lunes, 10 de diciembre de 2012

Hanno Möttöla



Ya aventuro que me va a salir una entrada muy larga y con muchos nombres que intentaré poner en negrita aunque eso no solucione mucho. 
Todo empieza esta mañana cuando, cansado de trabajar, me he tomado un descanso y he enredado en internet. Me he encontrado con una entrevista a Hanno Möttöla en la página solobasket.com y pinchando en el nombre de la página os enlazo hasta ella. Leyendo con atención lo que contaba Möttöla me ha dado para idear esta entrada que, a su vez, me ha dado para tomarme un descanso aún más largo esta tarde, cuando me he cansado, igualmente, de seguir trabajando. 
En la entrevista, por si no os apetece leerla, Möttöla repasa su extensa carrera deportiva que está apunto de llegar a su final. Ya se retiró hace unos años, pero volvió tras redescubrir su afición por el baloncesto y fichó por el Torpan Pojat de la liga finesa. Según cuenta en la entrevista, este año no se le ha renovado la licencia al equipo para que pueda participar en la liga profesional y, por eso, se encuentra sin equipo, aunque Möttöla aún no pierde la esperanza de firmar un contrato para alguna baja durante lo que queda de temporada. De hecho, quiere mantenerse activo para ver si consigue hacer realidad su sueño de jugar el que sería su tercer Eurobasket, el que se disputará el verano que viene en Eslovenia. Ahora que Finlandia, con los Petteri Koponen, Shawn Huff, Sasu Salin y Gerald Lee, tiene un equipo competitivo, Möttöla no pierde la ilusión de competir con el equipo de su país. 
Antes de su regreso a su país, Möttöla disfrutó de una larga carrera en los Estados Unidos y Europa. En la entrevista, rememora esos años y destaca sus temporadas en Bolonia y, en especial, el trabajo del que fue su entrenador durante aquellos años, Jasmin Repesa. No guarda buenos recuerdos de su experiencia deportiva en Vitoria, donde solo duró cuatro meses, y sí tiene mejores anécdotas tras continuar su carrera en el Dynamo de Moscú, el Zalgiris Kaunas, el Scavolini de Pesaro o el Aris de Salónica. Además de todo esto, recuerda con satisfacción sus dos únicas temporadas en la NBA, ambas en los Hawks de Atlanta, con los que llegó a jugar 155 partidos con medias de 15 minutos por partidos, es decir, que consiguió unos números respetables y un puesto en las rotaciones aunque fuera muy al fondo. Lamenta también que debido a su lesión mal tratada durante su experiencia en el Baskonia, tuviera que rechazar contratos que le habrían ayudado a regresar a la NBA. 
Pero nada de todo eso me ha llevado al agujero negro de la red durante mi descanso vespertino. En realidad, todo ha venido después de una respuesta muy directa a una pregunta muy concreta. En un momento dado, el entrevistador, Chema de Lucas, le pregunta si sus mejores recuerdos tienen que ver con la Copa ULEB que ganaron con el Dynamo de Moscú, a lo que el jugador finlandés responde sin aparente titubeo que no, que sus mejores recuerdos se remontan a la temporada 1997-1998 cuando de la mano de Rick Majerus los chicos de la Universidad de Utah alcanzaron la final por el título nacional de la NCAA, algo que no se había visto por Salt Lake City desde que en 1944, el que luego fuera compañero de George Mikan y Jim Pollard en los primeros y ganadores Minneapolis Lakers, Arnie Ferrin, ganó el título de mejor jugador y el de campeón nacional con la Universidad de Utah. 
Antes de viajar en el tiempo y rememorar con detalle cómo fue aquella temporada que no puede olvidar Möttöla, la de 1997-1998 en la NCAA, digamos que ahora los Utes de Utah están dirigidos por Larry Krystkowiak, al que los nacidos alrededor de los 70 recordaremos como alero títular en los Milwaukee Bucks. Le llamaban Special K, y este ala-pívot que prometía mucho en aquellos primeros años en Wisconsin, seguiría después carrera en los Jazz, los Magic, los Bulls o los Lakers, pero ya sin alcanzar las expectativas del comienzo. También jugó en Francia (Levallois) e Idaho Stampede antes de retirarse y pasar a entrenar primero a la Universidad de Montana, después al banquillo de los Bucks para ayudar a Terry Stotts, y cuando cesaron a éste, convertirse en primer entrenador. No duró mucho en la NBA, y en 2008 le cesaron. Ahora dirige a una universidad que lideran Jarre DuBois, Jordan Loveridge, Glen Dean, Cedric Martin y el canadiense Dallis Bachynski
Pero volvamos atrás en el tiempo, casi una quincena de años, para recordar cómo fue aquel año en que los de Rick Majerus llegaron a jugar la final en el Alamodome de San Antonio. Por cierto, y antes de seguir hacia adelante, conviene detenerse para recordar que Majerus falleció hace solo un puñado de días, el 1 de Diciembre de 2012, de un ataque al corazón. Aún estaba entrenando a la universidad de Saint Louis, pero sus problemas físicos se remontaban mucho más en el tiempo. Majerus, a quien Möttöla recuerda con devoción, tuvo años de éxito en Ball State y Marquette, pero sobre todo, en Utah, donde su nombre siempre irá unido al equipo que luchó por el título en 1998. Majerus, quien dejó publicada su autobiografía allá por el 2000 de la mano de Gene Wojciechowski, también tiene un hueco en la historia de la NCAA por razones ajenas a sus éxitos deportivos, como su fallido fichaje por la universidad de Southern California y aquellas dos ruedas de prensa apenas distanciadas en el tiempo, la de presentación y la de despedida, o por algo de lo que ya hablamos en este blog y que a alguno aún le sonará: las acusaciones por vejaciones que lanzó contra él Lance Allred en su libro Longshot. Pero ya hablamos de ello, y ahora solo nos apetece recordar los aspectos deportivos de un entrenador que aún es recordado con cariño entre los Utes y que llegó a ser candidato a los mejores banquillos de las universidades del país. 
Majerus ya había dirigido al equipo los años anteriores, cuando Keith Van Horn sobresalía sobre todos sus compañeros. En la 97-98, el objetivo, sin embargo, como bien recuerda Möttöla en la entrevista, era trabajar como equipo y trascender las individualidades, que no eran malas, porque, además del alero finlandés, dos jugadores sobresalieron por sus prestaciones en aquel año, Michael Doleac y Andre Miller
Miller, tras Van Horn y seguido después por Andrew Bogut, quizás sea el jugador más importante de la historia reciente de la universidad. Su rendimiento en sus cuatro años de carrera fue mayúsculo, y en aquella temporada del año 1998, suyo fue el liderazgo del equipo, aunque lo compartía con un Michael Doleac que fue el máximo anotador de la fase final por el título nacional, y con Möttöla. Otros jugadores como Alex Jensen, Britton Johnsen, Drew Hansen, Trace Caton, Jodie McTavish o David Jackson participaban del juego del equipo, quizás en distintas proporciones, pero aquel equipo de Majerus destacaba por el rendimiento grupal.
Haciendo otro salto, y antes de entrar con detalle a recordar cómo fue el campeonato, me gustaría repasar qué fue de aquellos jugadores, de los más importantes, para que tengamos una buena perspectiva del valor de aquella temporada. La carrera de Möttöla ya la hemos desgranado y la de Andre Miller aún está en proceso. A sus 36 años sigue teniendo un papel protagonista en su equipo actual, los Denver Nuggets, donde los números y su experiencia le preceden. Ha perdido la titularidad ante Ty Lawson, pero aún juega un buen puñado de minutos, tiene más de ocho puntos de media por partido, y George Karl le reconoce como una pieza fundamental de su equipo. Michael Doleac también estará fresco en la memoria de los aficionados. Tras una carrera repartida entre los Magic, los Cavs, los Knicks, los Nuggets y los Heat, se retiró en los Wolves. Su mejor temporada fue la segunda en Orlando, aunque quizás recuerde con más cariño el año de 2006, cuando ganó el título de la NBA ejerciendo el rol de pivot suplente de Shaquille O'Neal. Los otros dos jugadores que quería destacar y que tenían bastante protagonismo en el equipo de Majerus, quizás tengan un espacio en la memoria de los aficionados a la ACB, porque ambos jugaron en España aunque no por mucho tiempo. Alex Jensen hizo la mayor parte de su carrera en Turquía, pero llegó a jugar para el Casademont Girona. Ahora es el entrenador principal de los Canton Charge de la NBDL después de ser ayudante para su antiguo entrenador, Majerus, en Saint Louis. Britton Johnsen jugó en Etosa Alicante pero no echó raíces y viajó por Grecia (Panellinios y PAOK), Francia (Pau Orthez), Turquía (Galatasaray) o Argentina (Quilmes). El mormón también jugó un puñado de partidos en Magic y Pacers. 
Todos ellos protagonizaron una de las temporadas más espectaculares de la historia deportiva de la sección de baloncesto de la Universidad de Utah: ganaron su conferencia, la final regional de la NCAA y alcanzaron la final en San Antonio donde, y lo digo ya, aunque supongo que se intuía, perdieron ante los Wildcats de Kentucky que entrenaba Orlando "Tubby" Smith
Pero antes de llegar allí dejaron partidos memorables, como la victoria en la final regional, antesala de la Final Four, ante la Arizona de Michael Dickerson, Mike Bibby, AJ Bramlett o Jason Terry. Un rotundo 51-76 les dio el pase para la Final Four que disputarían junto con Kentucky, Stanford y North Carolina en un año repleto de grandes jugadores. 
A ellos les tocó enfrentarse en semifinales a una North Carolina que disponía de un fondo de armario reseñable. Vince Carter lideraba aquel equipo, pero jugadores como Shammond Williams, Ed Cota, Antawn Jamison, Brendan Haywood o Ademola Okulaja completaban una plantilla que daba miedo. Los Utes, sin embargo, controlaron el partido gracias al gran trabajo de sus mejores jugadores y alcanzaron la final ante una Kentucky que ya había ganado el título de 1996 aunque entonces les entrenara Rick Pitino
Los Wildcats se ganaron aquel año el sobrenombre de "Comeback Cats" por su memorable remontada de 17 puntos en la segunda parte de la final regional ante la Duke de Mike Krzyzewski. Un equipo el de Duke donde destacaban Elton Brand y Trajan Langdon, además de Chris Burgess, Steve Wojciechowski o Shane Battier. Sin embargo, liderados por Jeff Sheppard, que acabaría como mejor jugador del torneo y el título oficioso de mejor matador del país, los de Orlando "Tubby" Smith se llevaron una victoria épica que les aupó hasta la Final Four. Antes de llegar a la final tenían que enfrentarse, sin embargo, a otro equipo rocoso, la universidad de Stanford que entrenaba Mike Montgomery. Liderados por Arthur Lee, los hombres de Montgomery, entre los que se encontraban también Kris Weems, Tim Young, Mark Madsen y Peter Sauer, habían hecho una gran temporada, pero no fueron rivales para una Kentucky que aspiraba a repetir el título del 96 con un entrenador nuevo. 
La final acabó con un apretado 78-69 pero Kentucky controló siempre el partido. Utah basó su juego en los de siempre, Doleac (15 puntos y 10 rebotes) y Möttöla (15 puntos y 8 rebotes) por dentro, bien asistidos por un magistral director como Andre Miller (16 puntos, 6 rebotes y 5 asistencias). Alex Jensen (14 puntos y 2 rebotes) y Britton Johnsen (7 puntos y 4 rebotes) también colaboraron para mantener las esperanzas hasta el final, pero no pudieron hacer nada ante un Jeff Sheppard que aquel día repartió protagonismo con el juego interior de su equipo donde, dos veteranos de la NBA actual, como Nazr Mohammed (10 puntos y 2 rebotes) y Jamaal Magloire (7 puntos y 2 rebotes) supieron darle la réplica a los potentes postes de Utah y hacer bueno el trabajo por fuera de Sheppard, Heshimu Evans (jugó en Zaragoza y León y ha acabado por nacionalizarse portugués) y, sobre todo, de Scott Padgett (llegó a jugar en Granada) quien, con 17 puntos y 5 rebotes, fue el mejor de su equipo. 
Perdiendo o ganando, aquel año de 1998 permanece en la memoria del mejor jugador finlandés de todos los tiempos, igual que, probablemente, lo haga en la de Jeff Sheppard quien no pudo hacer buenos los augurios de su exitosa carrera en la NCAA y tras 18 partidos con los Hawks en su primer año en la NBA, comenzó una carrera por Europa que le asentó en Italia. La otrora rutilante estrella de los Wildcats, un jugador exterior con muelles en los pies, consiguió establecerse en Italia y hacerse con un nombre tras ganar la Coppa en Treviso y destacar en Roseto y Roma. Pero cuando su carrera apuntaba a más éxitos en Europa o una posible segunda oportunidad en su país, Sheppard decidió retirarse siendo aún joven para estar cerca de su familia tras, como él explicó en alguna entrevista, verse trastocada su visión del mundo y de sus objetivos vitales con los atentados del 11 de Septiembre. No sé si Möttöla y Sheppard habrán vuelto a coincidir, porque uno vive ahora en Helsinki y el otro en el London de Kentucky, pero sus nombres acabaron enlazados para muchos en aquella temporada de 1997-1998 en la que Majerus alcanzó el cenit de su carrera deportiva.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

José María Yurrebaso



José María Yurrebaso ganó una etapa de la Vuelta a España en 1981. Después, dejó el ciclismo de carretera y volvió al barro, donde ya había destacado antes de intentarlo en el pelotón: fue campeón de España de ciclocross en 1979. Durante aquella década de los 80, Yurrebaso, Iñaki Mayora, Iñaki Vijandi y Francisco Sala dominaban la especialidad. Mayora ganó los campeonatos de España del 80, 81, 83 y 84 y fue tercero en el 82, 85 y 86. Vijandi fue campeón una sola vez, en el 86, segundo en el 88 y tercero en el 84 y el 87. Sala, por su parte, ganó en el 82, 85, 87 y 88 y fue subcampeón en el 82, 89 y 90. Yurrebaso, nuestro protagonista, repetiría su título del 79 en el 89 y el 90 (ese año también ganó la segunda edición del campeonato de España de mountain-bike, Sala había ganado el primero), y se quedaría con la miel en los labios en el 82, 84, 85 y 86. En el 83 y el 88 fue tercero. 
También los nombres de Yurrebaso, Mayora, Sala y Vijandi sobresalen si hablamos de lo que queremos hablar hoy, del ciclocross más importante del calendario vasco, el ciclocross que cada año desde 1977 se disputa en el barrio de San Cristóbal de Igorre. Precisamente en 1977, el primer ganador de esta prueba que durante años, muchos de ellos en época reciente, se convertiría en una de las pruebas más importantes del calendario internacional fue José María Yurrebaso. Y ganó por delante de Iñaki Mayora. Yurrebaso volvió a ganar en 1983, año en el que Iñaki Mayora volvió a pisar el pódium, esta vez en el tercer cajón. Y conseguiría la triple corona en 1987, al ganar a otro de nuestros protagonistas, Francisco Sala. El corredor de Urretxu también fue segundo en 1979 (ganó Raymond Dietzen) y tercero en tres ocasiones (1980, 1982 y 1985). Mayora consiguió una victoria, la de 1980, precisamente por delante de Iñaki Vijandi. Además de la que ya hemos contado, Mayora también fue segundo en la edición de 1981, que ganó el alemán Klaus-Peter Thaler. Sala sería tercero en esa misma edición y en otra más, la de 1984, donde ganó otro histórico corredor, Mathieu Hermans.
Está claro que estos hombres dominaron el ciclocross nacional durante aquellos años, pero, como decía, solo quería hablar de una prueba en concreto, el Ziklocross Igorre, que estrenaría Yurrebaso en 1977 y ganó, por última vez, el año pasado Kevin Pauwels, derrotando a uno de los mejores corredores de la historia del ciclismo en barro, Sven Nys. 
Sven Nys es probablemente el nombre que más reluce en el palmarés de la prueba vizcaína. La ha ganado en cuatro ocasiones (2001, 2006, 2007 y 2008), y además del subcampeonato del año pasado, también fue tercero en 2009 y 2010. Solo el italiano Daniele Pontoni supera su palmarés: vencedor en 1992, 1994, 1995, 1996, 1998 y 2000, ambos han sido campeones del Mundo de ciclocross en una ocasión, pero, mientras Pontoni ganó la Copa del Mundo de ciclocross de la UCI en la temporada 1994-1995, Nys la ha ganado en 6 ocasiones.
No son ellos los únicos nombres rutilantes en el palmarés del ciclocross de Igorre, otros corredores internacionales como el suizo Albert Zweifel, los belgas Mario de Clerq, Paul Hereijgers, Bart Wellens, Niels Albert o Kevin Pauwels, los checos Jiri Pospisil y Zdenek Stybar o el también suizo Beat Wabel aparecen como ganadores en Igorre. Un espacio aparte necesita David Seco, el más laureado de los corredores de ciclocross nacionales en los últimos años, que rozó la victoria en varias ocasiones pero tuvo que conformarse con cuatro segundos puestos, justo por detrás de gente como Wabel, De Clerq, Pospisil o el francés Arnaud Labbe. 
Durante muchos años, Igorre ha formado parte de la Copa del Mundo, ayudando a que muchos de los corredores que generalmente copan los puestos de las carreras más importantes, se reunieran durante un día en las campas de San Cristóbal. No ocurrirá eso este año. Estará Sven Beelen, que ya lleva cuatro victorias este año, pero faltarán muchos de los que aparecen en las revistas especializadas porque, este año, como digo, Igorre ya no formará parte de la Copa del Mundo. Pero será. Existirá un año más, y eso es todo un triunfo. Con un recorte del 70% en su presupuesto, y todos los impedimentos habidos y por haber, la cabezonería (o el tesón, llámalo como quieras), de los organizadores ha conseguido que la prueba resista y no se deja vencer por la precariedad económica. Dicen, además, que aunque no se espera lluvia, habrá barro, y que han incluído cambios en el recorrido para que la carrera sea más lúcida. Quizás veamos un nuevo capítulo de la bonita lucha que se traen este año Egoitz Murgoitio y Aitor Hernández, o quizás despunte Javier Ruiz de Larrinaga, o Erlantz Uriarte, o Jonathan Lastra... 
Lo que está claro es que tendremos ciclistas en San Cristóbal un año más y eso, en la situación en la que nos encontramos, es un triunfo en sí mismo. Hubiera sido una lástima ver cómo nadie sigue añadiéndose a esa gloriosa lista que en su día estrenó José María Yurrebaso.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Will Artino



En esto que estaba yo ayer viendo The Big Bang Theory, cuando me di cuenta de que no había contado el final de la historia. Como cuando Proust desayunaba bollería y le venían a la cabeza recuerdos trascendentales, fue ver como Sheldon Cooper superaba su fobia a los pájaros intimando con un arrendajo azul y me acordé que yo no os había contado si al final los de la Universidad de Creighton se hicieron con el Continental Tire Las Vegas Invitational y a fe que lo hicieron, así que mola más contarlo. 
Porque, sí, ganaron. Aunque también te cuento que después de eso jugaron un partido más y lo perdieron. La primera derrota de la temporada y fue contundente: 70-83 ante la Boise State de Derrick Marks. Marks, por cierto, se salió, con 35 puntos y unos buenos porcentajes. Otro por cierto, Boise, una de las ciudades que más rápido crece en los Estados Unidos, es la urbe más importante de Idaho, uno de los estados donde mayor inmigración vasca se produjo durante finales del XIX y principios del XX. Por lo tanto, no es de extrañar que uno de los jugadores más destacos en el partido que enfrentó a los bluejays con Boise State fuera un tal Jeff Elorriaga. El mejor por parte de Creighton volvió a ser Doug McDermott, pero destacón u Grant Gibbs que ha dado un paso adelante en su aportación anotadora. Si hasta ahora el escolta de Marion, Iowa, se destacaba por su trabajo en apoyo al base, contra Boise State, los 17 puntos que se cascó no creo que sean su máximo de carrera, pero casi (ah, Artino apenas jugó un minuto). 
De todas formas, lo mejor llegó en Las Vegas, donde los de Greg McDermott se cepillaron primero a Wisconsin, luego a Arizona State y se trajeron de vuelta a Omaha el trofeo. Además, continuaron con su racha de los dobles digítos, y vencieron los dos partidos por al menos una diferencia de diez puntos: 84-74 contra Wisconsin y 87-73 ante Arizona State. Doug McDermott y Ethan Wragge acabaron en el equipo ideal del torneo. Pero vayamos por partes.
A Wisconsin se la ventiló McDermott solito con un partido redondo del All-American: 30 puntos, 8 rebotes, 1 asistencia y 1 tapón. Cada vez se entiende mejor con Austin Chatman, que le ha pillado gustillo a ser el base titular. Además, estuvo certero en el tiro con 14 puntos y porcentajes muy altos. Igual que un Ethan Wragge que siguió disparando desde la línea de tres: 4 de 7 en triples saliendo desde el banquillo. Si a eso le unimos el buen trabajo en el rebote de Echenique (el que más, 8), Artino (4 en apenas 7 minutos) y Gibbs (quien además de cinco rebotes, metió cuatro tiros libres y dio 7 asistencias) ya tenemos las claves para la victoria. 
La final fue distinta, más fallos en el tiro y rivales más duros, aunque se les acabó ganando y con diferencia. Como decía Doug McDermott al final del partido, éste fue muy físico, especialmente en la segunda parte, y los bluejays no realizaron su mejor juego, aunque eso lo hace aún más esperanzador porque, aún y así, consiguieron ganar y con solvencia. En frente, tenían al que, según algunos, es el mejor tirador del país, un Jahii Carson que se fue hasta los 30 puntos con 10 de 11 en tiros libres y un poquito más flojo en los de campo. Jordan Bachynski, un pivot al que, en algunos mock drafts, sitúan en la segunda columna de la selección, estuvo más flojo, y destacó también Carrick Felix. Ninguno pudo hacer lo suficiente para vencer a los de Omaha, donde, como ya podéis suponer, despuntó McDermott (29 puntos y 9 rebotes) y el letal Wragge desde el banquillo (esta vez fueron 3 de 7 en triples, más cinco rebotes). Hasta otros cinco jugadores rozaron los diez puntos: Echenique, Chatman, Gibbs, Manigat y Jones y Will Artino siguió dándole minutos de descanso al internacional venezolano (9 minutos), para aportar 4 puntos y 3 rebotes. 
En apenas diez horas, se enfrentarán a Saint Joseph esperando recuperar la racha ganadora. Por supuesto, os lo contaré más tarde. A no ser que el arrendajo azul vuelva al apartamento de los físicos freakies en Pasadena y me de otro arrebato proustiano. 
La foto, para el nuevo base titular de Creighton. 

jueves, 29 de noviembre de 2012

Mark Warburton



Warburton trabaja ahora para el Brentford F.C. de la Primera División inglesa. Él es el Director Técnico y el entrenador es Uwe Rösler, al que algunos igual recordarán aún metiendo goles para el Manchester City en la segunda mitad de los 90. Pero Warburton tiene un palmarés reputado, que va más allá de su reciente bagaje con el equipo de Brentford. Antes, trabajó para el Watford, donde ahora reinan los italianos, encabezados por el dueño y por el entrenador, Gianfranco Zola. Mientras estuvo trabajando para los Hornets, Warburton fue uno de los responsables de poner en marcha un reconocido proyecto de trabajo con jóvenes futbolistas llamado Harefield Academy (en la web podéis encontrar mucha información). Y en esa línea parece que pretende seguir trabajando. Warburton, de hecho, hace poco que fundó junto con Justin Andrews, profesional de los medios de comunicación, una empresa llamada Cycad que, en concreto, es la responsable de que hoy en día se dispute la NextGen, una competición que algunos ya consideran la Champions League de la categoría de juveniles. 

Y, precisamente, ayer, sin tener miedo de las repentinas granizadas, el frío, y el viento, mi suegro y un servidor, nos cogimos el coche y nos plantamos en Lezama, semillero de jugadores del Athletic Club de Bilbao, para asistir al encuentro perteneciente al grupo 6 de la competición que disputaron el susodicho conjunto bilbaíno y el Olympique de Marsella, conjunto francés que cuenta con Henri Stambouli como máximo responsable de un proyecto de cantera que se ha visto mejorado recientemente con la construcción de la Roberto Louis-Dreyfus Academy. Los de Marsella llegaban como líderes del grupo después de haber disputado cinco partidos y contar con 8 puntos. Los bilbaínos, por su parte, habían, y aún han, jugado menos partidos que sus rivales de grupo, pero tenían al alcance encarrilar su clasificación para octavos. Pero antes de hablar de todo eso, hablemos de lo general. 

La NextGen la disputan 24 equipos divididos en seis grupos. Los dos primeros de cada grupo, más los cuatro mejores terceros se clasificarán para unos octavos de final que darán salida a las rondas finales por el título, al parecer, disputándose todas a un único partido. Los 24 equipos son todos, sobre el papel, reconocidos clubes que trabajan con la cantera. Además del Athletic Club de Bilbao y el Olympique de Marsella, de cuya escuela, por cierto, han salido jugadores como Seydou Keita, Samir Nasri, Mathieu Flamini o Alain Boghossian, los siguientes equipos también la disputan:

El Ajax de Ámsterdam, que sería, probablemente, el primer equipo que le viene a alguien a la cabeza cuando se piensa en cantera.
El Anderlecht belga, de donde, en sus tiempos, salieron gente como Enzo Scifo, Luc Nilis o Romelu Lukaku.
El Arsenal, otro equipo habitual en categorías inferiores, donde destaca por su visión globalizadora del proyecto deportivo.
El Borussia Dortmund que en las NextGen entrena el histórico Lars Ricken, y que últimamente ha sacado perlas como Goetze, Reus o Grosskreutz.
El Chelsea, de cuya cantera, el último exponente quizás sea Ryan Bertrand.
El CSKA de Moscú cuyo entrenador para esta competición es Alexander Grischin, quien fuera, además, uno de los productos de la cantera moscovita.
La Juventus, otro histórico, que durante años ha combinado cantera con fichajes de relumbrón.
El Olympiakos cuya colaboración para la mejora del fútbol griego en los últimos años ha sido considerable.
El PSG francés, club donde, aparentemente, se sigue trabajando con la cantera, a pesar del giro dado en la política de fichajes en el primer equipo. 
El Aston Villa, reconocido centro de trabajo con los jóvenes, de Birmingham han salido jugadores como Gareth Barry o Gabriel Agbonlahor.
Por supuesto, el FC Barcelona, que para esta competición dirige Jordi Vinyals.
El Celtic de Glasgow representando al fútbol escocés y su exitosa cantera.
El Fenerbahce representando al fúbtol turco y su exitosa cantera.
El Inter de Milán, que aunque no tenga grandes nombres de jugadores surgidos de su cantera, siempre suele hacer acto de presencia en las competeciones internacionales de las categorías inferiores.
El Liverpool que entrena el español Rodolfo Borrell, y en cuya plantilla se encuentra a los también españoles Nacho Huertas Ortiz y Suso Fernández, quien ya triunfa en el primer equipo.
El Manchester City, a quien entrena el italiano Attilio Lombardo, y donde los jóvenes intentan emular a Shaun Wright-Phillips o a Daniel Sturridge.
El Molde noruego donde nació la leyenda de Ole Gunnar Solskjaer quien hace poco regresó al equipo para trabajar fuera del campo.
El PSV cuyo talento más reciente podría ser Ibrahim Afellay.
El otro equipo noruego, el Rosenborg, donde Tore Gronning lidera un ambicioso proyecto de cantera que cuenta con el trabajo de exjugadores como Stale Stensaas o Erik Hoftun.
El Spórting de Portugal, para muchos, incluídos ellos mismos, el mejor equipo de cantera de Europa, y suelen justificarlo, utilizando nombres como los de Cristiano Ronaldo, Luis Figo, Nani, Simao Sabrosa, Paulo Futre...
El Tottenham Hotspur, otro equipo que también se ha distinguido últimamente por gastar más que invertir, pero aún sigue sacando jugadores como los recientemente estrenados profesionalmente Jake Livermore, Steven Caulker o Andros Townsend.
Y, por último, el Wolfsburgo alemán, donde también se han puesto en marcha con un ambicioso proyecto de cantera que lidera el alemán Fabian Wohlgemuth.

Todos estos son los participantes, y los rivales del Athletic Club de Bilbao, hasta ahora, han sido el Olympiakos, el Arsenal, y el susodicho Olympique de Marsella. Centrándonos en este grupo, conviene decir que aún lo lideran los franceses, que ya han jugado sus seis partidos y, por lo tanto, acabarán con ocho puntos. A Olympiakos y Arsenal, con seis y cinco puntos respectivamente, aún les quedan dos partidos por jugar, a ambos en casa, y a ambos contra el Athletic, que sigue segundo en la clasificación con siete puntos. Los bilbaínos, que para esta competición entrenan Aitor Larrazabal y Edorta Murua, empezaron ganando en San Mamés por 4-0 al Olympiakos, con goles de Guillermo Fernández, Jurgi Oteo, Gorka Santamaría y Martín Bengoa. En el siguiente partido, perdieron 2-1 en Marsella contra el Olympique, a pesar de que se adelantaron con gol, nuevamente, de Jurgi Oteo. Contra el Arsenal empataron a cero goles y ayer jugaron el último partido que han disputado hasta ahora y que acabó con el resultado final de 5-0 para los locales. 

Hacía frío en Lezama y una entrada que, según he leído en alguna crónica del partido de UEFA que disputó ayer el primer equipo en Israel, igualó la de asistentes al estadio del Hapoel Kiryat Shmona donde, por cierto, debutaron Aymeric Laporte, Álvaro Peña, Erik Morán, Jon Xabier Vidal e Iker Undabarrena, para ponerle la guinda a un día pletórico para el trabajo de cantera del equipo vizcaíno. 

Entre el público, mucho jugador de la cantera, en pantalón corto y dispuesto a entrenar cuando terminara el partido, y antiguos jugadores como José Ángel Ziganda o Ismael Urzaiz, veteranos entrenadores como Peio Agirreoa o Blas Ziarreta, mucho periodista y algún ojeador, y miembros del cuerpo técnico del primer equipo como el segundo de Marcelo Bielsa, Claudio Vivas y el preparador físico Bonini. Boluka, director técnico del Barakaldo CF y su vicepresidente también se dejaron ver en las gradas de Lezama. También nosotros dos, por supuesto, intentando cobijarnos del frío y el granizo en las filas del medio. 

La primera parte fue animada, con un Athletic Club que controló el partido a su antojo gracias al buen toque del centro del campo, donde Ager Aketxe y Unai López, acompañados de Martín Bengoa unos pasos más atrás, dirigían al equipo con dinamismo y facilidad. Se fallaba en el remate, mientras que los del Olympique se dedicaban a defender, lanzar balones imposibles a su solitario delantero y hacer faltas que el árbitro les recreminaba pero nunca sancionaba con tarjeta. Por cierto, aunque esto quizás sea habitual en estas categorías, me sorprendió ver la dimensión pedagógica que le dio el árbitro a su trabajo: continuamente gritaba a los jugadores, adelantándose a la señalización de las faltas, corrigiéndoles o explicándoles las posibles sanciones. 

El primer tiempo terminó como empezó el partido y aprovechamos para subir a uno de los campos más alejados de las instalaciones y ver un rato a las chicas entrenar, para después pasear por el circuito de carrera y discutir sobre si eran vides o cepas de kiwis lo que alguien había plantado más allá de la alambrada.

El segundo tiempo fue mucho más animado, aunque solo fuera por los goles. Con el tercero, o puede que ya con el segundo, el partido se rompió por completo, los franceses (plagados, como no puede ser de otra manera en Marsella, con jugadores de origen norteafricano), se dieron por vencidos y se devaluó con el carrusel de cambios, pero, para entonces, el Athletic ya había materializado su innegable superioridad. Gorka Santamaría, el rápido y luchador delantero del Baskonia (lleva ocho goles en trece partidos en tercera división), hizo el primero con un regate interminable al portero. Poco después, aprovechando su rápida zancada, Iñaki Williams hizo el segundo. Ya se ha hecho con un nombre esta reciente incorporación a Lezama. En la grada, todos le llamaban Willy y le animaban sin descanso, porque el jugador de color jugó pegado a la banda derecha y en cada ocasión que recibió el balón, creó peligro. Sospeché cuando entró al campo más preocupado de buscar a alguien en la grada que de concentrarse en el partido, pero, después, su rendimiento fue sobresaliente, es alto (1'86), rápido, atlético y sabe llevar como nadie el balón pegado al pie. A sus 18 años, este jugador nacido en Bilbao, lleva 13 goles en 14 partidos con el juvenil. Aún está verde, pero promete. El siguiente gol fue una auténtica obra de arte que inició Urtzi Iriondo, si no me confundo, arrancando desde su propio campo con gran velocidad, para luego meter un preciso pase en profundidad a Unai López, quien picó el balón por encima de la salida del portero con un toque de esos que distinguen a un jugador excepcional de un buen jugador. Sin duda, los dos protagonistas de esta jugada cuajaron un gran partido, pero, especialmente, se debe reseñar el partido del menudo Unai López, un jugador que ingresó en la cantera de Lezama hace un par de años, tras pasar por la de la Real en cadete y que ha dirigido al juvenil con maestría para debutar esta temporada, recién cumplidos los 17 años, en el Baskonia de Tercera división. Durante todo el partido demostró un talento innato para distinguirse entre los demás, amistoso con el balón, rápido de ideas, siempre bien colocado y aplacando su falta de cuerpo con una velocidad de pensamiento y de movimientos digna de crear expectativas. Además, conectó a la perfección con un Ager Aketxe que demostró más veteranía, ya juega en Segunda B con el Bilbao Athletic, un talento especial para pisar el balón y volverse, y mucha calidad para mover a su equipo. Ellos dos, junto con Martín Bengoa cubriéndoles las espaldas, fueron, probablemente, la clave del dominio en el juego de los bilbaínos. El cuarto gol sirvió para que repitiera un insistente Gorka Santamaría y, finalmente, una internada por la banda de Imanol Corral, que salió para jugar los últimos minutos, acabó en un centro que no supo despejar un defensa francés y acabó en gol.

Además de todos estos, actuó en portería Alejandro Remiro que no tuvo ni una sola ocasión de lucirse, eso sí, demostró lo bien enseñados que están los porteros que surgen de Lezama, en Barakaldo lo estamos viendo este año con Aitor Fernández, porque dirigió y colocó perfectamente a su defensa, desgañitándose con indicaciones a viva voz. Además de Iriondo por una banda, por la contraria, actuó Iñigo Lekue, un lateral que ha llegado al Baskonia para hacerse titular desde el Danok Bat juvenil. Se mostró sobrio y contundente, y rápido en ataque aunque no tan incisivo como Iriondo. En la pareja de centrales, sorprendió Yeray Álvarez, jugador del juvenil de División de Honor, que subió al ataque con buen toque cuando pudo y se dejaba organizar por Ander Artabe, titular y goleador ya con el Baskonia, uno de esos centrales que pasa desapercibido y se aleja de los problemas. Por estética, me recordaba a Ustaritz Aldekoaotalora, pero solo por la forma tan perfilada que tiene de golpear al balón. Y ya he hablado de todos los centrocampistas y delanteros, solo me quedaba Yanis Rahmani, el jugador de Iparralde en el que se tienen puestas muchas esperanzas. Este año ya ha debutado en el Baskonia, y en el partido de ayer se le vio un poco acelerado. Se emborrachó de balón en la segunda parte y no lució tanto como sus compañeros. La anécdota llegó cuando un jugador francés se le encaró tras una entrada que no fue falta y Rahmani le dejó con la boca abierta al contestarle en un correcto francés, algo que no se esperaba el rival. Según mi compañero de grada, que de niño intentó aprenderlo, le pareció que el francés le llamó "cochon", que viene a ser cerdo, pero Rahmani tampoco se alteró mucho. Además de Imanol Corral, cuyo centro acabó en gol, también jugaron en la segunda parte Asier Etxaburu, que tuvo su oportunidad, Jagoba Borja, que se sacó un buen centro cuando más granizaba, Ander Santamaría, que apenas pudo participar, y Jurgi Oteo, a quien tenía muchas ganas de ver, pero apenas pudo participar en el juego, aunque el primer balón que tocó, rozó el póster después de un tremendo disparo y demostró mucha velocidad y electricidad pegado a la banda. 

Creo que más exhaustivo no podía ser. Fue una buena ocasión para disfrutar del fútbol, juego combinado, rápido, muchas ocasiones, alguna imprecisión, y promesas que, como sabemos todos los que nos gusta el fútbol, muchísimas veces se quedan en nada, pero no dejan de ser promesas que le recuperan a uno el placer de ver fútbol. Unai López vendría a ser un sinónimo para resumir toda esa frase tan larga que acabo de escribir. 

Si puedo, seguiré contándoos cómo funciona esta idea de Warburton y Andrews. Y, con el tiempo, veremos si todos esos nombres con los que os he bombardeado, acaban convirtiéndose en jugadores profesionales como casi seguro que sueñan cada día. Y el frío que hacía, sí, de pelar. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Wang Junxia



No es más que una entrevista a una ama de casa que vive en Denver, Colorado, pero merece la pena. Merece la pena porque es más que una entrevista a una ama de casa que vive en Denver, Colorado. Aunque leáis esta entrada, que no hace, si no en parte, fusilar el artículo de Carlos Arribas, os recomiendo, o, más bien, os conmino, que es un bonito verbo, a pasaros por vuestros kioskos y comprarlo en papel o visitar la versión digital, y dedicarle unos minutos de vuestra vida a leer la interesante entrevista que Arribas ha conseguido de Wang Junxia, aún plusmarquista mundial de los 3.000 metros, aprovechando que pasaba unos días de turismo en Madrid con su actual marido. 
El nombre de Wang Junxia va unido al de uno de los momentos más sorprendentes de la historia del atletismo y, por qué no decirlo, a uno de los episodios más comentados de la historia del mismo deporte. Todo empezó en el campeonato del Mundo de Sttutgart en 1993 cuando China asombró al mundo colocando a sus atletas femeninas en los primeros puestos de todas las pruebas de medio y gran fondo. Liu Dong, que ahora vive en Madrid y Wang Junxia, además de hacer turismo, se había acercado a la capital para visitarla, ganó el oro en los 1.500. Qu Yunxia lo hizo en los 3.000 y la protagonista de la entrevista, Wang Junxia, ganó aquel agosto de 1993 la prueba de los 10.000. Tenía 20 años. Y como bien rememora Arribas en su artículo, no era los únicos logros que consiguió, de manera vertiginosa, en aquel año: 

En abril corrió un maratón en 2h 24m, récord asiático; en agosto, ganó en Stuttgart el Mundial de 10.000 metros; entre el 8 y el 13 de septiembre fue capaz de lo siguiente: correr un 1.500 en 3m 51,92s, la cuarta mejor marca de la historia actualmente, batir en dos ocasiones el récord de los 3.000 metros (lo dejó en 8m 6,11s, una marca a la que nadie se ha acercado desde entonces a menos de 6s) y batir también el récord mundial de los 10.000 (29m 31,78s, la segunda mejor marca conocida es 22s más lenta), y en octubre corrió otro maratón por debajo de 2h 30m. (Arribas, El País, 27 de Noviembre de 2012)

Aquellos resultados no dejaron indiferente a nadie y toda la atención se centró en el entrenador que acaparaba la preparación de todas aquellas corredoras. Ma Junren, quien, ahora, al parecer, ya retirado del atletismo, se dedica a la cría de mastines, había empezado su carrera como entrenador de manera anónima en un recóndito paraje rural. Sus agresivos y polémicos métodos fueron creciendo en prestigio y resultados, hasta que alcanzó visibilidad internacional, para lo bueno y para lo malo. La prensa europea y norteamericana se hizo eco de un sistema de entrenamiento que combinaba unas exigencias inhumanas con el uso práctico de la medicina tradicional china. Pronto, se empezó a sospechar del uso de materias dopantes para la preparación de sus atletas, pero él se defendió diciendo que su secreto se basaba en una pócima mágica que él llamó sangre de tortuga (la marca Blood Turtle se lo agradeció con un buen contrato), aunque también utilizaba ginseng, hongos fermentados de gusano, crestas de gallo y sopa de caparazón de tortuga. Fuera éste el secreto o no, la verdad es que Wang Junxia lideró en diciembre de 1994, como bien se explica en la entrevista, un motín contra el entrenador, y no era por lo que comían, si no por lo que entrenaban. 
Vivían aislados del mundo exterior, siguiendo un plan de entrenamiento que no variaba ningún día de la semana. Estuvieran lesionadas o sanas, las atletas de Ma Junren, que llegaron a ser conocidas como Ma Family Army (la Armada Familiar de Ma), seguían un entrenamiento planificado que las obligaba a correr 20 kilómetros en ayunas y otros 30 kilómetros por la tarde. Todos los días, en altitud, siguiendo un esforzado diseño estético que describía el propio Ma Junren, según citaba Alejandro Delmas en un artículo que firmó allá por agosto de este año durante los Juegos Olímpicos de Londres en el diario As: "Deben mover los brazos como avestruces, arquearse como caballos y mover el centro de gravedad como gamos" (Delmas, As, 1 de Agosto de 2012). Fuera de los entrenamientos, Ma Junren predicaba con un estricto régimen marcial: no tenían televisión, prensa, radio o internet, vivían aisladas, dormían, corrían, y, a veces, recibían la ira de su entrenador que confesó haberse comportado de manera agresiva con sus atletas. 
Wang Junxia no lo confiesa todo en la entrevista porque explica que se está preparando un libro donde se contará cómo eran esos entrenamientos, qué las llevó a amotinarse contra su entrenador y cómo finalizó aquella oscura historia del atletismo chino. Los rumores y leyendas cuentan que Ma Junren se quedó con los premios económicos de sus atletas y que inclusó se apoderó de un Mercedes que Wang Junxia recibió como premio en el mundial de Sttutgart para estrellarlo a propio intento. Habrá que leer el libro, pero lo que si cuenta Wang Junxia es cómo tuvo que desaparecer y abandonar su carrera deportiva porque, tras amotinarse contra su entrenador, recibió amenazas y coacciones de las que también fueron objeto su familia. Sufrió una crisis de ansiedad y estrés y renunció al atletismo, consiguió que el gobierno chino le facilitara la salida del país y persiguió una vida anónima que durante años la ha mantenido alejada del foco público, perdida para el interés mediático, hasta que se vino a Madrid de turismo. 
El titular de Arribas en su artículo no deja de ser expresivo: "Quiero olvidar, pero no puedo". Su segundo marido recalca durante la entrevista que Wang Junxia nació para correr y que tuvo que parar de batir récords, antes de que le partieran las piernas (el juego de palabras con el verbo break, como intenta explicar Arribas, no se puede traducir al castellano). 
En serio, os invito a que leais el artículo y, cuando se publique el libro, que también lo hagáis. Y si estáis por Madrid, y os cruzáis por El Prado con una menuda y aparentemente ordinaria ama de casa china, pensad que igual es la plusmarquista mundial de los 3.000 metros, aquella mujer que, junto a sus compañeras, asombró a los aficionados al atletismo hace nueve años con aquella zancada tan espectacular y una espalda más rígida que mi tabla de planchar.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Kidame Tadesse



Voy a empezar por el medio. Para resumiros musicalmente cómo fue la tercera experiencia de este torpe corredor popular en la veterana carrera Desde Santurce a Bilbao. Digamos que cuando acabábamos la recta de Azeta, recuperaba las buenas sensaciones y mi cabeza iba oxigenándose. Así que para cuando salíamos de la plaza de los Tres Concejos de Sestao me dio y todo para decirle a mi compañero, mira qué bonito, mientras con la barbilla le señalaba al horno Maria Ángeles. Y por Simondrogas, me sentía tan impetuoso, que para el cuello de mi camiseta técnica, iba tarareando aquello de: "Santurtzitik Bilbora non iblitzen ziren lehenengo sardinerak". Alegría inmensa que al ver ya Barakaldo de frente se refrendó cuando alguien a nuestra vera dijo: "Barakaldo" y yo canturreé "Barakaldoooo... zona residual". Tuve fuerzas hasta para desviarme y saludar a mi madre, sonreír a un tío político y chocarle los cinco a M que esta vez vio los toros desde la barrera. 
Ahora, desde la Bilbao noruega de Olabeaga hasta la línea de meta, me comuniqué con mi compañero por señas, porque no tenía fuerzas ni para decir una palabra. Por supuesto, cualquiera se ponía a cantar. 
Ya está el resumen de mi tercera Desde Santurce a Bilbao
Pero no, viva la verborrea, voy a contar más. 
Ganó el eritreo Kidame Tadesse por delante de tres keniatas Cybrian Kotut, Simon Cheprot y Hilary Kipkosgei. El atleta olímpico y campeón de España Eliseo Martín, conocido como Fondi, acabó en octava posición por delante de un nutrido grupo de marroquíes que dan buena fe del nivel de competitividad de una prueba con raigambre en el calendario y que, en años anteriores, han ganado conocidos corredores como Martín Fiz, Philip Kipkoech, James Nibei, Felix Lagat o Alejandro Gómez, solo por nombrar a unos pocos. Pero como somos educados y galantes, había decidido que encabezara la primera dama en cruzar la línea de meta, la keniata Joan Chelimo Meely, pero también ganó la edición de 2011 y se ve que ya seguí los canones de la cortesía entonces, con lo que, por no repetir, se la lleva también Tadesse (por cierto, vaya familia, Kidame es el hermano de Zersenay Tadesse, campeón del Mundo de media maratón). Enhorabuena a todos ellos. Y enhorabuena a las 2801 personas que según la clasificación oficial hecha pública ayer terminaron la carrera. 
Esta vez, la participación pormaratoniana fue muy escasa. Curiosamente, muchos de los miembros del grupo andaban celebrando los votos nupciales de otros miembros del grupo. E se casaba en Barcelona y por ahí andaban el nucleo duro de los pormaratonianos, que a la hora que nos disponíamos a salir, andarían ya con un clavo de resaco quebrándoles la sien. Más cerca de Santurtzi, otro par de pormaratonianos, aunque uno aún se empeñe más en darle a la bicicleta que a los pies, celebraban la boda de uno de ellos, precisamente. Y, el que no se casaba, tuvo a bien asomarse, con clavo y todo, para saludarnos frente al bote de la dársena. Vaya puto lío de explicación, ¿no? Pero se entiende, que éramos pocos: dos. Un servidor y Gaxen, cuya crónica podéis leer pinchando aquí: korrikalari popular.
Mi tiempo oficial fue de 01:28:31, yo apunté un segundo menos, pero no nos vamos a pegar por eso, y Gaxen llegó siete segundos después a pesar de que, sin duda, estaba más fuerte y entero que yo, pero las piernas no le dieron para apretar. Las posiciones, la verdad, me la traen un pelín floja, pero digamos que entramos por el furgón de cola. 
Y es que yo, al menos, empecé mal. Empezamos acompañados por un colega de Gaxen que hizo un tiempo diez minutos mejor que el nuestro en línea de meta. No hice mucho esfuerzo por seguirle, pero por la avenida de Murrieta íbamos los tres aparentemente en línea y a mí me costaba que la línea no se rompiera. El ritmo no era alto, pero mis piernas no eran buenas. Por no hablar de la caja y de la espalda. Portugalete lo pasé a duras penas, mientras Gaxen se empeñaba en no dejarme atrás. Por Azeta mejoraba. Gaxen me preguntaba, y yo le decía que empezaba a sentirme mejor. Y llegando a Sestao, no solo me sentía mejor, si no que me sentía pletórico. Ya habíamos perdido a su compañero, pero nuestros planes iniciales (bajar de hora y media), se cumplían con creces, nos acercábamos a medias cercanas a los cinco minutos kilómetro y bajando. Yo apretaba y Gaxen era el que resoplaba un poco cuando nos acercábamos a Kaiku. Momento de saludos en Barakaldo y Lutxana y bajábamos un poco el ritmo, y Gaxen recuperaba, mientras yo empezaba a perder. No decía nada cuando entrábamos en Zorroza, pero yo ya notaba que mis piernas no iban, que tenía el cuerpo frío, como abotargado y una posición encorvada, incómoda, que no conseguía corregir. Así que en Olabeaga, Gaxen cantaba los ritmos y eran malos, pero teníamos margen. Él me daba ánimos y yo sufría como un condenado. Empezaba a perseguir los carteles del kilometraje como si fueran oasis en el desierto y me repetía una y otra vez, venga, venga, sufrir está bien, así se aprende, no queda nada. Y soñaba con la rampa de Uribitarte, para qué engañarnos. Para más desesperación, en los primeros kilómetros no dejamos de adelantar a gente, sin esfuerzo, pero adelantábamos, y ya en Bilbao, me pasaban hasta los niños en triciclo. Cuando entramos en las entrañas del Guggenheim, me acordé del sufrimiento de mi primera media, la nocturna de Bilbao, y apreté los dientes, aunque hasta eso me doliera. Subí Uribitarte como pude, al trote, y me alentó ver que Gaxen no me dejaba atrás del todo, aunque sé que él hacía por esperarme un poco. Ya arriba, no quedaban más que una centena de metros, y los dos tíos con la camiseta de la Real que me habían adelantando, iban andando, así que me animé, alcancé a Gaxen que, en realidad, me esperó y ya en recta de meta, le susurré que iba a apretar, apreté, y llegué, con la sensación de que si llega a durar la cosa (bendito Susaeta), un kilómetro más, estallo como una piñata de cumpleaños. 
Por lo tanto, igual que en la Behobia, sensaciones encontradas, pero al revés. Si en Behobia sentía que podía haber dado más y acabé pletórico. En Bilbao, la plenitud llegó demasiado pronto y, aunque cumplimos el objetivo, llegué reventado. Ya van tres ediciones seguidas en las que participo y siempre me pasa lo mismo. El primer año, disfruté al principio y llegué cojo a línea de meta, teniendo que pasar por el fisio a la semana siguiente. El segundo año, llegamos a correr por Sestao por debajo de los cinco minutos, pero por el Euskalduna, los gemelos me pinchaban como alfileres. Y este año, pues ya os lo he contado. 
Una vez más, grata compañía la de mi liebre particular y una carrera más para el zurrón. Ya casi se termina la temporada. Puede que los próximos objetivos sean Las Arenas-Bilbao, de la que tengo distintas opiniones recabadas de distintas fuentes, pero yo tengo ganas de estrenarme. Y parece que se prepara una reunión de pormaratonianos, que esperemos se confirme, en la San Silvestre de Rekalde. Antes, alguno intenta animarme a correr por la margen derecha, pero ya veremos qué pasa. Empecé el año queriendo mejorar, y los tiempos han mejorado, hemos seguido añadiendo carreras al palmarés particular, y nos hemos adentrado en el mundo de las rampas de montaña, aunque sea a nivel de entrenamientos humildes y renqueantes. Aún así, no he sentido que mis prestaciones hayan mejorado mucho: sigo necesitando bajar peso, por supuesto que el tabaco es un enorme hándicap, y la cabeza se mantiene terca pero a veces rehuye la voluntad. Con todo eso, quedan aún muchos alicientes, tantos como para proponerse que el año que viene aún se puede mejorar. Quién sabe, quizás algún día llegue a meta y llegue tarareando canciones de Putakaska o de Zarama, ¿por qué no?

jueves, 22 de noviembre de 2012

Will Artino



Artino is back, yeah! Vuelve el lío de las universidades americanas jugando al baloncesto. Que yo sepa, este año no ha habido partido alguno en un portaviones, pero, en su lugar, ha zarpado el bombardero Jack Taylor.

Mientras Anthony Davis parece que empieza a despertar, Brady Beal ya sale de titular en los Bobcats, Michael Kidd-Gilchrist, aunque un tanto irregular, empieza a coleccionar fans, Harrison Barnes se hace clave en San Francisco, y a Thomas Robinson le cuesta un poco más con los Kings, muchos otros aspiran a emularles esta temporada y colocarse como los cinco mejores del draft. Aunque aún falta toda la temporada, Cody Zeller de Indiana parece el candidato al que todos señalan para ocupar lo más alto, siguiéndole de cerca Nerlens Noel de Kentucky, Shabazz Muhammad de UCLA, James McAdoo de North Carolina y/o Tony Mitchell de North Texas. Este último, precisamente, ya se ha enfrentado esta temporada a Doug McDermott y perdió el duelo con el bluejay.
 
Centrándonos ya en Creighton, comienza una temporada que vuelve a estar dirigida por Greg McDermott desde el banquillo y su hijo en la cancha. Las expectativas son muy altas, y, ahora, tras los primeros partidos de la temporada, y mientras el equipo se encuentra en Las Vegas para disputar las últimas rondas del Continental Tire Las Vegas Invitational, la Associated Press sitúa a los arrendajos azules en el puesto 14 a nivel nacional en el ránking de candidatos a la victoria final por el título de la NCAA. Tras conseguir el año pasado que el equipo viajara hasta St. Louis para elimir a Alabama pero caer ante la North Carolina de Harrison Barnes, John Henson y Tyler Zeller, este año no se aspira a menos, e incluso se sueña con conseguir algo más.

Son tres los jugadores de último año que terminaron su carrera en 2012, aunque solo uno importante. El base titular del año pasado, Antoine Young, terminó con su período universitario, y hace unos meses se anunció que iniciaba su carrera profesional con un contrato en México, aunque no sé si sigue jugando para las Abejas de Guanajuato. En su lugar, son varios los freshman que se han incorporado este año, Alex Olsen, Mogboluwega Oginni, Geoffrey Groselle (el año pasado solo entrenó, no llegó a jugar), Nevin Johnson, Isaiah Zierden y Andre Yates, ninguno, sin embargo, tendrá un gran impacto en la plantilla.
Será Austin Chatman, jugador de segundo año, quien ocupe la posición que deja Young. La verdad es que los aficionados de Creighton suelen alardear de la fiabilidad que han tenido los bases titulares del equipo en los últimos quince años. Primero fue Ryan Sears, quien llegó a jugar en Bélgica, Kosovo, Irak u Holanda, después Tyler McKinney y Josh Dotzler y hasta ahora Antoine Young. Austin Chatman deberá esforzarse para conseguir una posición digna junto con sus antecesores.

Hemos dicho antes que el equipo espera mucho de esta temporada, y no puede ser de otra manera, porque hasta tres jugadores importantes se encuentran en su último año de universidad y eso puede suponer que sea una oportunidad que no se puede dejar de escapar. Cuando termine la temporada, Gregory Echenique, Josh Jones y Grant Gibbs tendrán que decidir sobre su futuro profesional. Hay un cuarto, Joe Kelling, que ha sido una de las sorprendentes incorporaciones de este año: llevaba tres años en Creighton, y había destacado en baloncesto, fútbol y atletismo con anterioridad, pero hasta ahora no había formado parte del programa de baloncesto. Con estos, y los junior que se encuentran ya bastante madurados, Ethan Wragge, Jahenns Manigat, Doug McDermott o Taylor Stormberg, se puede esperar la colaboración de Chatman, Avery Dingman o Will Artino, aún en su segundo año los tres, para aspirar a retos que hace tiempo que no se pronuncian en Omaha.

Pero no todo son expectativas, porque, este año, ya tenemos resultados. El equipo está ahora en Las Vegas donde primero tiene que enfrentarse a la Wisconsin de Bo Ryan y después a Arizona State o Arkansas si quieren disputar el título. Los Badgers liderados por Ben Brust, Jared Berggren y Sam Dekker no serán un rival fácil, pero tampoco se podía pensar que recién empezado el curso, los bluejays tendrían ya un récord de 4-0 y ganando todos sus partidos con ventajas que se escriben con dos dígitos. El último partido fue, además, una paliza antológica.

Los cuatro partidos, eso sí, se han disputado en el CenturyLink Center de Omaha. La de Las Vegas es la primera salida para los de Omaha que aún no se han enfrentado a ningún equipo de su conferencia.
Vencieron en el estreno a la North Texas de Tony Mitchell que no lo hizo mal, 18 puntos y 7 rebotes. Sin embargo, su equipo perdió de 20 puntos y McDermott se permitió dar minutos hasta a quince jugadores. Los titulares fueron los esperados, Doug McDermott, Echenique, Chatman y Gibbs, más el canadiense Jahenns Manigat. Doug McDermott fue el mejor con 21 puntos y 11 rebotes y venciendo en su duelo particular ante Tony Mitchell. Destacaró también Chatman en su debú como base titular y Avery Dingman, con 10 puntos, y Ethan Wragge desde el banquillo. Wragge, un jugador a veces aparentemente desaprovechado, otras veces excesivamente irregular, no destacó esta vez en el tiro, como suele hacer, pero recogió hasta 7 rebotes. Nuestro amigo Artino empezó la temporada asumiendo peso en las rotaciones, diez minutos para dar descanso a Echenique y aportar 2 puntos, 3 rebotes y 1 robo.

En el segundo partido, el equipo en caer derrotado en Omaha fue la Universidad de Alabama at Birmingham, que cayó por 17 puntos, 77 a 60. Con Manigat de titular y Josh Jones de sexto hombre, aunque repartiéndose con equidad los minutos, el rendimiento fue muy distinto. El canadiense, que hace un trabajo oscuro, se quedó en 3 puntos y 1 asistencia, meintras que Jones se lució con 18 puntos, 1 asistencia y 3 rebotes). Doug McDermott estuvo apagado, probablemente porque no se le necesitó y porque el juego estuvo dentro: Echenique se fue hasta los 13 puntos, 16 rebotes y 4 tapones, haciéndose con el control de la zona. El silencioso Gibbs hizo uno de sus partidos completos (13 puntos, 6 asistencias y 4 rebotes) y Will Artino contó con menos minutos (solo cuatro) dado el gran partido de Echenique. El que mejoró en puntería fue Wragge que consiguió la mitad de los triples que intentó, 4 de 8.

En el tercero, las víctimas fueron los jugadores de la Presbyterian, a pesar del gran partido de Jordan Downing, pero mejor aún fue el de McDermott: 24 puntos, 7 rebotes y 2 asistencias. El resto siguió apuntando lo suyo, 8 puntos y 8 rebotes Echenique, 9 puntos y 11 asistencias Chatman que va pillándole el tranquillo a su nuevo status y una buena contribución desde el banquillo, con 8 minutos de calidad para Will Artino (3 puntos, 4 rebotes y 1 robo) y Josh Jones (9 puntos), aunque el más destacado fue Ethan Wragge que se cascó un 6 de 8 en triples para acumular 18 puntos y 2 rebotes.

Finalmente, el último rival en agachar la cabeza en el CenturyLink fue Longwood. La derrota categórica: casi cincuenta puntos de ventaja. 105-57 y minutos para repartir, además de repartir también ánimos y energía antes de viajar a Las Vegas. El mismo quintento, pero, como decía, muchos minutos para los menos habituales. Gente como Geoffrey Groselle, Joe Kelling, Alex Olsen y Mogboluwaga Oginni tuvieron su buen ratito en cancha, aunque antes, Echenique y McDermott, con 17 puntos cada uno, ya habían roto el partido. Chatman siguió haciendo olvidar a Young (9 puntos, 7 rebotes y 2 robos) y Dingman volvió a sobresalir (8 puntos desde el banquillo) aunque los que más destacaron fueron Will Artino y Ethan Wragge que en unos pocos minutos se fueron hasta los 13 puntos, Wragge con un 3 de 3 en triples para un total de 14 de 22 (63'6% de acierto, no está mal) en lo que va de temporada, anda que no le queda para meter o para tirarse los que Jack Taylor metió y se tiró en un solo partido.

Lo dicho, cuando vuelvan de Las Vegas, os cuento, y seguiremos, poco a poco, lo que vayan haciendo Will Artino y sus compañeros. La temporada se presenta emocionante y llena de ilusiones. El rendimiento de Doug McDermott, el jugador con más posibilidades de alcanzar la NBA (al menos, la ACB) de los últimos años en Creighton, parece que no va a bajar. Chatman parece un buen relevo para Young y Echenique, Gibbs, Manigat, Jones, Dingman y nuestro amigo Artino han formado una buena rotación en la que parece confiar el entrenador. Puede que no sea mucho ante la Indiana de Cody Zeller, la poderosa Kentucky de Nerlens Noel, Archie Goodwin, Willy Cauley-Stein y Alex Poythress, la North Carolina de James McAdoo o Dexter Strickland, UNLV con Anthony Bennett y Khem Birch, la Michigan de Glenn Robinson y Tim Hardaway Jr, la Louisville de Chane Behanan, la Ohio State de DeShaun Thomas o Aaron Craft o la Duke de Mason Plumlee. Pero ya sabes que en el país de todos estos tíos, nada es imposible, al parecer, así que, estaremos atentos, no vaya a ser que nos hagamos famosos y nosotros ni nos enteremos.