sábado, 2 de junio de 2012

Orlando Woolridge



A los de mi generación, si les gustaba el baloncesto, el nombre les suena aunque sea por la segunda y no por la primera razón. Quiero decir, la primera razón es pura, tiene que ver con su profesión. Si te gustaba el baloncesto y eras de mi generación, conocías a Woolridge. Pero había una segunda razón, cuando te gustaba el baloncesto, y eras de mi generación, pero tanto como te podía gustar el fútbol o ir al monte con tu padre. Entonces, igual te suena Orlando Woolridge por eso, por las 16 letras de su nombre, más que por lo que hiciera o dejara de hacer en una cancha de baloncesto. Y es que Orlando Woolridge sonaba bien. El típico nombre que se te queda en la cabeza. Si tus colegas se explotaban el acné mientras hablaban de baloncesto y tú no te enterabas de nada pero querías participar, entonces saltabas, con nombres como el de Orlando Woolridge, o el de Mark Aguirre, o el de Rony Seikaly, o el Mitch Richmond porque, así pronunciados, sin acento y sin propiedad, sonaban, en orden contrario, a héroe del ejercito sureño, detective privado de Miami, ganadero del oeste y Woolridge podía ser cualquier cosa, un corsario, un policía dicharachero afro-americano, el primer hombre de negocios de color, un bluesman en un cruce de caminos o un simple jugador de baloncesto.
Y Woolridge fue eso, un jugador de baloncesto. Una estrella al cobijo de Bill Laimbeer en Notre Damme. Una elección alta del draft por los Bulls de los ochenta (Mark Aguirre fue el primero, por cierto). Un jugador empeñado en atacar el aro, alto, delgado, de largos brazos, que saltaba siempre buscando machacar el aro. Llegó a jugar hasta en siete equipos de la NBA: los Bulls, los Nets, los Lakers, los Nuggets, los Pistons, los Bucks y los Sixers.
Sus primeras temporadas en los Bulls fueron exitosas, pero su juego no combinaba del todo con el surgimiento de Michael Jordan, así que fue traspasado a los Nets, donde siguió anotando y machacando pero no duró mucho y acabó en los Lakers. Según sus propias palabras, allí disfrutó como un niño. Eran los tiempos en los que Magic Johnson corría por el centro y todos se ponían alrededor para pedirle la pelota, aquello le encantaba a Woolridge, que había fichado para darle puntos al banquillo angelino. Sin embargo, volvió a ser traspasado, y fue traspasado al epítome de la locura de ataque. Sus temporada en los Nuggets al mando del visionario Paul Westhead se convirtió en su mejor año de anotación bajo aquella tutela de corre y tira en cuanto puedas, pero aquello no se veía reflejado en triunfos. Woolridge apuró algunos años más, pero pronto, decidió iniciar la aventura europea para despedirse del profesionalismo, y eligió Italia. Y no vino de paseo. En sus dos experiencias acabó ganando títulos, aunque le fue mejor en la primera, la del Benetton de Treviso de Mike D'Antoni. Después, se despediría en aquel Bologna que patrocinaba una cerveza sin.
La vida deportiva de Woolridge tuvo sus extraños momentos de incertidumbre. Como cuando fue sancionado por abuso de drogas en una de sus temporadas en los Nets o cuando se temió lo peor al ser operado estando en Denver por un desprendimiento de retina. Para otros, la aventura italiana también podría entrar en este grupo. Cuando se retiró, lo intentó con los banquillos y entrenó en la WNBA y la ABA, pero se veía que no era lo suyo. Sus hijos seguían su camino y el regresó a Louisiana, donde todo empezó.
En Febrero pasado, su nombre volvió a la prensa de una manera sorprendente, otro extraño momento de incertidumbre. Los periódicos se hacían eco de su arresto en DeSoto Parish, Louisiana, por robo de aluminio. Se libraba de la cárcel tras pagar una fianza, y no se volvía a saber mucho más. Hasta antesdeayer, cuando murió tras una larga enfermedad cardíaca que no pudo superar. Murió en Mansfield, Louisiana, en casa de sus padres. El primo de Willis Reed, el compañero de Bill Laimbeer, el pistolero de Magic, el ejecutador de Westhead, el tío de las muñequeras con el cero en la camiseta, murió en casa de sus padres, de un ataque el corazón, tres meses después de ser detenido por robar aluminio. ¿Alguien quiere escribir el libro? Yo no, yo prefiero quedarme con aquella final del 95 ante el Taugrés de Manel Comas. Y como Ferrán López le robaba el balón, pero Petar Naumoski le daba el título a los de Mike D'Antoni. Woolridge y Pittis hacían el resto para que los sueños de Perasovic, Rivas, Laso, Kenny Green o Santi Abad se quedaran en nada.
Los de mi generación, y mi barrio, se acordarán de eso si les gusta el baloncesto. En DeSoto Parish, Louisiana, igual se acuerdan de él porque aún andan renovando las tuberías del agua. Sea por lo que sea, descanse en paz.

miércoles, 30 de mayo de 2012

José Luis Zalazar



Ha sido leer su nombre hoy en prensa y se me han despertado los reflejos melancólicos. Qué tiempos aquellos en los que Benito Floro y los suyos, sí que se los folloban con el pito (perdón, pero los que tengan memoria sabrán que viene a cuento aunque no deje de poner en evidencia mi sentido del humor). Lo del queso mecánico tuvo su gracia. En cuanto a ocurrencia, quiero decir. Porque lo del fútbol, tuvo su gracia, y mucho más que gracia, tuvo salero y convicción. Cualquiera que comparta conmigo generación y afición, a poco que le piquen, o que le refresquen la memoria, dice casi de carrerilla la alineación tipo de aquel equipo. Empezando por el portero costarricense que rezaba tanto como paraba, Luis Gabelo Conejo y terminando por Chesa y Antonio en la delantera. Por el medio, quedaban los Delfí Geli, que ganaría el título a la mejor promesa de la temporada, Oliete, Coco, Juárez, Catalí, Menéndez, Julio Soler, Parada, Balaguer, Marcos, Cabrero, Sotero, Sigüenza... Y un joven Ismael Urzaiz, y un melenudo Marco Antonio Etcheverry y un escurridizo Daniel Toribio Aquino. Pero, sin duda, el que deslumbró aquella temporada fue el uruguayo José Luis Zalazar.
El de Montevideo ya había jugado antes en España, en el Cádiz y en el Espanyol, pero no con tanto éxito como el que lograría en La Mancha. 180 partidos y 57 goles en cinco temporadas, y aún mantiene esos récords en la historia albaceteña. Cuando terminó ciclo, se volvió a Uruguay y después regresó a España, no consiguió retirarse en el Albacete y lo hizo en tercera división, con el Club Deportivo Quintanar del Rey del grupo castellano manchego.
El Cabeza, como se le apodaba, se quedó a vivir en Albacete, y ahora, sigue ligado al mundo del fútbol. Trabaja para Paco Casal en la representación de futbolistas. Si no conoces a Paco Casal, no creo que a él le importe mucho, porque su volumen de negocio no va a cambiar. El Señor Casal lleva la representación de muchos jugadores uruguayos, alguno de ellos jugando en España y Zalazar le echa una mano con ello. Pero, además, Zalazar tiene otra razón para seguir rondando los campos de fútbol, y es que parece que sus hijos tienen intención de seguir su camino. O, al menos, de intentarlo. Juan Pablo Zalazar, el mayor de los cuatro, es el que más cerca está de alcanzar el profesionalismo, aunque solo sea por edad. Juega en el equipo de división de honor del juvenil albaceteño, y esta temporada ya ha entrenado en alguna ocasión con el equipo de Antonio Gómez y Zigor Aranalde. Los dos más pequeños, Rodrigo y Mauro, también deben andar jugando en la cantera del equipo donde su padre aún acapara los récords. Y queda José Luis Zalazar, conocido como Kuki, y quien a sus 14 años, ha sido el culpable de que el padre regresara a los titulares deportivos, aunque ahora fuera con las razones de parentesco más que por las futbolísticas. Kuki Zalazar, al parecer, ha fichado por la cantera del Málaga, que aspira a competir en calidad y no convertir el proyecto del primer equipo en una cuestión de fichajes perentorios y temporales, por mucho dinero que cuesten.
Sea como sea, siempre es una buena oportunidad para desempolvar la memoria y dejarse llevar por los buenos recuerdos, aunque no sirva de mucho.

sábado, 26 de mayo de 2012

Thomas de Gendt



Recién salido del horno. ¿Te gusta el ciclismo? Pues si te has perdido la etapa de hoy, no te lo perdonarás. Ayer lo hablaba con alguien: está siendo un Giro muy extraño, pero quizás es el ciclismo actual, más rácano y calculador. Todo el mundo quiere quedarse con lo que tiene. Excepto, Thomas de Gendt. Hoy ha hecho una de esas etapas que crean afición y que le dan sentido a la carrera deportiva de un ciclista. Además, la grandeza de su triunfo se ha multiplicado por el valor del escenario y el empeño de los ciclistas que le acompañaban. Él y Mikel Nieve, y Ion Izagirre, y Damiano Cunego, y Matteo Carrara, y John Gadret, y todos los demás, han escalado metros con el pecho al aire. Han pasado del verde brillante al blanco de las cumbres nevadas a través de estrechas carreteras. El asfalto se volvía tierra, el sol desaparecía, volvía a aparecer, el polvo se tragaba a los corredores, los coches se calaban, el público se avalanzaba y yo no me levantaba del sillón.
Los primeros han aguardado hasta unos últimos mil metros que parecían interminables. Ryder Hesjedal se desgañitaba buscando colaboración, los colombianos se aferraban al sufrimiento, Basso daba bandazos, Scarponi volvía a echar espuma por la boca y Joaquim Rodríguez demostraba que es más eficiente en quinientos metros que muchos otros en doscientos kilómetros. Ha sido una batalla final de supervivientes. Un concurso de pruebas de esfuerzo. Y, mientras tanto, Thomas de Gendt intentaba darse cuenta de lo que acababa de hacer: ciclismo del de antes, suelen decir, del épico, loco, desesperado y valiente. Si era de antes, también debe ser de ahora, ¿no?
Al final, se ha quedado a un par de minutos del éxtasis, pero mañana, en Milán, se apretarán aún más los dientes. A falta de la lucha contra el reloj, mi opinión personal coincide con la de otros: un Giro raro. Decepcionante en el palco, emocionante en la platea. Los mejores han sido los que no lo son en la clasificación final. Ha sido un Giro de debutantes, jóvenes y secundarios ganándoles la partida a los protagonistas.
Y no sé qué opinarán los ciclistas, no sé qué dirá Abraham Olano, pero, como aficionado, por favor, que suban el Mortirolo todos los días. Lástima que no se haya podido ver a los últimos. Lástima que eso no salga en televisión. Los que alguna vez hemos estado en las cunetas de pendientes como ésas sabemos que ahí reside la belleza de este deporte, y solo imaginarme subir a los últimos por las rampas más empinadas del Mortirolo, se me ponen los pelos de punta. Aunque, con el gesto concentrado de Thomas de Gendt me conformo.

Pedro Rodríguez



Ahí, con foto y todo, para echarle alcohol a mis heridas. Aunque el alcohol me sale de las heridas, porque, qué queréis que os diga, yo ayer le encontré una solución muy fácil: ahogué mis penas. Las ahogué tanto, las rehogué tanto, que he llegado a casa con el sol de comparsa y con una alegría en el cuerpo que no dejaba de ser ficticia y postiza, pero que ha ayudado mucho.
Fue pitar el final el Señor Fernández Borbalán y acordarme de Juan Antonio Corbalán, para bien o para mal.
Se me fue el fútbol de la cabeza porque me la inundó el vino con coca cola y la música.
Fue ver a Puyol y Xavi con senyeras e ikurriñas y dije: deja vù! o como se escriba y me piré. Le dije: ¿nos vamos a escuchar música? Y nos fuimos. Y lo que quedaba de los penalties no pitados, los goles no marcados y los que te marcaron, se diluyó en alcohol. Alcohol por vía intravenosa.
Ésta no es una entrada muy pedagógica.
Pero es lo que hay.
Hubo mucho vino.
Y hubo mucha coca-cola.
Y música: de Wanda Jackson a The Beastie Boys, pasando por Jet, Wolfmother, Imelda May, Little Richard, Vacazul, Suede, The Black Keys, Led Zeppelin, El Columpio Asesino, The Sonics, Tina Turner, Johnny Cash, Tom Petty, The Doors, Parabellum, Foo Fighters, Soundgarden, Los Ronaldos, Siniestro Total, El Guincho, MGMT, Kings of Leon... que no son de León, por cierto, tío, no me dispares con la banana y yo qué sé qué más.
Eso es lo que pasó. Que llegué a casa de madrugada después de una noche etílica y epiléptica con las estrellas del rock locales, porque las estrellas del fútbol se apagaron pronto, y en un momento u otro se dio esta conversación: ¿tú quieres algo? Una estrella. Pues no pides tú nada ni ná.
Pedro Rodríguez, el amigo de los disgustos, no me hiciste tanto daño como el que pensaba que me harías. ¿Queríais una reflexión seria y sesuda? Tenéis una sudada y que sería cualquier cosa menos reflexión. Yo tengo resaca y, de verdad, hoy prefiero tenerla a tener memoria.
Otro día, ya si eso, hablamos del gobierno.
Por cierto: AUPA ATHLETIC!!!!!

Por cierto dos: esta tarde, vamos mi baraka!, vamos campeón!

miércoles, 23 de mayo de 2012

Alessandro de Marchi



Que en este blog tenemos querencia por los que quedan segundos, lo saben hasta los que nunca lo han visitado. Es extraño, sin embargo, que hoy le dediquemos título al segundo, cuando el primero es de casa y nos ha dado una alegría a todos los aficionados al ciclismo vasco, más aún cuando las noticias sobre la continuidad del equipo naranja en la mejor categoría del ciclismo profesional siguen siendo inquietantes. Pero, aunque, como bien indica el nombre de este blog, aquí nos dejamos llevar por sentimentalismos y pasiones de lo más irracional, mantenemos siempre una lucha constante contra esos impulsos para intentar mantener un espíritu mucho más incluyente y complejo.
Hay otra razón. Tengo la sospecha de que es bueno guardarse el nombre de Ion Izagirre para otras ocasiones. El guipuzcoano hizo ayer méritos suficientes para encabezar esta entrada que, por otra parte, no es que exija muchos. Pero, como digo, y aunque ganar en el Giro sea ya más que suficiente para justificar una carrera, sospecho que no es mala opción guardar su nombre para otra ocasión, así que he preferido gastar otra bala, por otra parte, bastante coherente con este blog, la del que quedó segundo.
Alessandro de Marchi ha dado muestras sobradas en este Giro de tener recorrido para el futuro. Con 25 años, su carrera recién estrenada, alguna victoria ya en el bolsillo, experiencia en el velódromo, y una planta de rodador que no le impide sobresalir cuando aparecen las cuestas, el italiano nos ha dejado ya un segundo y un tercer puesto repletos de gestos grandilocuentes pero que no le dejan de pertenecer al ciclismo. Su mandíbula le da un aspecto de héroe de cómic y sus piernas la semblanza de un candidato a las galopadas épicas. Su nombre puede confundirse con el de un director de orquesta si lo buscas en internet, pero apuesto a que, en un futuro no muy lejano, se le acercará en parangón.
Eso sí, la foto se la voy a dedicar al de Ormaiztegi, último eslabón de una familia de ciclistas donde su hermano, Gorka, aparece también como un futuro protagonista de este deporte. Ayer, confirmó lo que muchos ya habían visto en él: que tiene talento para destacar. No solo por sus piernas, si no también por su carácter e inteligencia. Ayer supo coger una escapada muy tardía, colaborar en la medida justa, ajustar su respuesta a los primeros ataques, mantener la cabeza fría ante la experiencia de Matthias Frank y rematar su estrategia en un duelo personal con otra joya de este deporte, José Herrada. El pequeño de los Izagirre es, además, un tío directo en sus declaraciones. No escondió sus dolores tras sus primeras experiencias con las clásicas, y, en esta ocasión, confesó abiertamente la emoción que sintió al cruzar la línea de meta. Emoción que sería compartida por todos sus compañeros, un buen grupo de estajanovistas de este deporte que están dando una digna impresión en un Giro al que todavía le queda lo mejor.
La victoria de Ion Izagirre, para más gloria, supone un gran aliciente para las aspiraciones de supervivencia del equipo. Los puntos que consiguió ayer son de oro aunque, este año, se necesita oro, diamantes y hasta petróleo para lograr el objetivo. Ojalá otros compañeros den el paso adelante que Ion Izagirre ya ha iniciado y que esto se refrende en los despachos porque, como no me canso de repetir, tengo la sensación de que estamos ante una generación de ciclistas que pueden dar muchas alegrías al ciclismo vasco. Y lo harán, exista o no exista el equipo de Miguel Madariaga, pero, qué duda cabe que, la os que nos dejamos llevar por sentimentalismos y pasiones, como ya he confesado, nos gustaría seguir pensando que todo puede ser romántico en mayor o menor medida.

lunes, 21 de mayo de 2012

Giorgos Printezis



Un repaso poco riguroso de cómo va el baloncesto europeo. Ya sabemos todos que Dusan Ivkovic volvió a demostrar los méritos que le llevan a lo más alto del baloncesto europeo y dirigió con maestría a un Olympiakos que escribió una de las historias más épicas del baloncesto europeo, para alegría de Printezis (para él va el título de esta entrada para que acompañe en la vitrina al que ya consiguió con su puntería en el último segundo) y desgracia de Kirilenko. Los rusos sí que disfrutaron de un título, al menos, el que se llevó el Khimki ante el Valencia. Pero, ahora, prestamos atención a las ligas nacionales.

En Francia:

El Gravelaines es sin duda el favorito. Ganadores de la liga regular con solo tres derrotas por veintisiete victorias, los Yannick Bokolo, Ludovic Vaty y Andrew Albiciy disputarán los play-off ante los siguientes equipos: Cholet, Le Mans, Nancy, Chalon, Roanne, Orleans y Paris-Levallois. El Chalon, por cierto, acaba de volver a ganar la Copa de Francia por segundo año consecutivo. Lo hizo ante el histórico Limoges gracias al gran partido de Ilian Evtimov y Blake Schilb, un americano que, por cierto, suena para varios equipos de la ACB, entre ellos Bilbao Basket y Valencia según una reciente noticia de solobasket.com.

En Italia:

En Italia ya empezaron los cuartos de final y parece que todos apuntan ya a quiniela segura porque todas las eliminatorias están 2-0 a favor de Montepaschi Siena, Banco di Sardegna, Armani Jeans y Bennet Cantú. Los cuatro ganan en sus respectivas eliminatorias contra Cimberio, CS Bologna, Umana y Scavolini. Una vez más, el Montepaschi de los McCalebb, Rakocevic, Andersen, Lavrinovic y compañía parte como favorito. Pero los de Simone Pianigiani tendrán duros rivales como el Armani Jeans de Sergio Scariolo y el Bennet Cantú de Gianluca Basile.

En Alemania:

Los alemanes, como siempre, van por delante. Brose Basket y Ratiopharm Ulm ya se han adelantado en sus eliminatorias de semifinales contra Art Dragons y s.Oliver Basket. Ambos terminaron en cabeza la liga regular. Brose Basket gracias al anotador Anthony Tucker, el autóctono Tibor Pleiss y el exValladolid Marcus Slaughter. El Ratiopharm ha llegado tan lejos gracias a John Bryant, Roderick Trice, Dane Watts y Isaiah Swann. Una final plagada de norteamericanos donde destaca, sobre todo, la gran temporada del pivot John Bryant.

En Grecia:

Olympiakos y Panathinaikos empiezan desde hoy la lucha por la final. El Olympiakos se llevó la Liga Regular y se ha llevado, contra todo pronóstico y como ya hemos dicho, la Copa de Europa o cómo demonios se llame ahora. Dusan Ivkovic sigue dando lecciones en un equipo de relumbrón: Kyle Hines, Joey Dorsey, que no valía para Dusko Ivanovic, Acie Law, Pero Antic, Martynas Genevicius, Marko Keselj… más el talento nacional de Printezis, Spanoulis, Papanikolau, Sloukas, Papadopoulos, Glynaidakis, Pelekanos, Vasilopoulos o el joven Mantzaris. Casi nada. Aunque, sobre el papel, también en Europa había mejores equipos, o equipos con nombres más reconocibles. Para los de Zeljko Obradovic no ha sido tan bueno el año. Los hermanos Calathes, Dimitris Diamantidis, Romain Sato y Sarunas Jasikevicius, se apoyarán en griegos y americanos, Batiste, David Logan, tampoco éste triunfó en Vitoria, Steven Smith o los Vougioukas, Kaimakoglou, Perperoglou o Tsartsaris para intentar salvar una temporada poco propicia para los de verde.

En Israel:

Maccabi Tel Aviv jugará las semifinales contra el Hapoel Holon, mientras que otros dos Maccabis, Rishon y Ashdod, se jugarán el otro puesto. Por supuesto que los de Tel Aviv, que acaban de renovar a David Blatt, parten como favoritos. Solo dos derrotas en la liga regular y los Blu, Smith, Hendrix, Langford, Schortsanitis, Eliyahu, Papaloukas y compañía con ganas de cerrar bien la temporada. Todo lo que no sea eso, será una sorpresa.

En Polonia:

El Asseco Prokom de Donatas Montiejunas y el Trefl Sopot de Filip Dylewicz jugarán la final y se apuesta por los del lituano, pero quién sabe.

En Rusia:

CSKA se llevó su décima liga consecutiva tras una victoria contundente por quince puntos en el tercer partido de su ronda final ante el Khimki. Shved, Krstic, Khryapa y Teodosic se sirvieron para hacer ganador al equipo del entrenador Jonas Kazlauskas ante el de su compatriota Rimas Kurtinaitis, un Khimki donde sobresalieron Vitaly Fridzon y Kresimir Loncar. Andrei Kirilenko no disputó los últimos dos partidos y ahora todo consiste en saber si seguirán tanto él como Kazlauskas.

En Turquía:

El Besiktas de Carlos Arroyo y Pops Mensah-Bonsu gana 2-1 al Galatasaray de Jaka Lakovic y Nihad Djedovic. En el otro lado del cuadro, el Banvit de Serkan Erdogan y Lucas Kalin y el Anadolu de Dusko Savanovic y Stanko Barac van empatados a uno. He dicho dos jugadores por equipo, con lo que quiere decir que he dejado sin mencionar a Kerem Tunceri, Cenk Akyol, Esteban Batista, Ermal Kurtoglu, Sasha Vujavic, Tarence Kinsey, Oliver Lafayette, David Hawkins, Zoran Erceg, Kenan Bajramovic, Charles Davis, Joshua Shipp, Boris Savovic, Jamon Gordon, Ender Arslan, Luksa Andric o Preston Shumpert. Jugadores todos ellos que también disputarán esas semifinales.

En Eslovenia:

Krka y Union Olimpija han ganado un partido cada uno en la final. El segundo lo ganó el Krka gracias a Zoran Dragic, Afik Nissim y Jure Balazic. De nada sirvió el buen partido de Sasu Salin y de Jaka Blazic en el Olimpija de Saso Filipovski. En el primer partido fueron los hombres de Aleksander Sekulic los que hincaron la rodilla ante el gran partido de Jaka Blazic.

En Portugal:

Proto Ferpinta y Benfica empatan a dos en la última eliminatoria por el título. Se lo jugarán todo en el último partido. Marcus Norris fue el mejor del Benfica pero Robert Johnson, Miguel Miranda y Joao Santos hicieron vencedores al Proto Ferpinta de Moncho López en el último partido.

En Lituania:

Ya ha ganado el Zalgiris Kaunas que venció 3-0 al Lietuvos Rytas. Trifunovic confirmó la calidad de su plantilla en la que cuenta con internacionales como Kalnietis, Marko Popovic, Milovan Rakovic, Dainius Salenga, Robertas Javtokas, Paulius Jankunas, Tomas Delininkaitis o el joven valor Mario Delas. Alesandar Dzikic, por su parte, basaba sus bazas en el joven Jonas Valanciunas, el talentoso Aleksandar Rasic y los luchadores Mindaugas Katelynas y Predrag Samardziski, pero el mejor de las finales fue el exBilbao Basket Renaldas Seibutis.

En Letonia:

Victoria final para el VEF Riga de Ramunas Butautas que cerró la eliminatoria ante el Ventspils de Gundars Vetra con un 100 a 70 contundente en el último partido. Hasta seis jugadores superaron los diez puntos: Curtis Millage, Gatis Jahovics, Kristaps Janicenoks, Kaspars Berzins y Donatas Zavackas.

En Croacia:

La Cibona ya espera rival en la final. Su rival saldrá de la otra semifinal que disputan el Cedevita y el KK Split. Los de Jasmin Repesa son favoritos, pero Niksa Bacevic en el KK Split, con el hijo de Goran Sobin, Josip Sobin y Nikola Vujcic dando sus últimas lecciones, intentará enfrentarse a ellos después de ganar al Cedevita de Drazen Anzulovic, donde destacan viejos conocidos como Dalibor Bagaric, Vedran Vukusic, Marino Bazdaric o Ivan Opacak, además del americano Dontaye Draper.

En Estonia:

El BC Kalev de los Bamba Fall, Armands Skele o Pavel Ulyanko se llevó la final por 4-0.

En Georgia:

El Armia partía como gran favorito en la final, pero el Olimpi le ha sorprendido en el segundo partido para empatar la serie. En un final apretado, los Ben Woodside, Will Thomas, Guillermo Díaz, Anatoliy Boisa o Jeremy Richardson se vieron sorprendidos por el gran partido de Georgi Tsintsadze con 24 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias.

Si os preguntáis por los serbios, van un poco retrasados, por la información que yo tengo. De la liga ACB, ya hablaremos. Ya sabéis que Caja Laboral ganó los dos encuentros a Bilbao Basket, el primero gracias a Teletovic, el segundo gracias a Prigioni, los dos a pesar de Aaron Jackson; Barcelona dejó a Alicante fuera muy pronto y sin problemas; el Real Madrid tuvo algo más de resistencia del Banca Cívica gracias a Txemi Urtasun; y, por último, la sorpresa de la temporada, Lagun Aro, forzó el tercer partido en Valencia tras una remontada digna de elogio y con un gran David Doblás.

Matteo Rabottini



La etapa que se ha llevado es de las que crean afición. Mejor que la de Bert Dietz y Laurent Jalabert, Miguel Indurain y Luc Leblanc o el campeonato de España de Manuel Fernández Ginés y Abraham Olano, solo por nombrar los primeros que me vienen a la cabeza. Ya hay discusiones por algunos foros para determinar si Joaquim se dejó ganar o no. Unos dicen que está claro que sí, otros dicen que está claro que no, yo, como siempre, me quedo a medio camino. Creo que, probablemente, Joaquim no diera todo lo que tenía dentro en el sprint, pero también estoy seguro de que no frenó para nada cuando alcanzó a Rabottini y éste, que venía de una larguísima fuga y sufría el aliento de sus perseguidores atrás, no se amilanó, le pilló la rueda y aún tuvo fuerzas para aguantar el ritmo de maglia rosa del catalán y disputarle el esprint por poco disputado que fuera.
Yo, que nunca llevo, me quito el sombrero ante este joven italiano de maillot cegador y aspecto sosegado. El tío respiraba con los labios encogidos cuando aún quedaban cincuenta kilómetros, pero administró sus fuerzas tan bien como en la etapa anterior lo hizo Jan Barta, aunque al checo le gusta más el teatro que al de los Abruzzo.
Por ahora, está siendo un Giro de nuevos nombres, nombres secundarios y muchos detalles. De los que gustan a los aficionados. Y sería aún mejor si los líderes, los cabezas de cartel, las grandes estrellas tuvieran un puntito más de fuerza. Digo lo de los nuevos nombres porque, aunque para algunos aficionados ya eran conocidos, este Giro está empezando a descubrir nuevos valores como Adriano Malori, Ramunas Navardauskas, Taylor Phinney, Alessandro de Marchi, Jan Barta, Michal Golas, Matteo Rabottini, Tom Jelte Slagter, Jesse Sergent, Manuele Boaro, Geoffrey Soupe, Arnaud Demare, Cesare Benedetti, Sergio Henao, Fabio Felline, Giacomo Nizzolo, Daniel Schorn, Martijn Keizer, Andreiy Amador, Sonny Colbrelli, Alexander Kristoff o Brian Bulgac. Muchos de ellos serán habituales en los titulares de las secciones de ciclismo de los próximos años. Y digo lo de los nombres secundarios porque, hasta ahora, lo que más llama la atención al cuidadoso espectador televisivo es la cara de circunstancias de Damiano Caruso, el empeño de Sylvester Szmyd, la coordinación de ballet clásico entre Losada, Dani Moreno y el líder, como Paolo Tiralongo tira de Roman Kreuzinger, como Txurruka y Bruseghin siempre hacen de exploradores, y Cunego de explorador desorientado... Y no solo hablo de los gregarios, también de esos corredores que saben que tienen difícil alcanzar el triunfo final pero hasta ahora están siendo los verdaderos protagonistas: la desesperada necesidad de protagonismo de José Rujano, los empellones de rodador de Ryder Hesjedal, el aventurismo momentáneo de Gianluca Bambrilla, el talento en frasco pequeño de Domenico Pozzovivo, la terquedad de Miguel Ángel Rubiano, la resistencia activa de Beñat Intxausti o Mikel Nieve... Por ahora, los Basso, Scarponi o Kreuzinger se han visto oscurecidos por los actores secundarios, a excepción de Joaquim Rodríguez, que nunca esconde nada.
Por último, digo también que está siendo el giro de los detalles. Detalles como los caretos que le ponía De Marchi a Amador cuando lo atrapó o las bocanadas histriónicas de Jan Barta cuando aceleraba, un checo desconocido hasta entonces para la mayoría (este año ya había ganado la Vuelta a Colonia) que parecia homenajear a Thomas Voeckler con su variedad de recursos histriónicos. Detalles como la ya comentada parsimonia de Rabottini, las ordenes de Joaquim a Vicioso, el gesto impertérrito de Damiano Caruso, los vaivenes de Roberto Ferrari, las muchas caídas, los malos rollos de Mark Cavendish (y sus aparentes malas tretas cuando se empina la carretera), los cambios de maglia, la severa debilidad de Navardauskas, y, por supuesto, los eternos recorridos de los organizadores del Giro que no se piensan dos veces si el suelo está en buenas condiciones o entran dos corredores en grupo por el estrecho pasadizo. Sin ir más lejos, este va siendo un giro donde ganó una etapa un Costarricense y se puso de líder un canadiense. Un giro que por ahora, y si obviamos al bueno e inteligente de Bak que hablará su propia lengua escandinava, se ha convertido en una lucha entre las lenguas romances y las lenguas germánicas. Por ahora, ganan los primeros por ocho a seis gracias a las victorias de un colombiano, un costarricense, dos españoles y cuatro italianos por tres victorias inglesas, una australiana y dos americanas, aunque una haya sido en grupo.