sábado, 9 de junio de 2012

Tirso Lorente


He intentado resistirme a escribir una entrada sobre la muerte de Manuel Preciado. No tenía ganas de escribir banalidades y recorrer lugares comunes, porque su muerte me produjo la misma sorpresa que a todos los aficionados y lo que dijera no iba a añadir nada nuevo a todas las muestras de condolencia que ya se han dado. En quien más he pensado es en su hijo, ¿se puede consolar a alguien que recibe tantos golpes seguidos en tan poco tiempo? Espero que haya heredado el espíritu del padre.
No quería escribir sobre ello, y, aunque no se entienda, lo hacía por respeto, pero, al final, lo he hecho, porque no he podido resistirme ante un segundo fallecimiento en una misma semana. Éste, por mucho que el mundo del baloncesto si reconozca su figura, no tendrá la repercusión de la de el de Astillero, pero su muerte deja un hueco parecido en un deporte distinto. Y es que ha fallecido Tirso Lorente, durante más de veinte años entrenador fundamental de la cantera baloncestística española, y en especial de la del Real Madrid. Durante tiempo, compaginó su trabajo con los más jóvenes, con el poco reconocido pero elemental trabajo de segundo entrenador, siempre en las filas del Real Madrid, y donde ayudó en las labores técnicas a entrenadores como Emanuele Molin, Bozidar Maljkovic, Julio Lamas, Miguel Ángel Martín y Clifford Luyck. Tras la destitución de Miguel Ángel Martín en el banquillo madridista, Tirso Lorente llegó incluso a ser el primer entrenador durante un puñado de partidos.
Últimamente, ayudaba a Alberto Angulo en el trabajo de cantera con las promesas que el Real Madrid foguea en la liga EBA. Los Dani Díez, David Marina, José María Gil, Jorge Sanz o Jefferson Socas fueron los últimos en disfrutar de los conocimientos del técnico madrileño.
Quizás no pudo hacerlo, pero seguro que le hubiera gustado ver cómo su equipo ganaba ayer un partido disputado y emocionante en la final de la liga ACB. Descanse en paz los dos.

martes, 5 de junio de 2012

Ander Izagirre


Pues el libro ya había ganado el Premio Marca de Escritura Deportiva en 2005, pero yo me enteré como quien dice ayer. Precisamente, mientras adelantaba con cuidado y con respetable distancia a un cicloturista que dejaba Baranbio atrás y se dirigía hacia Orozko. Puse la radio, cualquiera, creo que era Radio Euskadi, y alguien entrevistaba a alguien y aunque no sabía de qué iba el asunto, el asunto me atrapó. Durante unos minutos, disfruté de una interesante conversación sobre las anécdotas del Tour de Francia sin saber que era una entrevista de promoción del libro Plomo en los bolsillos de Ander Izagirre. 
El entrevistado era él. 
Después, rebusqué al llegar a casa, y me enteré de que Ander Izagirre también fue ciclista, y después periodista, que aún lo es, y que no era la primera vez que publicaba, porque hasta tiene entrada en la wikipedia. También descubrí su curiosa aventura promocional: un viaje en bicicleta que le está llevando desde Donosti hasta Madrid, pasando por Pamplona, Logroño, Burgos y Navacerrada. Lo han llamado el Tour de Plomo y en las primeras etapas lo acompaña Peio Ruiz Cabestany. Hoy incluso he leído en su blog que ha tenido la sorprendente y agradable visita de Pedro Horrillo cuando iba por Tolosa. 
No creo que le haga falta la publicidad de este blog, pero tampoco está de más. Yo intentaré hacerme con el libro y lo leeré, porque, sin duda alguna, casa con el espíritu de este blog, y, además, me ha descubierto la figura histórica de un ciclista como Abdel-Kader Zaaf, del que no había oído hablar, pero cuya historia bien podría protagonizar una entrada en este cajón de sastre que aún me atrevo a llamar blog. Me lo guardo para cuando lea el libro y me atreva a hacer una reseña a buen seguro incompetente. 
Si os interesa, creo que ya está en las librerias, y si queréis saber más, google os puede llevar hasta el blog de Izagirre donde va dando cuenta de su particular vuelta por etapas. A pedalear. 
Y ya de paso, aprovecho para disfrazarme de Pedro Delgado y de Miguel Indurain, y como conductor más que como ciclista, os recuerdo las penosas noticias que conseguían un hueco entre las principales del día de hoy: España es el país europeo con más muertes de ciclistas en carretera. En lo que va de año, han fallecido 67 ciclistas en diversos accidentes. No sé me da bien lo de sermonear, pero no lo puedo evitar, como dice Miguel Indurain, yo también elijo Dana..., perdón, eso es para otra campaña, pero sí, escucha al de Villaba y todo irá mejor, para el colesterol, digo yo, pero sobre todo para cicloturistas y conductores.

Maya Nakanishi


Ha salido en todos los periódicos y seguro que en el parte, como decía mi abuela. He leído que ha habido polémica en Japón. Y no polémica por razones pudorosas, si no, éticas, que si pone en evidencia a la selección japonesa, que si no son maneras, que si tiene afán de protagonismo. Algo así he leído, que quizás lo estoy exagerando.
El caso es que Nakanishi es una atleta discapacitada que participará en las próximas Paraolimpiadas. A los 21 años, tras un accidente laboral, perdió una de sus piernas. Aún así, recuperó su carrera deportiva, no sin éxito. Pero sí sin dinero, porque por razones económicas, ha decidido posar desnuda en un calendario. Busca así costearse los gastos del viaje a Londres.
No sé si buscando justificarse, pero también ha añadido que hay un componente reivindicativo en su decisión: quiere que su desnudez demuestre que la belleza también pertenece a los que sufren una discapacidad física.
¿Mi opinión? Yo aún no he sido capaz de desnudarme delante de una cámara fotográfica, ni creo que lo haga, además, incluso sin discapacidad física, no creo que mis desnudos fueran a quedar tan atractivos como los de la atleta japonesa. De nuevo, ¿mi opinión? Ya la doy escribiendo la entrada, ¿no? Si se puede en el salón de apuestas del barrio, prometo que mi combinada para los 100 metros y los 200 metros es únicamente para ella.

Enric Cuxart


Que me ha costado elegir el nombre. Tantas opciones, algunas felices, muchas tristes, todas emocionantes. Recientes y otros nombres que te retrotraen a tiempos donde todo parece que sucedió en blanco y negro. Voy a evitar ponerme intenso o magnánimo. Solo introduzco el vídeo y luego que cada uno lo disfrute de la manera en que le afecte.
Al final, elegí a Enric Cuxart. Ese gigante que imita a marijaia después de marcar el gol que acabaría por darle el ascenso a segunda división al Elche. Tenía treinta años y de aquello han pasado ya más de quince. Pero Cuxart, que prometía cuando debutó en primera con el Valencia, pasó a la historia del Elche por aquel solitario gol en Lasesarre que le daba el ascenso a los franjiverde. Yo estaba allí, y no lo celebré.
Se acabaron los grupos de ascensos, ahora nos tocan las eliminatorias, Girona nos volvió a hacer llorar, pero ahora volvemos a soñar, aunque sea en una categoría más abajo. Los que como yo lo sienten, que disfruten con el vídeo. Los otros, dejaros llevar por la curiosidad.
Por cierto, enhorabuena al tío que ha editado el vídeo porque ha hecho un buen curro.

Iker Karrera



Esto de que el tío de las asics, nuestro vecino de pormaratones, ande de visita por aquí, me está matando. Yo que arrastraba ya un largo periodo de deterioro físico y modorra. Ahora me duelen hasta las orejas. El domingo le enseñé al de las asics nuestra ruta jacobea. La llamamos jacobea porque la descubrió un pormaratoniano con nombre de patriarca. Consiste en seis kilómetros de continuo ascenso hasta llegar a la ermita de Santa Águeda, descenso por Las Delicias pasando por el camino mediaval, un curioso atajo que no lo es y te obliga a rodear una inquietante iglesia, bajar unas empinadas escaleras, cruzar un puente tembloroso y seguir por la orilla fabril que se acerca a la carretera de Balmaseda para cruzar de vuelta por el puente que comunica con la siniestra fábrica de coke, y se sigue por la dársena abandonada que rodea la fábrica, se desciende junto a lo que parece un viejo horno de calcinación, se aparece junto a unas abandonadas oficinas de Altos Hornos y pa'lante hasta llegar a Burceña, cuesta arriba hasta Cruces y ya todo para abajo hasta volver a casa con un esprint cuesta arriba para llegar a Bide Onera. ¿Te has perdido? Casi trece kilómetros, con mucha pendiente (por lo menos, para un servidor) y un entorno agradable que te alivia el peso de una larga vida urbana.
Eso fue el domingo y hoy martes, un par de kilómetros más que el domingo, creo, y un recorrido que te lleva hasta por cinco localidades distintas de la provincia. Entre lo más sugerente, un túnel cenagoso donde durante un minuto no ves absolutamente nada y un terreno pestoso de camino a las minas. El calor ha fundido el resto, por lo menos, de nuevo, para un servidor, que ha llegado a casa con las piernas más duras que una encimera de marmol. Hora y media después de salir.
Nada comparado, por supuesto, con el espectáculo que dio Iker Karrera este pasado fin de semana en la Hiru Handiak. Si hay alguien aún que no sea de aquí, Hiru Haundiak, significa los tres grandes, y lleva ese nombre porque consiste en una carrera de montaña que organiza la Sociedad Excursionista Manuel Iradier y que con 100 kilómetros de recorrido y 5.000 metros de desnivel, cubre un recorrido que supera las tres grandes cumbres del País Vasco: Gorbea, Anboto y Aizkorri. Salen de Ondategi en Álava, pasan por Bizkaia y terminan en Araia, Gipuzkoa. Salen a las doce de la madrugada del sábado y llegan cuando puedan, pero en menos de 24 horas.
El ganador invirtió un tiempo total de 10 horas y 22 minutos, batiendo en una hora y media el anterior récord. Casi nada. Por supuesto, y sin quitarle mérito a un Iker Karrera que no es nuevo en esto de las pruebas de gran fondo, la historia de esta carrera no termina aquí, y es importante mencionar todas esas historias más humildes de corredores (y corredoras) que terminan la prueba con más amor propio que fuerza. Pero para eso, podéis buscar en la hemeróteca, porque ya ha habido prensa escrita que se ha hecho eco de ello.
No está entre mis objetivos, pero como el vecino de las asics pase más tiempo de visita por aquí y nuestro amigo M siga con su progresión, vamos a acabar todos emulando a Kilian Jornet o a Iker Karrera, aunque sea de lejos y en sueños.

lunes, 4 de junio de 2012

Mario Bermejo


Digamos que, por cuestiones matemáticas, el suyo era el nombre más adecuado. Vayamos al grano diciendo que el rollo de esta entrada era hablar de los trascendentales pero últimos coletazos del fútbol profesional y semiprofesional.
Ahora que Mourinho descansa, el Real Madrid celebra, Guardiola pasea de vacaciones, Bielsa toma notas en el hotel, Falcao se pasea por su patria, la alcaldesa de Houston recibe al Valencia y los periódicos se inventan rumores y se afanan por buscar noticias que no existen en las aburridas concentraciones de las selecciones nacionales, parece que todo ha llegado a su fin, pero queda lo mejor. La parte del fútbol profesional más genuina y dramática: los ascensos. Porque los descensos ya se dieron, ahora toca el otro drama. Primero, se huye de la tristeza, ahora se persigue el drama. Todo esto es opinión personal, por cierto.
Desde Lloseta hasta Tenerife, desde Ourense hasta Ávila, desde Miranda de Ebro hasta Villarrobledo o de Ponferrada a Yecla, pueblos, ciudades y hasta capitales de provincia sueñan con tener un verano feliz en equipos por definición modestos y generalmente ajenos a los focos y las portadas de los periódicos. Equipos que, a menudo, disfrutan de una reducida pero fiel afición. Vecinos y conocidos, residentes en el pueblo, que viven el fútbol con la emoción con la que se elegía la caja final en el Un, Dos, Tres.
En lo más alto de este sufrimiento particular, ya disfrutaron de la gloria en Galicia gracias al Deportivo, y ahora lo hacen por el Celta. Alegría por partida doble en la tierra prometida que ya había sufrido suficientes desgracias. A la espera, quedarán el Hércules de Urko Vera, el sorprendente Alcorcón, el renacido Córdoba y un Valladolid que ha hecho una gran temporada y se ha quedado muy cerca de meta. De entre todos los nombres que podría haber utilizado, he ido a por el de Mario Bermejo porque las estadísticas lo indican: a sus 33 años, el santanderino ya va por el tercer ascenso. Ya lo hizo con Xerez y Almería, y ahora lo ha logrado con el Celta de Vigo.
Pero aquí no acaba todo. Por debajo, andan otros locos por llegar donde Celta y Depor ya no estarán. Ya lo han conseguido el filial del Real Madrid y el histórico Mirandés de Carlos Pouso. Los primeros han puesto de moda una cantera que nunca ha dejado de estarlo. Los Jesé, Morata, Joselu, Carvajal y compañía quizás no alcancen a ser pavones pero probablemente harán carrera profesional y con éxito. Los segundos no solo le han puesto la guinda al pastel, si no que han soplado las velas y se les ha cumplido el deseo. A su magnífica temporada en la Copa, le han añadido el logro de conseguir su ansiado objetivo. En un equipo plagado de veteranos curtidos en los campos más humildes del fútbol, Pouso ha sabido ponerle orden y cordura a un ambicioso proyecto que cuenta con el apoyo de toda una ciudad. Quedan otras dos plazas. Lucena, Ponferradina, Albacete, Cádiz, Tenerife, Lugo, Atlético Baleares y Linense se pelearan por ellas: norte, sur, islas a doquier... Un poco de todo y pasión en las gradas. Yo, lo añoro.
Y lo añoro porque este año a mí y a los que comparten conmigo el carné de socio del club del pueblo nos toca vivir la misma emoción pero un peldaño más abajo. Queda ese otro ascenso, el de tercera a segunda b, plagada de ciudades, barrios, pueblos y anteiglesias que buscan recuperar su espacio o conseguirlo por primera vez. Varios filiales, equipos históricos venidos a meno y ciudades de cierta importancia como Ávila, que es, precisamente, el rival que le ha tocado al Barakaldo en esta segunda ronda. En el partido de ida, ambos equipos han empatado a cero. La vuelta, el próximo fin de semana en Lasesarre, promete grandes emociones. La anterior ronda ya lo fue. Un Parla que se vio superado por los gualdinegros en su estadio, no cedió en el empeño en Lasesarre, pero el empeño de la afición y un equipo bastante sólido, no dieron pie a la sorpresa. Eso sí, el hermanamiento entre aficiones dio razones para no dejar que el cinismo acabe con nuestra afición por el fútbol. Buen rollo entre ambas y un equipo visitante que repitió por dos veces saludo desde el medio campo a base de aplaudir a todo un estadio que, en principio, les deseaba la derrota. Son los pequeños gestos que a veces se olvidan o se ensombrecen ante otros que no convendría repetir.
Lo dicho, queda por vivir, por sufrir, y por soñar. A todas las aficiones inmersas en este empeño pasional, buena suerte. Y, eso sí, habrá que intentar fichar a Mario Bermejo para el año que viene.

sábado, 2 de junio de 2012

Orlando Woolridge



A los de mi generación, si les gustaba el baloncesto, el nombre les suena aunque sea por la segunda y no por la primera razón. Quiero decir, la primera razón es pura, tiene que ver con su profesión. Si te gustaba el baloncesto y eras de mi generación, conocías a Woolridge. Pero había una segunda razón, cuando te gustaba el baloncesto, y eras de mi generación, pero tanto como te podía gustar el fútbol o ir al monte con tu padre. Entonces, igual te suena Orlando Woolridge por eso, por las 16 letras de su nombre, más que por lo que hiciera o dejara de hacer en una cancha de baloncesto. Y es que Orlando Woolridge sonaba bien. El típico nombre que se te queda en la cabeza. Si tus colegas se explotaban el acné mientras hablaban de baloncesto y tú no te enterabas de nada pero querías participar, entonces saltabas, con nombres como el de Orlando Woolridge, o el de Mark Aguirre, o el de Rony Seikaly, o el Mitch Richmond porque, así pronunciados, sin acento y sin propiedad, sonaban, en orden contrario, a héroe del ejercito sureño, detective privado de Miami, ganadero del oeste y Woolridge podía ser cualquier cosa, un corsario, un policía dicharachero afro-americano, el primer hombre de negocios de color, un bluesman en un cruce de caminos o un simple jugador de baloncesto.
Y Woolridge fue eso, un jugador de baloncesto. Una estrella al cobijo de Bill Laimbeer en Notre Damme. Una elección alta del draft por los Bulls de los ochenta (Mark Aguirre fue el primero, por cierto). Un jugador empeñado en atacar el aro, alto, delgado, de largos brazos, que saltaba siempre buscando machacar el aro. Llegó a jugar hasta en siete equipos de la NBA: los Bulls, los Nets, los Lakers, los Nuggets, los Pistons, los Bucks y los Sixers.
Sus primeras temporadas en los Bulls fueron exitosas, pero su juego no combinaba del todo con el surgimiento de Michael Jordan, así que fue traspasado a los Nets, donde siguió anotando y machacando pero no duró mucho y acabó en los Lakers. Según sus propias palabras, allí disfrutó como un niño. Eran los tiempos en los que Magic Johnson corría por el centro y todos se ponían alrededor para pedirle la pelota, aquello le encantaba a Woolridge, que había fichado para darle puntos al banquillo angelino. Sin embargo, volvió a ser traspasado, y fue traspasado al epítome de la locura de ataque. Sus temporada en los Nuggets al mando del visionario Paul Westhead se convirtió en su mejor año de anotación bajo aquella tutela de corre y tira en cuanto puedas, pero aquello no se veía reflejado en triunfos. Woolridge apuró algunos años más, pero pronto, decidió iniciar la aventura europea para despedirse del profesionalismo, y eligió Italia. Y no vino de paseo. En sus dos experiencias acabó ganando títulos, aunque le fue mejor en la primera, la del Benetton de Treviso de Mike D'Antoni. Después, se despediría en aquel Bologna que patrocinaba una cerveza sin.
La vida deportiva de Woolridge tuvo sus extraños momentos de incertidumbre. Como cuando fue sancionado por abuso de drogas en una de sus temporadas en los Nets o cuando se temió lo peor al ser operado estando en Denver por un desprendimiento de retina. Para otros, la aventura italiana también podría entrar en este grupo. Cuando se retiró, lo intentó con los banquillos y entrenó en la WNBA y la ABA, pero se veía que no era lo suyo. Sus hijos seguían su camino y el regresó a Louisiana, donde todo empezó.
En Febrero pasado, su nombre volvió a la prensa de una manera sorprendente, otro extraño momento de incertidumbre. Los periódicos se hacían eco de su arresto en DeSoto Parish, Louisiana, por robo de aluminio. Se libraba de la cárcel tras pagar una fianza, y no se volvía a saber mucho más. Hasta antesdeayer, cuando murió tras una larga enfermedad cardíaca que no pudo superar. Murió en Mansfield, Louisiana, en casa de sus padres. El primo de Willis Reed, el compañero de Bill Laimbeer, el pistolero de Magic, el ejecutador de Westhead, el tío de las muñequeras con el cero en la camiseta, murió en casa de sus padres, de un ataque el corazón, tres meses después de ser detenido por robar aluminio. ¿Alguien quiere escribir el libro? Yo no, yo prefiero quedarme con aquella final del 95 ante el Taugrés de Manel Comas. Y como Ferrán López le robaba el balón, pero Petar Naumoski le daba el título a los de Mike D'Antoni. Woolridge y Pittis hacían el resto para que los sueños de Perasovic, Rivas, Laso, Kenny Green o Santi Abad se quedaran en nada.
Los de mi generación, y mi barrio, se acordarán de eso si les gusta el baloncesto. En DeSoto Parish, Louisiana, igual se acuerdan de él porque aún andan renovando las tuberías del agua. Sea por lo que sea, descanse en paz.