jueves, 15 de marzo de 2012

Ahmed Abdelrahman Shaalan





Algunos periódicos se hacían ayer eco del debú de Ahmed Abdelrahman Shaalan, de tan solo 20 años, y cuyo shikona (o nombre de luchador de sumo) es Osunaarashi (tormenta de arena) como luchador de sumo profesional en Osaka. Se hacían eco porque era el primer ciudadano de su país, Egipto, y por lo tanto el primer africano en subirse a un dohyo (o cancha de combate) en categoría profesional.

Osunaarashi, por cierto, debutó como rikishi (en traducción literal, hombre fuerte, pero comúnmente, junto con sumotori, en traducción literal el que practica el sumo, el término general que se utiliza para referirse a los luchadores de sumo) con victoria ante otro joven talento de tan solo 18 años, Yuya Fukuzato, quien, probablemente, aspire a lo mismo que aspira Shaalan, a convertirse en yokozuna (gran campeón o miembro de la máxima categoría, del nivel más alto del sumo).

Todos sabemos que el sumo es un arte marcial japonés moderno que aún mantiene rituales ancestrales que lo convierten en un deporte sumamente protocolario y bastante exótico para la gente ajena. Siempre se le ha relacionado con prácticas cercanas a la religión shinto y quizás por eso mantiene una serie de rituales que envuelven la práctica del deporte con una solemnidad poco habitual en el deporte moderno. Solo se disputa profesionalmente en Japón. Los luchadores, a menudo, tienen normas muy estrictas, desde la vestimenta y hasta la alimentación, con una tradición estricta que controla todo en sus vidas diarias, algunos, incluso viven en heyas, un tipo de concentración de entrenamiento (quizás esto lo equilibran con unos sueldos que van desde 30.500 dólares al mes para los yokozuna o 25.000 para los ozeki hasta los 11.000 al mes para el nivel más bajo). El sumo profesional está organizado por la Asociación Japonesa de Sumo y todos sus miembros, los oyakata, son antiguos luchadores y ellos son los únicos con licencia para entrenar a otros luchadores. Todos los luchadores de sumo profesionales pertenecen a una heya (una especie de club) que está liderada por un oyakata. Hoy en día hay 54 heyas con unos 700 luchadores.

En los últimos años, casos como el del egipcio Shaalan no son tan extraños. Hoy en día, hay 55 luchadores que oficialmente aparecen en las listas como extranjeros, 19 de ellos, alcanzan alguna de las dos divisiones más altas de este deporte. Pero hay más que están nacionalizados. Hace unos años, empezó a haber restricciones en la contratación de extranjeros para las heyas porque el número estaba subiendo de manera vertiginosa (una sola heya contrató a seis luchadores mongoles de una sola tacada y comenzó la polémica). Eso ha llevado a que algunos luchadores extranjeros que llevaban tiempo en Japón, hayan optado por la doble nacionalidad para permitir que se contraten a otros extranjeros.

Takamiyama fue el primer no Japonés, probablemente, en alcanzar niveles altos en el sumo profesional y cierta relevancia. Era originario de Hawaii. También era hawaiiano Konishiki que se convertiría en el primer ozeki (el segundo grado de nivel más alto que se puede alcanzar) y estuvo apunto de alcanzar el grado de yokozuna (el primero, creo que ya lo he dicho), creando polémica porque algunos expertos defendían que su origen incitaba a tener dudas sobre su dominio de la cultura y del espíritu yokozuna. Al final, no lo consiguió pero su imagen quedó ligada a la del sumo gracias a su portentosa figura, llegó a alcanzar los 280 kilos en sus mejores épocas y se le usó como explicación del funcionamiento del colesterol porque a pesar de pesar más de 270 kilos nunca tuvo colesterol.

Musashimaru, de Samoa, alcanzó el nivel yokozuna en 1999. Pero también hay sumotoris que provienen de lugares tan dispares como Mongolia, Georgia, Estonia, Rusia o Corea. El caso más significativo es el del búlgaro Kaloyan Stefanov Mahlyanov (cuyo shikona es Kotooshu Katsunori), antiguo luchar de grecorromana, quien debutó en 2002. Fue el primer Europeo en ganar la Copa del Emperador y ya ha alcanzado el nivel ozeki. Le llaman el David Beckham del sumo, entre otras cosas, porque es bastante esbelto para los pesos que se manejan en este deporte. Pesa 156 kilos, sí, pero mide 2'03 metros. Por poneros un par de ejemplos, Akebono, un yokozuna de reconocido prestigio, tiene la misma altura que Katsunori pero pesa 235 kilos. Por contra, Asashoryu, otro yokozuna y para algunos el mejor sumotori del momento (en 2005 consiguió vencer en los seis grandes torneos en un solo año, primer luchador en hacerlo) pesa lo mismo que el búlgaro pero solo mide 1'84.

Cuelgo el combate en el que Tormenta de Arena debutó y ganó. Podéis reconocer los rituales propios de este deporte, que, a veces, se alargan más que el propio combate que, a menudo, solo dura unos pocos segundos. Para aquellos que no manejéis las normas básicas de la lucha, todo consiste en conseguir arrojar al rival fuera del círculo o que toque la arena con cualquier parte de su cuerpo que no sean sus pies. Así de sencillo.














lunes, 12 de marzo de 2012

Reggie Hamilton



Ya está. Entre el 15 y el 16 de Marzo empieza una locura que solo tendrá cura cuando, entre el 31 de Marzo y el 2 de Abril, se decida en New Orleans quién es la mejor universidad de los Estados Unidos en esto de jugar al baloncesto. Hasta entonces, los ránkings apuntan a que quienes mejor lo hacen son los chicos de Kentucky. Al menos, eso es lo que indica el ránking que elabora la asociación de prensa deportiva, siendo Syracuse y Kansas los otros dos equipos por los que apuestan los periodistas. Nuestros amigos de Creighton ocupan la decimonovena posición. En el ránking que elaboran US Today y ESPN con la colaboración de los entrenadores, esas tres universidades ocupan los tres mismos puestos en cabeza y Creighton baja tres puestos, hasta el 22. Por último, en la clasificación que elabora la propia NCAA, Kentucky también es la gran favorita, pero por detrás, solo repite Syracuse en el segundo puesto, el tercero, esta vez, es para North Carolina. Creighton sigue entre los mejores, aunque en el peor de los puestos que atesora en estas clasificaciones, el 23.

Ya tenemos bracket final y ya tenemos ganadores de todas las conferencias nacionales. Treinta y dos conferencias que ordenan la primera división de la Liga Nacional de Baloncesto Universitario y que ha tenido diez equipos que repitieron el título del año pasado por tres que han ganado la conferencia por primera vez en su historia. South Dakota State, Norfolk State y North Dakota han hecho historia al ganar sus respectivas conferencias por primera vez. Florida State, Belmont, Missouri, Louisville, UNC-Ashville, Michigan State, Virginia Commonwealth, Memphis, Long Island y Vanderbilt han repetido los títulos que ya consiguieron el año anterior y, además de Creighton en la MVC, completan la lista de 32 ganadores las siguientes universidades: Vermont, St. Bonaventure, Montana, Long Beach State, Detroit, Harvard (no ganaban la Ivy League desde 1946), Loyola, Ohio, New Mexico, Murray State, Colorado, Lehigh, Davidson, Lamar, Mississippi Valley State, Western Kentucky, New Mexico State y St. Mary's.

Aún y con todos ellos no habría habido suficiente para llenar los 68 espacios que necesita el bracket final, un bracket final que ya ha sido seleccionado y que podéis ojear si pincháis encima de la palabra aquí.

Aquí, es decir, en este blog, ya sabéis a quién vamos a seguir. Los de Creighton debutarán ante un rival muy difícil, la universidad de Alabama que también aparece en los ránkings de los mejores equipos del año. La marea carmesí tiene en JaMychal Green a su mejor hombre. Si los bluejays ganan, muy probablemente se encuentren después con el favorito de la división del medio oeste, North Carolina, donde Doug McDermott se encontraría con su antiguo compañero de instituto y futura estrella de la NBA, Harrison Barnes. Así que, en resumen, podemos resumir diciendo que no han tenido suerte los chicos de Greg McDermott en el reparto de posiciones.

Sabéis que, normalmente, por motivos sentimentales que nos animen a prestarle atención al campeonato cuando nos quedamos sin nuestro equipo favorito, suelo buscarme otros equipos con los que tengo lazos de unión más bien pobres y caprichosos, pero a nadie le importa. En este caso, los mormones de la Brigham Young University tendrán que jugar la ronda previa mañana martes y derrotar a Iona College si quieren entrar en el bracket final, donde, de hacerlo, se enfrentarían a Marquette University. Otro de nuestros favoritos habituales, la Universidad de Nevada Las Vegas sí ha tenido acceso directo al grupo final y se enfrentará en primera ronda a Colorado.

Iré dejando constancia de cómo van las cosas. Si nos quedamos sin favoritos, buscaremos otros. Ya no queda nada para saber quién tomará el testigo de la Connecticut de Jim Calhoun, en un año en el que, por cierto, los héroes de Butler se han quedado fuera y se conformarán con jugar el Invitational y ver la final four por televisión.

Por cierto, el titular de la entrada es Reggie Hamilton, un senior de la Universidad de Oakland, que se ha llevado el título de mejor anotador de la temporada por delante de Damian Lillard y Doug McDermott. Hamilton es un escolta rápido y con buenos porcentajes que no aparece en las previsiones de draft para el año que viene, que siguen encabezadas por Anthony Davis, Andre Drummond y Harrison Barnes, estrellas, respectivamente, de Kentucky, UConn y North Carolina.

jueves, 8 de marzo de 2012

Gary Snyder



Cuando no se llevaba jugada ni media hora de partido y perdíamos uno a cero, salí a fumarme un cigarro a la calle. Había llovido durante todo el día, pero había parado. La luz de los bares brillaba en el suelo húmedo, como prometen las ciudades iluminadas cuando el avión se prepara para aterrizar. Me pegaba a la puerta del bar para poder ver el televisor de lejos, y me giraba hacia el vacío para terminar de fumar sin angustiarme. A lo lejos, aparecieron otras luces, la de una ambulancia, silenciosa, pero luminosa, recorriendo la calle como si no perteneciera a aquel tiempo ni aquel espacio. Apenas me dio tiempo a ver como una mujer iba sentada en el asiento del copiloto, sosteniéndose la cabeza con la mano, el codo sobre la puerta lateral.

Por un momento, me hice ese tipo de preguntas desagradables que ahora suenan ridículas.

Y me acordé de aquella frase del poeta Gary Snyder en Practice of the Wild: "the trees we climb and the ground we walk on have given us five fingers and toes." Es decir, que tenemos cinco dedos en ambos pies y en ambas manos porque existen árboles y existe el suelo. Y pensé que quizás también los tuviéramos, porque estábamos destinados a inventar un aparato esférico inflado de aire para que nos divirtiéramos, y nos definiéramos, pegándole patadas a lo que llamaríamos balón.

Volví al reservado donde estábamos viendo el partido. Seguí viéndolo y, a pocos minutos del final del primer tiempo, empatamos el partido. Se me olvidaron las preguntas desagradables. Se me olvidó Gary Snyder. Se me olvidó la ambulancia.

Llegó la segunda parte y durante 45 minutos, hasta se me olvidaron todas las miserias mediocres, vulgares y livianas que vengo atravesando desde que tengo cinco dedos en cada pie y otros cinco en cada mano.

Cuando llegué a casa, me enchufé a la red sin peces y la eché al mar global. Visité las páginas web de los siguientes diarios y cadenas de noticias: El Correo, Deia, As, Marca, El País, Daily Mirror, Telegraph, The Sun, Times, CNNSport, SkySport, BBCSport, L'Equipe, La Gazzetta dello Sport y alguna más que no recuerdo. Lo que recuerdo es que todas se ponían de acuerdo. También recuerdo un comentario de un internauta que se preguntaba por qué llamaban a aquellos tipos "basque" y no me pidas ahora que te lo explique, pero "basque" para muchos americanos e ingleses, y para los que entiendan de moda, es un tipo de corsé que aún hoy en día se utiliza bastante en los trajes de novia, y ya me he lucido, y probablemente equivocado.

Me fui a la cama agotado por un día que había empezado a las seis de la mañana. Siguió con una reunión a las once donde dos visiones distintas de mi profesión tropezaron en una discusión formal y educada. Siguió en la media tarde con mi habitual ritmo de trabajo solitario, desesperante y lento. Se relajó con un café bien acompañado en el calentamiento del partido y terminó en un comedor reservado de un bar del barrio, acompañado de siete tíos sonrientes (y a última hora una mujer asustada), para vivir un momento histórico en la cronología del equipo al que todos esos, nosotros ocho, y multiplícalo por mil y tienes los que estaban allí, amamos por varias razones, algunas de ellas heredadas y nunca recapacitadas.

El Athletic nos hizo sentirnos orgullosos, contentos y comedidos, al fin y al cabo, porque es inevitable seguir aferrados a nuestro espíritu y a los muchos años de optimismo truncado. Su exhibición en un campo tan venerado como Old Trafford, ante un equipo que parece emitir destellos de grandeza aunque se le haya fundido la bombilla, fue de las que te dejan con la boca abierta, incapaz de reconocer a tu propio equipo. Lo de los 8.000 tíos extendiendo sus bufandas en la grada, oyéndoseles gritar que bote San Mamés, el dato de que ésta era la expedición más numerosaen Europa de un equipo de la Liga Española sin contar finales, todo eso no sorprende. Hasta nosotros mismos sabemos qué significa ser del Athletic, para bien o para mal. No sé si somos más que un club, pero está claro que el sentimiento de pertenencia para con este club trasciende las lógicas más superficiales del deporte y el ocio y multiplica los aspectos identitarios, culturales y sociales que el deporte puede provocar en los aficionados.

El equipo superó al Manchester United en todas las facetas, un Manchester United que lo apostó todo al contrataque, parcela del juego que domina, porque Chicharito Hernández, Park y Wayne Rooney tienen desmarque, velocidad, remate y todo lo necesario para hacer eficaces las jugadas de ataque vertiginosas y por sorpresa. Ashley Young es un auténtico cuchillo en la mantequilla y Patrick Evrá aparece por sorpresa en muchas ocasiones. Aún así, adolecieron de centro del campo durante todo el partido, vendieron la pelota y no supieron superar la presión de su rival. Alex Ferguson, después de 27 años al frente del equipo, puede permitírselo todo, incluso ponerse en el ojal una chillona flor amarilla o ocupar la zona técnica del equipo visitante, pero, a otros, cuando utilizan este tipo de tácticas tan recogidas y pudorosas, le duelen palos hasta desde la audiencia nacional. Sin embargo, aún no acierto a decidir qué parte de influencia en el resultado de ayer se debió a los defectos del United, y cuál a los aciertos del Athletic.

Porque el Athletic tuvo muchos aciertos. Empezando por el entrenador, que superó en la táctica a su rival. Siguiendo por Gorka Iraizoz que se mostró expeditivo y seguro en los balones por alto y no escondió su pie cuando tuvo que rasear la pelota. En defensa, Aurtenetxe estuvo nervioso, pero anima ver como un chaval de 19 años traiciona a su equipo dejando huecos en defensa porque sube al ataque como si fuera hermano de Roberto Carlos. Le falta temple y mejorar sus cualidades, pero para mí esos errores prometen. San José y Javi Martinez hicieron su trabajo con más limpieza que los matones profesionales en The Wire. Iraola campó por su banda como quiso en la primera parte. El centro del campo dio una auténtica demostración de fútbol. Ander Herrera depositó su tesis y se doctoró en dirección de equipos de fútbol. Ander Iturraspe escondió más de lo que enseñó, pero el ojo atento lo ve, lo percibe, y lo disfruta. Iker Muniain estuvo más comedido que de costumbre, pero su galopada en el minuto 90 no la olvidará Rafael en la vida. Por la otra banda, Markel Susaeta falló la que tuvo, puso la que le dejaron y siguió encontrando huecos como los técnicos de Odyssey buscan tesoros. Y, en el final de la punta, Óscar de Marcos corrió una maratón más y va a dejar a Ricardo Abad sin récord, marcó un gol precioso con pase laudrupiano de Herrera, en fuera de juego, claro, y cometió un penalty que, probablemente, lo fuera. Llorente marcó un gol aunque lo que más me gustó de su juego fue su voluntad de bajar la pelota, su maestría a la hora de arrancar el juego, haciendo las veces del pivot de baloncesto que desatasca la presión sobre su base para devolverle el balón y que empiece un nuevo ataque posicional.

2-3.

Victoria en Old Trafford.

8.000 personas de viaje a Manchester.

Más de un 60% de posesión durante muchos instantes del partido.

Los elogios en la prensa nacional y la internacional daban como para que hoy me ponga, ya sabes, a hacer fotocopias que luego acabarán en la basura en cualquier lao, que decía SA. Nueve años más tarde. Ya te lo dije.

Y... ¿Hoy? Ya está, se acabó. Quién sabe qué pasará la semana que viene en San Mamés. La eliminatoria aún está abierta. Pero puedo imaginarme el cansancio sonriente con el que algunos volverán este fin de semana a Bilbao. Gary Snyder puede que no lo entendiera, pero quizás sea así, quizás por eso tenemos cinco dedos en ambos pies y ambas manos, quizás por eso tenemos corazón. Porque sirve para bombear la sangre, pero también porque nos hace humanos. Y ser humanos significa doblegarse a nuestros instintos más naturales, trepar los árboles, andar el suelo, sentirte parte de algo y llorar de alegría porque alguien ha marcado un gol mientras tú extiendes una bufanda colorida de lana. ¿Tiene lógica? La lógica, en el fútbol, siempre cae en el fuera de juego.

Iban Mayo



Un día. Más bien cinco. Cinco días resumidos en cuatro fotocopias dobladas que, hasta ahora, habían permanecido arrinconadas en una esquina de la balda.

Ayer, salieron a la luz.

Me puse a hacer limpieza y encontré el bulto, y lo desdoblé, y antes de ponerme a leer, ya empecé a sonreír. Como sonríes a un niño que hace algo gracioso sin ser consciente, o como cuando descubres que tu madre es algo más que tu madre y también tiene excentricidades y caprichos. Esa última viene a cuento de otras cosas, pero sirve. Lo que quiero decir: que me reía por condescendencia, porque me resulté entrañable por un momento. Éste es un sentimiento peligroso, y bastante patético, pero para un rato, de vez en cuando, no está mal.

Me imaginé a mí mismo emocionado, comprando el periódico al día siguiente, haciendo las fotocopias y guardándolas aún a sabiendas de que aquel gesto no tenía ninguna utilidad. Pero lo hacía. Como si fuera una forma encriptada de canalizar una emoción que no sabía cómo exteriorizar.

Os lo digo desde ya: las he hecho trizas y ahora mismo veo los pedazos en la papelera. Se acabó la condescendencia y el patetismo, ¿no? No creo, me veo mucho tiempo cometiendo el mismo error, pero, por lo menos, hemos crecido, y hay que ir renovándose. No dudes de que puede que más pronto que tarde me encuentre fotocopiando otros periódicos, pero 9 años ya eran suficiente para éste.

Y ahora me explico.

Cuando ocurrió esto, yo tenía aún (entonces, hubiera dicho, ya) 24 años. Era el mes de abril y estaba trabajando de becario en una biblioteca pública de una localidad de la margen izquierda vizcaína. Horas y horas rutinarias y aburridas clasificando y catalogando libros en frente de un ordenador, en un sótano que, al menos, era muy luminoso. Y húmedo. Pero tenía mi media hora a mitad de mañana para salir a tomarme un café. Y aquel día la aproveché. Media se convirtió en una hora, me cubrieron las espaldas mis compañeras, y me encerré en una tasca del casco viejo de aquella villa para, en un bar vacío y donde aún se podía fumar, junto a un camarero ojerizo y poco simpático, me bebiera cuatro zuritos viendo uno de los mejores espectaculos de ciclismo que he visto desde la pequeña pantalla. Habrá habido muchos más y mejores, pero yo no los he visto.

En concreto, y si no me equivoco, hablo del 11 de Abril de 2003, un viernes lluvioso en el que se cerraba 43º edición de la Vuelta al País Vasco - Euskal Herriko Itzulia.

En aquella edición aún se disputaba el doble sector, y era precisamente aquel día. Por la mañana, una etapa corta pero peligrosa que empezaba en Doneztebe y terminaba en Hondarribia. Por la tarde, la contrarreloj. Los expertos apuntaban a que la victoria final podía estar entre Tyler Hamilton y Dario Frigo, dos de los corredores más en forma en aquel comienzo de temporada, y se esperaba que los dos hombres del Euskaltel más potentes en las etapas anteriores, Iban Mayo, que ya había ganado destrozando al pelotón en Deskarga, en la primera etapa que terminó en Legazpi, y Samuel Sánchez, intentaran dar la sorpresa.

En la salida, comenzó a llover. La lluvia se volvió granizo con el frío y se barruntaba que aquello podía ser una escabechina. Y así fue: solo 78 corredores llegaron a meta al final del sector de la mañana.

La carrera había empezado cuatro días antes con los mejores corredores del mundo en el pelotón a excepción de Armstrong. En la primera etapa, en Legazpi, Iban Mayo seleccionó el grupo y luego batió a Ángel Vicioso y a Tyler Hamilton. Al día siguiente, en Plentzia, Vicioso se tomó la revancha y ganó por delante de Igor Astarloa y Alejandro Valverde. En Vitoria, le tocó turno al murciano que se deshizo de Davide Rebellin y Fabien Wegmann. Por último, en Doneztebe, el día anterior a la traca final, Marco Pinotti fue el que se llevó el gato al agua por delante de Alejandro Valverde y Ángel Vicioso.

Así, quedaba todo por disputarse para un día doble, el último, que tenía un protagonista especial por la mañana: el alto de Erlaitz, solo 4 kilómetros, pero a una media del 14% de pendiente. Aitor Osa, Leonardo Piepoli, Alexander Vinokourov, Raimondas Rumsas, Manolo Serrano o Francesco Casagrande eran algunos de los favoritos al principio de la ronda, pero, al último día, habían llegado en especial estado de forma Dario Frigo, Tyler Hamilton y un Euskaltel que presentó un bloque muy potente, con Roberto Laiseka, David Etxebarria, Alberto Martínez, Iker Flores o Haimar Zubeldia, además de los dos que ya nombré, y había intentado controlar la carrera durante toda la semana.

El primer sector, como ya dije, salía de Doneztebe. Antes de llegar a Erlaitz, ya se había hechouna pequeña selección, 30 corredores llegaban en cabeza a las primeras rampas. Muy pronto, el que ataca es Iban Mayo y se va. Frigo sufre como un condenado para intentar cogerle y Samuel se pega a su rueda. Samuel está excitado y ataca al propio Frigo. Alcanza la cabeza, pero no puede darle relevos a Mayo porque va reventado. Por detrás, Frigo sufre y sufre, Hamilton se acerca. Frigo sufre tanto en las empinadas rampas de Erlaitz que sobre la línea que señala el final del puerto atrapa a Mayo. Hamilton, en los primeros compases del descenso, se añade al grupo. La lluvia arrecia y la carretera está muy resbaladiza. Gorospe se desgañita para gritarle a sus corredores. Está convencido de que pueden ganar. Tienen que jugársela en el descenso. Y lo hacen. Samu y Mayo, al unísono, se van para adelante. Hamilton sufre, pero intenta no perderles de vista. Frigo va perdiendo segundos en un goteo interminable. Cada curva que trazan, a mí se me para el corazón, el camarero me pone otro zurito. Se acaba el descenso rápido y recupero el latido, pero Tyler Hamilton tiene clase y llega. Y colabora. Los tres quieren distanciar a Frigo, que sigue intentándolo y luchando contra el espacio. La idea es llevarse, al menos, la etapa. Y de hecho, como al día siguiente relataba el que fuera (ya no se dedica a ello, creo) un excelente periodista de ciclismo, Unai Larrea, que vivió la etapa en el coche de Julián Gorospe, se produce esta conversación entre el coche del Euskaltel y el que conduce Johnny Weltz con Bjarne Riis de copiloto.

“La etapa es para nosotros”, le grita Julián a Weltz. “¿Cómo? No, no, que gane el más fuerte”, replica el danés. “¿Qué? Pues mando que sólo uno le dé relevos a Hamilton”, replica Gorospe. Weltz: “¿Cómo? Entonces nos cogerá Frigo”. Julián: “Pues que nos coja.”
Comienza la batalla en un llano corto pero extenuante. Mayo ataca en el último kilómetro para machacar a Hamilton y que gane Samu, pero éste no puede. Hamilton aguanta con clase y se acerca la línea de meta. Entonces, se va la imagen. No se ve nada. ¡No se ve nada! Le grito al camarero, que por primera vez, parece despertar. Pero se escucha a Fermín Aramendi. Aramendi grita nombres, Aramendi pone el suspense a una pantalla en negro. Y Aramendi grita repetidas veces el nombre de Iban Mayo. En el esprint final, el corredor de Igorre le pone la rúbrica a una etapa épica, espectacular.

Y aún estaba lo mejor por venir. Dos etapas y dos hombres en el pódium final ya eran suficiente bagaje para un Euskaltel-Euskadi que también ganaría la clasificación por equipos. Pero el primer puesto de la clasificación final quedaba muy difícil. Iban Mayo y Tyler Hamilton estaban en el mismo tiempo, y el corredor de Massachusetts era uno de los mejores expertos mundiales en la lucha contra el reloj.

El recorrido, sin embargo, era exigente. Bastante técnico, y no dejaba de llover. A mitad de carrera, en la ermita de Guadalupe, Tyler Hamilton le sacaba unos pocos segundos a Iban Mayo. Pero el de Igorre sabía que lo mejor estaba por venir. En cada curva empezó a jugarse el físico, apuraba los vallados, dejaba que su tubular resbalara sobre el suelo húmedo. Hamilton, sin embargo, pensaba en el Giro de Italia. Y Mayo ganó. Con uno de los mayores recitales que se recuerdan en la Vuelta, uno que le ponía a la altura de Tony Rominger o Alex Zulle, una victoria final, más tres etapas, en su primera participación en la Vuelta al País Vasco. Es más: victoria contra el reloj en su primera participación en una contrarreloj profesional.

Las hojas de periódico que fotocopié y he guardado durante tanto tiempo, aún lucían titulares como estos: “Por Mayo a Julio: El de Arratia gana la Vuelta al País Vasco y acerca el Tour a Euskaltel” o "Mayo anuncia su reinado: Iba, terrible, destroza y gana el sector matinal, la crono vespertina y la general en su primera Vuelta al País Vasco”. Tanto periodistas como aficionados estaban ansiosos por encontrar al nuevo ídolo local. Joserra Cirarda, en su columna, apuntaba cosas como ésta: “nos hizo recordar las grandes gestas del ciclismo antiguo, cuando las carreras se ganaban atacando desde el primer día hasta el último.” Unai Larrea también se dejaba llevar por la euforia. David Etxebarria se quedaba sin palabras en su columna.
Iban Mayo Díez tenía 25 años. Ya había destacado en amateurs a pesar de pasarse un año en blaco porque se rompió los dos tobillos y un codo tras un accidente de tráfico. Sabino Angoitia lo recuperó para el Cafés Baqué, pero nadie le daba la oportunidad de debutar en profesionales porque, decían, tenía fama de díscolo.
Aquel año de 2003, acabaría por su mejor año profesional. Ya había ganado la Midi Libre, la Clásica de los Alpes y una etapa en la Dauphine en el año de su debú. El año siguiente hizo una buena Vuelta a España, pero su rodilla le dio muchos problemas. En 2003, además de la Vuelta al País Vasco, sería segundo en la Lieja poco después y se llevaría un par de etapas en la Dauphiné Liberé, pero su nombre resonó a nivel internacional cuando coronó en solitario el Alpe d’Huez y terminó 6º en la general final del Tour. En 2004, y después de renovar por Euskaltel tras mucho discutir, ganó en Alcobendas, Naranco, Vuelta a Asturias (para otro día el recital de esta Vuelta) y, sobre todo, la general final de la Dauphinè Liberè, donde además se llevó dos etapas, una de ellas impresionante, en la que aventajó en más de dos minutos a Armstrong en la cronoescalada al mítico Mont Ventoux. Sin embargo, el Tour fue un auténtico fracaso. Una mononucleosis y el pavés de Flandes le hicieron retirarse cuando la carrera llegaba a los Pirineos. 2005 se lo pasó prácticamente en blanco. Y en 2006, sombras y luces en la Dauphine, con una gran victoria en La Toussiere, para, al final, sucumbir otra vez en el Tour. Una faringitis, según explicó el equipo, le llevó a perder 24 minutos en la primera etapa de montaña y a retirarse en el Tourmalet. Por varias razones, no renovó por el conjunto vasco y fichó por el Saunir Duval de Matxin, donde también trabajaba su amigo y antiguo director Sabino Angoitia. Gana una etapa en el Giro de Italia, pero tiene problemas con la testosterona, aunque la UCI aclara que es endógena y no es sancionado. El Tour no es lo que esperaba, nuevamente, y comienza el final de su carrera cuando es acusado de dopaje con EPO tras un control en el Tour de Francia de 2007. Empieza un proceso oscuro y ridículo en el que el laboratorio de Chatenay-Malabry confirma el positivo por la primera muestra y rechaza hacer la segunda porque el laboratorio está cerrado por vacaciones. La muestra B viaja a Gante y no queda claro que sea un positivo. Se hace un nuevo análisis en Sydney y las conclusiones siguen siendo confusas. El primer laboratorio, el francés, confirma el positivo analizando la muestra B a la vuelta de vacaciones. La Federación Española no le sanciona viendo las irregularidades del proceso, pero la UCI recurre al TAS a pesar de los dos análisis no concluyentes de la muestra B y se le sanciona por dos años desde julio de 2007 hasta julio de 2009. Mayo dice que no volverá a correr, y no vuelve.

No volvió. Y yo volví a trabajar. Pasé de puntillas por el despacho de la jefa y me senté en mi puesto tras guiñarle un ojo a mis compañeras. La sonrisa me delataba. No sé si aquella alegría hubiera sido tan intensa de haber sido Hamilton quien venciera al esprint aquella mañana lluviosa tras el descenso de Erlaitz, pero, de lo que sí estoy seguro, es de que hubiera recordado aquel día como lo he recordado desde entonces, como uno de los mejores espectáculos de ciclismo que he visto por televisión. Habrá habido más, repito, y mejores, pero yo no he visto muchos. Pocos han sido los que me han obligado a fotocopiar páginas de periódico. Aunque, nueve años más tarde acaben aquí, en la papelera de la oficina.

domingo, 4 de marzo de 2012

Will Artino




Dije que en la liga universitaria, normalmente, se rompen los pronósticos, pero, esta vez, nop. Los arrendajos azules consiguieron su decimoprimer título de conferencia y se clasifican directamente para disputar el March Madness.


Lo hicieron en la prórroga, al ganar por 83 a 79 a Illinois State en el Scottrade Center de Saint Louis. 12.380 espectadores asistieron a un partido disputado, con marcadores muy apretados, donde el talento y la fuerza de Creighton se impusieron en el tiempo añadido, después de que Illinois State, bien liderado en los segundos finales por el rookie Nic Moore forzara el desempate. A parte de Nic Moore, los de Tim Jankovich demostraron que su fuerza reside en el trabajo en equipo. Jakie Carmichael, Jon Ekey o Tyler Brown también aportaron puntos y trabajo a los redbirds que, en semifinales, habían dejado en la cuneta a Wichita State.

Pero Creighton se impuso después de intentar liderar el partido desde el principio y llegar empatados al descanso y al final del partido donde, por cierto, los de Illinois tuvieron varias posibilidades de ganar el campeonato antes de jugar los minutos añadidos. No fue así, y los jays se llevaron la victoria gracias, como no, al MVP de la Liga regular y, por supuesto, también de la fase final, un Doug McDermott que batió el récord individual de la universidad, hasta entonces en posesión de Nate Funk, al anotar 33 puntos. También cogió 6 rebotes, uno menos que Gregory Echenique, que se quedó en 8 puntos y sufrió una falta técnica. Antoine Young se fue hasta los 14 puntos y 4 asistencias, aunque no jugó un buen partido. Fallo tiros que podían haber sido resolutivos y ocho de sus catorce puntos vinieron en tiros libres y seis de esos ocho tiros libres los convirtió en los últimos segundos del partido cuando Illinois State defendía desesperado. Nuestro amigo Will Artino participó con cinco minutos en los que atrapó dos rebotes, pero, sin duda, McDermott aparte, la estrella del equipo fue Grant Gibbs. El exterior de Marion, Iowa, que llegó esta temporada desde la universidad de Gonzaga, tenía hasta entonces un récord personal anotador de 12 puntos, aunque había destacado por su aportación en todas las facetas del juego y su capacidad de trabajo. Ayer se fue hasta los 20 puntos, cogió 7 rebotes, dio 5 asistencias y robó un balón. Un triple suyo abrió la prórroga y una bandeja posterior empezó a construir la distancia final que otorgó la victoria a Creighton. Un equipo de Creighton que, en los cuartos, el viernes, se deshizo de Drake por 61 a 68 y en las semifinales de Evansville, que parecía un rival peligroso, y al que derrotaron con suma facilidad, permitiéndose el lujo de que hasta 13 jugadores participaran de la paliza por 71 a 99. Will Artino, por cierto, aprovechó los catorce minutos que le brindó su entrenador para marcarse un buen partido con 10 puntos, 5 rebotes y 2 asistencias, más algún mate para la galería.

Así que ahora... queda esperar hasta el 15-16 de Marzo cuando el March Madness arrancará en diversas ciudades aunque todos los equipos piensen solo en una, New Orleans, donde el 2 de Abril, dos equipos se disputarán el título nacional. ¿Podrán los arrendajos azules repetir la historia de superación de Butler? Difícil está, pero también queda claro que esta temporada ya se puede considerar un éxito: premios individuales y título colectivo para el zurrón. ¿Se puede pedir algo más? ¿Un par de rondas en el bracket final? Algún pronóstico para el bracket final apunta a que Mississippi State puede ser el primer rival. Un rival complicado con dos hombres muy fuertes: el base de tercer año Dee Bost y el pivot junior Arnett Moultrie. Pero quién sabe, puede que, una vez más, se rompan los pronósticos. O no. Como siempre, lo iremos contando aquí. Congratulations Jays!

viernes, 2 de marzo de 2012

Marciano Durán

Marciano Durán es un escritor uruguayo hasta ahora desconocido para mí. En 2006 publicó una novela, El Código Blanes que, al parecer, fue lo más vendido en su país. No se me caen los anillos al reconocer que, hasta ahora, no le conocía y que no he leído su novela ni nada que haya escrito hasta ahora.

Pero otro escritor, este más cercano, Mikel Alvira, me ha hecho llegar por medio de una voluntaria en la organización de la pormaratoniana un vídeo que, estoy seguro, va a hacer las delicias de los que aquel día disputaron la primera edición de nuestra carrera y que, habitualmente, siguen este blog y el de nuestro vecino el de las asics porque comparten con nosotros, esa locura de correr sin querer llegar a ningún sitio.

La animación ha tenido éxito en youtube.com, así que alguno igual ya la conocéis, los que no, disfrutad de los siete minutos, sentiros aludidos y seguid corriendo porque, al parecer, cuando lo hacemos solos, es como si lo estuviéramos haciendo en pelotón.

Por cierto, ya aprovecho, y os comunico que en breve, daremos las primeras noticias sobre la segunda edición de nuestra prueba furtiva que, al parecer, empieza a tener potenciales asistentes. Ojalá vuelva a ser un éxito.



jueves, 1 de marzo de 2012

Will Artino



Se acabó la temporada regular y se acerca lo bueno. Y con la emoción de los títulos, llegan los premios individuales y, este año, está siendo una celebración tras otra para los arrendajos azules de Omaha.

Doug McDermott ha sido elegido entre los 30 jugadores que aspiran al trofeo Naismith al mejor jugador del año en la NCAA (el año pasado lo ganó Jimmer Fredette). Junto a él, algunos de los que aspiran a encabezar los drafts en los próximos años: Harrison Barnes, Draymond Green, Kenny Boyton, Jared Sullinger… No es muy factible que gane este prestigioso título, pero, al menos, ya ha ganado el Larry Bird MVC Player of the Year, el título al mejor jugador de su conferencia que, en 2009, ya ganara otro bluejay, Booker Woodfox, y en otras ediciones, jugadores con bagaje profesional como Kyle Korver, Rico Hill, Anthony Parker, Ashraf Amaya, Jim Les, Hersey Hawkins, Antoine Carr, Paul Pressey o, por supuesto, Larry Bird. McDermott, por cierto, es el primer sophomore (jugador de segundo año) en conseguir este premio. Pero ahí no quedaron los reconocimientos: Gregory Echenique entró en el mejor quinteto defensivo del año; Antonie Young volvió a ser seleccionado en el segundo mejor equipo de la conferencia; Grant Gibbs en el equipo de rookies; y Ethan Wragge fue seleccionado para el mejor quinteto de de jugadores reservas de la conferencia. Por último, las buenas noticias terminaron con un reconocimiento colectivo. Y es que Creighton han entrado en las dos listas más prestigiosas de vaticinios para el próximo March Madness. Ocupan el puesto 24 de 25 en la lista que organiza USA Today/ESPN con la opinión de los entrenadores y en el puesto 25 de 25 en la encuesta de la Asociación de Prensa. Ocuparon mejores puestos, 12 y 13, en las mismas clasificaciones a fecha de 30 de Enero, pero, aún así, siguen estando entre los mejores equipos del país, y mira que no hay, con vistas a la próxima edición del título final de la NCAA.

Antes de que llegue este acontecimiento, empieza el Arch Madness, es decir, la batalla por el título de conferencia y la posterior clasificación para disputar la fase final de la NCAA.
Desde que lo dejé con una victoria contundente contra Illinois State, el equipo encadenó una crisis galopante con tres derrotas consecutivas (62-65 ante Northern Iowa, 57-65 ante Evansville y 68-89 ante Wichita State). Rompieron la racha al vencer a Southern Illinois en Carbondale, Illinois, por 88-69 y encadenaron otras tres victorias más, aunque todas muy apretadas, para ahuyentar fantasmas (81-79 ante Long Beach State, 93-92 en la prórroga ante Evansville y 61-60 ante Indiana State). En esos partidos, ha quedado claro lo que ya habíamos visto antes. El equipo se sustenta en Doug McDermott que solo tuvo un partido flojo ante Wichita State, donde Joe Ragland le ganó la partida. Por lo demás, siempre rozando los 20 puntos y 10 rebotes por partido. Siguió con su buen rendimiento Antonie Young, uno de los mejores bases de la MVC que en dos ocasiones superó los 20 puntos. Y, por último, el rebote es para Gregory Echenique que ha hecho una temporada muy regular. Pero es muy positivo ver que otros jugadores, aunque a veces sea circunstancialmente, aportan mucho al equipo, como Austin Chatman contra Evansville, Jahens Mannigat contra Southern Illinois y Evansville o Josh Jones y Avery Dingman en el segundo partido contra Evansville, un partido, por cierto, en el que Colt Ryan, uno de los mejores jugadores de la conferencia, se salió con 43 puntos. A parte quedan los nombres de Ethan Wragge, ya en su último año, que ha seguido con su rol de pocos minutos y mucha aportación (15 puntos contra Southern Illinois o 11 puntos en tan solo 15 minutos contra Wichita State) y la grata sorpresa del novato Grant Gibbs que se ha hecho con el puesto de titular a base de mucho trabajo y aportar en todo (como muestra, su partido ante Long Beach State con 6 puntos, 6 rebotes y 6 asistencias). Por último, nuestro amigo Will Artino ha bajado su contribución al equipo como era de esperar, pero ha seguido contando para el entrenador como relevo de los jugadores interiores. En estos siete partidos , ha promediado 0’2 puntos por partido y 2’1 rebotes en apenas 5 minutos de media. Su mejor partido, el último ante Indiana State, donde jugó 11 minutos, no anotó pero atrapó 6 rebotes.
Con estos resultados, el equipo de Greg McDermott ha conseguido el segundo puesto en la disputa por el State Farm MVC Tournament, el título de conferencia, que empezarán a disputar este mismo viernes 2 de Marzo. Se enfrentarán al ganador del Drake-Bradley y si ganan pasarían a semifinales donde tendrían como rivales o bien a Evansville o a Missouri State el sábado 3 de Marzo. El domingo se jugaría la final que, de ganarla, se convertiría en su decimoprimer título de conferencia.
De ahí al March Madness, ya no queda nada, está casi al caer y los pronósticos son favorables aunque el baloncesto universitario americano es muy proclive a destrozar pronósticos. Lo contaré aquí porque, sí, por fin, empieza lo bueno.