sábado, 17 de marzo de 2018

Martin Krampelj

Fotografía de dailypress.com através de google images


Bueno, gente, los pocos que seguís por aquí, vamos a ir al grano porque llegamos muy tarde y arrastramos mucho retraso. 
La temporada de Creighton se ha acabado. Lo hicieron perdiendo en la primera ronda de las rondas finales por el título nacional, eso sí. Es decir, recibieron una invitación por segundo año consecutivo a pesar de no haber tenido, exactamente, una buena temporada en la Big East.
El buen partido de Barry Brown, pero, sobre todo, los 17 puntos (3 de 5 en triples) de Mike McGuirl desde el banquillo (en tan solo 22 minutos) fueron suficientes para frenar a unos bluejays que ya perdían por seis al descanso. Se mantuvieron cerca pero quedaron lastrados por el mal partido de sus dos mejores hombres a lo largo de la temporada: Marcus Foster (5 puntos con 2 de 11 en tiros de campo) y Khyri Thomas, aunque éste estuvo algo mejor: 9 puntos, 7 rebotes, 4 asistencias y 3 robos. El mejor fue un Mitch Ballock que ha aprovechado su promoción a la titularidad: 16 puntos, 8 rebotes. Entre él y Toby Hegner (12 puntos y  7 rebotes) intentaron mantener vivas las esperanzas. Un  tanteo de 10-2 al comienzo marcó el resto del partido. K-State consiguió así su primer pase a la segunda ronda desde 2012. 
Antes de todo esto, por supuesto, que no lo contamos aquí, los chicos de Greg McDermott también participaron en la lucha por el título de la conferencia Big East, que, ya lo adelanto, se lo llevó finalmente Villanova. Los de Omaha también cayeron a las primeras de cambio, esta vez, ante Providence. 72-68 en un partido que controlaron en el primer tiempo y perdieron en la prórroga. El buen partido de Alpha Diallo, 19 puntos y 9 rebotes y los tiros libres de Isaiah Jackson al final fueron suficiente ante los 19 puntos también de Marcus Foster y el buen partido de Davion Mintz (14 puntos, 6 asistencias y 4 rebotes). Los Friars llegarían a la final, tras sorprender en semifinales a Xavier, pero caerían ante la Villanova de Jay Wright.
Por cierto, Providence, Creighton, Butler, Xavier, Villanova y Seton Hall han representado o están representando a la Big East en el March Madness. Providence y Creighton ya están fuera. Los primeros perdieron ante Texas A&M y de los segundos ya os hemos hablado. Siguen adelante Butler, que eliminó a Arkansas y jugará en segunda ronda contra Purdue; Seton Hall, ganadores ante NC State y que se verán ahora las caras contra uno de los grandes favoritos, Kansas; Xavier, rotundos ante Texas Southern (102-83) y preparados para recibir ahora a Florida State; y, finalmente, Villanova, sin problemas para eliminar a Radford por 87 a 61 y a la espera de una segunda ronda que les enfrentará a Alabama. 
Se acaba así una temporada para los bluejays que, desde fuera y lejos, al menos, parece de transición. El año que viene ya no estarán jugadores como Marcus Foster y Toby Hegner. Si sigue Khyri Thomas, habrá que confiar en el crecimiento de jugadores como Mitch Ballock, Jacob Epperson, Ronnie Harrell Jr, Davion Mintz, Ty-Shon Alexander y nuestro titulante, Martin Krampelj. Su lesión, igual que el año anterior con Maurice Watson Jr, ha hecho mucho daño al equipo. Krampelj se había convertido en un arma tanto en defensa como en ataque y hacía al equipo más sólido. Sus problemas físicos y los de Ronnie Harrell Jr han marcado el final de temporada. Como digo, sin embargo, creo que el futuro promete. Lo veremos, si seguimos contándolo aquí el año que viene. Os contaremos, también, si sucede, qué pasa con Marcus Foster o Toby Hegner. Habrá que ver si ambos se unen a Doug McDermott y Justin Patton en la NBA o si emigran al baloncesto internacional como otros exCreighton que siguen en activo como Justin Carter, Jahenns Manigat, Geoffrey Groselle, Will Artino, Kenny Lawson Jr o Grant Gibbs. 

Estamos en pleno March Madness, sí, y, curiosamente, el que escribe está en Boise, Idaho, una de las sedes de la primera ronda, así que os hablaré, aunque tenga que ser brevemente, de todo ello en la próxima entrada. Para los que quedáis por aquí, sí. 

jueves, 8 de marzo de 2018

Julen Irizar

Fotografía encontrada en google images, al parecer, una captura de youtube.com


La temporada ciclista va pillando ritmo poco a poco y también va ganando hueco en este blog. Esta semana, con la Tirreno-Adriático y la París-Niza aprovechando el resacón de Andalucía y Strade Bianche apuntan hacia el comienzo de los momentos más interesantes de la temporada. Ya hay nombres propios, gente como Dylan Groenewegen, el joven italiano Matteo Moschetti, Lilian Calmejane, Alejandro Valverde... Pero todos estos ya reciben la luz de los focos y la atención de otras fuentes. 

Aquí, a menos de un mes de que empiece nuestra semana grande, con el Gran Premio Miguel Indurain a finales de marzo y unos días después la Itzulia, vamos a hacer un repaso general de cómo ha empezado el pelotón vasco. El resumen más estricto hablaría de la ausencia de victorias en los pocos meses que llevamos, pero, la verdad, parece que la primera anda cerca y ha habido detalles para tener esperanza y confiar en que ésta será una buena temporada para el ciclismo de esta región. 
Allá por el 7 de febrero de este año, el diario Deia entrevistaba a Jorge Azanza, director técnico de la Fundación Euskadi, para que hiciera una primera valoración de la temporada después de pasar dos pruebas importantes para el renacido proyecto vasco, la Vuelta a Valencia y la Challenge de Mallorca. Las palabras de Azanza estaban llenas de eso que mencionábamos antes, esperanza: “Estoy contento con el rendimiento que hemos tenido como equipo teniendo en cuenta que somos un equipo muy joven y que nos hemos medido a equipos muy potentes.” De la misma manera, Jon Odriozola, responsable del proyecto Euskadi-Murias Taldea, el equipo ciclista que ha recuperado la competición de élite para el pelotón vasco, hacía hace poco unas declaraciones en la misma línea: "La valoración es positiva", declaraba en la web oficial del equipo después de la buena actuación de sus corredores en la Vuelta a Andalucía, aunque también mencionaba los resultados cosechados en Francia. 

Hay esperanza. Aunque, supongo, esperamos con ansias que cualquiera de los corredores que visten estos maillots, verde y/o naranja, entren por una línea de meta con los brazos en alto. En este blog, valoramos más cosas que las victorias, pero tenemos la sensación de que, este año, cualquier triunfo tendrá el valor añadido de impulsar aún más la ilusión que los aficionados tenemos en este aparente renacer del ciclismo vasco, en cuanto a los equipos se refiere.

Como decíamos, no ha habido victorias hasta ahora, pero han estado cerca. Julen Irizar se quedó a 200 metros en la primera etapa del Tour de Haut-Var, justo los que le quedaban para llegar a meta. Le atrapó el pelotón y ganó Christopher Laporte. Para compensar, le vamos a otorgar el titular y la fotografía de esta entrada. Más cerca aún que Irizar, a milímetros, se quedó hace unos días Gorka Izagirre. Fue la pequeñísima distancia que le dio la victoria a Arnaud Demare en la primera etapa de la París-Niza. El mayor de los Izagirre hizo ayer una buena contrarreloj en Francia, quedando 6º, con el mismo tiempo, excepto por algunas décimas, que su hermano, Ion Izagirre, quien acabó un puesto por encima de él. Ambos están bien colocados entre los diez primeros de la general de una prueba tan importante como la París-Niza, a la que le quedan, a partir de hoy, los días decisivos. A Gorka Izagirre se le ve cómodo en su nuevo equipo, el Bahrain, y ya se dejó ver en el Tour Down Under y el Tour de Oman (fue 7º y 3º en ambas generales finales). 

Entre los corredores vascos que compiten para equipos UCI ProTour, en lo que va de temporada, también se han dejado ver corredores como Jonathan Castroviejo, 2º en la contrarreloj del Tour de Abu Dhabi o, sobre todo, un Mikel Landa al que algunos ponen como favorito en una Tirreno-Adriático de lo más interesante con el elenco de participantes que presenta. Landa empezó la temporada en Andalucía y lo hizo bien. Solo Tim Wellens pudo con él en Alcalá de los Gazules y perdió cuatro puestos en la general el último día, en la contrarreloj final, para acabar finalmente 6º. Buenas sensaciones. También Pello Bilbao tuvo protagonismo en Valencia. Acabó 7º en la general y aprovechó para lanzar mensajes ambiciosos cuando le entrevistaban.

En la Vuelta a Andalucía, tuvo protagonismo el Euskadi-Murias Taldea de Jon Odriozola. Apareció Jon Aberasturi por algún esprint e hizo 6º en una de las etapas que acabaron con final veloz. Eduard Prades y Gari Bravo hicieron entre los treinta primeros en la general. De todas formas, el gran protagonista en Andalucía fue Mikel Bizkarra, quien se codeó con los mejores en la montaña, llegando en Allanadas a un suspiro de Chris Froome y acabando 12º en la general final. Su equipo, el Murias Taldea, también ha tenido buenas posiciones en Francia. Cyril Barthe hizo un top ten en una etapa del Tour de Haut-Var, y ha hecho entre los treinta primeros (y entre los seis mejores en la clasificación de jóvenes) en las tres pruebas por etapas que ha disputado al otro lado de la muga, la ya mencionada Haut-Var, el Tour de la Provence y la Estrella de Besseges. En Francia, como ya hemos mencionado, se dejó ver, y bien, Julen Irizar, tanto en Haut-Var como en el Tour de La Provence. Precisamente en Haut-Var, el joven aragonés del Murias Taldea, Fernando Barceló, se subió al pódium final como vencedor de la general de la montaña. En la challenge de Mallorca que abría la temporada, Enrique Sanz estuvo muy activo e hizo una meritoria cuarta posición en el Trofeo Palma.

También han tenido un comienzo de temporada vistosa los vascos del Caja Rural. Jonathan Lastra y Julen Amezqueta se dejaron ver en la Volta al Algarve. Mención especial para un Amezqueta que se lució en el Alto do Malhao y estuvo con los mejores, y los mejores eran buenos, gente que estará en los periódicos durante la temporada. En el Algarve, el benjamín del pelotón vasco, que repite en Portugal aunque haya cambiado de equipo, Xuban Errazkin, acabó 5º en la clasificación de los jóvenes. Otro corredor vasco de la marea verde se mostó en el Tour de Omán, Álex Aranburu, haciendo 21º en la general y terminando 6º en la clasificación de jóvenes. También en la Volta a Valencia hizo Aranburu entre los treinta primeros. 

Por su parte, la Fundación Euskadi ha dejado destellos. Hizo una buena Vuelta a Andalucía uno que se estrena, Ibai Azurmendi, rozando los treinta primeros de la general final. Al equipo, como comentaba Azanza en la entrevista ya mencionada, se le exige que sea belicoso y lo intente. Y lo hacen, así que no hay más que exigirles. Un dato para ilustrarlo: Ion Ander Insausti, una de las mejores bazas del equipo, se pasó 188 kilómetros escapado en Valencia.

No hay victorias, solo pequeños detalles. Para algunos, será poco. Incluso puede parecer exagerado que nos conformemos con esto. Pero lo que está claro, en mi opinión, es que es mejor dar pasos pequeños que no poder dar ninguno y permanecer quieto. Aunque los pasos sean cortos, se están dando. Y, poco a poco, a algún lugar llegaremos, digo yo. Además, no son pasos, son pedaladas, así que mejor aún.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Tiesj Benoot

Foto de Strade Bianche a través de web Zikloland


Ha sido emocionante hasta leer las crónicas. Los datos siempre son fríos: un día de competición, 184 kilómetros, 146 participantes y un solo ganador, Tiesj Benoot. Detrás de él llegaron Romain Bardet y Wout Van Aert. Casi 100 de los participantes no computaron o no terminaron. El último en llegar a Siena y merecer un puesto en la clasificación final fue el norteamericano Sep Kuss, puesto 53º, a veintiún minutos y cuarenta cinco segundos del ganador final. Eso es la Strade Bianche.
Siena tiene la clásica que antecede a los meses belgas. La tiene desde 2007, cuando ganó Alexander Kolobnev. Solo Michal Kwiatkowski (2017 y 2014) y Fabian Cancellara (2008, 2012 y 2016) han repetido victoria. El primer ganador italiano fue Moreno Moser, en 2013. Antes y después, le antecedieron y le sucedieron una buena lista de ganadores: Thomas Lökvist, Maxim Iglinsky, Phillippe Gilbert, Zdenek Stybar, los ya mencionados y este mismo año Tiesj Benoot. 
Benoot es el segundo belga que la gana. Cuando la ganó Gilbert ya tenía 29 años. La prueba se llamaba Montepaschi Eroica y Gilbert ganaría ese año, además, la Flecha Brabanzona, la Amstel Gold Race, la Flecha Valona, la Lieja-Bastoña-Lieja, la Klasika de Donostia, el Gran Premio de Quebec y el Gran Premio de Valonia. Nadie le soplaba en la oreja. Antes, ya había ganado la Het Volk, Haut-Var, Fourmies, Le Samyn, París-Tours, Coppa Sabatini, Giro del Piamonte, el Giro de Lombardía o la Amstel Gold Race. Estaba en la cima de su carrera y venía escalando la pendiente desde años atrás. Gilbert es valón. Benoot es flamenco, pero hay algo más que los diferencia. Esta Strade Bianche tiene una significancia distinta para cada uno de ellos. En el caso de Benoot es su primera victoria profesional. Tiene 23 años. El domingo cumplirá 24. Hizo entre los veinte primeros (20º concretamente) en el pasado Tour de Francia, empezando a apuntar las cualidades que le llevaron a debutar como profesional muy joven y que, hasta ahora, no había dejado deslizar. Cuando le entrevistaron en Siena contestó: "Sabía que ganaría algo grande algún día, y es hoy". Hoy es pronto. Le queda mucha carrera por delante. Y visto su ataque a 30 kilómetros, cómo ha agarrado a Bardet y Van Aert y el demarraje a 13 para el final, cabe pensar que éste no será su único triunfo. Repetir lo de Gilbert, eso ya son palabras mayores. 
Todo lo escrito hasta ahora son palabras, sí. Y esta fue una carrera para fotografías (no las voy a poner aquí, buscadlas, esas lenguas de tierra polvorienta y los corredores encorvados, buscadlas). La carrera blanca se hizo marrón. El polvo del sterrato que había coloreado siempre esta carrera se volvió tarquín, cataplasma en las piernas y los rostros de los corredores. Lo dijo Alejandro Valverde en línea de meta: "Un día de barro hasta después de la ducha". Los corredores llegaban a meta camuflados, engrudados en el fango de Toscana, el polvo que se hizo gordo con la nieve de temporada. Todos hablan de una carrera épica y las imágenes solo representan lo que fue, que coincide exactamente con lo que dicen. 
En un comienzo de temporada que nos está dejando malas noticias, las pesquisas parlamentarias sobre el Sky, el caso Froome, la crisis económica del Astaná, la no celebración de la Vuelta a La Rioja, oír hablar de ciclismo puro, leer palabras que no consiguen atajar todo lo que se vio y vivió en la carretera es, al mismo tiempo, un alivio y un recordatorio de lo que de verdad merece la pena de este deporte. 
Benoot y Anna Van der Breggen se llevaron los rotulados, por encima de los datos y los números, que siempre son fríos, pero Bardet presentó su candidatura a la gloria en un año muy importante para él y el tres veces campeón del mundo de ciclocross, Wout Van Aert, quizás aprovechado por el légamo, presentó su candidatura a la carretera. Su foto sin fuerzas en línea de meta acaparó espacio en la prensa. Alguien dijo que quizás estemos ante el próximo gran clasicómano, quién sabe. Quizás, ante lo que estemos, sea ante la próxima gran clásica: son solo una decena de años, pero quizás Santa Caterina y la Piazza del Campo sean, en unos años, tan simbólicos como el Muro de Huy o el bosque de Arenberg. 


Martin Krampelj



Esta vez, hemos dejado que volara el tiempo. Tanto, que vamos a recuperar nuestra cronología de la temporada regular de los Creighton Bluejays cuando ya ha terminado. Los chicos de Greg McDermott ya han jugado todos los partidos de liga regular. Están en capilla, a la espera de que este próximo 8 de Marzo, es decir, mañana, comience en New York el playoff por el título de conferencia. Luego analizamos todo eso. Ahora, recapitulemos y recorramos los ocho partidos sin cubrir que nos quedaban. 

En esos ocho partidos, los resultados no han sido del todo positivos. El bagaje es de 4 victorias y 4 derrotas. Sin duda, lo más destacable es la victoria ante la candidata absoluta al título de conferencia e incluso al título nacional: Villanova. Antes de derrotar a los Wildcats por 89 a 83 en Omaha, los Bluejays sufrieron dos derrotas consecutivas, en casa ante Marquette por 86 a 90 y en Indianapolis ante Butler por 70 a 93. Venían de derrotar, en un partido ajeno a la conferencia, a un equipo de inferior categoría como Bemidji State (94-46) y antes habían tenido dos resultados apretados, uno resuelto con victoria, ganando a DePaul en Chicago (76-75) y otro con derrota, perdiendo en casa ante Xavier por 71 a 72. Tras la histórica victoria ante Villanova, vencieron otra vez a DePaul, esta vez en Omaha, por un contundente 82 a 57. Eso sí, no pudieron cerrar la liga regular con buen sabor de boca y cayeron en Milwaukee ante Marquette por 81 a 85. 

La victoria en Chicago ante DePaul estuvo liderada por los dos mejores jugadores del equipo, Marcus Foster, con 29 puntos y Khyri Thomas, con 18. Ronnie Harrell Jr volvió a hacer un partido completo con 10 puntos, 8 rebotes y 5 asistencias. Aunque se quedara en 0 puntos, destacaron los 6 rebotes en 9 minutos del australiano Jacob Epperson. El protagonista exclusivo fue Marcus Foster. Un triple suyo a falta de 14 segundos le otorgó la victoria a los suyos después de remontar diez puntos de desventaja. Además, esa canasta fue exactamente su punto 2.000 en la NCAA, de los cuales poco más de 1.000 los ha conseguido en Creighton. 

Si un triple decidió el partido contra DePaul, los tiros libres decidieron la derrota en casa ante Xavier. A falta de menos de cinco segundos, tres convertidos por Harrell Jr pusieron en ventaja a los Bluejays, pero los dos que convertiría Quentin Goodin para Xavier cuando quedaban 0.3 décimas le dieron la vuelta al marcador. Foster, a quien se homenajeo al principio del partido por su punto 2.000 en el anterior, fue, de nuevo, el hombre más destacado de los de Omaha: 29 puntos, 8 rebotes y 3 asistencias. 

El trámite ante Bemidji se desarrolló sin problemas, con victoria contundente, doce jugadores en la rotación y alguno de ellos, poco habitual, como Kaleb Joseph, Tyler Clement o Jacob Epperson jugando muchos minutos. Por ello, los puntos y el rendimiento estuvieron más repartidos. Destacaron, sobre todo, el australiano Jacob Epperson, una de las grandes noticias de esta parte de la temporada, quien añadió 15 puntos y 6 rebotes, y Tyler Clement con 11 puntos y 3 asistencias. Foster se quedó esta vez en 12 puntos, aunque solo jugó 20 minutos. Eso sí, repitió sus 8 rebotes del partido anterior y fue, igualado con Harrell Jr, el máximo reboteador de su equipo. 

El siguiente partido también comenzó con homenaje, esta vez a Khyri Thomas por su punto 1.000 en el anterior encuentro, y se cerró con derrota, dolorosa, ante los Golden Eagles de Marquette. Unos Golden Eagles que, además, jugaron toda la segunda parte sin su principal arma anotadora, Markus Howard, por lesión. Entre Andrew Rowsey y Sacar Anim consiguieron que nadie se acordara de Howard. Por Creighton, el flojo partido de Foster, lo cubrió Khyri Thomas con 26 puntos, aunque destacaron, también, los habituales dígitos de Harrell Jr (6 puntos, 6 rebotes y 6 asistencias) y la eficiencia de Jacob Epperson quien, en ocho minutos de juego consiguió 14 puntos con 7 de 7 en tiros de campo. 

Más contundente aún fue la derrota ante Butler en Indianapolis. El 12 de 16 en triples que consiguieron entre Kelan Martin (26 puntos), Paul Jorgensen (17 puntos), Nate Fowler (15 puntos) y Henry Baddley (9 puntos) hundió a unos bluejays que no supieron actuar en defensa. Khyri Thomas y Marcus Foster se quedaron en 14 y 13 puntos, Ronnie Harrell Jr contribuyó con 8 puntos, 7 rebotes y 3 asistencias y, sobre todo, destacó Mitch Ballock desde el banquillo, con 15 puntos y 3 rebotes. 

Después de esta derrota, nadie podía esperar que los arrendajos azules fueran capaces de plantarle cara a Villanova. Lo hicieron, y después de una prórroga, se llevaron la victoria final. El quinteto inicial de los Wildcats hizo 77 de los 83 puntos del equipo y, quizás, en esa dependencia estuvo la clave del partido. Marcus Foster y Khyri Thomas lideraron al equipo, el primero volviendo a su mejor imagen, 28 puntos y 8 rebotes, y el segundo añadiendo 24 puntos. Aún así, destacaron otros tres jugadores: Mitch Ballock, con un espectacular partido de 13 puntos, 8 asistencias, 6 rebotes y 3 robos en su primera aparición como titular; Davion Mintz, con el que probablemente sea su mejor partido de la temporada, logrando 10 puntos, 9 rebotes y 6 asistencias y Jacob Epperson quien, desde el banquillo, sumó muchos minutos y consiguió 12 puntos, 5 rebotes y 2 tapones. Hay que añadirle, además, un mérito más: no jugó Ronnie Harrell Jr, lesionado en un pie, y quien siguió siendo baja en el resto de partidos de la conferencia.

Quizás por la inercia del subidón, DePaul también se llevó una paliza en el siguiente partido, segundo consecutivo en el CenturyLink. 20 puntos y 4 asistencias para Marcus Foster y 16 puntos, 8 rebotes, 8 asistencias y 5 robos para un genial Khyri Thomas. Mitch Ballock repitió como titular y aportó 9 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias. Entre los meritorios destacó Ty-Shon Alexander con 13 puntos y 2 rebotes. 

No se pudo cerrar la temporada alargando la buena racha y Marquette volvió a vencer a los de Omaha, esta vez, en su casa. Y eso que los de Greg McDermott ganaban de 5 al descanso y llegaron a tener una ventaja de 11; pero, un 10 de 12 en triples en la segunda parte (de nuevo, una mala defensa del tiro exterior) llevó a la remontada y a terminar la temporada regular con una derrota apretada. Marcus Foster despidió el año en la Big East con 29 puntos y 7 rebotes, bien secundado por Khyri Thomas, 24, 9 rebotes y 4 robos. 7 puntos y 6 asistencias para un Davion Mintz que parece haber cogido más responsabilidad con la lesión de Ronnie Harrell Jr. 

Con estos resultados, Creighton terminó la liga regular en la Big East en cuarta posición, empatado a victorias con Seton Hall (3º) y Providence (5º). Por delante de ellos se clasificaron Xavier, en el primer puesto, con un récord de 15-3 y Villanova, 14-4. En sexta posición se clasificó Butler. Por lo tanto, los cuatro últimos, Marquette, Georgetown, St. John's y DePaul se jugarán ser los rivales de Xavier y Creighton en los cuartos de final, mientras que las otras dos eliminatorias ya están decididas, Creighton-Providence y Seton Hall-Butler. Los partidos se disputarán entre hoy 7 de Marzo y el sábado 10 de Marzo en el Madison Square Garden de Nueva York. Como hemos dicho al principio, Creighton debutará mañana, 8 de Marzo. 

Con estos resultados, Creighton se ha caído de las listas de 25 candidatos al título final. Ni en el AP Top 25 ni en el USA Today Coaches Poll aparecen, aunque sí están en la letra pequeña, en la lista de equipos que no han entrado pero sí han recibido puntos. Virginia encabeza la lista, seguida por dos miembros de la Big East, Xavier y Villanova, y otro puñado de favoritos (Duke, Gonzaga, Michigan, Michigan State, Cincinnatti, Kansas o Purdue) que repiten en ambas listas. 

Tras la temporada regular, también destaca que Khyri Thomas ha ascendido mucho en las previsiones para el draft de 2018 y el que ha caído es Marcus Foster. En nbadraft.net, Thomas aparece en el puesto 19 por Washington, mientras que Foster ha desaparecido de la lista de 60. Los expertos de cbssports.com no incluyen a ninguno de los dos entre los 30 primeros de la primera ronda. En uno reciente de Basketball Insiders, aparecía Thomas entre los 30 primeros, no Foster. Es muy pronto, ya veremos cómo queda esto. 

A la espera de que hoy se anuncien los premios principales de la conferencia, ya se han repartido las distinciones de mejores equipos de la Big East y Marcus Foster ha sido incluido en el primer equipo, Khyri Thomas en el segundo y Mitch Ballock en el de debutantes. Foster, por cierto, que estaba en las quinielas finales para entrar en la lista de los quince candidatos definitivos al prestigioso premio John Wooden ha quedado finalmente fuera. 

De todo lo que ocurra este fin de semana, hablaremos la próxima semana.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Galder Reguera



He decidido que, si iba a hacerlo (una condicional justo antes de una demostración de fuerza y afirmación no es algo muy halagüeño, ¿verdad?), debía hacerlo ya. 

He leído el libro en dos plazos. 

Me lo compré en Navidades. Como una especie de auto regalo descuidado. Pasas por allí, lo ves, lo coges, y te animas. Empecé a leerlo a los pocos días, sin prisa, pero con continuidad. Eso es algo que no me sucede últimamente. Y últimamente tiene tantos años de significado como letras el adverbio. Hace mucho que no leo con soltura. Sigo comprando libros, y los apilo. Antes podía acercarte a las baldas de casa (cada vez hay menos, porque otras preferencias han requerido el espacio, pero siempre habrá baldas) y hablarte de libros que leía. Hoy casi es más fácil acercarse y que te cuente algo de los que he comprado y pretendo (pretendía) leer. Antes no tenía el trabajo que tengo ahora. Antes leer y escribir no eran funciones, tareas o simplemente actividades que ocuparan ese tiempo medido que le dedicamos a la obligación.

Este empecé a leerlo como antes leía los libros. Cuando era más joven y vivía más tiempo solo, aunque estuviera acompañado, los libros eran mi compañía, la íntima, aunque estuviera acompañado por otras cosas, por personas. Hacía piras a clase y me bajaba al borde de la ría a leer. Salía de casa los viernes a media tarde y me escondía junto a los depósitos de agua, para poder fumar, pero, de paso, leer. Me encerraba en mi cuarto, leía o escribía. Los domingos me montaba en el tren de cercanías y paseaba durante horas, indeciso, por los puestos de libros de segunda mano en la Plaza Nueva. Al volver, en el tren, ya empezaba y casi llegaba a casa con alguno leído. Con el tiempo fui abandonando los libros para abrazar la experiencia directa. 

Este empecé a leerlo como leía entonces. Y lo que es mejor: sin expectativas. No me gustaba el título, sí la portada. Por lo general, los libros que he leído de fútbol me han aburrido. No todos, pero muchos. No tenía muchas esperanzas. Ni tan siquiera sé por qué lo compré. Probablemente, porque me dije: si compras una novela, nunca la lees. Si compras poesía, la lees como si estuvieras escuchando en shuffle. Si compras ensayo, ni lo abres. No sabía muy bien de qué iba este, pero si era de fútbol, resultaría más llevadero. Para leer en el metro. Cuando te encierras en el baño. Si se jode internet y no funciona Netflix. Ya me entiendes.

Así empecé a leerlo, pero también lo dejé, lo abandoné, me olvidé de él cuando iba por la mitad. Porque podemos tirarnos horas dando consejos, leyendo cómo nos los dan, aspirando a oler las nubes, lo que tú quieras, pero, al final, los que no sabemos cómo hacerlo mejor, acabamos superados por la rutina. Así que tuve que dejarlo aparcado ahí, junto al teléfono fijo, que tampoco se usa, y volver a otras lecturas más rutinarias y obligatorias.

Sin embargo, hace un par de días pasé por Lezama. Mi mejor amigo curra allí, en las instalaciones más que en el pueblo. Era miércoles por la tarde y no había entrenamiento del primer equipo. Estaba todo quieto y en silencio. La lluvia ligera parecía una cortina, un telón de fondo. Estuvimos un rato charlando debajo de la cornisa de la cafetería. Hasta que la abrieron y entramos dentro a tomar un café. Vi a Blas Ziarreta pasear tranquilo con el paraguas abierto. No sé si antes o después le hablé a mi amigo del libro y entonces me acordé de él.

He terminado de leerlo hace diez minutos. En un tirón de un par de días, sin que me importara lo que dejaba aparcado para seguir adelante con éste, como leía entonces y como aún, y este me ha servido de prueba, soy capaz de seguir leyendo ahora. Según he terminado, he sabido que, como decía al principio, si iba a escribir de ello, tenía que hacerlo ya. Así que ya lo estamos haciendo.

El libro en cuestión, que quizás es lo primero que deberíamos haber dicho pero aquí nos gustan los rodeos, es Hijos del fútbol, escrito por Galder Reguera y publicado por Lince en 2017. Unas 200 páginas, incluyendo el prólogo de Ignacio Martínez de Pisón, que intentan dilucidar la ecuación del título: ¿de qué va el libro? ¿De fútbol o de paternidad? Creo que hay un momento, casi al final, en el que Galder Reguera da la clave, y espero que se me permita citar: "No hay mucha diferencia entre el fútbol y la vida. Parece una frase barata de manual de fútbol, pero es así. Al menos, en mi caso. Lo que me sucedía (y cuando juego me sigue sucediendo) sobre el campo me pasa también fuera de él. En el fondo, todo me da miedo y en general no tengo ni idea de qué hacer." En este extracto, que luego desarrolla y relaciona con la paternidad, Reguera descubre el hilo que une las distintas historias de su libro y resume la esencia principal de todas ellas. Es un libro sobre relaciones, más que sobre fútbol: las relaciones padre-hijo, principalmente, pero desde diferentes ángulos o con distintas direcciones; las relaciones abuelo-nieto; aficionado-equipo; profesional-amateur; niño-adulto; escritor-personaje; filósofo-fanático; ego-yo. No es un libro de muchos personajes. Incluso los que parecen importantes, se hunden, se pierden. Yo los reduciría a dos, aunque, incluso, pensé en reducirlo a uno. La primera frase del libro es "Oihan, mi hijo mayor, pronto cumplirá cinco años". El libro se cierra con una conversación susurrada entre el padre y el hijo. Creo que, en realidad, la parte en la que el texto alcanza el desarrollo que quizás algunos personajes no tengan es en el tema: mezclar fútbol con la vida digamos normal. Las reflexiones personales del escritor, en torno a sus relaciones personales y profesionales, con la que construye una visión del mundo tan personal como extrapolable es quizás lo más enriquecedor de un texto que, por otra parte, una parte más técnica, se describe por su facilidad de lectura, a pesar de la profundidad de alguna de esas reflexiones, maduradas y acompañadas de citas, que, eso sí, combina con anécdotas, experiencias partículares y un espíritu biográfico que no desdeña el humor, sobre todo, ese incisivo que recae sobre uno mismo. Además, y sobre todo, a riesgo de parecer inocente y crédulo, diré que el libro desprende, al menos así lo he leído yo, sinceridad a la hora de traslucir los fallos y los vicios más que las virtudes y los aciertos, e inmediatez cuando juega con el filtro de la perspectiva al pasarlo todo a texto escrito.

En el debe, que hay que ponerle alguno, probablemente le pondría cierta falta de concordancia general. El texto discurre sin que sepamos de dónde venimos y a dónde vamos. Puede que forme parte de la naturaleza de un escritor que dice que aún no sabe atarse bien los zapatos, pero, en ocasiones, la falta de pausas, llámalo secciones, o de un hilo conductor más evidente y sólido, parece ir en contra de la eficiencia del texto. No es que yo sea un lector cómodo que quiere que se lo den todo trillado, o quizás sí y pretendo no serlo, pero creo que el uso de secciones, capítulos o saltos de página, por ejemplo, hubiera ayudado a estructurar ciertas historias o pasajes del libro, proporcionándole a la narración una redondez que habría ido en beneficio de lo que se cuenta.

En lo más general, podría añadir que, si quieres profundizar en el poso intelectual y literario que acompaña al fútbol, aquí lo encontrarás. Están mencionados todos, o casi todos, desde Eduardo Galeano a Juan Villoro. Puedes superar la misma indecisión intelectual que el autor parece confesar y convencerte de que no todo es lo que parece y que los extremos solo sirven para agudizar lo que hay en el medio. Ese es en parte el espíritu con el que se ha escrito este libro, abierto a abrazar la paradoja y lo contradictorio, incapaz de aceptar las cosas por herencia o estandardización. Además, encontrarás buenas anécdotas, como la de Ardiles y el número de su camiseta, por ejemplo, que podrás usar después en conversaciones de bar. Tú deberás ponerle tu propia moraleja, si quieres. Personalmente, he disfrutado aún más las reflexiones y opiniones de Reguera sobre el mundo del fútbol moderno, sobre lo que él llama el "fútbol humanista", sobre las profundidades de la condición de aficionado, el sesgo emocional que alguno aún subrayamos, su función social o cultural, y/o la educación o formación que este juego puede y debe proponer. Lo he disfrutado, sobre todo, porque Reguera las propone como preguntas, como meditaciones, más en base a la duda y la búsqueda de la respuesta que como afirmaciones contundentes que solo busquen iluminar y ponderar. Sus ideas, al menos a mí me ha ocurrido así, te llevarán a más preguntas y te ayudarán a ver que sí, el fútbol no difiere mucho de la vida, y, como ocurre con esta, en gran medida, es solo nuestra culpa que la/lo estemos arruinando.

A mi amigo le prometí que le prestaría el libro, pero antes, tengo que pasar las notas que he ido amontonando. Es uno de esos libros. De esos de los que provocan miedo en las cosas rasgables que tienes alrededor. Porque estás leyendo y, de repente, quieres seguir, pero quieres recordarte que, en algún momento, tendrás que volver a la página que quieres pasar, y miras a tu alrededor, y arrancas de donde puedas arrancar: kleenex, servilletas, post-its perdidos, la lista de la compra que aún llevas en el bolsillo, el resguardo de cuando repostaste en la gasolinera, la estampita de la virgen, lo que sea. Es, también, uno de esos libros de los que hablaba Holden Caulfield: de los que te dan ganas de coger el teléfono, llamar al autor e irte a echar unas cervezas para hablar del suyo y de muchos otros. Probablemente, hubiera sido capaz de hacer una crítica más fundamentada y seria si, precisamente, hubiera hecho eso antes: ir de vuelta a las notas y pasar de nuevo por las páginas. Pero he leído este libro como leía antes y también quería escribir como escribía antes: sin vértigo, sin puntos cardinales. Sin pausas. Sin los filtros que te da la conciencia, la consciencia y haber dejado de leer y de escribir como leía y escribía antes. Ahora, lo único que me queda es volver a jugar al fútbol igual de mal pero felizmente como lo hacía antes. Y hacerlo con mi hija, sin que me importe una mierda si me he atado bien o mal los borceguíes. 


jueves, 8 de febrero de 2018

Hank Biasatti



Esta entrada nace de la lectura de un artículo de prensa (para mí, digital) que se publicó hace unos días bajo el título de "Canadá también existe (y vaya que sí)". El artículo está firmado por Ángel Resa. En su escrito, Resa escribe sobre la candidatura de los Toronto Raptors para luchar por el triunfo en la conferencia Este, más aún después de la rotunda victoria por 111-91 ante los Celtics que era, en realidad, la que daba pie a el artículo.

Resa repasa el protagonismo regular de los canadienses en su conferencia, pero siempre "desde un segundo peldaño", como dice él. Como explica el autor hay causas externas, lo que el llama "culpas ajenas", que sería el mal rendimiento de otros equipos que estaban llamados a dominar (Cleveland Cavaliers, por ejemplo) pero también propias, por supuesto.

Resa destaca, sobre todo, al entrenador Dwayne Casey, ya en su séptima temporada, y el rendimiento exterior de dos hombres fundamentales, DeMar DeRozan y Kyle Lowry. Pero también incluye entre los argumentos favorables cómo han "estirado la plantilla" y destaca, en el juego interior, el rol de Jakob Poeltl y Pascal Siakam como reservas de Serge Ibaka y Jonas Valanciunas. Termina destacando la aportación en la rotación de jugadores como Fred VanVleet, CJ Miles y Delon Wright. Y concluye:

"El cuadro de Casey es serio, riguroso y activo, tiene fe y hambre, quiere hollar las tierras elevadas que viene husmeando los últimos años sin alcanzar a pisarlas. De tercera opción del Este a pelear el título de la conferencia y empeñarse en representarla para la disputa del anillo."

Resa también incide en los buenos resultados domésticos y en la afición, una afición reconocida por su compromiso que se agrupan bajo la leyenda de "We the North". Ontario se ha quedado sola como representante de Canadá después del ya lejano traslado de Vancouver Grizzlies a Memphis. No incluye este dato, pero lo pongo yo, según el ránking de asistencia a los pabellones que hace (o al menos publica) la ESPN, pinchad aquí si lo queréis ver (ranking) , los Raptors son el cuarto mejor equipo de los treinta que componen la NBA en asistencia: con una media de 19.823 asistentes por partido en casa, solo superados por Sixers, Cavaliers y Bulls. Lo de los Bulls tiene mérito esta temporada (20.633 de media).

De todas formas, en esta entrada queríamos ir más lejos, más lejos de lo que va Resa aunque su titular pareciera que nos iba a llevar hasta allí. Aunque sea superficialmente, como siempre, en esta entrada aspiramos a observar la relevancia de Canadá, como país, en la NBA. Nos circunscribiremos, después de un breve análisis de los Raptors (e igual hasta de los Vancouver Grizzlies) al estudio numérico y parcialmente cualitativo de los jugadores canadienses participantes en la NBA, los que históricamente lo han hecho y los que aún lo hacen, así como su repercusión en el draft, moviéndonos solo en la franja de los últimos cinco años.

Empezemos por el único equipo canadiense que sobrevive en la liga profesional de baloncesto norteamericana. Según la web oficial de Toronto Raptors, la plantilla la conforman los siguientes jugadores: OG Anunoby, Lorenzo Brown, Bruno Caboclo, DeMar DeRozan, Serge Ibaka, Kyle Lowry, Alfonzo McKinnie, CJ Miles, Malcolm Miller, Lucas Nogueira, Jakob Poeltl, Norman Powell, Pascal Siakam, Jonas Valanciunas, Fred VanVleet y Delon Wright. Delon Wright, Fred VanVleet, Norman Powell, Malcolm Miller, CJ Miles, Kyle Lowry, Alfonzo McKinnie, DeMar DeRozan y Lorenzo Brown son norteamericanos. Pascal Siakam (Camerún), Jonas Valanciunas (Lituania), Jakob Poeltl (Austria), Serge Ibaka (España), Lucas Nogueira (Brasil), Bruno Caboclo (Brasil) y OG Anunoby (Inglaterra) son jugadores internacionales. El porcentaje es muy alto: el 43,75% de la plantilla son jugadores nacidos o con pasaporte que no es norteamericano. O no solo lo es. Si tenemos en cuenta el rendimiento, entre los diez jugadores más utilizados en lo que va de temporada, tendríamos que incluir a Ibaka, Valanciunas, Anunoby, Poeltl y Siakam, es decir, exactamente el 50%. No tienen ningún jugador canadiense. 

La única aportación autóctona la encontramos en el cuerpo técnico. Dwayne Casey, el entrenador principal, es norteamericano, y le ayudan compatriotas como Jerry Stackhouse, Rex Kalamian o Nick Nurse. Dentro del equipo de trabajo también está el escocés Alex McKechnie. Sin embargo, este equipo es más amplio y, en el mismo, nos encontramos a canadienses como Jama Mahlalela, de origen suazi; el ex NBA Jamaal Magloire; o a Scott MacCullough.

Precisamente Magloire, nacido en Toronto, terminó su carrera hace un lustro, más o menos, en la ciudad que le vio nacer, defendiendo los colores de los Raptors, tras pasar por Charlotte, New Orleans, Milwaukee, Portland, New Jersey, Dallas y Miami. Además de él, Anthony Bennett (2015-2016) y Cory Joseph (2015-2017), el último que lo hizo, también jugaron para los Raptors teniendo la nacionalidad de Canadá. No son muchos: tres jugadores en 23 años de historia.

Los Vancouver Grizzlies duraron menos. El equipo duró en Canadá seis años, jugaron unos 400 partidos y solo ganaron unos 100. 62 jugadores pasaron por aquel equipo mientras estuvo en Vancouver y ninguno fue canadiense. Y eso que tuvieron a jugadores internacionales en sus filas, como el venezolano Carl Herrera, el senegalés Makhtar N'Diaye, el dominicano Felipe Lopez, el beliceño Milt Palacio o el nigeriano Obinna Ekezie. Pero, como digo, canadienses, ninguno. Por cierto, echarle un vistazo a esa lista de 62 jugadores le trae al que esto escribe muchos recuerdos: Tony Massenburg, Antonio Daniels, Stromile Swift, Bobby Hurley, Bryant Reeves, Shareef Abdur-Rahim, Mike Bibby, Cherokee Parks, Byron Scott, Ashraf Amaya, Mahmoud Abdul-Rauf, Otis Thorpe, Antoine Carr, Benoit Benjamin... Algunos triunfaron, otros llegaban en la recta final, muchos tienen biografías como para hacerles un biopic en televisión. Vaya cuadrilla, y lo digo sin ánimo despectivo.

Parece, de todas formas, un bagaje muy pobre para un país como Canadá en la NBA, ¿verdad? Pero, la realidad, es otra. Que las franquicias canadienses hayan aportado tan poco a la lista de jugadores profesionales, no quiere decir que no haya jugadores provenientes de ese país. A día de hoy, de hecho, Canadá es el país que más jugadores ha aportado a la NBA, después de Estados Unidos, por supuesto. Hablamos de que los tiempos cambian, de que ahora hay más de 100 profesionales viniendo a la competición desde otros países, desde más de 40 países distintos. No sería difícil observar con estadísticas como ha cambiado la tendencia. Entre todos esos países, Canadá es el primero en el ránking. Tiene, más bien ha tenido, 38 jugadores profesionales en la NBA, aunque ocho de ellos tengan la nacionalidad pero hayan nacido fuera. El siguiente país es Serbia, con 28, que adelanta a Francia, 27, y Croacia, 22.

En la actualidad, siguen en la NBA los siguientes: Dillon Brooks, Khem Birch, Tyler Ennis, Cory Joseph, Trey Lyles, Jamal Murray, Kelly Olynyk, Dwight Powell, Nik Stauskas, Tristan Thompson y Andrew Wiggins. Muchos de ellos, están al comienzo de su carrera deportiva. Algunos, incluso apuntan alto. Todos sabemos cuáles, si te gusta el baloncesto y sigues la NBA. Por supuesto, también los hay que tienen una aportación residual en sus equipos. Por ejemplo, Khem Birch, quien llegó a los Orlando Magic desde Grecia, solo ha jugado 17 partidos, todos como suplente, aportando medias de 3.5 puntos y 3.4 rebotes por partido. Bien es cierto que Birch ha ido ganando peso en el equipo poco a poco y es ahora cuando más minutos está consguiendo. Tampoco ha jugado mucho Nik Stauskas, pero su temporada está siendo muy rara. Comenzó renqueante y ha acabado traspasado. Entre los Sixers y los Nets ha jugado 28 partidos, 6 con los primeros y 22 con los segundos. Tiene medias de 4.8 puntos y 1.7 rebotes pero creo que se puede esperar más de él cuando comience una temporada sin vaivenes. Tampoco Tyler Ennis está teniendo una temporada tan buena como la anterior en su segunda en Los Ángeles Lakers. Ha jugado 32 partidos, 11 como titular, y en sus estadísticas destacan solo sus 3.3 puntos y 1.8 asistencias por partido. También está yendo a menos en los Cleveland Cavaliers, pero desde ya hace tiempo, un Tristan Thompson que ha jugado 33 partidos en lo que va de temporada, 12 como titular. Promedia 6.2 puntos y 6.0 rebotes por partido. Mejor le está yendo al último canadiense que jugó en los Raptors, Cory Joseph, quien, en los Pacers, ha jugado 55 partidos, dos como titular, con medias de 7.8 puntos y 3.1 asistencias. También, pero este en los Dallas Mavericks, Dwight Powell se ha hecho un hueco en la rotación: 53 partidos, tres como titular, 7.1 puntos y 5.0 rebotes. Más protagonismo están teniendo nuestros cuatro últimos protagonistas. Por un lado, el rookie Dillon Brooks, quien, en su primera temporada en los Memphis Grizzlies, está sobreviviendo a la mala temporada del equipo de Marc Gasol, consiguiendo jugar (54 partidos, 46 como titular) y además aportar: 9.0 puntos y 3.1 rebotes de media. Kelly Olynyk pasó por su debut hace ya unos cuantos años, pero, en esta edición, cambiaba de equipo. En su primer año en los Miami Heat, promedia 11.0 puntos y 5.5 rebotes en 54 partidos, 21 de ellos como titular. Algunos esperaban más, pero de los que no se esperaba tanto, quizás, y están sorprendiendo gratamente, es de los dos canadienses de los Denver Nuggets, ambos en su segunda temporada en la NBA. Por un lado, Jamal Murray, quien ha jugado 53 partidos, 52 de ellos como titular, y lleva promedios de jugador importante: 16.6 puntos y 3.6 rebotes. Por el otro, Trey Lyles, que ha ido de menos a más, y ha jugado 49 partidos, 2 como titular, con promedios de 10.9 puntos y 5.3 rebotes. Nos quedaba uno, que hemos dejado para el final porque es probablemente en el que más esperanzas hay puestas para llegar a convertirse en una estrella de la NBA. Esta temporada, Andrew Wiggins ha jugado todo, 57 partidos, todos como titular, y quizás está siendo un poco irregular, pero promedia 17.9 puntos y 3.2 rebotes y su equipo es más competitivo.

No se acaba la lista con estos, por supuesto. La historia es muy larga y la historia de Canadá en la NBA, más aún. Sin ir más lejos, el primer jugador que deberíamos destacar en la historia que une a Canadá con la NBA, es precisamente al que muchos consideran oficialmente el primer jugador internacional en jugar en la NBA, aunque lo hiciera en la BAA, la predecesora de la NBA. Hablamos de Hank Biasatti, nacido en Italia pero criado y crecido en Canadá, quien, defendiendo los colores de los Toronto Huskies, sí, una franquicia canadiense, la única antes de los Vancouver Grizzlies y los Toronto Raptors, jugó la competición en 1946, antes de volver a dedicarse al béisbol. Por cierto, los Toronto Huskies tampoco irían más lejos de 1946.

Además de Biasatti, retrotrayéndonos en el tiempo, el siguiente nombre histórico es el de Bob Houbregs, el único jugador canadiense que, por ahora, está en el Basketball Hall of Fame, en el de la NBA. solo jugó cinco temporadas y lo hizo en cuatro equipos distintos durante los años 50. En los 70, fue general manager de Seattle Supersonics. Sin embargo, durante sus años en la NCAA, fue nombrado mejor jugador del año y le eligieron en el segundo puesto del draft de 1953.

También en aquellos años iniciáticos de los 40 y 50 jugaron otros canadienses como Norm Baker, Gino Sovran o Ernie Vandeweghe. En los 70, lo hizo Lars Hansen, quien también tenía la nacionalidad danesa; y, en los ochenta, nos encontramos con jugadores como Ron Crevier, Stewart Granger, Leo Rautins, Mike Smrek o Jim Zoet, algunos de los cuales, apenas tuvieron recorrido. De hecho, todos, Crevier (Pamesa Valencia), Granger (Stockholm), Rautins (Caja de Ronda, Ourense, Roma, Pau Orthez...), Smrek (Dafni, Forli, Split) y Zoet (Inglaterra, Holanda, Argentina...) acabarían buscándose la vida fuera de Estados Unidos. Ya en los 90 tenemos a Bill Wennington, con una larga carrera que empieza en 1985, en realidad. De hecho, Wennington llega a tener una larga carrera como profesional en la NBA pero dividida en dos épocas ya que, en el medio, se marchó a jugar en Europa, a Bolonia. Tras su vuelta, triunfa en los 90 con tres títulos NBA con aquellos Bulls de Michael Jordan. También en los 90, tenemos Todd MacCulloch, quien se retiraría pronto debido a una lesión crónica. Pero, sobre todo, en esta década nos encontramos con el comienzo de dos de las carreras más exitosas de jugadores de este país: las de Rick Fox y Steve Nash. Probablemente, no sean comparables, pero en el contexto de este estudio ambas son relativamente exitosas. Fox estuvo en la NBA de 1991 a 2004 tras llegar desde los Tar Heels de North Carolina, con los que llegó hasta una final four. Elegido en el puesto 24 de la primera ronda por los Boston Celtics, estuvo seis temporadas antes de pasar a Los Angeles Lakers y completar siete más. Sus promedios en la NBA son de 9.6 y 3.8 rebotes en el total de su carrera. Fue tres veces campeón de la NBA, con los Lakers de Kobe Bryant, Shaquille O'Neal y un recién llegado Phil Jackson, que le sacaría mucho rendimiento a Fox, tanto de titular como de suplente. Por su parte, poco se puede añadir a todo lo ya dicho sobre los casi 20 años de carrera de Steve Nash. Dos veces mejor jugador de la NBA, 8 veces All-Star, 5 veces líder en asistencias, tercer jugador con más asistencias en la historia de la NBA por detrás de John Stockton y Jason Kidd. Quedará en la historia por ser uno de esos jugadores sin anillo, aunque hace poco lo consiguió por su trabajo en el apartado técnico con los Golden State Warriors. En cualquier caso, sus Phoenix Suns de los años 2000 pasarán a la historia, aunque sea sin títulos. 

Entrados en el siglo XXI los nombres abundan pero son muchos los que apenas duran: Shim Bullar, un pívot de 2,26, apenas dura una temporada, y poco más duran jugadores como Kris Joseph (ahora en el Élal Chalon francés), Andy Rautins (ahora en el Banvit turco), Kyle Wiltjer (ahora en el Olympiakos griego), Naz Mitrou-Long (Salt Lake City Stars) o Chris Boucher (Santa Cruz Warriors). Aunque estos dos últimos disfrutan, si no me confundo, de esos contratos two-way con los que combinan la NBA y la nueva G-League. Mitrou-Long ha llegado a jugar esta temporada con Utah Jazz, no así Chris Boucher, quien, por cierto, es, en realidad, natural de Santa Lucía. Más carrera hicieron jugadores como el mencionado Jamaal Magloire, Samuel Dalembert, de origen haitiano, Anthony Bennett, aunque no muy exitosa a pesar de las expectativas (y eso que ha sido campeón de la Euroliga), Joel Anthony, dos veces campeón NBA con los Miami Heat, Robert Sacre (ahora en los Hitachi SunRockets Tokyo-Shibuya japoneses) o Andrew Nicholson (ahora en los Guangdong Southern Tigers de China).

Antes de terminar, y como prometíamos al principio, también parece significativo echarle un vistazo al draft para hacernos una idea del peso que tiene Canadá en la producción de jugadores para el mercado profesional norteamericano. En 2013, Anthony Bennett, formado en la Universidad de Nevada Las Vegas, se convirtió en el noveno jugador no norteamericano en ser la primera opción del draft. Antes que él lo habían sido el nigeriano Hakeem Olajuwon (pero internacional por los Estados Unidos); Tim Duncan, el mismo caso que Olajuwon pero natural de las Islas Vírgenes; Michael Olowokandi, de Nigeria pero criado en Inglaterra; el chino Yao Ming; el italiano Andrea Bargnani; y los australianos Andrew Bogut y Kyrie Irving. Tan solo un año después de que Bennett fuera número uno del draft, su compatriota Andrew Wiggins le sucedería. De todas formas, en estos últimos años, ha habido más canadienses en los primerísimos puestos de este importante proceso de selección: Kelly Olynyk fue 13º en 2013, Nik Stauskas, 8º en 2014, Trey Lyles, 12º en 2015, y Jamal Murray, 7º en 2016. En el último draft, el de 2017 no hubo ningún canadiense entre los primeros. Dillon Brooks, por ejemplo, fue elegido en la segunda ronda, muy lejos. De hecho, este último draft ha sido, quizás, no lo he estudiado, el año más norteamericano de los últimos y Markelle Fultz, aún sin debutar, fue el primer norteamericano en ser primero desde Anthony Davis en 2012. Con vistas al futuro, en las previsiones para el draft de 2018, suele aparecer en algunas apuestas el nombre del canadiense Shai Gilgeous-Alexander, base de la Universidad de Kentucky.

En cualquier caso, lo que está claro es que Canadá existe y cuenta. Tan claro como la tendencia al alza en la ampliación del campo de interés de las franquicias norteamericanas. Podríamos cerrar esta larga entrada, ofreciendo alguna reflexión sobre los pros y los contras de esto, pero no seríamos muy originales ni tenemos el tiempo, los recursos y el talento como para hacerlo. Terminaremos con otra reflexión, sorprende una cosa si tienes en cuenta todos estos datos. Si aceptamos como un valor cualificable que un jugador reciba la llamada de una franquicia norteamericana para jugar con ellos, lo haga más o menos, es decir, si aceptamos la prevalencia de la NBA como un indicador de calidad y competitividad, sorprende el poco rendimiento de la selección de baloncesto de Canadá en competiciones internacionales. Instalada en la sección FIBA Americas, los canadienses tienen una medalla de plata en las Olimpiadas como gran logro internacional, pero esta data de 1936. Sus otros éxitos internacionales son más recientes, eso sí, sobre todo la medalla de plata en los Juegos Panamericanos, que consiguieron en 2015. Muchos de los nombres que hemos mencionado aquí estaban en aquella selección (Shim Bullar, Anthony Bennett, Jamal Murray, Kyle Wiltjer, Andrew Nicholson o Dillon Brooks). Quedaron por delante de los Estados Unidos de Malcolm Brogdon, Anthony Randolph, Taurean Prince, Ron Baker o Keith Langford) pero no pudieron con la Brasil de Ricardo Fischer, Raulzinho Neto, Rafael Luz, Vitor Benite, Augusto Lima o Raffael Hettsheimeir. Por cierto, la selección femenina se llevaría el oro aquel año. Además de esta medalla de plata, los otros éxitos de Canadá nos refieren al FIBA AmeriCup, la competición equivalente al Eurobasket. Dos medallas de plata, en 1980 y en 1999 (con Steve Nash); y cuatro de bronce, 1984, 1988, 2001 (con Steve Nash) y 2015. Sorprende, sin embargo, que en 13 apariciones en el Campeonato del Mundo de baloncesto, su mejor posición haya sido un sexto puesto, y ambos logrados en 1978 y 1982. Solo han participado en tres de las últimas ediciones, la de 2010, no calificándose para ninguna de las otras dos. Y en la de 2010, que tuvo lugar en Turquía, terminaron en la posición vigesimosegunda, es decir, antepenúltimos. Jugaron cinco partidos y perdieron los cinco, ante Lituania, España, Líbano, Nueva Zelanda y Francia. Hubo, sin embargo, un detalle numérico para la esperanza. Y es que excepto la derrota ante España, en el último partido del grupo, que fue por 22 puntos de diferencia, las demás derrotas fueron apretadas o relativamente apretadas: perdieron por 10 ante el Líbano y Nueva Zelanda, por solo dos puntos ante Lituania y de cinco ante Francia. El equipo canadiense, dirigido por un ex NBA y ex ACB al que ya hemos mencionado aquí, Leo Rautins, estaba formado por jugadores que también aparecen en negrita en esta entrada: el hijo del entrenador, Andy Rautins, Kelly Olynyk, Robert Sacre o Joel Anthony. 

Posdata: Más que nada porque fue el primero, vamos a darle el titular a Hank Biasatti, aunque no hayamos dicho gran cosa de él. La fotografía solo tiene relación con esta entrada porque hablamos de Canadá. Por lo demás, me parece una fotografía magnífica. No puedo dejar de fijarme en los detalles, tú.

sábado, 3 de febrero de 2018

Martin Krampelj

Imagen de google images, aparentemente desde la web de Omaha World-Herald.


Desde que lo dejamos con una racha de tres victorias consecutivas en partidos de la Big East, nos hemos perdido una secuencia de seis partidos, dentro de la misma conferencia, que han resultado en un récord igualado para los arrendajos azules: tres victorias y tres derrotas. Con estos resultados, los de Creighton son cuartos en la clasificación de la conferencia con 7-4. Quedan siete partidos de conferencia para terminar la ronda regular y a los de Greg McDermott les aparecerán cinco partidos contra equipos que están peor o igual que ellos. Será difícil que venzan a Xavier o Villanova, aunque a ambos los reciben en el CenturyLink de Omaha y eso siempre puede ser un factor a favor. Pero, los otros cinco partidos serán contra Butler, a quien ya han ganado y tiene el mismo récord que ellos, y De Paul y Marquette, a los que se enfrentarán en dos ocasiones con cada uno de ellos. Los dos tienen récords negativos. Por lo tanto, podemos concluir que los Bluejays no tienen disculpa para mantener esa cuarta posición e incluso disputarle la tercera a Seton Hall. 

Sin embargo, antes de que pasemos a repasar los seis partidos de los que aún no habíamos dado cuenta, debemos dar la noticia más negativa que ha protagonizado este periodo de la temporada. Igual que pasó el año pasado con Maurice Watson Jr, los Bluejays también se han visto este año sorprendidos con una baja en el momento más oportuno de la temporada. Y, para este blog, más triste aún, porque el jugador que ha caído lesionado para una larga temporada (lo que resta de la misma) ha sido el que da título a nuestras entradas: el esloveno Martin Krampelj. Rotura del ligamento anterior cruzado y menisco, eso fue lo que le pasó a Krampelj en el partido que los de Creighton disputaban ante Seton Hall en el CenturyLink. Tendrá que pasar por quirófano y, como decimos, se perderá lo que resta de temporada. Le ocurre esto justo en su segundo año en la universidad, cuando se había convertido en uno de los jugadores sorpresa de la temporada en la Big East, promediando 11.9 y 8.1 rebotes por partido y siendo la referencia interior de su equipo. Lo deja siendo su tercer máximo anotador tanto en porcentaje como en el acumulado y su mejor reboteador y taponador. Igual que pasó el año pasado cuando Maurice Watson Jr cayó lesionado, la de Krampelj también parece una baja sensible para el equipo, justo cuando se acerca el momento definitivo de la temporada. 

Esos seis partidos de los que hablábamos antes empezaron con derrota, la que rotunda que recibieron en Cincinnati ante Xavier (70-92) y se cerraron igual: también fuera y con una derrota sin paliativos, 78 a 98 en el Wells Fargo de Filadelfia ante la gran favorita Villanova, quienes, por cierto, batieron un récord de acierto desde la línea de tres puntos en este partido. Por el medio, hubo otra derrota, también fuera, la que sufrieron en Providence, Rhode Island, ante Providence, por 71 a 85. Las tres victorias las consiguieron ante St. John's a domicilio, venciendo por 68 a 63 en el Carnesecca Arena de Queens, y ante Seton Hall (80-63) y Georgetown (77-85) en Omaha, con especial emoción ante estos últimos ya que era el día en el que los habituales del CenturyLink celebran el Pink Out, un partido benéfico en favor de la lucha contra el cáncer que congregó, en las gradas, a más de 18.000 personas. 

Ante Xavier, el equipo estuvo flojo tanto en ataque como en defensa. Marcus Foster, con 16, fue el mejor anotador de su equipo, pero igualado en puntos con un gran Mitch Ballock, quien, saliendo desde el banquillo, aprovechó muy bien sus veinte minutos. También desde el banquillo, buen partido (13 puntos y 6 rebotes) del habitual sexto hombre del equipo, Ronnie Harrell Jr. Martin Krampelj estuvo más flojo de lo habitual y solo disputó 22 minutos sobre la cancha, aportando 4 puntos y 4 rebotes. La otra derrota también entraba dentro de los planes e incluso quedó maquillada. 19 de 39 en triples para los de Jay Wright, de los cuales 17 los consiguieron sus cinco titulares, destacando el partido de Jalen Brunson y Mikal Bridges. Por Creighton, Marcus Foster, con 20 puntos, volvió a ser el arma principal en ataque, aunque destacaron, saliendo de reservas, dos meritorios, Kaleb Joseph, con 12 puntos y 3 rebotes y Ty-Shon Alexander, con 10 puntos. La otra derrota, también fuera y contundente, sucedió en Rhode Island. Ante Providence, otros 22 puntos de Marcus Foster y buen partido de Khyri Thomas, con 15 puntos, 3 asistencias y 3 robos. En la reserva, volvió a destacar Mitch Ballock. Las victorias en casa ante Seton Hall y Georgetown estuvieron lideradas por Marcus Foster, quien consiguió 25 puntos ante Seton Hall y 28 ante Georgetown. Ante los primeros, también destacó Ronnie Harrell Jr, con 18 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias. A Martin Krampelj solo le dio tiempo a jugar 13 minutos en los que apuntaba a buen partido, ya que, hasta ese momento, ya había conseguido 6 puntos, 4 rebotes y 2 tapones. Ante Georgetown, con los ribetes de la camiseta teñidos de rosa para celebrar el Pink Out, además de Foster, destacaron Khyri Thomas con 22 puntos y Toby Hegner con otros 16 puntos. La otra victoria fue más apretada, con peores porcentajes, y tuvo lugar fuera de casa, en New York, ante St. John's, venciendo por 68 a 63. Volvieron a destacar los mismos tres hombres, Toby Hegner, Khyri Thomas y Marcus Foster, pero, en esta ocasión, con más incidencia aún, ya que, entre los tres, consiguieron 59 de los 68 puntos del equipo. De esos 59, Marcus Foster hizo 24, además de conseguir 8 rebotes; Khyri Thomas consiguió 19 puntos, 7 rebotes y 3 asistencias; y, finalmente, Hegner añadió 16 puntos y 3 rebotes. 

Para cerrar, destacaremos el debut del australiano Jacob Epperson. Su primer partido de la temporada fue ante Georgetown. El segundo, ante Villanova. Se trata de un freshman de 2'10 al que McDermott se ha visto obligado a recurrir tras la lesión de Krampelj. Tras una pretemporada en la que quedaron patentes sus carencias, Epperson y su equipo decidieron que se convirtiera en un redshirt (el color de la camiseta es culpa del primero que lo hizo, que lo hizo con los colores de Nebraska), una condición que permite alargar en un año los cuatro de carrera universitaria porque uno te lo pasas entrenando y estudiando pero sin jugar. Con Krampelj fuera y Hegner renqueante de su tobillo, McDermott se atrevió a proponerle a Epperson que cambiaran el plan. Y él no se lo pensó. Ha ganado peso y personalidad. Le falta hacerse con el ritmo y la conjunción. Ante Georgetown apenas jugó 9 minutos y consiguió 2 puntos (su primera canasta fue un mate), 2 rebotes y 1 asistencia. Sin embargo, ante Villanova, sus prestaciones han hecho aumentar las esperanzas de que quizá pueda llenar el hueco de Krampelj, visto que McDermott no parece confiar plenamente en Manny Suarez. En 17 minutos, Jepperson consiguió 7 puntos, 2 rebotes y 1 asistencia. Puede que, a partir de ahora, su impacto en la rotación del equipo suba. Son las cosas de la NCAA. 

Como siempre, seguiremos hablando de ellos.