lunes, 14 de noviembre de 2011

Tirhas Gebre

Una más para el saco, aunque solo van dos. Dos B/SS seguidas, las dos terminadas, y esta última mejor que la primera. Así visto, todo parece que salió bien. Pero empecemos por el principio.


En rasgos generales, la edición número 47 de la carrera popular por excelencia en Euskadi, registró una alta participación, con récord femenino incluído, y dos ganadores, los dos etíopes: Assefa Abrah Milaw en categoría masculina y Tirhas Gebre en femenina quien, además, batió el récord de la prueba en su categoría que aún ostentaba la gran atleta leonesa Rocío Ríos. Por ello, para ella va el encabezamiento. Y pasamos a lo nuestro, a la crónica de la participación pormaratoniana en la prueba.




Finalmente, nos juntamos cinco iluminados: dos parejas de gemelos, y un servidor. Las parejas gemelas perseguían retos distintos, los dos atletas de cuerpos delgados y correr erguido, Álvaro y Emi, primero y segundo de la I Carrera Pormaratoniana, querían estar delante. Los hermanos Uría, sobre todo debido a que uno de ellos, Xabi, debutaba en la prueba, aspiraban a disfrutarla y terminarla con dignidad. El servidor, que soy yo, seguía el ejemplo de los Uría.


Durante la semana ya íbamos avisados: viento sur y calor, hay que hidratarse bien. Y lo hicimos, pero no fue suficiente, por lo menos en mi caso.


Nos reunimos a eso de las siete de la mañana en Landeta y, en procesión, salimos los tres coches en dirección a Donosti. Nos costó aparcar, y para cuando llegamos a la estación de Atocha, ya habíamos perdido el tren. Empezaba la aventura. Nos despedimos de nuestras dos acompañantes, Mar e Isa (quienes junto a las tres escoltas de Emi merecen un aplauso por su paciencia y sus ánimos) y tuvimos que salir al galope, cruzando el Urumea a la carrera, para intentar llegar a tiempo a la estación de Amara y coger el topo. Lo hicimos. Después el autobús, y al final, nos presentamos en Behobia con el tiempo justo. A los Uría y un servidor nos sobraron 20 minutos, Álvaro y Emi llegaron tarde, perdieron sus grupos de salida y tuvieron que salir con otros grupos más retrasados.


Aún así, Álvaro y Emi hicieron un gran tiempo en torno a la hora y media. Cuentan que a Emi se le hizo dura y no pudo más que decir que sí con la cabeza cuando un sobrado Álvaro le decía, mira, ahí tienes el Arzak, al llegar al alto de Mirakruz. Uno es veterano, el otro era debutante, pero los dos hicieron una carrera espectacular, más aún si lo miras desde la perspectiva de los otros tres participantes pormaratonianos. De todas formas, estoy seguro de que nuestro amigo de las asics, en breve, sacará su propia crónica y os dirá con mayor detalle cómo fue la carrera y qué tiempos hicimos. Si os interesa, visitad pormaratones.blogspot.com en unos días.


Los Uría y un servidor salimos con nuestro grupo y con mucha tranquilidad. Unos más que otros, por cierto. Cuando entrábamos en Irún, yo me adelanté un poco para evitar a un grupo de chicas que nos cerraban el paso, y perdí a los Uría que se quedaron a unos pocos metros de mí, pero ya no nos volvimos a unir hasta la meta. Así que ellos, si quieren, seguro que Mitxel se anima, ya nos añadirán su propia visión de la carrera en los comentarios de este blog. Yo solo puedo añadir que llegaron muy enteros los dos, que consiguieron bajar de las dos horas, que Mitxel hizo una buena labor de apoyo para Xabi y que Xabi, para ser la primera vez, y ser más un biker que un corredor popular, demostró una gran forma.


Y me toca lo mío, que intentaré resumir. Me quedé solo en Irún y tiré para adelante. Ya desde el principio, se veía lo que iba a ser la carrera: mucha gente, muchísima, tanto con las zapatillas puestas como animando a pie de carretera (el público de la B/SS es lo más grande de esta carrera). Le dije a Mitxel segundos antes de separarnos, que aquella no parecía la misma carrera que el año pasado. Y era así: la lluvia y el frío de la edición anterior, que dejaron desangelados algunos tramos del recorrido, eran ahora una demostración de público animoso y un ambiente caluroso que empezaba a impregnarse en la musculación. Me había olvidado de que el año pasado, Irún me dejó bien claro desde el principio lo dura que es esta prueba: subir y bajar. Pero me encontraba muy bien. Llegando a Gantxurizketa tenía ganas, iba diciéndome: sí, vamos, tengo ganas de subirte, y lo subí muy bien. Miraba el reloj y lo veía bien. Al pasar por el primer control, iba bastante por debajo de la hora, podía llegar a la hora y cincuenta al final. Los toboganes de Lezo tampoco me hacían daño, y me daba tiempo hasta mirarle a los ojos al Pirata. Bebía en cada puesto de avituallamiento líquido, y con paciencia, incluso me paraba unos segundos y bebía un buen vaso de agua y el otro me lo tiraba por encima. El calor empezaba a hacer mella y ya veía cerca el centro de Lezo, siempre lleno de gente, y más cerca aún Pasajes, la mitad de la carrera ya atrás. Pero seguía haciendo un calor insoportable, porque cualquier calor es insoportable para un servidor, que sigo siendo yo, y a pesar de tener raíces extremeñas, siempre piensa que algún gen me vino de Finlandia. Llegando al puerto de Pasajes, empezaron los pinchazos. Las piernas me picaban, parecía que querían dormirse, no me dolían, pero notaba como los gemelos se endurecían y estaban en tensión. Sudaba y sudaba y soñaba y soñaba con miles de bebidas isotónicas que volaban alrededor de mi cabeza. Empezando el puerto, me entró del todo la pájara. Me costaba mantenerme erguido, me dolía cada zancada que daba y empezaba a afectarme a la cabeza, me acordaba de la media nocturna de Bilbao. Solo pensaba: y te queda Mirakruz, matxo, y te queda Mirakruz, no puedes, te paras, Mirakruz, no puedes, te paras, Mirakruz, pum, pum, como la música matraca que pone el dijey de Pasajes. Y empezó Mirakruz y bajé el ritmo pero apreté los dientes. Y apretaba los dientes. Y ya no sabía si adelantaba a gente andando o era el público. El reguero de corredores que se paraba y andaba había empezado ya en Irún, pero en Mirakruz era enorme, los evitaba con esfuerzo, porque cualquier cambio brusco, me desequilibraba, y llegaban los árboles, pero no el final, y otro árbol, y el semáforo allí, y me dolían más las piernas, y más calor, y ya ni miraba el reloj, pero llegó el semáforo. Se acabó Mirakruz. El año anterior, al coger la cuesta abajo, me tiré a tumba abierta. Este año no, solo fui capaz de dejarme llevar, y ni eso. La cuesta abajo parecía cuesta arriba, y solo pensaba aguanta, aguanta, aguanta, y más calor, más calor, más calor. Donostia. Donostia es larga de cojones. Más público al que ni miraba. Los niños ponían las manos, pero si yo levantaba la mía para chocarla, iban a tener que levantarme los padres del suelo. Este año no me confundí con los hinchables, básicamente, porque me daban igual, ni esprinté, ni tuve fuerzas para levantar los brazos, llegué a meta, un minuto mejor que el año pasado, pero por encima de la hora y cincuenta, por encima de la hora y cincuenta y cinco. Una chica decía, los que puedan que sigan andando, los que no puedan, a la derecha. Me fui a la derecha. No tosía, de caja iba bien, pero las piernas apenas me aguantaban. Me senté y me temblaban. Agua. Solo soñaba con agua.


Me he puesto un pelín dramático, pero así fue la carrera para mí. Más dura que la del año pasado, muy dura. El calor hizo mella, y bastante mella. Aún hoy me duelen las piernas y la espalda una barbaridad. Los cinco últimos kilómetros los hice encorvado como un niño en la placenta. Tardé en beber y cuando agarré el powerade no duró ni dos segundos en la botella. Comí fruta, más fruta, me bebí la botella de agua y el batido antes de salir del recinto de avituallamiento.


He leído que la Cruz Roja atendió a 120 personas. No hay que lamentar ninguna desgracia grave, en cualquier caso. Los pormaratonianos acabamos por reunirnos en la Plaza Gipuzkoa con nuestra banda de animosas, y, después, nos fuimos a ducharnos al velódromo. Unos pintxos por la zona vieja y de vuelta a casa. Unos más contentos que otros, todos cansados, pero convencidos de que el año que viene se intentará volver. La prueba merece el esfuerzo, esperemos que, por lo menos, no haga tanto calor.


Y, por cierto, otra buena noticia: en la lotería de la ONCE que celebraba el aniversario del club Fortuna, organizador de la B/SS me ha tocado dinero atrás, dos euros. Soy todo suerte.


Muchas gracias a todos los que nos animaron desde la carretera, enhorabuena a todos los que participaron y ánimo a los pormaratonianos, que empezamos a ser legión, así es más fácil calzarse las zapatillas.


Hurrengora arte!

viernes, 11 de noviembre de 2011

Koldo Bravo Goñi




Buscaba a alguien para encabezar una entrada que hablara sobre la ya inminente Behobia-San Sebastián y me he encontrado con esta noticia.
Koldo Bravo es un bibliotecario guipuzcoáno, aficionado al atletismo popular quien recientemente ha escrito un libro ambientado en la carrera popular por antonomasia (siempre pretendo averiguar de dónde viene esta expresión pero luego se me olvida) en Euskadi: la B/SS.
Creo, si no me equivoco, que la novela se titula "Behobia: Crónica de un desafío". Por supuesto, no la he leído. Acabo de enterarme de que existe, pero sé que la leeré y que algún asiduo a este blog también lo hará. Más aún cuando Bravo asegura que una de sus máximas aspiraciones ha sido acertar en la narración de la propia carrera. Para cualquiera que haya participado en esta carrera, supongo que es una curiosidad jugar a juzgar si lo ha conseguido.
Por lo poco que he conseguido averiguar, el propio Bravo es un consumado veterano de la carrera, donde ya ha participado en varias ocasiones, lo hará también este año, y llegó a tener una marca de una hora y 28 minutos, aunque, ahora, a sus 50 años, aspira a rondar la hora y 40 minutos. No está nada mal, si lo miro desde mi propia perspectiva.
Mi propia perspectiva. Quedan unas 48 horas para que empiece la carrera. Hoy es viernes. Dudo que pueda salir a correr. Ayer no fui. El miércoles salí con M y a los 35 minutos, después de subir una cuesta pronunciada para entrenar Gaintxurizketa me tuve que parar. Anduvimos un rato en amena charla y volvimos a correr en llano durante unos diez minutos. Desde que salimos iba mal: abotargado, incapaz de mover mi cuerpo, con malas sensaciones. No estaba cansado, pero algo me impedía prolongar mi esfuerzo: ¿el calor?, ¿el viento?... Dicen que los dos estarán presentes el domingo. El martes no corrí. El lunes salí con A, ganador de la I Carrera Pormaratoniana, volvimos a subir esa cuesta empinada y otra más, 58 minutos de carrera y gran parte de ellos bajo la lluvia. El día siguiente me lo pasé estornudando. La semana anterior no fue mucho mejor. Ayer, salí de casa a las siete menos cuarto de la mañana y llegué ya casi a las doce de la noche tras un largo día de trabajo, de espera en las salas de urgencia, de conducir por la noche... En resumen, no voy a llegar a la Behobia de la mejor manera posible. Mi cuerpo me dice que está bien, he perdido algo de peso y no noto cansancio acumulado ni nada por el estilo. No tengo la espalda en el mejor de mis momentos, pero tampoco estoy en situación de preocuparme. Lo malo es mi situación anímica. El año pasado llegué a mi primera Behobia con excitación y determinación, ansioso por conocer la carrera y por ponerme a prueba. Este año las sensaciones son distintas, la excitación no existe y la determinación se resquebrajó hace un par de semanas.
Aún así, hay algo en el fondo que me mantiene el ánimo. Las conversaciones con A, auténtico enamorado de esta carrera, el buen humor de M, la conversación que mantuve ayer con una compañera de trabajo que correrá la Behobia este año por primera vez y... los recuerdos. Los recuerdos de un año pasado que conviertieron el esfuerzo y el sufrimiento en un placer extrañamente añorado.
El año pasado hice una hora y 57 minutos, ya veis donde está mi nivel. Después de correr la media maratón de la Bilbao Night Marathon calculé que en el peor de los casos podía aspirar a la hora y 55 minutos. Que incluso lo podía hacer algo mejor si mantenía la forma en ese mes. A los dos días una gastroenteritis de caballo me dejó para el arrastre y frustró mis entrenamientos. Cuando volví, ya no era lo mismo. Así que las aspiraciones han cambiado. Ni tan siquiera diré que el objetivo es terminar, o repetir el tiempo del año pasado. El objetivo es disfrutar sufriendo. Coger un ritmo lento pero cómodo y correr. Simplemente, correr. Correr entre la gente, volver a los lugares que ahora soy capaz de rememorar con una precisión absoluta. Correr. Llegar a meta y beber, comer, ver la sonrisa y el sudor de mis compañeros. Nada más: correr la Behobia. El reloj me va a dar igual.
No voy a ser el único pormaratoniano que estará en la línea de salida. Cada cual con sus aspiraciones, pero todos ilusionados por ponernos el dorsal y calzarnos las zapatillas. Nos veremos en meta, aunque alguno tenga que esperar tanto que se quede frío.
Y, después, leeremos el libro de Koldo Bravo, a ver si ha sido capaz de reflejar lo que sufrimos y lo que disfrutamos todos aquellos que corremos la Behobia.
Lo contaremos aquí, y ánimo a todos los que vayáis a participar.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Iker Martínez de Lizarduy


Esta vez lo tenía más fácil: uso un nombre y el otro me lo guardo para más tarde. Pero, la verdad, era difícil elegir al uno o al otro, porque parece que siempre van unidos, sobre todo cuando navegan. Iker Martínez es el que tiene pelo, Xabi Fernández el que se pela la cabeza. Xabi e Iker, Iker y Xabi. Los dos, al unísono, han sido elegidos recientemente los mejores regatistas del mundo.
Mientras les elegían en San Juan de Puerto Rico, ellos navegaban porque andan intentando dar la vuelta al mundo. Empezaron hace nada en Alicante y pretenden llegar después de rodear el globo a Galway, Irlanda. Así que hoy las televisiones les han tenido que entrevistar de manera virtual y ellos han prometido celebrarlo con un brindis a bordo.
Describir con exactitud y detalle la trayectoria y el palmarés de estos dos marineros vascos no es una empresa fácil. Más aún para alguien como yo, cuya relación con la mar se limita a coger el gasolino, mirarla desde la costa y un cuadro de nudos marinos que mi hermano hizo en manualidades y siempre ha decorado con recelo la entrada a casa. Por lo tanto, me limitaré a lo que brilla, al color de sus preseas y algún que otro hito fácil de recordar.
Empezaron a navegar juntos en el año 1999 y, desde entonces, se han convertido en los auténticos dominadores mundiales de la clase 49er. Este tipo de navegación se caracteriza por una embarcación ligera de vela que se llama skiff y que destaca por un trapecio sobre el que los dos tripulantes gobiernan y estabilizan la embarcación. En esta categoría, los guipuzcoános, han sido campeones del Mundo en 2002, 2004 y 2010; campeones de Europa en 2002, 2007 y 2008; medalla de Oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Pero si con eso no fuera bastante, estos dos regatistas destacan por su versatilidad, ya que hace poco que comenzaron a competir en la vela oceánica y no sin éxito. En vela oceánica participaron en la edición 2005-2006 de la Volvo Ocean Race con el equipo 'Movistar', y en la 2008-2009 fueron terceros con el equipo 'Telefónica Azul'. El año pasado disputaron la Barcelona World Race, una regata para embarcaciones de dos tripulantes dispuestas a dar la vuelta al mundo. Quedaron segundos.
Como decíamos, actualmente disputan la Volvo Ocean Race 2011-2012 con el equipo 'Telefónica', y con Iker como patrón. Buscan mejorar el puesto de otros años en una edición que, según sus responsables, cuenta con una de las mejores participaciones de la historia. Y la historia de esta regata se remonta a principios de los años 70 del siglo pasado. Después, seguro que intentan volver a triunfar en los Juegos Olímpicos de Londres y en la próxima edición de la Barcelona World Race.
Mientras tanto, seguirán siendo Xabi e Iker, Iker y Xabi, igual que Laurel y Hardy o Tom y Jerry o Stockton y Malone, pero montando en barco. Enhorabuena a los dos.

Kelly Slater


Le dieron por campeón antes de tiempo y él mismo descubrió el error, pero no tardó en enmendarlo y en 2011, ha vuelto a convertirse en campeón del Mundo de surf de la ASP, la Asociación de Surfistas Profesionales. No es la primera vez, y quién sabe si será la última, pero, la primera, eso sí se sabe, fue allá por los tiempos del Mundial de Naranjito. En 1992, Kelly Slater se convirtió en el campeón del Mundo de surf más joven de la historia. Apenas, tenía 20 años. A partir de entonces, su leyenda fue creciendo. Derek Ho ganó al año siguiente, pero del 94 al 98, Slater ganó cinco títulos consecutivos. La racha la terminaron Mark Occhilupo en el 99, Sunny García en el 2000, C.J. Hobgood en el 2001 y, sobre todo, Andy Irons, quien ganó los siguientes tres títulos mundiales. Sin embargo, el 2005 vio el renacer del surfista de Cocoa Beach que, desde ese año, y hasta este último título, ha ganado cinco títulos en siete años, los otros dos, se los llevó en 2007 y 2009 el surfista australiano Mick Fanning. En total, once títulos en veinte años de carrera que le han convertido en el más galardonado, en el ganador más joven y en el ganador más veterano.
La competición mundial tiene un formato parecido al de la Formula 1 con varias pruebas patrocinadas por marcas relacionadas con la disciplina y que ayudan a los surfistas a convertirse en los deportistas más viajados del mundo, desde Mundaka hasta Tahití, pasando por California, Suráfrica, Indonesia, Australia, Brasil o Hawaii. Siempre buscando la ola. Sería un trabajo digno de otros blogs más especializados ponerse ahora a aumentar el volumen del palmarés del surfista de Florida con todas las pruebas individuales, dentro y fuera del circuito, que ha ganado Kelly Slater.
Y no solo por sus hazañas deportivas, que no son pocas, se ha hecho conocido y reputado este surfista. También por su relación con la música, su aparición en las revistas del corazón y sus cameos en televisión. Sin ir más lejos, llegó a participar hasta en diez episodios de Los Vigilantes de la Playa y, ahí, nació un largo romance con Pamela Anderson que le llevó a las portadas de las revistas. Luego siguió con el mundo del cine, y tuvo una relación con Cameron Díaz. También se le relacionó con Gisele Bündchen y con Bar Rafaeli, a quienes también se relacionó, por cierto, con Leonardo di Caprio. La revista GQ le incluyó en la lista de los 25 deportistas más "cool" de la historia y, hace más bien poco, este fanático del golf que tiene unos ingresos millonarios gracias, en parte, a sus contratos publicitarios, lo intentó en el mundo de la moda diseñando su propia línea de ropa deportiva.
Desde hace tiempo es reconocida por ambos su amistad con Eddie Vedder, cantante de Pearl Jam y, a su vez, aficionado al surf y el baloncesto. Incluso, hace ya cinco años, se le pudo ver sobre un escenario en San Diego cantando a coro con Vedder el "Rockin' in the Free World". Y no es su única incursión en el mundo de la música, porque acompañó a Shirley Mason en un vídeo promocional de su banda, Garbage, y también cantó a coro en directo con Ben Harper. Pero su mayor atrevimiento dentro del mundo de la música, fue el disco que en 1998 publicó junto con otros colegas surfistas, en concreto el surfista de Encinitas, Rob Machado y Peter King. Se hacían llamar The Surfers y el resultado fue éste:

viernes, 4 de noviembre de 2011

Will Artino

Con la entrevista que nos concedió Casey Harriman cerramos una época, pero prometí que, aunque con menos asiduidad, seguiríamos con atención las noticias que incumbieran a la universidad de Creighton y su equipo de baloncesto.
Faltan tan solo unos días para que la temporada comience, y, con tanto lockout, la temporada de baloncesto universitario parece acaparar la atención de los aficionados americanos al baloncesto.
He elegido a Will Artino para encabezar esta entrada porque él es uno de los nuevos jugadores que han rejuvenecido la plantilla del entrenador McDermott. Ya sabéis que si antes hablaba de Harriman era porque Casey nació y creció en Ida Grove, Iowa, y yo fui su vecino mientras él era una estrella en el instituto. A Will Artino no le conocí pero nació y creció en Waukee, un suburbio de Des Moines, la capital de Iowa, donde viví una anecdótica experiencia en mi época americana. Pero solo quiero resumirlo de manera muy rápida: me hicieron manejar una bicicleta tumbada, parecida a una moto harley, y me fui a dar una vuelta por un barrio que me recordaba al laberinto utópico en el que vivía Jim Carrey cuando Ed Harris manejaba su vida. Como era de esperar, me perdí: todas las calles eran iguales y las casas muy parecidas. Desesperado, encontré un ultramarinos, me compré un par de coca-colas y una chocolatina y me senté fuera a esperar que alguien viniera a recogerme. Cuando ya se echaba la noche encima, paró un monovolumen junto a mi bicicleta, se abrió la puerta corredera, y apareció Lisa con cara de resignación y diciendo que no con la cabeza. Así que, por eso, y solo por eso, cada vez que esta temporada os haga un resumen de cómo va la campaña para los arrendajos azules, encabezará la entrada Will Artino, un joven pivot de 2'10 que ha hecho una buena pretemporada.
Y es que los de Creighton se marcharon a Bahamas para empezar a rodar el equipo. El entrenador McDermott diseñó una pretemporada con cuatro partidos en Nassau. Se ganaron los cuatro y ninguno por menos de diez puntos. Empezaron ganando a una selección de jugadores de las Bahamas por más de veinte puntos (106-82), siguieron ganando por 12 puntos a los Commonwealth Giants (94-82) y por 23 puntos a los Mailboat Cybots (91-68) y cerraron la experiencia con una paliza de récord ante los Real Deal Shockers, 104 a 53. Aún queda una última cita de pretemporada y a mediados de este mes recién estrenado comenzará la liga.
El equipo mantiene el potencial del año pasado: Antoine Young, Gregory Echenique, Josh Jones, Ethan Wragge, Jahenns Manigat y, sobre todo, Doug McDermott, uno de los mejores jugadores de la conferencia el año pasado. Junto a ellos, algunos novatos han despuntado en las Bahamas y hacen que crezca las esperanzas de la afición, especialmente, el escolta Avery Dingman y los interiores Geoffrey Goselle y Will Artino, nuestro protagonista. Otros como Grant Gibbs, Derek Sebastian, Matthew Dorwart o el tejano Nevin Johnson también han jugado buenos partidos. El resumen dice que todos los expertos apuntan a que Creighton puede hacer una gran temporada y muchos le señalan como el principal favorito para alcanzar la victoria en la Missouri Valley Conference y, por ende, su clasificación para la fase final de la NCAA.
Las bajas de algunos jugadores se notarán, especialmente, y por distintas razones, las de Casey Harriman y las de Kenny Lawson Jr., quien, por cierto, tras el regreso de Trevor Booker a su equipo no sé muy bien si conseguirá una extensión de su contrato con el Bnei Hasharon, a pesar de que su rendimiento ha sido muy positivo y aún se mantiene entre los diez mejores reboteadores de la temporada. Sin embargo, parece que el joven Doug McDermott mantendrá su nivel y, bien acompañado, puede liderar al equipo que dirije su padre hasta los play-offs por el título.
Ya os iré contando, aunque con menos asiduidad, como les va a los arrendajos que, además, estrenan nuevo campo sin moverse del viejo y es que la empresa de telecomunicaciones CenturyLink ha pagado una millonada para hacerse con el patrocinio del centro de exhibiciones principal de Omaha y, por eso, ya no se llama Qwest, si no CenturyLink Center y, en lugar de su colorido azul, pasará a utilizar el verde eléctrico.
Lo dicho, sabremos más, pero, por ahora, eso es lo que sabemos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Mehdi Sohrabi


Yo le he leído en la página web biciciclismo.com y si pincháis sobre el nombre, os lleva al artículo, pero parece que, realmente, este artículo de Perico Delgado lo ha publicado primero en su propia página web. Delgado viene a resumir algo que yo deslicé ligeramente en una entrada reciente. Yo tampoco comparto, y apenas entiendo, los criterios deportivos, que los económicos me los imagino, de la UCI para decidir sus planteamientos organizativos.
Y el ejemplo más ilustrativo ha sido el de este ciclista iraní que ha vuelto loco a medio pelotón con su fichaje. Ha sido como un ágil alfil estratégico apunto de hacer jaque mate. Le querían los franceses, le quería Matxin, y, al final, se lo llevaron los del Lotto-Ridley y solo con los puntos que le adjudicó la UCI a sus logros deportivos en la temporada ya terminada, los belgas consiguieron su acceso a la tan deseada World Tour.
Y Sohrabi no tiene culpa ninguna. Él se ha dedicado a correr y ha ganado, a sus 31 años, el UCI Asian Tour con un bagaje de catorce victorias. Ha ganado tres clasificaciones generales, la Vuelta a Azerbayán, el Kerman Tour y la Jelajah Malaysia. En la primera, también ganó una etapa. En el segundo, se llevó, así, sin respirar y de seguido, las cinco primeras etapas. En la tercera prueba, se llevó otras dos etapas. Además, ha ganado etapas en el Tour de Taiwán, la International Presidency Tour y el Tour del Lago Qinghai. Ha ganado tanto o más que Mark Cavendish y Sohrabi debe estar orgulloso y merecía una oportunidad para competir en una categoría distinta, donde pudiera poner su talento en juego.
Lo que queda sobredimensionado es su valor porcentual y matemático en las decisiones organizativas de la UCI que ha convertido valores intangibles en grasas artificiales para fomentar el uso saludable de racionalidades que están creando desigualdades y debilidades varias. En este blog, a menudo, le hemos dado voz a pruebas ciclistas que se alejan de los focos mediáticos porque siempre hemos creído en la variedad, el interés y la belleza de esas pruebas. También el bloguero considera que la globalización es una oportunidad positiva y que la diversidad tanto cultural como ciclística es de interés e interesante, para sonar redundante y contundente. Pero hay algo que falla cuando las razones las marca el mercado y las auditorías, cuando solo quedan reyes y reinas en el tablero y los alfiles ya no cuentan y los peones quedan fuera del pelotón.
Parte de eso dice Perico Delgado en su artículo, pero nada de eso le debe importar a Mehdi Sohrabi que se ha dedicado a lo suyo...

Mikel Rico




El río baja revuelto últimamente y ando espeso. No me entero de cuándo empiezan y cuándo terminan las cosas. Así que no me enteré de cuándo terminó la última jornada de liga, que, por cierto, terminó como siempre, en lunes, y con un derby, pero uno que soy yo y escribo esto, ni me enteré. El derby fue el Sevilla-Granada y ayer supe que ganaron los últimos con un gol en el minuto 89 y tras remontar el primer gol, que lo marcó Manu del Moral para los sevillanos.

El caso es que el gol lo marcó Mikel Rico.

Y para cuando yo me he enterado, ya le llamaban el héroe del Granada.

Y me he alegrado un montón. No por la derrota del Sevilla, ni tan siquiera por la victoria del Granada, que ya tiene uno bastante con tener sus propias pasiones, pero sí que me he alegrado porque le vayan bien las cosas al centrocampista de Basauri.

A sus 27 años, y tras mucho currárselo, ha llegado bien alto, a que le llamen héroe, aunque sea local (quizás todos los héroes son locales). Un tío que ha pasado por todas las categorías. Empezó en Tercera con el Baskonia, emigró a Cuenca para subir un peldaño de categoría, se marchó a Andalucía, pero no a Granada, si no a Almería, para jugar en el Poli Ejido, después volvió al norte, al Huesca, donde destacó en el ascenso a la categoría de plata y acabó por fichar por el Granada, con el que también ascendió, pero esta vez a Primera división. Un tío que se ha pasado toda su vida fuera de casa, buscándose el pan con trabajo en el centro del campo, brega y entrega, que no solo eso. Me alegro por él. Quizás me alegre porque es de aquí, a la vuelta de casa, pero si fuera de Murcia, su ejemplo también me parecería reseñable.

Y poco más. Prometo enterarme antes la próxima vez y que le vaya bien a todo el mundo que es algo imposible, pero yo ya tengo bastante con mis propias pasiones...