jueves, 12 de marzo de 2015

Will Artino



(Actualizado al final del artículo)

Se me fue. Marzo ya está aquí, se están jugando las finales de Conferencia, y yo sin terminar de cubrir la temporada regular. 
Vamos con ello, y luego hablamos de lo bueno, que ya ha empezado. 
Cerré mi recuento de partidos con una derrota en el Madison Square Garden contra Saint John's y lo recupero con una victoria en el CenturyLink de Omaha ante Marquette. Los 26 puntos, con 5 de 9 en triples, de Duane Wilson no fueron suficientes y el mejor partido de la temporada que se marcó Rick Kreklow, con 19 puntos, más el buen rendimiento de Devin Brooks desde el banquillo, 13 puntos, 6 asistencias y 5 rebotes, fueron suficientes para lograr una victoria en la que también brilló el juego interior con 12 puntos y 3 rebotes para el titular Geoffrey Groselle y unos espectaculares 12 puntos y 14 rebotes para nuestro compañero Will Artino. El siguiente partido fue una derrota dolorosa, 56 a 58 ante Butler que se fue victorioso de Omaha por una canasta de Roosevelt Jones cuando quedaban menos de 2 segundos. Por los arrendajos destacaron Austin Chatman y Devin Brooks con 17 puntos cada uno. Artino se quedó en 2 puntos y 5 rebotes en dieciséis minutos. Viajaron a Rosemont, Illinois, para derrotar a DePaul por un contundente 75 a 62 en la que se convirtió en la victoria número 400 en la carrera del entrenador Greg McDermott. Todos los jugadores aportaron, pero destacaremos los 18 puntos de James Milliken y el buen partido de Will Artino con 13 puntos y 7 rebotes. Sin embargo, los tres siguientes partidos, a la sazón, los tres últimos de la temporada regular, se cerraron con derrotas y todos especialmente crueles. Se perdió por un punto ante Seton Hall en Newark, New Jersey,  a pesar del gran partido de Austin Chatman, 23 puntos, y del buen rendimiento de Geoffrey Groselle y Devin Brooks, con 11 puntos cada uno, y de Avery Dingman, con 6 puntos y 8 rebotes. Artino, esta vez, tuvo un papel secundario: 2 puntos y 1 rebote en 10 minutos. También se perdió ante Villanova después de realizar un gran partido en el CenturyLink. Los Wildcats, favoritos incluso para el título nacional según muchos expertos, apretaron al final y se fueron de Omaha con una victoria apretada, 72 a 76. Darrun Hilliard II y JayVaughn Pinkston no aportaron mucho esta vez, pero, en su lugar, se llevaron el protagonismo los 23 puntos de Ryan Arcidiacono y los 19 del canadiense Dylan Ennis, hermano de Tyler, al que le regalamos un titular hace poco. Por los de Omaha destacó, sobre todo, Austin Chatman, con 21 puntos, pero también superaron la decena Rick Kreklow, James Milliken y Devin Brooks. Tampoco aportó mucho Artino que se limitó a 2 puntos y 6 rebotes desde el banquillo. Finalmente, en el partido que cerraba la temporada y que sirve para honrar a los jugadores que terminan su carrera universitaria, Xavier se llevó la victoria por un solo punto, gracias al trabajo de su pívot Matt Stainbrook que se salió con 26 puntos y 9 rebotes. Ni los 18 puntos de Austin Chatman ni los 17 de James Milliken pudieron evitar una derrota que también intentó corregir Geoffrey Groselle, esta vez suplente, quien, con 11 puntos y 3 rebotes, mejoró la aportación del titular Will Artino, con 5 puntos y 1 rebote. 
Con este partido se cerraba la temporada y se despedía a los siete, nada más y nada menos que siete seniors que despiden su carrera universitaria. Algunos han conseguido destacar, porque hablamos de titulares como Austin Chatman o Will Artino, un Devin Brooks que se convirtió en un arma muy importante desde el banquillo, el veterano y comprometido Avery Dingman o el recién llegado Rick Kreklow. Otros, apenas han tenido partidos en su carrera universitaria y, probablemente, despedirán el baloncesto para dedicarse a otras cosas. Hablamos de Gabriel Connealy o Mogboluwaga Oginni. Por su parte, los demás, los Chatman, Artino, Brooks, Dingman y Kreklow tendrán que plantearse dirigir sus carreras profesionales a otras disciplinas o intentar una carrera baloncestística que, lo más normal, sería que les obligara a cruzar el charco. Lo que sí parece claro es que el entrenador Greg McDermott se verá obligado a empezar prácticamente de cero la próxima temporada. 
Sin embargo, ésta aún no ha terminado. Y, de hecho, es el momento de disfrutar. Los bluejays comenzaban hace un par de días su periplo por la fase final por el título de su conferencia, la Big East, y lo hacían con una victoria en el Madison Square Garden ante la universidad de DePaul. La temporada regular ha sido dolorosa, con hasta siete derrotas por menos de tres puntos y varios partidos perdidos en finales apretados. En la rueda de prensa de New York, McDermott recordaba estos datos y dejaba bien claro que esta fase final se la toman como una oportunidad para que los jugadores se demuestren a sí mismos que son competitivos y que les gusta disfrutar del baloncesto. No tienen más aspiraciones. Ante DePaul, el líder fue James Milliken con 22 puntos, pero esa ansiedad por disfrutar de las últimas oportunidades de competir en la NCAA se vio en los buenos números de Austin Chatman (11 puntos, 5 asistencias y 5 rebotes), casi calcados por Devin Brooks (12 puntos, 5 asistencias y 5 rebotes). También se apreció en el paso adelante dado por Will Artino quien recibió los elegios de su entrenador después de sumar 9 puntos y 8 rebotes pero convertirse en una de las claves del partido al anotar cuatro canastas consecutivas en la segunda parte que decantaron el partido en favor de los de Nebraska. 
Ahora toca enfrentarse a Georgetown. Los Hoyas son los segundos favoritos y no querrán perder esta oportunidad. Son una universidad con una larga historia que dominó esta conferencia en los años ochenta gracias a los Pat Ewing, Alonzo Mourning, Reggie Williams o Dikembe Mutombo y al entrenador John Thompson. Seis de sus ocho títulos se concentran en esa época. El último lo consiguieron en la 2006-2007 cuando los Jeff Green, Roy Hibbert o Patrick Ewing Junior llevaron a los Hoyas hasta el título de la Big East y hasta la Final Four del campeonato nacional, donde cedieron ante la Ohio State de Greg Oden. 
Los de McDermott tendrán que enfrentarse a esa historia y a la aplastante realidad de la presente temporada, ya que, en los dos enfrentamientos de la liga regular, los de Omaha cayeron sin paliativos. Perdieron en Washington DC por 76 a 61 con una gran actuación colectiva de los locales, aunque destacó Joshua Smith y también cayeron derrotados, y con estrépito, en el CenturyLink, donde el que destacó fue D'Vauntes Smith-Rivera para liderar un contundente 40 a 67. 
Además del Georgetown-Creighton que se disputará esta noche, Marquette ganó a Seton Hall y se enfrentará al gran favorito, Villanova. En los otros dos partidos de cuartos, St. John's se las verá con Providence y Xavier con Butler. Lo que suceda, lo contaremos, y espero que antes de que empiece el round final, para el que, por cierto, ya se hacen cábalas (con sorna lo llaman "bracketology") y no suelen aparecer los bluejays de Creighton por ahí. Lo dicho, ya veremos que pasa. Foto y para casa.

Actualización instantánea (o casi):

En lugar de escribir una nueva, usemos la vieja para deciros qué pasó ayer y dar por prácticamente finiquitada la actual temporada de la Universidad de Creighton. Si no hay sorpresas, difícilmente estarán en el bracket final por el título y no sé si jugarán algún otro tipo de campeonato alternativo. Intentaré dar, eso sí, noticia de lo que ocurra de aquí en adelante, pero vayamos con el resumen de lo que pasó ayer que, como creo que ya sospecharéis, fue una derrota, muy digna, ante los Hoyas de Georgetown.
Pues así es, Holden. Los arrendajos azules de Creighton sucumbieron ante la Georgetown de D'Vauntes Smith-Rivera por un apretado 60 a 55. Smith-Rivera, quien, recientemente, fue nombrado mejor jugador de la conferencia, se llevó todos los elogios al anotar 12 puntos para su equipo, los Hoyas, en los momentos clave. Un parcial de 15 a 4 en los minutos finales dejó el marcador a favor de los capitalinos y obligó a los de McDermott a hincar la rodilla. James Milliken volvió a ser el mejor anotador del equipo de Omaha con 17 puntos, bien en el triple, con 4 de 6. Austin Chatman se despidió con 11 puntos y 4 rebotes y Rick Kreklow aportó 8 puntos y 6 asistencias. Will Artino y Geoffrey Groselle se relevaron en el juego interior, siendo titular el segundo. Groselle añadió a sus estadísticas 8 puntos pero ningún rebote y nuestro habitual protagonista, Artino, rindió desde el banquillo para coger 6 rebotes (el máximo reboteador fue Devin Brooks con 9) y 5 puntos. Nada pudieron hacer, como ya hemos dicho, para parar la racha de un Smith-Rivera que se fue hasta los 25 puntos. Los de John Thompson III aguantaron el pulso y apretaron el acelerador al final, gracias a su líder y al apoyo de jugadores como el pivot Joshua Smith o el reserva Mikael Hopkins.
Por lo tanto, Creighton que se despide de la lucha por el título de conferencia y Georgetown que se enfrentará ahora a Xavier. Los de Chris Mack, con una buena aportación colectiva (cinco jugadores superaron la decena de puntos, aunque destacó, una vez más, el doble-doble del pivot Matt Stainbrook) derrotaron a Butler y se ganaron su pase a las semifinales de conferencia. Ahí les esperan D'Vauntes Smith-Rivera y compañía. En la otra, los favoritos al título final, Villanova, se enfrentarán a Providence, ganadores de este torneo el año pasado gracias a un Bryce Cotton que ahora está jugando para los Utah Jazz (ayer jugó 23 segundos en la meritoria victoria ante los Houston Rockets). Providence se deshizo fácilmente de St. John's gracias al control de los tableros. Los Friars LaDontae Henton y Ben Betil se marcaron dobles-dobles: 20 puntos y 12 rebotes el primero y 14 y 13 el segundo. También consiguió un doble-doble su compañero Kris Dunn pero en asistencias: 17 puntos y 11 asistencias. Los 15 puntos desde el banquillo de Tyler Harris apuntalaron la victoria ante una universidad de Butler que solo esgrimió resistencia gracias al buen partido del reserva Rysheed Jordan. Los Wildcats de Villanova, por su parte, no tuvieron problemas para dejar en la cuneta a Marquette. Los de Jay Wright ganaron con un contundente 84 a 49. Mal partido de Duane Wilson para los Golden Eagles de Marquette, donde solo asomaron, y tímidamente, Derrick Wilson y Luke Fisher. El baloncesto de los grandes favoritos fue arrollador y aprovechó los minutos el reserva Josh Hart para irse hasta los 20 puntos con 5 de 7 en triples.
Si podemos, os daremos cuenta de qué pasa en la gran final. 

domingo, 8 de marzo de 2015

Xabier Etxeita



El plan era haber escrito esto el miércoles pasado, pero, aunque nos encante que los planes salgan bien, estos están, últimamente, para incumplirlos, como las leyes. Hasta las de Murphy se incumplen, de vez en cuando.
No sé si es una ley o una máxima, o simplemente sabiduría de andar por casa, pero, en el fútbol, algo que se aprende con el tiempo es que la alegría va por turnos. Algunos se cuelan, y a otros se nos hace la cola muy larga, pero todos nos pasamos nuestros años de forofo esperando que nos toque el turno.
Yo creo que ya lo he dicho por activa y por pasiva, así que, probablemente, esté de más volver a decirlo, pero lo digo: soy socio y aficionado del Barakaldo CF y aficionado pero no socio del Athletic Club de Bilbao. Y así lo recuerdo desde que tengo uso de razón. A algunos, este amor compartido les parece inmoral, a mí me trae lo mismo por el camino de la amargura como por el del placer más pasional. Compartir es amar, decían en misa pero también lo firman los que no creen en dios, y, yo, hasta ahora, he sabido compartirlo sin conflicto.
El miércoles bajé al bar con el corazón bastante calmado. Tenía la sensación de que estaba preparado para el fracaso y creía que esa sensación no era un argumento defensivo para utilizarlo a posterior. En la intimidad, estaba convencido de que el partido de vuelta de la eliminatoria de semifinales de la Copa del Rey entre el RCD Espanyol y el Athletic Club (que es de lo que hablamos) iba a convertirse en un capítulo más de esa memoria trágica que, a menudo, proporciona lecciones que ayudan más a crecer que los éxitos.
El gol de Aritz Aduriz a los pocos minutos me infundió ánimos, pero de esos ánimos en los que no confías. El de Xabier Etxeita, al filo del descanso, bien acompañado por la cerveza y la compañía, me obligó a olvidar que tenía el corazón más en calma que la marea alta de la ría. Toda la segunda parte fue un descubrimiento del sosiego que acompaña a la alegría inesperada. 
El fútbol es así, lo he dicho antes: esperas tu turno y te llega. Tan pronto como te acostumbras, se acaba y le toca a otro. 
La retrasmisión del partido no solo divulgaba fútbol. Hablaba también de eso que lo convierte en deporte, espectáculo y acontecimiento social: la alegría de una afición y la tristeza de otra. Las gradas se hacían escenario y sobre ellas, como siempre, se representaba la tragedia y la comedia de las emociones humanas. Entre los pocos que aguántabamos en el bar, con algo de mofa quizás, nos cabreábamos con una de las nuestras porque decía que sentía pena por el portero del Espanyol, un Pau López al que, esa misma mañana, le había leído una entrevista en algún sitio y me pareció un tío cabal y bien educado. Nuestra amiga decía que tenía cara de niño y que le daba pena su disgusto. Cuando el reloj corría ya hacia el final del tiempo reglamentario, nos permitimos sentir ese tipo de enternecimiento. No es tan extraño que la alegría por la victoria y por una nueva clasificación para una final no impidiera cierta solidaridad con aquellos rivales apocados y decepcionados. 
Todos hemos estado ahí antes: un partido clave con todo el estadio engalanado, vídeos de espíritu comprometido de avanzadilla,la ilusión compartida que convierte a la masa en un símbolo complejo y conmovedor. Todo estaba listo para la fiesta de la afición del RCD Espanyol y nos tocó a nosotros que la nuestra fastidiara la suya. No es solo compasión, clemencia, lo que quieras. Es más bien compenetración. Es memoria y es también presentimiento. Antes has estado tú ahí y sabes que más tarde o más temprano volverás a estarlo.
Ahora que ya ha pasado una semana y que las cosas, probablemente, se vean con más calma, creo que es el momento de mirarlo con perspectiva. Un poco de contexto: tengo 38 años, así que cuando el Athletic Club ganó su último título, apenas contaba con siete de bagaje. La memoria es caprichosa pero, como muchos de mis compañeros y compañeras de generación, mezclo los recuerdos de aquellos títulos con lo que he visto después en la hemeroteca. Pasaron 25 años hasta que pudimos vivir algo parecido, y 25 son muchos años, para lo bueno y para lo malo. Suficientes para que lo que vives ahora lo entiendas con un reposo más sereno.    
Fue en la temporada 1983-1984 cuando el Athletic consiguió su última Copa del Rey y, por lo tanto, su último título. Pasaron 25 años hasta que se volvió a jugar otra. Desde Clemente a Caparrós pasaron cinco lustros. Desde aquella final que encumbró a Endika Guarrotxena hasta aquella temporada de 2009 en la que a José María del Nido se le atragantó el rabo de león en semifinales,  se fueron veinticinco años y siete más han pasado ya desde que recuperamos las sensaciones que otorga jugar una final, las ganes o las pierdas después.
Siete años en los que, contando esa final, y contando también la que aún no se ha jugado pero se ha ganado el derecho a disputarla, el equipo ha jugado cinco rondas finales en tres competiciones distintas. Cinco finales en siete años. Pasaron 25 desde la primera hasta la anterior ocasión. ¿Significa algo?
En los últimos siete años, desde la temporada 2008-2009 hasta ésta, y aunque aún falten un par de meses para jugar la última, el Athletic ha disputado cinco finales: tres Copas del Rey, una Supercopa de España y una Liga de Europa. A esos éxitos se le podría sumar la clasificación para disputar la Champions League que se consiguió el año pasado. Ante la brilliantez de su primera temporada en el cargo, podía parecer que esta época de éxitos le pertenecía al entrenador argentino Marcelo Bielsa, pero lo cierto es que estas cinco finales se han disputado con tres entrenadores distintos, Ernesto Valverde, Marcelo Bielsa y Joaquín Caparrós. Desde aquel lejano ya 2009, solo ocho jugadores permanecen en la plantilla, ahora ya absolutos veteranos: Gorka Iraizoz, Andoni Iraola, Markel Susaeta, Mikel Balenziaga, Carlos Gurpegui, Gaizka Toquero, Xabier Etxeita y Ander Iturraspe, y Mikel Balenziaga y Xabier Etxeita tuvieron que marcharse para volver después. Por lo tanto, las cinco finales han tenido muchos protagonistas.Si esos cinco éxitos en siete años han sido disfrutados por tres entrenadores y tantos jugadores adistintos, ¿a qué constante se le debe el éxito?
Sergio González ganó dos como jugador. Una con el Deportivo de La Coruña y otra con el RCD Espanyol al que ahora entrena. Todo parecía dispuesto para que repitiera final en su debú como entrenador, pero no pudo ser. Les tocará la alegría otro día. A nosotros (los que comparten conmigo aficionariado, quiero decir) puede que nos toque en Mayo, a finales, o antes, o después, pero nos tocará, porque a todos nos llega más tarde que pronto el turno y, así como vino, se nos va.
Ahora, igual de cierto es que el tiempo pasa con más profundidad y, si te pones a mirar a lo lejos y aceptas el ángulo, entonces te das cuenta de lo maravilloso que están siendo estos tiempos, pase lo que pase: cinco finales en siete años. Raro. Extraordinario. Lo utilizo por segunda vez: maravilloso.
¿Por qué? ¿Cuál es la constante que se repite en estos siete años de varios entrenadores y más juagdores? ¿Cuál es la razón que explique que lo que nos costó conseguir 25 años se haya repetido cinco veces en siete? Preguntas tan interesantes que habría que premiar las respuestas con gamusinos y que, por supuesto, dejaremos para otro día.
El titular, y no sé si ya lo había utilizado antes, para el vizcaíno Xabier Etxeita porque él también es titular y lo es después de haber tenido que esperar turno tanto tiempo que quedaba bien seleccionado para simbolizar esa idea. Su cabezazo aseguró la clasificación y parece que, últimamente, visto lo de este mismo sábado que no comentó aquí, parece que las explicaciones tienen que ver con la cabeza y solo con la cabeza. 

viernes, 20 de febrero de 2015

Eero Markkanen



El fútbol sigue su curso sin misericordia. Como te quedes dormido, te pierdes el capítulo y hasta los anuncios. En el grupo 2 de la Segunda B, andamos ya por la jornada número 26. La clasificación ha dado más vaivenes que curvas tiene el Alpe d'Huez. El Huesca parecía encontrar la solidez que siempre se le supuso, el Barakaldo comenzó la temporada acoquinando, el Real Unión de Irún sorprendió a propios y extraños y, finalmente, es el Real Madrid B de (pero no es de oficialmente) Zinedine Zidane el que lidera la tabla. Eso sí, la última jornada puso las cosas tan apiñadas que, a falta de doce jornadas, el final de Liga se presume interesantísimo. En solo una franja de dos puntos (de 43 a 41) se encuentran los seis primeros: Real Madrid B, Huesca y Real Unión con 43, Bilbao Athletic con 42 y Guadalajara y Barakaldo con 41. Getafe B y Toledo, con 39, se mantienen al acecho. Además, la vigesimosexta jornada se presenta con duelos directos que alterarán este orden nuevamente: el Guadalajara recibe al Huesca, el Real Unión al aspirante filial del Getafe y, sobre todo, el tozudo Barakaldo rinde visita al todopoderoso, también en equipos B, Real Madrid Castilla. 
Por casualidad, he visto los dos últimos partidos del filial madrileño. Con atención, seguí el empate contra el Bilbao Athletic en la Ciudad Deportiva. Se adelantaron los bilbaínos con un gol de delantero centro de Gorka Santamaría pero remontaron los de Zidane y también pudieron cerrar el partido. Sin embargo, los de José Ángel Ziganda jugaron sus bazas, que fueron las bandas, donde Iñigo Lekue y Aitor Seguín se lucieron, para aprovechar un balón centrado que remató, de nuevo, y de chilena, el delantero bilbaíno Gorka Santamaría. Un fin de semana después, y sin tanta atención, así como de fondo, vi el Amorebieta-Real Madrid B. En un Urritxe impracticable, los azulones se adelantaban con gol de Jon Orbegozo de penalty. Antes de que terminara la primera parte, Jorge Franco, alias Burgui, empataba para los madrileños y el resultado ya no se movería sobre el lodazal vizcaíno. No se movió porque no quiso el árbitro. Más allá de que fuera penalty o no lo fuera, la falta que reclamaron los jugadores del filial del Real Madrid, lo que si parecieron demostrar las cámaras es que el balón entró claramente en la portería en una jugada anterior en la que, si no me confundo, fue Raúl de Tomás el que bombeó un balón rechazado. 
Estos dos empates seguidos, que son tres, porque también empataron a cero en el derby madrileño ante el Trival Valderas, cortaron una racha de cuatro victorias consecutivas. El Real Madrid B no conoce la derrota desde el 29 de Noviembre. De hecho, solo ha perdido ese partido, contra el Real Unión en la Ciudad Deportiva, gracias a un gol del eterno Iñaki Goikoetxea, desde que una polémica victoria de los madrileños en Lasesarre en la primera vuelta, hiciera reaccionar a un equipo que había empezado la temporada con un bagaje de cinco derrotas y una victoria.
Los hombres dirigidos por Santiago Sánchez y Zinedine Zidane se encaramaron, poco a poco, a la primera posición y parece que va a ser difícil bajarles de ahí, aunque el Barakaldo de Axier Intxaurraga aspira a ello en la sobremesa de sábado. 
Por supuesto, la llegada del multimillonario adolescente Martin Odegaard le ha dado aún más visibilidad a un equipo que ya contaba con otros jugadores destacados, como el hijo del antiguo jugador de los jayhawks de Kansas Pekka Markkanen, en este caso, su hijo se llama Eero Markkanen, un delantero centro de 1'97 que, a sus 23 años, ya había sido internacional absoluto por su país, Finlandia; el cordobés Álvaro Medrán, quien ya ha debutado en Liga, Copa y Champions League, llegando a jugar en el Santiago Bernabeu y a marcar en la máxima categoría continental; el madrileño Raúl de Tomás, quien también ha vestido ya la camiseta del primer equipo; Cristian Benavente, hispano-peruano que optó por la nacionalidad de su madre y ya ha debutado con la selección absoluta de Perú; Abner Souza de Almeida, un prometedor brasileño al que ficharon del Coritiba; o el portero gerundense Rubén Yáñez. Un equipo que, sobre el papel, partía con ventaja sobre los demás y al que le ha costado demostrarlo. 
Los dos empates que yo vi por televisión me dejaron una grata impresión. El filial de Zidane parece un equipo compacto y seguro de sí mismo, uno de esos filiales que juega como si no lo fuera. Tiene fuerza en todas las líneas y los jugadores no demuestran esa candidez que, a veces, se espera de los jugadores de equipos B. A los ya mencionados, hay que añadir jugadores como Jorge Franco "Burgui", un jugador de ataque con talento y caracter, Marcos Llorente, que ejerce de faro en el mediocentro, el delantero colombiano del Real Madrid C, Juan José Narváez, Lucas Torró, el capitán del equipo, Sergio Aguza, el central José León, o los dos laterales, el madrileño Francisco Javier García-Noblejas y el uruguayo Guillermo Varela, probablemente, el jugador que más me sorprendió en esos dos partidos que vi por televisión, aseado, ordenado, bien colocado, seguro que hace también los deberes.El hijo del segundo entrenador, Enzo Zidane, por cierto, debutó en la victoria contra el Conquense.
Como ya he dicho, mi juicio se circunscribe a dos partidos en televisión y uno en directo en Lasesarre, con lo que no se puede calificar de fiable, ni tan siquiera de responsable, pero he intentado ser comedido y objetivo. Lo intentaré también para hablar del rival, un Barakaldo al que si hay algo que destacarle es su tozudez, por llamarlo de alguna manera. Se ha levantado de una derrota sonrojante ante el Conquense cuando era líder, a empates en el último momento en casa, a decepciones fuera de ésta, a partidos que manejaba con soltura y se le escapaban de las manos; se ha alejado de los primeros puestos hasta salir de los cuatro primeros; se levantó la veda para los comentarios gratuitos amparados en la libertad de expresión pero que, sin embargo, lastiman otros derechos y obligaciones igual de universales... Igual me he puesto muy trágico, pero lo cierto es que la temporada no está siendo tan plácida como se aventuraba al principio. Los aficionados albergan dudas que, en parte, creo que se sustentan porque el equipo da la sensación de poder ofrecer más, ya que los jugadores aparentan tener calidad para subir un nivel su juego y, en ocasiones, demuestran una robustez que se resquebraja poco después. Por supuesto, todo la anteriormente expuesto es mi ridícula y humilde opinión. El caso es que el equipo ha encadenado dos victorias consecutivas, ha incorporado a un nuevo delantero centro, Mario Barco, que ya se ha estrenado, y ha vuelto a colocarse a solo dos puntos del liderato. Una victoria en la Ciudad Deportiva le volvería a situar en lo más alto y los gualdinegros recuperarían las aspiraciones a las que presentaron candidatura al principio del curso. 
Para todo eso, habrá que esperar. Poco, porque será mañana a las cuatro de la tarde. El resto de la jornada se completará el fin de semana y aún así quedarán doce jornadas llenas de emoción para dilucidar qué cuatro equipos compiten por el sueño de subir a la segunda división. Por la cola, la cosa tampoco está clara. Trival Valderas y Conquense están a ocho puntos de la salvación y a cuatro el filial del Rayo Vallecano, pero el último puesto de descenso lo ocupa un Las Palmas B que el año pasado miraba la clasificación de otra manera. Los canarios, eso sí, están a un solo punto de empatar con su inmediato rival, y una victoria, acompañada de las derrotas de sus compañeros de grupo, podría auparle hasta la 12º posición, ya que seis equipos se encuentran en una diferencia de dos puntos. 
En el resto de los grupos de la segunda B, encontramos distintas situaciones. En el grupo 1, el Oviedo de Sergio Egea parece haber cogido carrerilla gracias a los goles del ex Recreativo Miguel Linares, quien ya lleva nada más y nada menos que 23. Los ovetenses tienen 57 puntos y le sacan seis al segundo, el Real Murcia. Rácing de Ferrol y el UD Logroñés de Carlos Pouso igualan a 45 puntos en las otras dos plazas y tienen un colchón de cuatro puntos de distancia con el siguiente aspirante. Por debajo, el Marino de Luanco parece estar defenestrado y difícil lo tiene el Lealtad, pero Spórting B y Tropezón aún lucharán por salir del pozo. En el grupo 3, la Gimnastic de Vicente Moreno también parece coger distancia. Sus 49 puntos, les alejan un poco de los 45 y 43 que tienen el Lleida de Imanol Idiakez y el Huracán de Toni Seligrat. El último puesto, un poco descolgado, lo ocupa el Badalona con 39 puntos, pero siente en la nuca el aliento del Hércules con 38, el Reus con los mismos o el L'Hospitalet con 37. En este grupo, las cosas están muy apretadas por mitad de la tabla y dos victorias te colocan mirando arriba o abajo. En descenso, Sant Andreu, Eldense, Cornellá, Zaragoza B y Elche Ilicitano parecen los más claros contendientes a la lucha por evitarlo. Finalmente, en el grupo 4, el Cádiz también coge ventaja. Con 52 puntos, ya le saca cinco a su inmediato perseguidor, el UCAM Murcia que con 47 se mantiene al rebufo. Precisamente los dos se enfrentaron en la última jornada y se llevó el triunfo el Cádiz de Claudio Barragán. Por cierto, en ambos equipos juegan viejos conocidos de la afición barakaldesa (Jon Ander Garrido en el Cádiz y Fran Pérez en el UCAM Murcia) y porteros con pasado rojiblanco (Oinatz Aulestia en Cádiz y Miguel Escalona en el UCAM Murcia). La Balompédica Linense del goleador Isaac Chico "Copi" y el Granada B que entrena Joseba Aguado son los perseguidores, pero hay muchos candidatos que estarían a una solo victoria de alcanzar al filial granaíno: Almería B, Melilla, Real Betis B, Real Jaén o Villanovense. El descenso también está muy abierto porque siete equipos se encuentran entre los 25 y los 28 puntos. De menos a más: Arroyo, La Roda, Cartagena, Hoya Lorca, Sevilla Atlético, Córdoba B y Lucena. 
Vamos, que se presenta un fin de semana apasionante de fútbol en la categoría de bronce y que aún hay emoción a raudales de aquí a que se decidan, finalmente, los grupos de ascenso y las plazas de descenso. A menudo, esta categoría pasa desapercibida para aquellos que no pagan carné o se acercan a los estadios, pero los ochenta equipos que la componen mueven centenares y miles de simpatizantes que viven este fútbol con más ímpetu y sentimiento que el que vende camisetas, acapara premios y publicita cuchillas de afeitar. No está mal, de vez en cuando, mentarlo en este blog.  

Foto: tomada de la página oficial del Barakaldo Club de Fútbol a través del buscador de imágenes del google.

jueves, 19 de febrero de 2015

Tyler Ennis



Podemos empezar con una introducción sesuda sobre el equilibrio entre sentimiento y negocio cuando hablamos de deporte profesional. Podemos, pero no lo haremos. Vayamos a lo superficial e inmediato: el cierre del mercado NBA y la locura que se ha desatado en unas pocas horas. Pongámoslo en fila india y con retruécano:

Regresos inesperados y sorprendentes: ocho años después, Kevin Garnett vuelve al frío de Minnesota. Al mismo tiempo, Tayshaun Prince regresa a unos Detroit Pistons que no se parecen en nada a los que él conoció. 

Extranjeros haciendo turismo: a sus casi 38 años, a Pablo Prigioni le mandan de viaje. Deja atrás New York y se va a una ciudad tan dispar como Houston. A cambio, los de la costa este reciben a un ruso, Alexey Shved, que va a conocer su cuarta ciudad en tres años: Minneapolis, Philadelphia, Houston y ahora New York. Sinceramente, estos dos traspasos me suenan a regreso al viejo continente cuando llegue el verano. Más, los Celtics de Brad Stevens se europeizan con la llegada de un italiano, Luigi Datome, y un sueco, Jonas Jerebko, que cambian Detroit por Boston. También se va de viaje Enes Kanter, el prometedor turco que deja atrás Salt Lake City para conocer Oklahoma. Por último, dos hermanos, los eslovenos Goran y Zoran Dragic, dejan Arizona y los Phoenix Suns para marchar a Miami, en uno de los traspasos más sonados. 

Equipos que mutan a mitad de temporada: traspasan a su segundo mejor anotador, Goran Dragic, a su hermano, a Tyler Ennis, a Miles Plumlee, a Isaiah Thomas. Reciben a Brandon Knight, Marcus Thornton, Danny Granger, Justin Hamilton y John Salmons. Jeff Hornacek tiene un equipo nuevo y apenas han cubierto la mitad de la temporada. Menos mal que llevaban balance positivo y ocupan puesto de playoff en el Oeste. 

Entrenadores y jugadores: George Karl recupera a un Andre Miller al que ya le dio la batuta de sus Denver Nuggets y ahora le ofrece la de los Kings a sus 38 años. 

Españoles por el mundo: Víctor Claver abandona el infierno de Portland y buscará más oportunidades en el paraíso de Denver, con unos Nuggets en los que Brian Shaw sigue intentando reformar el equipo a impulsos que, a veces, parecen desesperados. 

Jugadores de peso y no por la báscula: Michael Carter-Williams, JaVale McGee, Arron Afflalo, Thaddeus Young, Reggie Jackson... y los ya mencionados Danny Granger, Goran Dragic, Brandon Knight o Kevin Garnett. Nombres importantes, cromos que de estar repetidos se pueden cambiar bien caros. Todos ellos han sorprendido, aunque hubiera rumores, convirtiéndose en protagonistas de un mercado en el filo.

En resumen, equipos recomponiendo su banquillo, reforzando su defensa, cambiando la dirección. Algunos mirando hacia el futuro, traspasando contratos con cláusulas que podían reconvertir a los jugadores en problemas financieros. Traspasos que, a menudo, incluyen jugadores que aún no lo son, prospecciones a ciegas, pisos sobre plano. La NBA.

Podemos terminar con un epílogo reflexivo, reiterando lo que ya dijimos en la sesuda introducción que nunca hicimos. Pero no lo haremos. Nos quedaremos en esto, en ir contando lo que hemos ido leyendo, aunque no sepamos muy bien por qué o para qué. 

El titular para Tyler Ennis porque el canadiense ya fue una estrella de la NCAA con Syracuse y ahora tiene a su hermano Dylan intentándose abrir hueco en Villanova. Por nada más.

domingo, 15 de febrero de 2015

Fabian Cancellara



No es la primera vez que hablo de él y estoy convencido de que no será la última. Creo, además, que ya ha encabezado su entrada, puede que hasta más de una. Ya dije hace un tiempo que abandonaba mi empeño por no repetir protagonistas (sigo haciéndolo, pero, si no puede ser, o no me conviene, pues no puede ser o no conviene, tampoco voy a ser intransigente con nimiedades de este palo). Hace un par de semanas, creo, leía varias entrevistas al de Wohlen bei Bern, porque lo que decía servía para escribir titulares incómodos. No es que Cancellara comenzara una polémica, descubriera ningún secreto, estableciera una nueva máxima del ciclismo o se soltara una de esas declaraciones altisonantes que tan bien se suelen utilizar en el mundo del deporte. No, simplemente, el varias veces campeón del Mundo hablaba, no sé si por primera vez, pero abiertamente, de retirada. Incluso hablaba de fechas: 2016. 
Cancellara siempre ha sido un tío sincero, cabal y abierto, o, al menos, ésa es la impresión que da. Tanto en la bicicleta como en posición completamente vertical. Por supuesto, yo hablo desde la perspectiva del telespectador y aficionado que intenta sacar conclusiones con pequeños detalles y juicios atrevidos, ni he sido compañero de trabajo del interfecto, ni empleado ni empleador, ni amigo ni conocido ni alguien que se cruzó con él en la calle. Me lo crucé una vez en la Vuelta al País Vasco, y entendí por qué le apodaban Espartaco, pero poco más. 
El caso es que me sumo al largo número de aficionados y aficionadas que se declaran, hasta por inercia o por declaración de principios, seguidor de la carrera del suizo. Sus demostraciones de fuerza en el llano, sus exhibiciones de talento en el adoquín, sus ataques en los últimos kilómetros, su figura inamovible sobre la bicicleta, su trabajo de gregario, su fuerza en la lucha contra el reloj... No voy a ser yo quien descubra su talento, cuando, en realidad, con 33 años, apunto de cumplir en un mes los 34, no hace falta descubrirle porque su currículo ya lo dice todo:

Por descontado, Cancellara comenzó despuntando como un reputado especialista en la lucha contra el reloj. En su país, sigue siéndolo: nueve veces campeón de Suiza contra el reloj (dos más, en ruta). Fue cuatro veces campeón del Mundo de la especialidad, en Salzburgo, Sttutgart, Mendrisio y Melbourne; años 2006, 2007, 2009 y 2010. A esos títulos, les sumó un oro olímpico, el que consiguió en Pekín 2008, y al que añadió una plata en ruta, ya que llegó justo por detrás del asturiano Samu Sánchez. Desde su último título de campeón del Mundo, en 2010, ha sido bronce en Copenhague un año después y Florencia en 2013. Tony Martin y Bradley Wiggins le han cogido el relevo y él ha diversificado sus capacidades.
En grandes vueltas, su mejor puesto es el 65º, conseguido en el Tour de Francia. Es decir, como cabía esperar de un especialista en el llano, la velocidad y la pedalada larga, el suizo nunca ha sido un corredor de tres semanas. De hecho, ha corrido 17 grandes vueltas y ha abandonado en 10 ocasiones. Especialmente mal se le da la Vuelta a España, donde ha participado en seis ocasiones y se ha retirado en todas, aunque es necesario puntualizar que, a menudo, por no decir siempre, esos abandonos estaban planificados. En cualquier caso, sí ha rendido en estas pruebas, aunque no fuera en la general. Al fin y al cabo, ha vestido el amarillo, se convirtió en un devorador de prólogos y, en su palmarés, relucen ocho etapas del Tour de Francia y 3 de la Vuelta a España.
En vueltas de una semana, su rendimiento ha sido, en ocasiones, más satisfactorio. De hecho, ha ganado la prestigiosa Tirreno-Adriático y se llevó la Vuelta a Dinamarca en otra oportunidad. Su mayor éxito en estas lides, por descontado, es su victoria en la Vuelta a Suiza de 2009. La competición de casa es siempre una prueba dura que, entre otros, han ganado grandes campeones como Gino Bartali, Eddy Merckx, Sean Kelly, Andrew Hampsten, Alex Zulle o el triple ganador en estos tres últimos años, Rui Costa. Cancellara ganó la de 2009 gracias a que aquel año la montaña no fue definitoria y superó en las dos contrarrelojes a un esforzado Tony Martin que acabó segundo. 
De todas formas, y a pesar de dominar la especialidad durante unos cuantos años, no ha sido en la contrarreloj donde el suizo ha dejado las mejores imágenes para el archivo ciclístico. Ha sido en las clásicas, en el adoquín y el barro, donde su legado ha quedado más sólidamente inscrito. Y eso que su primera experiencia, no fue nada deslumbrante. Poco a poco, eso sí, el de Berna ha ido creándose un nicho en la lucha por estas pruebas que siempre suelen ser cosa de aguerridos ciclistas que saben bien cómo prepar estrategias y superar emboscadas de todo tipo. En la segunda decena del siglo XXI, su lucha con Tom Boonen en pruebas como el Tour de Flandes o París-Roubaix se ha convertido en un monumento más de este deporte, y eso que sus enfrentamientos directos no han sido tan habituales. El Tour de Flandes es casi una fiesta nacional en el norte de Bélgica y la París-Roubaix disfruta de esa mitología que engrandece cualquier prueba atlética. En ambos escenarios, es donde se ha dado esa rivalidad. Cancellara ha ganado el Tour de Flandes en tres ocasiones, Tom Boonen fue segundo en su primera victoria y séptimo en la tercera. Por el contrario, Boonen también guarda el mismo número de victorias en la prueba belga, y Cancellara fue 6º en su segunda victoria. Cancellara ha hecho doblete Flandes-Roubaix en dos ocasiones, en 2010 y en 2013. Ha ganado en una ocasión más esta prueba histórica. Tom Boonen le supera ya que ha conseguido vencer en cuatro ediciones distintas. En la primera victoria de Boonen, Cancellara fue octavo y cuando el belga consiguió su segundo triunfo, segundo fue precisamente el puesto del suizo. Los puestos se tornaron cuando Cancellara ganó su primera París-Roubaix y Boonen hizo segundo. En su segunda celebración, Boonen haría quinto. Para muchos, estos enfrentamientos no serán muchos, para otros, más que suficientes para establecer una rivalidad que no hace más que engrandecer a este deporte. 
Más allá de estas dos pruebas, Cancellara acumula puestos de honor en muchas pruebas de esas que llamamos clásicas, pero también alguna victoria significativa, como su triple triunfo en el Gran Premio E3 Harelbeke, la conquista de la Strade Bianche o su victoria de 2008 en otra de esas pruebas que jalonan la historia del ciclismo: la Milán-San Remo. Ganó en solitario, adelantándose al pelotón, algo que no es muy común en la línea de meta de San Remo. Años más tarde, ha estado apunto de repetir victoria. En 2012, se la quitó el australiano Simon Gerrans, experto en agazaparse, levantar los brazos y después repartir gloria en sus declaraciones. En esta ocasión, el de las antípodas también reconoció que él no era el más fuerte. Un año después, quién batió al suizo fue el alemán Gerald Ciolek, quien le venció en una de las ediciones más duras de la prueba italiana.

Cancellara debutó en el ciclismo profesional con aquel colorido Mapei de Giorgio Squinzi y Patrick Lefevere. Squinzi le subió muy rápido porque, según he leído, estaba preocupado por las tentaciones que el dóping levantaba entre los amateurs y le quería limpio. De hecho, Squinzi se rindió a lo que veía crecer en el ciclismo profesional y finiquitó su proyecto. Cancellara pasó entonces a formar parte del Fassa Bortolo de Giancarlo Ferretti. Lo ficharon, en principio, para lanzar a Alessandro Petacchi. En esos años, entre otras victorias, se llevó el prólogo de la Vuelta a Suiza por delante de Óscar Pereiro y Bradley McGee, quién después sería su director técnico en el CSC-Saxo Bank, a donde llegó del Fassa Bortolo, después de aquellas estrambóticas y fracasadas negociaciones entre Giancarlo Ferretti y Sony Ericsson. En este equipo y sus futuras mutaciones, pero al abrigo de Bjarne Riis, consiguió el suizo sus mejores éxitos, destapándose también como gregario de lujo (ayudando a los Schleck y a Carlos Sastre). Tras el desencuentro entre Bjarne Riis y Kim Andersen, Cancellara tomó partido por este último y firmó con lo que, poco a poco, fue y ahora es el Leopard/Radioshack/Trek. 

Esta temporada comienza una nueva, muchas ya, como él mismo reconocía en esa entrevista, y muchos expertos apuntan a que puede ser otra temporada cargada de éxitos. En un equipo cosmopolita, y ya sin Andy Schleck, el suizo parece más libre, aunque bien arropado, para enfrentarse a sus habituales retos de cada año. Además, su experiencia y conocimiento pueden ser el mejor aprendizaje para corredores como Jasper Stuyven, los hermanos Boy y Danny Van Poppel, el luxemburgués Bob Jungels, el australiano Calvin Watson o el italiano Eugenio Alafaci, que, a buen seguro, aspirarán a acercarse al palmarés del de Berna.
Hace unos cinco años, Davide Cassani, por entonces comentarista de la televisión italiana, acusó a Cancellara de montar una bicicleta que se ayudaba de un motor Gruber Assist. La acusación tuvo eco en toda la prensa y un impertérrito Fabian Cancellara se limitó a declarar en Het Nieuwsblad que estaba sin palabras porque aquello le parecía una estupidez:  "It's so stupid I'm speechless".

Prácticamente, abríamos esta entrada diciendo que Cancellara daba la impresión de ser un tío franco y directo, para después relatar sus hazañas deportivas. Ambos aspectos podrían verse resumido en una frase que el contrarrelojista suizo hizo hace unos años ya:

“It is exactly the unattainability, which differentiates a dream from a goal: Goals are reachable, when you fight for them. Dreams are not. Athletes shouldn't dream, but set goals for themselves and fight for them.”

Es decir:

"Es precisamente la condición de inalcanzable lo que diferencia un sueño de una meta: las metas se pueden lograr cuando luchas por conseguirlo. Los sueños, no. Los atletas deberían dejar de soñar y concentrarse en ponerse metas por las que luchar."

Cancellara hablaba de 2016. Decía que llevaba muchos años dando pedaladas, que se acercaba el final. Lo matizaba y no decía nada con contundencia. Se limitaba a señalar que "cuánto más mayor, más difícil se hace todo" y que no se veía repitiendo lo que hacían Jens Voigt o Chris Horner. Eso sí, en esa misma entrevista, el suizo dejaba claro que puede que no sueñe pero retos no le faltarán cuando se retire. No daba detalles, pero tampoco rechazaba la posibilidad de aspirar a dirigir la UCI en un futuro. De todas formas, aún le quedan retos por los que luchar en los próximos meses y cuando finalmente su retirada sea un hecho, ya tendremos tiempo de volver a usar su nombre para titular una entrada. Hasta entonces, a seguir disfrutando de Espartaco y de los tacos que monta en el pelotón cada vez que arranca. 


viernes, 13 de febrero de 2015

Jerry Tarkanian



En una sola semana, nos han dejado dos de esos entrenadores de baloncesto que pasaron a ser venerables leyendas, nombres en tinta negra sobre el papel de la memoria. Se fue primero Dean Smith, y pocos días después, Jerry Tarkanian.
El primero, con un nombre corriente, de transeúnte anónimo que paga sus impuestos y pasa desapercibido, consiguió labrarse un nombre y un aura de mito que, en realidad, le vino devenido por el éxito de otros. El segundo, apodado el Tiburón, parecía el protagonista de alguna serie de policías de la vieja televisión por cable americana, con ese apellido de origen armenio y ese apodo de eco fiero. Ambos han fallecido en un intervalo de tiempo muy corto y los dos consiguieron hace años incorporarse al elenco de magistrales del baloncesto universitario.
Smith murió cuando apenas le faltaba veinte días para cumplir los 84 años. Tarkanian los tenía, los había cumplido el verano pasado. El primero nació en Emporia, Kansas, una pequeña población de veinte mil habitantes entre Topeka y Wichita, el tipo de localidad en la que el deporte es una de las ocupaciones de ocio comunitario más asequible y popular. En ocasiones, la única. Tarkanian, por el contrario, nació mucho más al norte, junto al lago Erie, en el suburbio de Euclid, a un paso de Cleveland.
Los dos coinciden en haber disfrutado de una vida deportiva muy corta. Quiero decir, vestidos de corto, como atletas o deportistas. Ambos completaron sus cuatro años de período universitario, pero no llegaron a firmar ningún contrato profesional. Smith cumplió su periplo en una de las universidades del estado donde lo concibieron: Kansas. Con los jayhawks que ahora entrena Bill Self, jugó de 1949 a 1953 y coincidió con Clyde Lovelette, jugador de los Celtics de Boston y los Minneapolis Lakers, entre otros, quien se convirtió en el primer jugador en ser campeón de la NCAA, de la NBA y medalla de oro en las Olimpiadas. Lovelette, a quien Wilt Chamberlain sacudió en medio de un partido, fue el mejor jugador de un campeonato en el que la Kansas donde jugaba Smith, reserva de Dean Kelley, otro de los mejores jugadores de aquella edición, venció en la final a St John's y se proclamó campeón nacional. Smith no era un jugador determinante en aquel equipo que entrenaba el histórico Forrest "Phog" Allen, a la sazón, díscipulo del inventor del juego, el mismísimo James Naismith, y, para muchos, el inventor del entrenamiento específico. Terminada su carrera, Dean Smith no seguiría la misma con un contrato profesional, como ya hemos dicho. Lo mismo le sucedió a Tarkanian, quien jugó sus primeros partidos para Pasadena Community College ("a place for fun, a place for knowledge" como le dice Leonard a Penny en The Big Bang Theory) para después terminar sus dos últimos años en los bulldogs de Fresno State, equipo al que también entrenaría.
Ya en los banquillos, ambos vuelven a coincidir en una carrera definida por unos primeros años de aprendizaje que, o bien les llevó a trabajar como ayudantes (Smith), o con otras edades o en otras categorías (Tarkanian). Finalmente, en los años sesenta, los dos conseguían un puesto de trabajo como entrenador principal en las mismas universidades con las que se harían históricos en el baloncesto universitario. Para Smith fue en North Carolina, para Tarkanian en Nevada.
Por supuesto, hablamos de los veinte años seguidos que estuvo Jerry Tarkanian al cargo de la dirección técnica de la Universidad de Nevada Las Vegas (UNVL) y las treinta y siete que duró Dean Smith en la Universidad de North Carolina. Para Smith, ése fue su único equipo en la NCAA. Eso sí, fue también seleccionador absoluto de los Estados Unidos en el año 1976. Aquel año, llevó al equipo nacional a la final de las Olimpiadas de Montreal; ganándola, además. Era la selección de los Walter Davis, Phil Ford, Adrian Dantley o el general manager de los actuales Lakers Mitch Kuptchak, y ganaron a la Yugoslavia de Kresimir Cosic, Mirza Delibasic, Drazen Dalipagic o Dragan Kicanovic.
Por contra, Tarkanian tuvo un currículo algo más largo antes de ser entrenador de UNLV. Además, también abandonó Las Vegas para intentar (y fracasar) el sueño americano. Aceptó la propuesta de los San Antonio Spurs para entrenar en la NBA, pero no salió bien. Al quedarse en el paro tras su renuncia al banquillo de los Spurs, aceptó la oferta de su antigua universidad, Fresno State. Ése fue el último equipo en el que jugó y el último al que entrenaría.
Su año en los Spurs fue una auténtica decepción. Apenas aguantó 20 partidos y lo dejó con un récord de 9 victorias y 11 derrotas. Le substituyó Rex Hughes y, después, un John Lucas que consiguió un bagaje de 39 victorias y 22 derrotas y metió al equipo en unos playoffs donde caerían contra Phoenix Suns en las semifinales de la conferencia Oeste. Se escribió durante aquellos meses que Tarkanian tuvo problemas de corazón por la presión durante esta breve pero intensa experiencia (decían que algunos jugadores se rebelaron contra él, especialmente Dale Ellis) y se enfrentó con la directiva tras el traspaso de Rod Strickland a los Portland Trail Blazers. Su insistencia en que el equipo adquiriera un base de calibre le llevó a terminar su carrera en la NBA antes de dirigir el vigesimoprimer encuentro, uno ante los Mavericks, convirtiéndose en el noveno entrenador que más rápido termina su experiencia laboral en la historia de todas las temporadas que ha conocido la NBA. Curiosamente, por delante de él, está Jack McKinney, quien apenas cubrió nueve partidos de su periodo en Los Ángeles Lakers, debido a un accidente de bicicleta. Esto ocurría en 1979, y lo menciono porque McKinney fue elegido como entrenador de los Lakers justo después de que fracasaran las negociaciones para el fichaje de Jerry Tarkanian como entrenador del equipo angelino. Unas negociaciones que se truncaron por el asesinato de Vic Weiss, representante de Tarkanian, quien tenía muy avanzadas las negociaciones con Jerry Buss hasta que la policía se lo encontró maniatado y con dos tiros en la cabeza en el maletero de su Rolls Royce. 
Tarkanian pasará a la historia por el reconocimiento deportivo que merece su legado como entrenador de UNLV en todos esos años. Compañeros de trabajo han insistido desde siempre en la herencia que ha dejado, sobre todo, por el trabajo en defensa y la presión al hombre. Sus equipos eran equipos duros y correosos, belicosos y físicos, que defendían al límite y buscaban la velocidad y el primer tiro que tenían. Con ese compromiso y rabia, Tarkanian consiguió que UNLV pasara de ser una universidad menor a un acontecimiento nacional. Se encargaba de reclutar a jóvenes que cumplían con los requisitos de actitud necesarios para acoplarse a su espíritu de juego, a menudo, jóvenes crecidos en la ciudad y con problemas de comportamiento. Por ejemplo, un Anderson Hunt al que se le nombró MVP de la temporada de 1990, el año del único título nacional de Jerry Tarkanian, cuando derrotaron en la final a Duke y Hunt tocó la gloria con los dedos. La marihuana, los jacuzzis... Hunt acabó jugando en Turquía, Polonia y Francia, pero nunca tirunfó en la NBA, como se podía esperar. Sí lo hicieron muchos otros jugadores que pasaron por las manos del de Euclid: Larry Johnson (primer y único, si no me equivoco, número uno del draft que pasó por sus manos), Armen Gilliam, Stacey Augmon, Gerald Paddio, Greg Anthony, Anthony Jones... Su hijo, Danny Tarkanian, fue el base titular de inicios de los ochenta; recibió elogios y fue drafteado por los San Antonio Spurs, pero dejó el baloncesto para dedicarse a los negocios y a la política, donde sigue intentando hacer carrera en el Partido Republicano.
Finalmente, en 2013, Tarkanian fue incluido en el Hall of Fame y se corrigió una larga deuda histórica, según sus propios colegas. Una deuda que, probablemente, encuentre explicación en la otra razón por la que se recordará a Tarkanian. El entrenador de origen armenio mantuvo siempre una relación tensa con la NCAA. Sus desencuentros llegaron a los juzgados y podrían ser objeto de una tesis doctoral. Sin embargo, no deberían ensombrecer sus logros con los Runnin' Rebels
Por su parte, Dean Smith, con un aspecto más venerable y sosegado, mantuvo su cátedra en North Carolina durante tantos años que su nombre ha acabado por convirtirse en sinónimo de baloncesto. Walter Davis, Brad Daugherty, Rick Fox, George Karl, Mitch Kuptchak, Ademola Okulaja, Vince Carter, Antwan Jamison, Bob McAdoo, Sam Perkins, J.R. Reid, Kenny Smith, Jerry Stackhouse, Rasheed Wallace, James Worthy... y, por supuesto, Michael Jordan, todos ellos pasaron por las manos del kanseño. El futuro 23 de los Chicago Bulls fue, sin duda, el que aupó el nombre de Dean Smith a la gloria, pero su mérito ya había superado los elogios recibidos por ser el entrenador iniciático de uno de los mejores jugadores de la historia. Al fin y al cabo, en esas más de treinta temporadas como primer entrenador, Smith amasó un palmarés con trece victorias en su conferencia, once de la región y dos títulos nacionales (1982 y 1993) en las once final fours que llegó a jugar. El primer título, el del 82, se lo quitaron a los hoyas de Georgetown que lideraban Eric "Sleepy" Floyd y Patrick Ewing. James Worthy pudo con ellos, entre otras cosas, porque estaba acompañado de Sam Perkins y un jovencísimo Michael Jordan. Jordan, precisamente, se jugó el tiro final. Fue uno de los primeros tiros decisivos de su larga carrera. Con él ganaron la final y, según la mayoría de los expertos, se puede apuntar este momento como uno trascendental, un clímax en su carrera de formación que descubrió el futuro del que acabaría por convertirse en uno de los mejores jugadores de la Liga, como ya hemos dicho. Eso sí, es obligatorio recalcar que Dean Smith recibió su merecido reconocimiento porque él fue el verdadero responsable de que aquel último tiro lo lanzara Michael Jordan y no los más veteranos y previsibles James Worthy o Sam Perkins. Aquella audaz decisión fue debidamente comentada. Más o menos, es lo mismo que el entrenador Norman Dale quería hacer en Hoosiers con Buddy Walker y Jimmy Chitwood, pero no a él no le dejaron. Además, eso era una película. 
El segundo título, el de 1993, fue responsabilidad de Don Williams, un escolta que haría carrera en Europa jugando en Grecia, Austria, Francia, Alemania, Israel o Chipre, además de convertirse en miembro de los Harlem Globetrotters. Williams tuvo como compañeros al alemán Henrik Rödl, al italoamericano Dante Calabria, a Derrick Phelps, quien haría carrera en Alemania y se reuniría, de nuevo, con Rödl en Berlín, al exterior de los Lakers George Lynch, o al pivot de Indiana Eric Montross. Ganaron en la final a la Michigan de Chris Webber, pero los wolverines fueron sancionados después porque, aparentemente, el futuro número uno del draft recibió dinero de corredores de apuestas ilegales. Webber, por cierto, fue el protagonista curioso de aquella final al cobrarse una falta técnica por solicitar, en los últimos segundos, un tiempo muerto cuando su equipo ya los había consumido. 
Smith siempre aparece unido al nombre de Michael Jordan, pero su magisterio incluye nociones que hoy en día nos parece que nacieron con el baloncesto. Él fue el creador en la NCAA del día del senior, despidiendo la temporada en casa poniendo en liza a los jugadores que terminan su carrera universitaria; él se empeñaba en que un jugador que anotara apuntara al pasador para reconocerle el mérito. Hay más. El pase era una obsesión en el juego de sus equipos, y quizás por ello los porcentajes de acierto en tiros de campo de sus equipos eran muy altos. Su defensa y rapidez se parecían a la de Tarkanian, pero la innovación técnica de Smith buscaba todos los valores del tiempo, y, de hecho, él fue quien desarrolló hasta el máximo la técnica de las cuatro esquinas, con un movimiento severo y eficaz del balón para consumir el tiempo. Sin embargo, muchos recordarán a Smith por su trabajo a la hora de formar jugadores (y futuros entrenadores: Larry Brown, Doug Moe, Billy Cunningham, Buzz Peterson, George Karl... o el actual entrenador de los Tar Heel Roy Williams) y por su empeño en cultivar el concepto de pertenencia, la familia de North Carolina. 

Diagnosticado con demencia hace unos años, yo desconozco cuál fue la causa del fallecimiento de Dean Smith. Sí he leído que una infección del tracto respiratorio acabó con la de Jerry Tarkanian. En cualquier caso, y ambos casos, sus logros, largos, numerosos y complejos, como hemos intentado demostrar en esta entrada, siembran de luz todos los años de esas vidas que los dos dedicaron al deporte.
En este año en el que Mike Krzyzewski llegó a las mil victorias con una última de Duke sobre St. John's, la NCAA pierde a dos de sus grandes entrenadores. Sus propios discípulos serán los encargados de poner ahora en valor lo que aprendieron de ellos.
Yo, bastante he tenido con escribir todo esto.

domingo, 8 de febrero de 2015

Will Artino



Hacía tiempo que no hablábamos de los arrendajos azules y se nos han acumulado un montón de partidos y, por qué no decirlo desde el principio, unas cuantas derrotas. Lo dejamos, precisamente, con otra ante North Texas y el primer partido de este nuevo recuento, también sigue el mismo derrotero. 
Viajaron los de Creighton hasta Rhode Island para abrir la temporada en la Big East contra Providence, y se volvieron a Nebraska con un 53-65 que deja bien a las claras por qué los de Providence aparecen más arriba en los pronósticos finales para esta temporada. Liderados por un LaDontae Henton imparable, 35 puntos y 8 rebotes, los de Providence no dieron oportunidades al equipo de Greg McDermott, donde intentaron oponer resistencia, y tímidamente, un Austin Chatman que se quedó solo en la dirección y el reserva interior Geoffrey Groselle, quien sí aprovechó los minutos que tuvo para retirarse con 14 puntos y 3 rebotes. Nuestro amigo Will Artino apenas contó con seis minutos en un partido en el que jugó hasta Mogboluwaga Oginni. Artino, en esos seis minutos, contribuyó con dos puntos y tres rebotes. 
De Providence a Washington DC para jugar el segundo partido consecutivo fuera de casa y también el segundo de la Big East. Visitaban a Georgetown y volvieron con otra derrota sin mucha lucha. En el Verizon Center, los bluejays perdieron por 76 a 61, con un buen partido colectivo de los Hoyas, donde hasta cinco jugadores consiguieron dobles figuras (L.J. Peak, Joshua Smith, Jabril Trawick, Tre Campbell y Paul White). Por los de Creighton, volvió a jugar todo el banquillo, lo que da fé de las pocas oportunidades de victoria que tuvieron. Solo Zach Hanson, desde el banquillo, y Devin Brooks, entre los titulares, alcanzaron la decena, quedándose ambos en once puntos. Artino jugó diez minutos y consiguió cuatro puntos y un rebote. 
Volvieron al CenturyLink para recibir a DePaul y se llevaron otra derrota, esta vez, por 70 a 60. El partido estuvo marcado desde el principio porque los de la universidad privada de Chicago abrieron con un 20 a 5 que los de McDermott no pudieron remontar. Forrest Robinson fue el mejor de los de DePaul con 20 puntos y 9 rebotes, y por Creighton, destacó el alero Toby Hegner, titular durante toda la temporada, quien realizó uno de sus mejores partidos con 15 puntos y 3 rebotes. El veterano Avery Dingman aportó desde el banquillo para intentar la remontada pero sus 10 puntos y 5 rebotes fueron insuficientes. Artino recuperó presencia y, aunque siguió en el banquillo, sumó hasta 19 minutos de juego en los que a sus cuatro puntos añadió seis rebotes. 
Un triple de Sterling Gibbs a falta de dos segundos le dio la victoria a los Pirates de Seton Hall y colocó una nueva derrota, esta dolorosa, en el casillero de Creighton. James Miliken tuvo después un tiro para intentar que la afición de Omaha no se volviera a casa triste, pero no pudo ser. Sterling Gibbs con 22 puntos y el tiro ganador fue el mejor de Seton Hall, pero también destacaron Khadeen Carrington desde el banquillo y Brandon Mobley quién, con 9 puntos, 13 rebotes y 2 tapones, fue la referencia interior de los piratas. Por Creighton, James Miliken fue el mejor de todos, 20 puntos , 4 rebotes y 4 asistencias, aunque no pudo ponerle la guinda con el último tiro. Rick Kreklow también hizo un buen partido desde el banquillo y destacó un Will Artino que aprovechó su regreso a la titularidad para rivalizar con Mobley. Sus números, de lo mejor de la temporada: 14 puntos, 11 rebotes y 1 asistencia. 
La historia volvió a repetirse en el siguiente partido. Esta vez fue el tirador Rick Carlino el que, con un triple a falta de once segundos, sentenció otro apretado partido a favor de los rivales de Creighton. Marquette se llevó la victoria por 53 a 52 y los bluejays siguieron lamentándose. El número 31, Will Artino, siguió siendo titular y aportando con 8 puntos y 6 rebotes, aunque no consiguió defender mejor el tiro definitivo de Carlino. Toby Hegner, con 10 puntos y 6 rebotes, y de nuevo el alero reserva Rick Kreklow, con 13 puntos desde el banquillo, fueron los mejores hombres de Greg McDermott. No pudieron, eso sí, con la pareja que formaron Duane Wilson y Rick Carlino, quienes con 17 y 19 puntos respectivamente, mantuvieron a Marquette desde la línea exterior. 
Providence volvió a ganar en su visita al CenturyLink en el día en que la hinchada celebraba el anual Pink Out, cuando todos se visten de rosa. Providence no dio oportunidades y con una diferencia de nueve puntos se volvió a llevar una victoria para casa. Esta vez, el verdugo de Creighton fue el exterior Kris Dunn quien, con 21 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias, completó un partido redondo que llevó a su equipo a la victoria junto con la ayuda de LaDontae Henton y del reserva Tyler Harris. Will Artino apenas jugó ocho minutos, aunque salió de titular, y sus números se quedaron en negativo. James Miliken, con 22 puntos, volvió a ser el sustento del equipo, pero no fue suficiente ni su tiento en el tiro ni la ayuda de Devin Brooks y Rick Kreklow desde el banquillo. 
Otra nueva derrota llegó ante Butler. Los de Indiana supieron jugar los últimos minutos y se llevaron una victoria que, como bien decían las crónicas, no se daba desde 1934. El ex equipo de Brad Stevens, actual entrenador de los Celtics de Boston, estuvo liderado por Roosevelt Jones. El escolta, con 18 puntos, 10 rebotes y 6 asistencias, aprovechó la colaboración de los interiores Kameron Brown y Andrew Chrabascz, en un partido en el que los de Indiana estuvieron fatal en el tiro: 22 de 65 en tiros de campo. Sin embargo, no impidió que se impusieran a unos bluejays donde Rick Kreklow volvió a ser el mejor, haciendo labores de sexto hombre (16 puntos y 4 rebotes). Artino, titular, contribuyó 6 puntos y 4 rebotes. James Miliken, en el quinteto titular esta vez, no estuvo tan acertado pero volvió a repetir dobles figuras. Devin Brooks, perdida la titularidad, completó un buen partido con 7 puntos, 10 rebotes y 6 asistencias. 
Vilanova, uno de los favoritos para el título nacional, fue el siguiente rival y, por supuesto, no les dio ninguna oportunidad a los de Creighton. Un rotundo 71-50 añadía una nueva derrota al récord de los de Nebraska. Darrun Hilliard se bastó para lanzar a los de Vilanova, con 24 puntos, seis triples incluidos. En Creighton, James Miliken fue el mejor, aunque Rick Kreklow volvió a aportar desde el banquillo. Artino, a pesar de ser titular, volvió a contar con muy pocos minutos, en los que apenas pudo aportar una canasta y un tapón. 
El final de una racha de derrotas muy dolorosas llegó al derrotar por 77 a 74 a la universidad de Saint John's en Omaha. Un gran partido de Toby Hegner y James Miliken sirvió para que, por fin, los de McDermott consiguieran terminar un partido celebrándolo (de ahí, la foto, que, por cierto, la he cogido de la web oficial de la universidad). Para Hegner, debutante este año, era su primer partido como reserva, ya que el entrenador McDermott había sorprendido confiando en él durante todos los partidos anteriores. El rookie, sin embargo, se rebeló y firmó su mejor actuación con 21 puntos y 5 rebotes. James Miliken, quien también volvió a la reserva, fue la otra gran razón de esta victoria con sus 17 puntos y 4 rebotes. Kreklow, titular, también repitió en las dobles figuras y Austin Chatman volvió a sobresalir (estuvo muy apagado durante esta racha de derrotas), con 13 puntos. Artino, flojo, salió titular pero volvió a disfrutar de muy pocos minutos, minutos en los que consiguió 3 rebotes y un tapón. D'Angelo Harrison y Jamal Branch fueron los mejores de St. John's, aunque el doble-doble de Sir'Dominic Pointer (premio al nombre más extravagante de la temporada), con 13 puntos y 10 rebotes, fue una de las claves para que los de New York tuvieran oportunidades de ganar hasta el final. 
Los resultados negativos regresaron con el siguiente encuentro. Georgetown no dio ninguna oportunidad y arrasó a los bluejays en casa con un contundente 67-40. Artino, repitiendo en su rol (titular y pocos minutos), solo sumó 4 rebotes, y Toby Hegner, desde el banquillo de nuevo, con 5 puntos y 8 rebotes, fue el mejor, junto con los 8 puntos y 2 rebotes del capitán Avery Dingman. El sophomore de Indiana, D'Vauntes Smith-Rivera fue el mejor en esta ocasión con 24 puntos. Jabril Trawick, con 15 puntos y 4 rebotes, secundó el trabajo del escolta hoya. 
Los de Omaha consiguieron volver a ganar en el siguiente partido, la salida al Cintas Center para enfrentarse a los mosqueteros de Xavier. Ganaron por 79 a 72 en la prórroga donde Austin Chatman cerró el partido con un buen pulso en la línea de tiros libres. Artino volvió al banquillo y fue substituido por Zach Hanson en el quinteto de salida, pero ninguno de ellos llegó a los diez minutos de juego. Artino, al menos, colaboró con cuatro puntos. Pero, en realidad, el interior que dio solidez al equipo esta vez fue, de nuevo, un sorprendente Geoffrey Groselle que se fue hasta los 15 puntos y 7 rebotes. Rick Kreklow, con 17 puntos, sigue mejorando su rendimiento y empezando a recuperar las aspiraciones que la afición había puesto en él. Austin Chatman, con 12 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias, dirigió bien al equipo y Devin Brooks (13 puntos y 12 rebotes) y James Milliken (12 puntos desde el banquillo) resolvieron el partido en favor de los de Omaha. Remy Abell en el tiro exterior, hizo un buen partido para Xavier, pero destacó, sobre todo, Jalen Reynolds, quien, desde el banquillo, aportó 17 puntos, 8 rebotes y 3 tapones. 
Finalmente, para cerrar este círculo, una derrota en el Madison Square Garden de New York ante Saint John's. Una derrota, además, contundente, ya que los Red Storm se impusieron por 84 a 66. De nuevo, Rysheed Jordan y D'Angelo Harrison se bastaron para derrotar a los de Nebraska: el primero se fue hasta los 25 puntos, 6 rebotes y 4 asistencias, y el segundo consiguió 21 puntos, 10 rebotes y 6 asistencias. En los bluejays, solo funcionó el banquillo. Rick Kreklow rindió con 10 puntos y 10 rebotes en el quinteto, pero fueron los reservas los que maquillaron el resultado: James Milliken consiguió 10 puntos, pero los más destacados fueron los interiores reservas. De nuevo, Geoffrey Groselle, con 13 puntos y 4 rebotes, y nuestro compañero Will Artino, con 12 puntos y 5 rebotes. 
El equipo no volverá a la competición hasta el próximo sábado, 14 de Febrero, cuando Marquette visitará el CenturyLink Center de Omaha. Será una oportunidad para abandonar el farolillo rojo de la Big East, en posesión de Creighton ahora mismo con 2 victorias y 10 derrotas. Marquette, con 3 y 8 es el siguiente por la cola. Villanova y Butler lideran la conferencia en estos momentos. De todas formas, parece que la temporada, que empezó muy bien, comienza a combarse como se esperaba al principio. La marcha de los seniors Grant Gibbs, Ethan Wragge y Doug McDermott no podía suponer más que un necesario proceso de renovación. Parece que a Greg McDermott le costará reequilibrar el equipo. 
Por cierto, ya que la entrada me ha salido larguísima, aprovechemos para perder el hilo un poco más. Si os interesa, sabed que Grant Gibbs sigue rindiendo en el Zwolle holandés, ahora mismo, colocado en cuarta posición en la liga holandesa, a cuatro victorias del líder Leiden, donde está destacando el surinamés Worthy de Jong. Doug McDermott, por su parte, regresó a la cancha después de una larga lesión que le ha echo perderse varios partidos con los Bulls. La otrora estrella de Creighton ha jugado solo 20 de los 51 partidos que ya lleva su equipo. Al principio, Thibodeau le incluyó en sus cortas rotaciones, pero fue perdiendo peso hasta que se lesionó. Desde que regresó, no había rendido a gran nivel, pero en el último partido de los Bulls (victoria contundente ante los Pelicans), McDermott aprovechó los cuatro minutos que le dieron para conseguir 9 puntos. Su mejor puntuación desde los 12 puntos que le endosó a New York Knicks y Orlando Magic. Esperemos que sea un punto de inflexión en la primera temporada del bluejays como profesional. Por su parte, Ethan Wragge acaba de jugar esta misma mañana un nuevo partido en ACB. Ha empezado de titular ante el Manresa, para ir perdiéndose poco a poco en el banquillo del Bilbao Basket. Ha lanzado tres triples, prácticamente consecutivos, de los que ha anotado uno. Y ha intentado una canasta de dos, recibiendo, a cambio, un enorme gorro. Más o menos, es el resumen de lo que va de temporada para él: tiros de tres y pocos minutos. 
Y yo creo que éste es el momento adecuado para dejar de escribir. Volveremos con los de Omaha, pero más adelante, y esperamos que con más victorias.