jueves, 12 de diciembre de 2013

Jackson Martínez






No es solo que vivamos en un mundo globalizado en el que viajas a una ciudad extranjera y entras en un centro comercial para robar el wifi y lo primero que te encuentras es otro ejemplo de la voracidad comercial del monopolio Inditex, es que el fútbol también está globalizado hasta límites insospechados. No podía ser de otra manera, ¿no? El fútbol, por mucho que tenga sus automatismos propios, pertenece al mundo más profano, y, por lo tanto, se rige por las mismas leyes comerciales y se somete a los mismos cambios sociales, digo yo. El otro día, un español se convirtió en el primero en ganar la liga de fútbol profesional de los Estados Unidos. Ya hemos hablado, largo y tendido, de los procesos migratorios que se están dando, últimamente, en el balompié. Pero es que esa movilidad futbolística, por supuesto, también se da entre los aficionados. Y más en una competición como la Champions League, que patrocina, entre otros, una aerolínea. 
Así que no debería sorprenderme que, desde que salí de casa ayer a las nueve de la mañana para empezar mi ruta solitaria hasta las orillas del Atlántico, hasta hoy que estoy en la terraza cubierta de un centro comercial de Oporto, bebiendo un café del Buondi y viendo de reojo un partido por Sport TV1, un partido que no sé ni a quién enfrenta, digo, no es extraño que, en el interín, pasara todo esto. 

Ya en el aeropuerto de Bilbao me encontré con algún aficionado del Bayern Leverkusen, rendido, aún con la bufanda al cuello, y tumbado en algún banco, pero con cara de satisfacción. Supongo que eran los retazos de la expedición de aficionados alemanes que el día antes habían estado en Anoeta viendo como los de Sami Hyppia ganaban a la Real Sociedad y pasaban de ronda. Había más, pero al no llevar bufanda, pasaban desapercibidos. Eso sí, el alemán se imponía en el vientre de la paloma y eso no es normal.
Cuando llegué a Lisboa me encontré, en la zona de tránsfer, con un montón de gente, pero entre ellos, distinguí a algún seguidor extraviado del Paris Saint Germain. El Benfica ganó el partido del martes, pero por lo que entendí viendo la televisión portuguesa en un pasillo de Portela, no le valió de nada.
También, y eso me sorprendió más, vi como llegaba en primera, buscando aparcamiento, al avión del Borussia de Dortmund. No, no me equivoco, era el avión, claramente con el escudo, las letras de Turkish Airlines llegando hasta la cabina. ¿Por qué? No lo sé, jugaban en Marsella en el día de ayer, y un gol de Kevin Grosskreutz les dio una clasificación agónica.
Cuando llegué a Oporto, no me lo voy a inventar, no me encontré con nadie merodeando por la terminal. Viajeros con chándales del Spórting, del Oporto, del Benfica, del Boavista, del Real Madrid, del Celtic y hasta del Sao Paulo, sí, sí que me encontré mientras paseaba de aquí para allá, porque las máquinas del metro me jugaron una mala pasada y tuve que regresar al aeropuerto para buscar la oficina de turismo y que me canjearan mi recibo por un billete. Por cierto, la línea del metro (más bien un tranvía moderno) va desde Aeropuerto Francisco Sa Carneiro hasta el Estadio do Dragao.
 Después de descansar un rato, cuando terminó el partido entre Miami Heat e Indiana Pacers con comentarios en portugués, me duché y acicalé tanto como pude. Merece la pena escuchar la retrasmisión de un partido de baloncesto en un idioma que no conoces, aprendes mucho y te lo pasas pipa, aunque, puede que yo sea tan aburrido que me crea que esto tiene gracia y solo tiene coña. Oírlo en portugués, hacía que me sintiera como si, en cualquier momento, fuera a aparecer Rogerio Klafke para lanzar de tres.
Me dio tiempo a cambiar de canal antes de salir, para ver cómo marcaba Gerard Piqué antes de que me duchara y Neymar después de que lo hiciera. El del medio, que marcó Pedro, me lo perdí, y antes de que empezara la segunda parte dejé la habitación. Hoy he leído que hubo más, y que Neymar Jr. disfrutó del partido. Lo he oído en portugués, claro.
Más o menos a las diez en el país vecino, a las nueve en la tierra de Eusebio (su camiseta aún se vende en en las tiendas de souvenirs del aeropuerto de Lisboa como si fuera algo sagrado), decidí salir a tomar algo. Me metí en un centro comercial prácticamente vacío, el mismo en el que estoy ahora, y ví que el wifi era gratis en la planta menos 1. Así que le resté uno a la planta cero en la que estaba, bajé y me encontré en un rincón con un par de servicios de comida rápida que no me apetecía visitar y la gente mirando al televisor. Estaban dando otro partido de champions, y yo sin enterarme de que el Oporto visitaba el Vicente Calderón. No me quedé a verlo. Robé el wifi de pie, escondido tras una columna, y cuando empezó a oler mal y el guardia jurado me rondó, me fui de aquel laberinto de mármol blanco para salir a las oscuras calles del Bom Sucesso (no sé si lo he escrito bien).
Di una vuelta a la manzana, esperanzado, rogando que me encontrara un bar que me diera al ojo para tomarme una cerveza fresca antes de volver a la habitación y adelantar trabajo para esta misma mañana. Y por suerte, lo encontré. Con el sarcasmo propio de la posmodernidad, una especie de ermita muy coqueta se mantiene de pie detrás del complejo hotelero en el que luego dormí. Junto a la ermita, aprovechando un edificio aledaño, me topé con un bar-restaurante de aspecto rústico pero moderno, iluminación agradable y una zona de barra donde no había nadie, así que me metí dentro. Me senté al fondo, junto a la barra, porque el ambiente estaba de frente, en una salita abierta tras unos vanos de piedra, donde la gente se agolpaba para ver el partido en mesas compartidas, mientras picaban algo bajo una luz tenue que le daba un toque muy cool al lugar.
Encendí el portátil. Fuera veía un Halcón Viajes. Me hizo gracia ver a Daniel Aranzubia en la tele, pero no tendría por qué. Pedí una Heineken, botella, aunque intenté decir botelha. Y ella me entendió, me la puso, y me dijo algo así como que si quería un copo. Y yo pensé, un copo de qué, ¿de nieve? Pero le dije que no por si acaso. Posiblemente, esta situación sea más rocambolesca que viajar a un país donde solo hablen dibujando jeroglíficos. Quiero decir que vas a China y sabes que nadie te va a entender cuando hables tu lengua materna, así que, o inglés, o prácticamente nada. Pero te acercas aquí, donde el vecino, y parece que te puedes hacer entender en español, porque pillas cuatro palabras que coinciden y ellos hacen lo mismo, pero, al final, la comunicación no es tan efectiva, y no sabes si hablar ya directamente en inglés o en ese portugués-gallego-castellano-nada que no funciona. La tía de Prosegur que cuidaba las máquinas del metro me explicó lo que había ocurrido en un portugués tan simple y moldeado (sí, coño, era portugués hablado para un niño de cinco años, no castellano con acento portugués) que entendí todo lo que dijo y hasta me animé a estrenarme con el obrigado, pero, por si acaso, cuando llegué al hotel, ataqué en inglés. Eso sí, el empleado, el señor Carvalho (no podía ser otro apellido), cambió por error al castellano y yo le dije algo que sonó ridículo en cuanto lo pronuncié: "you can talk to me in Spanish if you wish." Ridículo: ¿un hablante nativo de castellano le dice a uno de portugués no te esfuerces con el inglés, si te viene mejor, hablamos en mi idioma? En fin. En el mismo bar, pedí outra para beberme una segunda mini-Heineken y me sonrió mientras me contestaba algo que después de pensarlo creo que quería decir que me lo llevaba a la mesa, pero la chica vió mi cara de no sé qué me cuentas pero por si acaso déjalo y optó por decirme, outra, ok, y hacer un gesto que hasta en esperanto significa, olvídalo, sin más, y dármela, sin zarandajas, 2'5 euros y tan amigos.
Pero, dejemos los idiomas y volvamos al fútbol. Faltaba poco para acabar el partido, aunque no veía muy bien desde tan lejos. No iba a haber gol del Oporto. Los portistas se iban a ir apenados, aunque según leí después, ya no tenían nada que hacer. El Atlético ganaba 2-0. Y mientras escribía esto en una hoja de word porque no tenía conexión a internet, me propuse un estudio sociológico sobre cómo se vive el fútbol en países distintos. 
Joder, allí el silencio era casi sepulcral. No había bufandas ni camisetas ni riñas ni ánimos ni comentarios jocosos ni corría la cerveza ni ná de ná. Está bien, el Porto FC no se jugaba nada reseñable, la peña parecía ser de mediana edad, comedida, de clase media también. Cuando, creo que Jackson Martínez, lanzó un balón al palo, hubo unos tímidos caaaaaaaaaaaa! o algo así, por ahí, al fondo, pero poco más. Los tíos que tenía más cerca ni se inmutaron, estuvieron todo el partido con los brazos cruzados. Raúl García estuvo apunto de marcar y allí parecían estar viendo por aburrimiento un Pontevedra-El Caudal, de verdad. Ansioso porque marcara el Oporto, para estudiar la reacción, me quedé con las ganas. Mientras tanto, veía espaldas muy atentas, algunas de pie otras sentadas, clavadas en el televisor, pero no oía ni un aspaviento, ninguna reprimenda, ninguna desesperación. No había qué celebrar, pero, no me jodas, aquí, probablemente, hay más decibelios cuando hay algo por lo que quejarse o lamentarse que cuando hay qué celebrar. Allí, nada. Es que ni tan siquiera hablaban en voz alta. Podía escuchar el ruido que hacía al elegir las teclas. Quizás era por la proximidad de la iglesia, claro, quién sabe.
El partido terminó, y los aficionados dragones se fueron de allí de manera ordenada y con aire de resignación. Oí como uno pronunciaba el nombre de Jackson Martínez, pero no supe averiguar, por su gesto, si era para añadir algo positivo o negativo, lo que sí hice fue decidir que iba a utilizar el nombre del colombiano cuando escribiera todo esto. No sé si lo he utilizado antes, pero ya he dicho otras veces que empieza a pelármela, lo que sí sé es que llevo aquí una tarde y ya me he encontrado el careto de Cristiano Ronaldo cinco veces. Me acostumbraré. El partido que veía ha terminado, por cierto, y yo terminé mi café hace un buen rato, así que creo que ya es hora de dejar de abusar y salir a las calles de una ciudad que ayer celebraba los 105 años de Manoel de Oliveira y que hoy voy a patearme de arriba a abajo porque no tengo nada mejor que hacer y ya no hay partidos de Champions. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Will Artino



Siempre le pongo a él el primero, ahí arriba, en el título, y luego hablo de otros, casi siempre, claro, de Doug McDermott. Así que, por una vez, no solo le dedicaremos el rótulo de entrada al espigado Artino, si no que vamos a ponerle en la foto, y vamos a empezar el resumen novedoso de Creighton hablando de él.
Y es que, desde que os comenté, en la anterior y primera entrada sobre el nuevo curso deportivo en la NCAA, que Creighton empezaba con buen pie la temporada, se han disputado otros cinco partidos en los que el equipo ha estrenado el casillero de derrotas y ha ampliado el de victorias, y en los que Will Artino ha pasado de titular a suplente y ha sufrido el primer altibajo en su rendimiento. Hasta ahora, Artino, siempre había salido de titular, a veces con pocos minutos, otras con más, y sus números no eran malos para un jugador de segundo año que empezaba a ganar peso en la rotación del equipo.
Así siguió ante Tulsa, donde volvió a ser titular, consiguió 8 puntos y sumó 6 rebotes. Jugó apenas catorce minutos, pero mantuvo su posición de titular. Igual que lo hizo ante Arizona State, en el siguiente partido del equipo, también cerrado con victoria, pero donde su rendimiento bajó: cuatro puntos y dos rebotes. Sus minutos en cancha también rozaron los catorce en el siguiente partido, primera derrota de la temporada, ante San Diego State. No aportó mucho Artino, consiguiendo cuatro puntos y un único rebote. Eso sí, fue titular. Igual que fue titular en el siguiente, también saldado con derrota, ante George Washington. Eso sí, apenas jugó nueve minutos, en los que puso un tapón, consiguió un rebote y metió una canasta. Todo para ver como el entrenador Greg McDermott utilizaba a Ethan Wragge, el mejor tirador de triples del equipo, como falso pivot. De hecho, en el último partido que han disputado hasta ahora los de Omaha, McDermott decidió salir con Wragge de titular en lugar de Will Artino, quien veía como la reducción en minutos llegaba a su máximo, retrasándole hasta el banquillo por primera vez en la temporada. Sin embargo, curiosamente, y desde el banquillo, este último partido ante Long Beach State, resuelto con una nueva victoria, ha sido uno de los mejores partidos de la temporada para el de Des Moines: en dieciséis minutos, Artino consiguió 13 puntos y 2 rebotes. La temporada es larga, Artino parece la opción más eficaz de McDermott para el puesto de pivot, y, aunque sufra altibajos, el joven persiste en darle la razón al entrenador.
De los cinco partidos que ya he mencionado, el primero y el último, ambos saldados con victorias, pertenecen a la liga regular, si lo podemos llamar así. Tras vencer a Saint Joseph's, los de Creighton ampliaron la racha positiva al derrotar por 82 a 72 a Tulsa. Por los de Oklahoma destacaron Rashad Smith y Pat Swilling, pero sus buenas actuaciones no fueron suficiente para derrotar a un enorme, como no, Doug McDermott, con 33 puntos, 15 rebotes, 2 asistencias y 2 robos. También se lució el base, Austin Chatman, quien consiguió llegar a los 19 puntos y añadirle 9 asistencias y 4 rebotes a sus estadísticas personales. El otro partido, el último que han disputado por ahora, les enfrentó a Long Beach State, y la victoria fue más contundente: 78-61. McDermott estuvo un poco más comedido, 21 puntos y 4 rebotes, y se lució, desde el banquillo, Isaiah Zierden con 12 puntos. Ethan Wragge, quien, como ya he comentado, salió de titular, se fue hasta los 15 puntos, todo triples, claro, aunque, esta vez, su porcentaje no fue tan bueno: 5 de 11.
Los otros tres partidos, donde los bluejays saborearon la derrota, pertenecían a uno de los típicos torneos de comienzo de temporada. Los de Creighton fueron invitados al famoso The Wooden Legacy, anteriormente conocido como el John R. Wooden Classic, que cambió de nombre al unirse a otro torneo de inicios de temporada, el DirecTV Classic. Este torneo, que se disputa desde 1994, consiste en un torneo de tres días, con unos 12 partidos televisados por la ESPN, en el que varios equipos se enfrentan a partido único. El equipo que más ha participado y que más ha ganado este torneo (no podía ser de otra forma, con el nombre que lo auspicia) es la Universidad de UCLA. Sin embargo, este año los ganadores, igual que el año pasado, por cierto, han sido los chicos de San Diego State, que derrotaron a los favoritos, Marquette, en la final, gracias al gran partido de Xavier Thames, 27 puntos. 
Los de Greg McDermott comenzaron el torneo ganando con solvencia a Arizona State: 88-60. Jugaron hasta Geoffrey Groselle, Alex Olsen y Mogboluwaga Oginni. Doug McDermott arrancó el partido pletórico y se marchó hasta los 27 puntos y 6 rebotes aunque estuvo muy desafortunado en el triple. El mejor, sin embargo, fue uno nuevo, el recién llegado base-escolta de Harlem, New York, Devin Brooks, quien, desde el banquillo, dispuso de 19 minutos y se cascó 23 puntos. 
Brooks estuvo menos inspirado (aún así consiguió 9 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias) en la primera derrota de la temporada, la que los chicos de Creighton sufrieron ante los, a la postre, ganadores, San Diego State. El resultado final, 80-86, y Xavier Thames, con 26 puntos, volvió a ser el meor de su equipo, aunque también destacaron otros como JJ O'Brien o el interior Winston Shepard que consiguió el primer doblete de su carrera, 16 puntos y 10 rebotes. Doug McDermott opuso resistencia con 30 puntos, pero no fue suficiente. Wragge se marcó 5 de 10 en triples, pero nada de lo que hicieron fue suficiente para derrotar a los Aztecs en las semifinales del Wooden Legacy.
Con esta derrota, se vieron abocados a jugar el partido por el tercer puesto contra George Washington y, nuevamente, perdieron, esta vez, por 53 a 60. Mal en ataque, y poco resolutivos al final, los bluejays tuvieron en Ethan Wragge a su mejor hombre, 16 puntos y 9 rebotes. Chatman consiguió 7 puntos, 8 rebotes y 4 asistencias, y Grant Gibbs consiguió una de sus mejores marcas anotadoras de la temporada, con 12 puntos. Muy flojo estuvo McDermott, quien se quedó en 7 puntos y 8 rebotes después de un horroroso 2 de 12 en tiros de campo. 
Esta misma noche reciben a Nebraska en un duelo regional por todo lo alto. La temporada no para, las rachas se disparan, y las Navidades apuntan el primer momento definitorio de la temporada, pero aún quedará mucho más, y ya lo iremos contando por aquí.

Posdata: como siempre, la foto la he encontrado en google, pero pertenece a gocreighton.com

viernes, 6 de diciembre de 2013

Jesús Aranguren



Hace un par de años que nos dejó, a los 66 años, el portugalujo Jesús Aranguren tras sufrir un infarto de miocardio en el Hospital de Cruces. El histórico lateral izquierdo, trece campañas en el Athletic Club y campeón de Copa en dos ocasiones, también se labró un currículo como entrenador. Pasó por la cantera del Athletic, por el Alavés, en más de una ocasión, por el Spórting de Gijón, el Recreativo, el Cartagena, el Dépor, el Levante o su club de toda la vida, el Athletic, casi nada.
Precisamente, Txutxi Aranguren era el entrenador del Alavés, cuando estos disputaban el último partido de la temporada 95/96 contra un equipo para el que jugó como futbolista, el Sestao Sport Club. Un partido dramático, el que cerraba el año, donde los vizcaínos se jugaban su supervivencia, y los alaveses, si no me equivoco, sus opciones de ascenso. El partido terminó con empate a cero, y ninguno de los dos consiguió lo que quería, siendo más dolorosas las consecuencias para los vizcaínos, como se vería aquel verano.
Era el Alavés de los Tito Subero, Dimitri Kuznetsov, Manolo Serrano, Lluis Codina o el capitán Pablo Gómez. Históricos del fútbol vasco más humilde (y no tanto), como Iñaki Berruet, Iván Campo, Toni Gorriaran, Aitor Arregi o Joseba Agirre estaban en aquel equipo, donde la veterana defensa que formaban los Cudi, Villanova, Albesa y Eloy Pérez fue un seguro de vida. En el otro bando, Blas Ziarreta vivía los partidos con el corazón en un puño, y entrenaba a un puñado de jóvenes, algunos con un talento que explotarían más tarde, como los Jorge Azkoitia, Jon Solaun, Iñaki Lafuente o Javi González. Ninguno sobrepasaba los 21 años. Otros, también jóvenes, como Asier Ipiña, Koldo Arce, Carlos Docando, José Félix "Kali" Garrido, Jon Novoa, Jon Zamarripa o Raúl Calle se convertirían en nombres propios con mayúsculas para aquellos que hemos vivido el cambio de siglo disfrutando de las categorías inferiores.
El partido, como dije, acabó con 0-0. El Alavés no subió, y tampoco lo hizo la temporada siguiente, en la que Marco Antonio Boronat acabó substituyendo en el banquillo al de Portugalete. Lo consiguieron un año después, de la mano de José Manuel Esnal "Mané", cuando los babazorros ganaron la liga de segunda gracias a la grandísima temporada de jugadores como Hermes Desio, Arturo Igoroin "Sívori", Óscar Tellez, Antonio Karmona, Ibon Begoña o un Manolo Serrano que consiguió 19 goles. 
Los vizcaínos, por su parte, vieron, en el epílogo de aquella temporada, como una profunda crisis económica (con deudas superiores a los 200 millones de las antiguas pesetas) abocó al club a la desaparición. Una desaparición traumática para una ciudad que vivía el cierre de los Altos Hornos, pero que lo superó, refundando el club y dando comienzo a la nueva época del Sestao River.
El club comienza su nueva vida en Segunda Territorial y fue precisamente Iñaki Zurimendi quien entrenaba al equipo cuando éste consigue el ansiado ascenso a Tercera División en la temporada 98/99. Eso sí, los verdinegros tuvieron que esperar unos cuantos años, hasta la temporada 2004/2005 para regresar a la Segunda División B. Desde entonces, ha vivido descensos a tercera división nuevamente, pero, esta temporada, el club parece reverdecer viejos laureles, y su posición en la tabla, quinto, a solo dos puntos de las cuatro primeras posiciones, refleja la buena salud del juego de un equipo que entrena, ahora, Ángel Viadero. 
Precisamente, todo esto viene a razón del próximo partido que disputarán los de Sestao este mismo fin de semana. Y es que, el partido no es cualquier partido: es el derby vizcaíno por excelencia. Barakaldo y Sestao se enfrentarán mañana, a las cinco de la tarde, y retrasmitido en directo por el primer canal de la EITB, en el Nuevo Lasesarre, escribiendo un nuevo capítulo en las historias individuales de estos dos clubes, historias que, a menudo, se han cruzado. 
Al fin y al cabo, y aunque el Sestao River sea un club joven, nació de las cenizas de un Sestao Sport Club (fundado en 1916) que durante años convirtió a Las Llanas en uno de los centros neurálgicos del fútbol de la comarca. Igualmente, el Barakaldo no permanece corto de historia. A pocos años de cumplir los 100 de historia, los gualdinegros aún permanecen encaramados a lo más alto de la clasificación histórica de la segunda división, aún cuando fuera allá por 1980 cuando jugaron la última de las más de treinta temporadas que han jugado en esa categoría. Son 28, si no me equivoco, en la de bronce, y al igual que sus vecinos, los de Barakaldo también disfrutan ahora de años de mayor bonanza deportiva y económica, con una gestión más saludable y proporcionada. 
Ambos equipos se enfrentarán mañana en Lasesarre. 
Por un lado, los hombres de Ángel Viadero, quien está confirmando su gran temporada el año pasada en Noja. Alfonso del Barrio, director técnico del Sestao y antiguo entrenador del Barakaldo CF, tardó en confencionar la plantilla, pero como señalaba su colega en el equipo rival, Jorge Portillo "Boluka", ha conseguido formar una cuadrilla eficiente. Con el toque cántabro que le ha dado Viadero, jugadores como Álex García (el año pasado en segunda división), Sid Ahmed Sidati "Silas" (a quien, en principio, se le dio la baja), Isaac Aketxe, el mexicano, ex del Osasuna, Juan Ángel Seguro o el defensa Iñaki Urkizu están ayudando a llevar al club sestaoarra a las posiciones más altas. Eso sí, el que se está llevando el absoluto protagonismo de la temporada es el veterano delantero catalán Juan José Silvestre "Jito". A sus 33 años, no se ha cansado de meter goles. El ex de la cantera del Barça ha pasado por el Oviedo, el Palamós, el Almería, el Lorca, el Cartagena, el Gavá, el Figueras, el Sant Andreu, el Orihuela, el Portuense, el Girona, la Cultural Leonesa, el Alavés, el Eibar y ahora el Sestao. Casi nada. Eso sí, hacía tiempo que no disfrutaba como este año. A estas alturas, cuando aún no hemos llegado al ecuador de la temporada, el catalán ya lleva 15 goles, y cuatro de ellos los marcó en un solo partido, hace un par de jornadas.
Por el otro, el Barakaldo, regresando al camino de la victoria tras tres derrotas consecutivas que habían roto una de las rachas más positivas en la historia del club. Con todo ello, el equipo que entrena Iñaki Zurimendi, gestiona deportivamente Jorge Portillo "Boluka" y preside Alberto Romero, se mantiene, ahora mismo, a tiro de piedra del liderato y aviva las esperanzas de sus socios (cada día  más, por fortuna) de recuperar las aspiraciones y el ascendente que el club comenzó a perder con su aún reciente descenso a tercera división. La recuperación se está llevando a cabo con cordura y pulso firme, sin repetir errores, sin derroches y sin ambiciones frívolas o vacías. Se ha apostado por apoyar un proyecto cabal y equilibrado, basado en una gestión económica responsable y en un equipo que, como le leía hoy, con otras palabras, en una entrevista a Boluka, es un equipo típico de la categoría: mezcla de juventud y veteranía, aguerrido, intenso y comprometido. Eso sí, no exento de calidad. El comienzo de temporada fue excelso, con los delanteros en forma y firmeza en el centro del campo. Se sufrió la racha de tres derrotas consecutivas, y ahora se intenta recuperar la positiva. Se empezó ganando al siempre correoso Real Unión de Sergio Francisco en Irún y se aspira a repetirlo con un derby, el de mañana, que siempre es una ocasión especial. 
Y, como es una ocasión especial, es un momento para disfrutar y celebrar que el fútbol, no solo no termina con las nominaciones a premios individuales y con los abscesos de devoción personal de algunos delanteros con coleta, si no que, a menudo, es mucho más divertido, apasionante y sincero cuando se trata solo de eso, de fútbol, de césped ralo, un balón que corre, y gente que, por una razón u otra, siente una ligazón emocional con una combinación caprichosa de colores. 
A mí, me pasa. Aunque haya hablado más, casi, del Alavés y del Sestao, mis colores son los gualdas y los negros, y aunque nunca acudo al campo con banderas, bufandas o camisetas, esos son los colores por los que, a veces, pierdo la propiedad y grito para celebrar un gol. O para lamentarlo. Y esa pasión, la de la alegría y la tristeza por el destino antojadizo de una esfera de cuero, es la que alimenta las ganas de seguir acudiendo al campo cada quince días. Mañana, más que nunca. Todos a las gradas, a ponerle color, y a animar a los nuestros, con respeto al rival, y con la ilusión como único argumento, porque, como decía Nelson Mandela, y así cierro la entrada con un requiebro y todo: "siempre parece imposible, hasta que lo intentas". ¡Vamos Baraka!

Y, por cierto, la fotografía con la que he ilustrado la entrada la he encontrado en el buscador de imágenes de google, pero, aparentemente, pertenece a vavel.com, nuevo recurso periodístico para seguir la actualidad deportiva, donde un buen amigo de este blog se ha currado un suculento artículo sobre el derby en cuestión. Recomendable lectura que os pongo más fácil por que solo tenéis que pinchar aquí, donde pone enlace, e ir directamente a leer el trabajo de Raúl. Disfrutad: enlace.

Allan Simonsen





El otro día venía escuchando la radio, pero no sé muy bien qué programa era ni quién hablaba, lo que recuerdo era de qué hablaban. Ni eso tenía nada de original. Podría ser una adivinanza de lo más fácil: dos periodistas deportivos están discutiendo acaloradamente, ¿de qué discuten? Y, a día de hoy, con toda probabilidad, esos dos periodistas deportivos (cámbialo y pon escritor profesional en foros digitales de publicaciones deportivas, funcionaría igual) estarían discutiendo de quién se merece el balón de oro.
¡Un balón de oro!
¿Para qué quieres un balón de oro? ¿Te vas a poner a jugar con eso? Prefiero que me regalen un viejo Tango de México 86.
A lo que iba, venía escuchando la radio, y el contertulio que fuera explicó que hacía poco Arsene Wenger le había puesto un enfoque distinto al debate al explicar que a él le parecía ridículo que, en un deporte de equipo, un premio individual estuviera creando tanta repercusión. ¡Tate, Arsene, ahí le has dao! ¡Yo estoy con él por estar con alguien!
El Balón de Oro.
Suena a postre del chino.
¿Quién ganó el balón de oro en 1977?
Ni puta idea. Ni me interesa. Es que no me interesa el debate, ni ir en contra del debate, para qué te vas a posicionar en contra del debate, para qué, ¿para alimentarlo? ¿Vas a empezar a mentar la campaña propagandística de la prensa deportiva con cierto jugador? ¿Los titulares chabacanos y superficiales? ¿El enfoque interesado? ¿Los razonamientos pseudofilosóficos, con cierto aire puerilmente reivindicativo que ni que fuera esto el advenimiento de un nuevo orden social? Porque, lo de uno es parecido a lo del otro. Lo de todos me la refanfinfla. Si ahora es porque le estén dando tanto betún a las botas de uno que le van a brillar más que el pelo engominado, antes fue la píldora que tenía tan dorada el de las chaquetas floridas en las recogidas, o cualquier otro candidato que se afana en defender su meritaje. Yo estoy con el tío Arsene. No me van los mvps, ni los mbas, ni me iba MA Barracus, porque me iba más Murdock.
No lo pillo. Lo pillo, claro que lo pillo, pero no lo entiendo. Soy alérgico al culto a la individualidad. Y soy adicto a la paradoja: digo que no tiene sentido posicionarse contra el debate, y como que lo hago; digo que soy alérgico al individualismo, y me escribo yo solo un blog en el que me permito el sarcasmo más sentencioso.
¿Sí? Pues entonces yo también me propongo para el balón de oro. Que amplíen el plazo otros tres meses, que me voy a poner en forma y voy a comenzar a entrenar y cuando llegue el momento voy a ser tan guapo y tan bueno y tan galardonado que no va a haber debate alguno. Se me ocurre: los tres candidatos son casi como una película de Sergio Leone. “El bueno, el feo y el malo”, aunque también podríamos decir “El bueno, el feo y el guapo-rico-y-buen-jugador”. O “El guapo-rico-y-buen-jugador, el feo y el malo”. O, la última opción que queda que estoy cansado de escribir guiones. 
Esta vez, no vale aquello de que gane el mejor, si no que, mejor, decimos lo de que gane el que le de la gana. Me la hincha parda, que dice un amigo mío, y no significa nada. Allí ellos con sus caretas, sus porque yo lo valgo, sus empleados armados con arsenal dialéctico, los debates sesudos en la televisión, los titulares clarividentes, y todo lo demás, yo estoy con el tito arsenio. 
Por cierto, en 1977... ganó Allan Simonsen. Y por eso va ahí arriba, porque ayer tuve la primera cena de Navidad y su nombre salió a colación. No sé si lo sabréis, si no lo sabéis es porque no queréis, que yo ya lo he dicho varias veces, soy socio del Barakaldo CF, y, como bien decían hace poco en una curiosa página de facebook que repasa la historia del club, el Barakaldo, a día de hoy, permanece imbatido en el Nou Camp, donde, en una eliminatoria de Copa, el Barakaldo consiguió arrancar un empate muy meritorio en el templo blaugrana. El Barça jugaba con alguno de sus reservas, pero allí andaban el boquerón Esteban, que marcó el gol azulgrana, Alexanco, Quini o Carles Rexach quien, por cierto, salió en la segunda parte substituyendo a nuestro protagonista, Allan Simonsen. Eso sí, en Lasesarre, ya nos habían ganado 0-2, con goles de Quini, y otra vez el boquerón. Y eso que nosotros no éramos mancos, teníamos a Liceranzu, a Meléndez, a Dueñas, a Mayayo... Simonsen tuvo el grandísimo honor de pisar el césped del viejo Lasesarre, y eso, se merecía el reconocimiento de titular esta rocambolesca entrada. Me piro. 

Mickaël Landreau



Es más joven que yo, pero cómo pasa el tiempo, la ostia. 603 encuentros en la primera división, para un guardameta cuyo nombre, a mí, aún me remonta a su debú, con 17 años, en el Nantes. Su nombre salía en los periódicos, ya se hablaba de ofertas millonarias de equipos italianos, como unos años antes había reclamado el debú de otro joven portero, Javier López Vallejo, y yo andaba empeñado en aprobar todas las asignaturas de mi curso académico. 
Qué tiempos. Y cómo pasa. Cierras los ojos, y sin darte cuenta, Javier López Vallejo ya no juega y Mickaël Landreau se ha hecho mayor. Para colmo, el primero solo es un año mayor que tú y, el segundo, tres más joven. Aún no había cumplido yo la mayoría de edad, cuando el navarro debutaba en primera, el Milán ponía 500 millones sobre la mesa, y el año antes le habían caído siete goles a su equipo en la cancha del mío. Y ya había hecho dieciocho, pero seguía sin madurar, cuando el francés se hacía con el puesto de titular en el equipo que entrenaba, por aquel entonces, Jean-Claude Suaudeau. Lo repito: qué tiempos aquellos. Si jugaba hasta al pcfútbol y buscaba siempre a cualquiera de los dos para hacer mis equipos...
1996, casi nada. Se han ido, con la broma, más de tres lustros, y un récord que parecía imbatible. Jean-Luc Ettori, el one-club goalkeeper del Mónaco, aceptó el bonito detalle de Landreau, quien le invitó a calentar con él antes del partido que enfrentó al Bastia, su actual equipo, contra el Ajaccio. Un partido que, por cierto, y quizás no se lo merecía Landreau, tuvo que disputarse sin público debido a los enfrentamientos que, con anterioridad, sucedieron entre ambas aficiones.
Tiene, además, curiosidad la cosa, porque Landreau debutó contra el Bastia, cuando jugaba con el Nantes, y tan solo tenía 17 años, como ya he repetido en varias ocasiones. Lo hizo, además, parándole un penalty a Lubomir Moravcik y manteniendo su portería a cero. Una temporada en la que su equipo acabaría tercero en la Liga y se clasificaría para la UEFA, pero que vería una fuerte crisis económica que le obligó a desprenderse de alguno de sus mejores jugadores. No de Landreau. Eso sí, Suaudeau dijo que hasta aquí hemos llegado y lo dejó, molesto con la venta de los jugadores, y, en su lugar, llegaría un viejo conocido de la afición txuri-urdin, Raynald Denoueix, quien andaba entrenando al filial. Landreau tuvo aquel año como compañeros a gente del calibre de Claude Makelele (no va con segundas lo del calibre), Eric Carriere, Bruno Carotti, Adel Sellimi, Javier Mazzoni, Jocelyn Gourvennec, Jean-Michel Ferri o, como no, el otro portero, un Dominique Casagrande quien, precisamente, y con la irrupción de Landreau, decidiría marcharse a jugar a Sevilla.
Landreau se mantuvo fiel a los colores del club bretón. Con los canarios jugó diez temporadas consecutivas, siempre titular, y sin aceptar ofertas. Llegaría a ser campeón de Liga en la temporada en la que el tahitiano Marama Vahirua se convertiría en la estrella con el gol que les dio el título en la penúltima jornada, Néstor Fabbri mandaba en defensa y Viorel Moldovan y Oliver Monterrubio metían los goles. Justo cuando cambiábamos de siglo. Y Landreau siguió jugando para el Nantes durante otros cinco años, hasta que decidió emigrar a París. Firmó cuatro años, acabó tres, todos como titular, y buscando serlo también con la selección. La llegada de Geoffrey Coupet puso fin a su época en el PSG, una época en la que su nombre sonó para el Real Madrid. De ahí, se marchó al Lille, con el que también llegaría a ser campeón de liga, en 2011, en aquel Lille de Rudi García donde empezaba a despuntar un Eden Hazard al que Landreau ha señalado como uno de los mejores jugadores, junto con Zinedine Zidane, que ha visto en un campo de fútbol francés. Hace un año, firmó por el Bastia, según confeso, rechazando fichar por el Inter de Milán. Internacional en once ocasiones, debutó en 2001, en un partido de la Copa Confederaciones contra México, y aún es el tercer portero de la selección, aunque Didier Deschamps destaca que su rol en el vestuario es mucho mayor. 
Jean Luc Ettori luce su revuelta cabellera plateada, Javier López Vallejo anunció hace un año su retirada, en Tajonar, donde empezó todo, tras volver de Grecia, y Mickaël Landreau aún seguirá jugando partidos en Córcega. Y en todos estos años, mientras ellos intentaban que no les marcaran goles, yo he ido haciéndome viejo, sin prisa, como ellos, poco a poco, partido a partido... Qué tiempos.



Posdata: el vídeo del youtube, insertado y apuesto que pronto lo eliminarán. Y la foto recogida en una búsqueda de imágenes en google y, aparentemente, pertenece a sports.orange.fr.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Jesús Buendía



Me vuelve loco lo del buscador de blogger. No funciona, no sé si he usado los nombres que elijo para titular mis entradas y no quiero perder el tiempo buscando soluciones en los foros. Me desespera, pero me rindo. Y como no sé qué nombres de la ya extinta plantilla del Euskaltel-Euskadi he utilizado en mi archivo del blog, he decidido titular esta última con el nombre de un ciclista murciano. Pero tiene relación, que conste. Y es que el ciclista de Mula, retirado ya, está ahora de director técnico en el recién creado equipo chileno del Pinoroad, aunque dicen que probablemente cambie de nombre porque lo patrocine Viña Santa Cruz. Y aunque el equipo sea de Chile y la gran mayoría de sus corredores chilenos, tendrán la base en Murcia e intentarán participar en los circuitos de competición europeos. Y, para ello, se han hecho con algunos corredores nacionales, entre ellos, un par de ex-Euskaltel-Euskadis. Y eso me ha animado a hacer un recuento de cómo va la recolocación de corredores en el nuevo mercado de 2014. Aunque, para desesperación de los afectados, de muchos aún no se sabe nada, algunos ya han encontrado cobijo en otros equipos, y me apetecía pasar esta mañana lluviosa de sábado intentando recopilar la información para dejarla aquí por escrito.
Ahora mismo, pero siempre sabiendo que yo no soy infalible ni una agencia de noticias y puede que no haya escuchado todo (ni tan siquiera soy periodista), que yo sepa, no hay noticias sobre el futuro de Jon Aberasturi, Igor Antón, Jorge Azanza, Ricardo García, Egoi Martínez, Miguel Mínguez, Rubén Pérez, Steffen Radochla, Samuel Sánchez, Adrián Sáez de Arregi o Gorka Verdugo. Sobre alguno ha habido rumores y otros han mencionado ya la posibilidad de retirarse y seguir el camino que ha comenzado Mikel Astarloza, único corredor que, hasta el momento, ha confirmado que cierra su carrera deportiva. Bueno, más o menos, porque André Schulze tampoco correrá la temporada que viene, pero seguirá en el pelotón, ya que hace tiempo que se confirmó que tanto él como el austriaco Christian Pömer trabajarán junto a Enrico Poitschke, Ralph Denk y Alex Sans Vega en la dirección del Team NetApp. Su excompañero Jorge Azanza dijo hace poco en una entrevista al Diario de Navarra que existen un 99'9% de posibilidades de que, el año que viene, no sea profesional y tenga que ponerle fin a su carrera. Parecido pesimismo han mostrado Gorka Verdugo, Rubén Pérez y Egoi Martínez, aunque este último ha confesado en más de una ocasión que se resiste a retirarse. Del alemán Steffen Radochla no he encontrado ninguna noticia, aunque, si se decide a seguir, quizás encuentre un hueco en algún equipo continental alemán. Los jóvenes Jon Aberasturi, Ricardo García y Miguel Mínguez aparecieron unidos al fallido proyecto de Koldo Saratxaga y Jon Odriozola. Quién sabe, quizás tengan un hueco si finalmente Miguel Madariaga consigue sacar un equipo para la Fundación Euskadi; al parecer, ya ha solicitado la licencia a la UCI. Aberasturi señalaba en una entrevista reciente que, si no encuentra equipo, no tiene intención de recalificarse como amateur y que intentaría buscarse su futuro fuera del ciclismo. De Adrián Sáez de Arregi no sé nada.
Los nombres que más sorprende encontrar en esta lista son los de Igor Antón y Samuel Sánchez. El asturiano parecía ser la razón principal de que Fernando Alonso pretendiera invertir en ciclismo, pero, al final, el proyecto del piloto de Fórmula Uno no llegó a buen puerto, o a meta. Después de eso, los rumores le unieron con el Saxo Bank, pero solo fueron eso, rumores. Se habló de una oferta desde Colombia y del interés que había mostrado Hilarie Van der Schueren por sumarlo a su nuevo proyecto, pero, a día de hoy, en todas sus entrevistas, Samuel Sánchez repite que no hay nada de nada. Lo último, que se ha encargado en desmentir rápidamente, es que el asturiano se marchaba a Dubai para incorporarse a algún tipo de proyecto ciclista. En el caso del bilbaíno, parece ser cierto que estuvo apunto de fichar por el Omega Pharma, pero que él mismo paró el fichaje cuando apareció la posibilidad del nuevo equipo de Fernando Alonso. Cuando se confirmó que ese equipo no iba a salir, ya era demasiado tarde para retomar la oferta belga. Últimamente, algunos medios especializados escribieron que el bilbaíno tenía una oferta en firme del Colombia, pero Claudio Corti lo ha desmentido. Ambos siguen sin equipo, al parecer, sin  ofertas, y, últimamente, ya no hay ni rumores. 
Por supuesto, también quedarían los casos de dos corredores que, al comienzo de la temporada estaban en la plantilla vasca, los del ruso Alexander Serebryakov, tras cuyo positivo, no sé volvió a saber nada de él, y el del marroquí Tarik Chaoufi, quien cesó su contrato con el Euskaltel-Euskadi sin terminar la temporada para volver a su país. No sé si Chaoufi seguirá corriendo la temporada que viene, pero, a buen seguro, si lo pretende, no tendrá problemas para encontrar algún equipo en su continente. 
Los que, por ahora, han encontrado equipo son  Pello Bilbao, Garikoitz Bravo, Gorka Izagirre, Ion Izagirre, Jure Kocjan, Mikel Landa, Juan José Lobato, Ricardo Mestre, Mikel Nieve, Juan José Oroz, Romain Sicard, Ioannis Tamouridis, Pablo Urtasun y Robert Vrecer. Ordenémoslos por categorías. 
En el UCI Pro Tour seguirán unos cuantos. Los hermanos Izagirre, Ion y Gorka, Gorka y Ion, seguirán corriendo junto al andaluz Juan José Lobato, pero en el Movistar. Mikel Landa anunciaba hace poco que espera poder correr el Giro de Italia con su nuevo equipo, el potente Astaná de Alexander Vinokourov. Y Mikel Nieve encontró acomodo en uno de los equipos más fuertes del pelotón, el Sky británico, donde, a buen seguro, le tocará trabajar para Chris Froome y Bradley Wiggins, pero encontrará oportunidades para su lucimiento personal. 
Una categoría más abajo correrá Romain Sicard, en el Europcar de Jean René Bernaudeau, aunque se comentaba que los franceses igual solicitaban una licencia Pro Tour. No sé si lo han hecho o no. También ha encontrado un hueco en la segunda categoría Pello Bilbao, que correrá en un reforzado Caja Rural. 
El resto de los corredores de la plantilla vasca que han tenido la fortuna de conseguir un contrato para 2014 lo han hecho en la tercera categoría profesional, la continental. Garikoitz Bravo ha firmado por el Efapel-Glassdrive luso donde coincidirá con Ricardo Mestre, quien regresa a su país. Los portugueses se han reforzado, además, con Carlos Oyarzun, y han renovado a Joni Brandao, aunque han perdido a Ricardo Vilela. El esloveno Jure Kocjan, primer corredor extranjero en firmar por el equipo vasco, consiguió que le reclamaran para el nuevo equipo continental que dirigirá el recién retirado Michael Creed, el Team SmartStop. Allí coincidirá con los canadienses Zach Bell y Rob Britton o con Mike Torckler. Creed contaba, en una entrevista, la curiosa anécdota del fichaje de Kocjan. Según Creed, había decidido dar de baja su perfil en facebook, pero tuvo que volver a abrirlo porque una de sus grandes aficiones es jugar al videojuego de golf de Tiger Woods y, para ello, necesitaba la cuenta. Al recuperarla, se encontró con un buen montón de mensajes privados de Kocjan ofreciéndose para su proyecto. Y cuajó. Otro de los extranjeros de la temporada pasada, Robert Vrecer, regresa al equipo de donde vino, el Team Vorarlberg austriaco, que también ha incorporado a Grisha Janorschke. El griego Ioannis Tamouridis, tras su digna temporada con Igor González de Galdeano, expresó su intención de encontrar un hueco en algún equipo internacional del pelotón, pero, finalmente, se ha visto obligado a regresar a su país. Correrá en el SP Tableware, uno de los equipos más fuertes de Grecia que, según explicaban en la web de BiciCiclismo, será completamente griego la temporada que viene, ya que, entre otras bajas, no seguirán en el equipo el vasco Victor de la Parte, Joaquín Sobrino o el holandés Peter Van Dijk.
Finalmente, quedan los dos nombres que me han ayudado a encontrar un titular para esta entrada. Y es que Juan José Oroz y Pablo Urtasun seguirán siendo ciclistas profesionales, puesto que se enrolarán en el proyecto chileno de Jesús Buendía. Junto a ellos, también correrán Salvador Guardiola y Mikel Bizkarra, quien ha realizado una gran temporada en el equipo de la Fundación Euskadi y ha encontrado un premio al final. El recurso del pelotón latinoamericano parece que va a convertirse en tendencia. Por ejemplo, Melchor Mauri también participará en otro, esta vez el del Team Ecuador, y con él, varios corredores nacionales: Jaume Rovira, Higinio Fernández, Jordi Simón y Antonio Cabello.
Nada se sabe del futuro del cuerpo técnico, de los Igor y Álvaro González de Galdeano, de Alexander Díaz, de Gorka Gerrikagoitia, de Óscar Guerrero, de Iñaki Isasi o de Sergio Quilez. Dudo de que alguno de ellos pueda agarrarse al último clavo ardiendo, el proyecto continental de Miguel Madariaga. Puede que alguno de los ciclistas jóvenes que aún no han encontrado una continuidad tengan una posibilidad en este proyecto, si es que, al final, se confirma. Crucemos los dedos. Crucemos los dedos por todos los que no han conseguido un contrato aún. Crucemos los dedos por todos los trabajadores, ciclistas, directores, masajistas, médicos, mecánicos, empleados y cooperativistas de Fagor, trabajadores de tantas y tantas empresas que están sufriendo la crisis. Crucemos los dedos y, si podemos, hagamos algo más. No sé el qué. Pero no se me ocurre otra forma de cerrar esta entrada.