciertas una parte y de mentira la otra mitad, cuando, además, lo cuenta alguien que ni estuvo allí ni lo escuchó de los protagonistas. Pero, no sé por qué, me lo creo.