martes, 2 de octubre de 2018

Alejandro Valverde



Fue un mundial muy excitante, la verdad. Aplaudo a los organizadores, o a quien decidiera el recorrido. Ver a ese tipo de corredores disputándose un mundial fue alentador. Tres años consecutivos llevaba ganándolo Peter Sagan y tuvo el bonito detalle de subir a ponerle la medalla a Alejandro Valverde que, a estas alturas, ya sabemos todos que ganó. El propio Sagan lo dijo, en algún sitio, que estaba bien que también ganaran los escaladores. Fueron cinco últimos kilómetros de clase y emoción, viendo a gente fuerte intentándolo, otros desfalleciendo, y asistiendo a la clase de rodador y al mucho pundonor y sangre fría que tiene Tom Dumoulin. Romain Bardet y Michael Woods, excepcional este último en la rampa final, fueron dignos rivales. No era fácil para el murciano Alejandro Valverde: fueron 500 metros de mucha presión, de muchos otros intentos antes que no salieron bien. Pero esta vez sí. Los datos no dejan lugar a dudas: plata en 2003 y 2005, bronce en 2006, 2012, 2013 y 2014. Todos esos metales, todos esos segundos o minutos que le faltaron para cambiar el material de la medalla, tenían que pesar en esos pocos metros finales. Pero no lo hicieron y ganó. 

Se le veía muy humilde y emocionado tras haberlo conseguido. Valverde tiene 38 años. Como comentaban en NBC Sports a las pocas horas, se había convertido en el segundo corredor más veterano en ganar un Mundial. Solo Joop Zoetemelk en 1985 era mayor que él cuando se convirtió en campeón del Mundo. Y solo por unos meses. Es, además, Valverde, el ciclista que más veces ha estado en el pódium de un mundial y el que más medallas ha conseguido. 

Con la suya, la selección de España consigue su sexta medalla de oro. Tres las consiguió Óscar Freire, y las otras las lograron dos corredores vascos, Abraham Olano e Igor Astarloa. Astarloa con aquel ataque definitivo en Hamilton, dejando en la picota a Paolo Bettini, y en la que Alejandro Valverde conseguiría su primera plata. La de Olano, quizás la más épica, llegando pinchado en Colombia, venciendo a rivales de la clase de Miguel Indurain y Marco Pantani, que serían segundo y tercero. Freire sorprendió a todos en Verona, repitió en Lisboa, y volvió a ganar en Verona cinco años después por delante de Erik Zabel y Luca Paolini. Hasta Valverde, las victorias españolas se consiguieron en una franja de diez años, de 1995 a 2004. Eran 14 años ya sin ganar, aunque, en ese ínterin, Valverde se cansó de ser tercero, fue segundo en 2005 y ambos puestos los saboreó también Joaquim Rodríguez. Lo decía Javier Mínguez, el veteranísimo seleccionador español, que esto era historia del ciclismo español, pues sí. Seis son pocos. España aún está muy lejos de las 119 medallas italianas y de las muchas que han conseguido selecciones como Bélgica, Holanda, Francia o Alemania. Países como Australia, Rusia y Estados Unidos tienen más medallas en total que la selección española. 

Valverde lucirá el maillot durante todo un año. No parece que vaya a retirarse con él puesto. Es bonito lucirlo, aunque alguno diga que trae consigo una maldición. Ayer decían que quería lucirlo ya en Lombardía. Incluso, en alguna de las muchas entrevistas que ha concedido tras la victoria, le puso una posible fecha a su despedida: los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Queda lejos, se retiraría con 40 años. Pero, ¿por qué va a pensar en la retirada un corredor que, este mismo año, encabeza el ranking UCI con 3963 puntos y que ha conseguido catorce victorias, incluyendo dos etapas en la Vuelta a España y el campeonato del Mundo? Invita a pensar que aún tiene recorrido, ¿verdad?

No vamos a repasar su carrera deportiva, recordar sus éxitos y los puntos oscuros de la misma, ni hacernos eco de todo lo que ya se ha venido diciendo de él estos días. Solo queríamos que quedara aquí registrado, porque, la verdad, dicen que no fue el mundial más duro, ni el más épico, pero fue un mundial entretenido, excitante y disputado, y merecía un hueco en este blog. Personalmente, seguimos quedándonos con aquel grito de ¡va pinchado! mientras Abraham Olano pedaleaba a ciegas y la cámara no acertaba a enfocar la rueda, pero, sin duda, este también se aúpara al pódium de nuestros recuerdos ciclísticos. 

domingo, 30 de septiembre de 2018

Ana Carrasco

Encontrado en el buscador de imágenes de google, la fotografía parece provenir de la web de Cadena Ser. 


A los que entendemos poco de motociclismo, lo de las superbikes no suena un poco a algo más, a eso, no sé, a aquello. Vamos, que no entendemos. Entre moto GP, moto 3, 125... Nos han cambiado tanto de nombres las competiciones que encima es peor. Pero puede parecerte que correr en moto se reduce a las tres grandes competiciones que suelen aparecer en los periódicos. Por supuesto, no todo es motoGP, moto2 y moto3, que, si no me confundo, se distingue tan solo de otras categorías como Superbikes, Supersport y/o Superstock porque las segundas usan motos derivadas de las de serie que puede utilizar cualquier persona en la carretera, la ciudad o el campo mismamente. Por supuesto, hay más categorías, como el motocross, el trial... y yo qué sé cuántas más. 

Hoy se ha prestado atención a una de esas categorías que normalmente se ven arrinconadas por la prevalencia y popularidad de las más mediáticas, la de Superbikes, en categoría supersport300. Lo ha hecho porque, por primera vez en la historia del motociclismo, una mujer ha ganado un campeonato mundial. Ana Carrasco, murciana de 21 años, se ha hecho con el triunfo final en esa categoría al aprovechar los problemas de su más directo rival en la temporada, remontar en la carrera al final y sumar los pocos puntos que necesitaba para confirmarse como la mejor corredora de esta categoría en la presente temporada. Lo ha celebrado, dicen, dando la vuelta de honor con una bandera donde se leía la leyenda, "Ride like a Girl", conduce como una chica, y dedicándole la victoria a Luis Salom, compañero que falleció en un circuito hace un par de años. 

Carrasco debutó en Moto3 cuando era solo una niña, porque lo hizo en 2013 y ahora cuenta con 21 años, así que calcula. Ya por entonces hizo historia: no era la primera mujer, pero era la más joven. Durante tres temporadas seguidas participó en la categoría con KTM. Desde 2017 corre con Kawasaki en Superbikes. Consiguió su primera victoria en la categoría el año pasado, en Portugal, terminando 8º en la clasificación final. Pero lo mejor estaba por llegar y lo ha logrado rápido, ya mismo: dos victorias este año, Italia y Gran Bretaña, y clasificación final. Cuando ganó en Portugal el año pasado, ya lo explicaba bien, según se hacía eco el diario El País: "Cuesta encontrar marcas que apoyen a una mujer." Puede que, a partir de ahora, no le cueste tanto. O quizás sí, es posible. Algunas costumbres es más difícil romperlas que las barreras de los récords. 

Carrasco ha ganado en la categoría supersport300, una prueba que nació muy recientemente, en 2017, y que venía a substituir a la European Junior Cup, buscando, como la anterior, ayudar a que aparezcan nuevos talentos. La Federación Internacional de Motociclismo le otorgó valor mundialista y de ahí la importancia y el valor de la victoria de Ana Carrasco. El año pasado, el ganador también fue un español, Marc García, y otro, Mika Pérez, ha sido uno de los grandes rivales de Carrasco este año, junto con el holandés Scott Deroue, de 22 años. 

Los titulares, hoy, están muy fácil. Mañana, ya, volverán a ser más caros. Y, a buen seguro, a pesar de su triunfo, Ana Carrasco seguirá teniendo que luchar mucho para conseguir poles, triunfos y, tan solo, oportunidades. Ojalá que se vuelva a pronunciar su nombre. Y que otras la sigan, aunque el número ordinal ya no se podrá volver a utilizar. Enhorabuena por ello. 


martes, 18 de septiembre de 2018

Óscar Rodríguez

Fotografía tomada del buscador de imágenes de google pero proveniente del diario As


Se acabó la Vuelta a España y hemos estado tentados de venir aquí a escribir un rato prácticamente después de cada etapa, pero no lo hemos hecho. Decidimos dejarlo para el final y soltar nuestro resumen, personal y subjetivo, como siempre, sin enfoque ni mesura. Se ha puesto de moda eso de resumirlo todo eligiendo a ocho corredores (antes eran nueve) y nosotros mismos elegimos esa opción en anteriores ocasiones. Pero hoy, no. Vamos a ir por tramos, por estímulos, a golpes, pero nuestros nombres en negrita van a ser más de ocho. Van a ser los que nos plazcan, en realidad. Con ello, intentaremos resumir cómo hemos disfrutado nosotros de esta edición de la Vuelta a España. El orden, por cierto, de los elegidos como protagonistas, no significa, en realidad, nada. Bastantes clasificaciones hay ya en esta competición como para que nosotros añadamos más. 
Empezamos.

Óscar Rodríguez Garaikoetxea, no podía ser de otra manera (y para él van titular y fotografía), viniendo de donde venimos y teniendo el recorrido que ha tenido este blog, tenía que ser nuestro primer nombre en negrita. Ganador en La Camperona, su victoria supone mucho más que un triunfo parcial. Para empezar, este escalador navarro, desconocido hasta ahora a sus 23 años, se presentó, con su victoria, como una nueva esperanza para el pelotón vasco, la constatación de que cantera siempre ha habido y la seguirá habiendo. Llevaba toda la temporada dando muestras de que esto podía ocurrir, aunque fueran pequeños detalles en los que había que fijarse con lupa. La primera vez que asomó lo hizo en Francia, en el Tour de los Alpes, donde luchó por y consiguió finalmente la clasificación final de la montaña en una prueba donde, entre los diez primeros clasificados en la general final, nos encontrábamos a gente como Fabio Aru, George Bennett, Chris Froome, Miguel Ángel López o Thibaut Pinot, ganador final. No es fácil que, con esos participantes, un joven de un equipo profesional continental, por mucho que se escape y porfíe, se lleve esa clasificación. Tardó en volver a deslizar su talento, pero cuando lo hizo, no lo hizo en cualquier lado, porque es algo reseñable, con 23 años y la competitividad que existe en esa prueba, quedar 2º en la clasificación de los jóvenes de la Vuelta a Portugal (el primero fue Xuban Errazkin) y 20º en la clasificación final, además de hacer entre los veinte primeros en 7 de las 11 etapas, una regularidad que le llevó a la Vuelta y que le permitió aprovechar una escapada para derrotar a rivales tan potentes como Rafal Majka, Dylan Teuns o Ilnur Zakarin y probar la gloria. Su triunfo supuso una gran alegría en el seno de un Euskadi-Basque Country Murias Taldea que le puso la guinda a una temporada extraordinaria. Jon Odriozola se emocionaba al tiempo que reivindicaba un proyecto que él ha llevado a buen puerto con su tozudez y buena gestión. Óscar Rodríguez, por su parte, sonreía, se mostraba humilde y no podía evitar un leve gesto de sorpresa inagotable. Recuerda a Mikel Nieve y, su victoria, evocó a la de Agustín Sagasti por la naturalidad y atrevimiento. La Vuelta de Euskadi-Basque Country Murias Taldea ha sido de matrícula de honor y no solo por esta victoria: 10º en la clasificación final por equipos, el primer Pro Continental. Con Mikel Bizkarra (17º) haciendo entre los veinte primeros de la Vuelta, que no es nada fácil. Con gente como Héctor Sáez o Aritz Bagüés eternamente escapados. Jon Aberasturi y Eduard Prades hicieron más puestos entre los diez primeros, a sumar a los muchos que se han logrado esta temporada. Gari Bravo se asomó en Madrid y, por supuesto, cabe destacar la rueda de prensa en la que se confirmó la continuidad del proyecto como Profesional Continental la temporada que viene. Para quitarse el sombrero. Porque hay más: el verde, y no el de las colinas, se vio en las cunetas. Aún queda, pero empieza a tomar forma.   

Otro corredor vasco reclama su protagonismo: Igor Antón Hernández. La Vuelta lo confirmó como ciclista de élite, así que no había, pensó, mejor momento para anunciar también su retirada, tras 14 años como profesional. Se despidió estando entre los mejores en el último puerto de la Vuelta, demostrando que hubo algo ahí, algo que, por distintas razones, no acabó de cuajar, pero que, durante mucho tiempo, le convirtieron en uno de los mejores escaladores del pelotón. Parece que fue ayer cuando se dejaba ver por primera vez en una pendiente del Giro de Italia. Catorce años después, el pelotón le agasajó, permitiéndole ser el primero en entrar en Madrid. En la Vuelta a España vivió sus mejores y sus peores momentos: de la emotiva y espectacular victoria en casa, entrando a la par que el coche de su equipo por la línea de meta de Bilbao hasta su caída camino de Peña Cabarga, cuando vestía de líder y todo el mundo estaba convencido de que era su gran oportunidad. Se retira con un buen palmarés: ganador de 4 etapas en la Vuelta y una en el Giro, además de otras en Suiza, Romandía o Castilla y León. Sin embargo, es muy difícil no pensar en lo que pudo ser. Eso sí, sin dejar de agradecerle todos estos años y las imágenes imborrables que nos ha dejado. 

Bauke Mollema ha acabado 30º en la clasificación y, si no me confundo, creo que, al final, se ha llevado la combatividad. Se ha pasado gran parte de la Vuelta por ahí, intentándolo, escapado, viniéndose abajo, o no, pero sin dejar de probar suerte. Eso se agradece. Su duelo con Benjamin King fue de lo más comentado de la Vuelta. King, por su puesto, es otro de los protagonistas de esta vuelta. Siempre fue un corredor ambicioso, con el ánimo de triunfar en esta profesión. Sufrió desórdenes alimenticios de joven por su obsesión por mejorar. A los 21 años fue campeón de los Estados Unidos en ruta, pero su gran éxito no le ha llegado hasta los 29 años: dos etapas y 24º en la general final y mucho protagonismo en carrera, sobre todo, cuando esta se empinaba. Hasta ahora, muchos, por aquí, solo lo conocíamos porque nos dejó sin Mikel Landa en esta Vuelta, ya que él fue el primero en caerse en la Klasika, llevándose la peor parte Landa y Egan Bernal. Por supuesto, nadie le acusó, pero él mismo habrá agradecido conseguir mejores razones para que la gente recuerde su nombre. 

En la línea de Mollema y King, podríamos incluir a muchos otros en la lista de valientes y aventurados, pero nadie estaría por encima, quizás a la misma altura, si me apuras, del belga Thomas de Gendt. De Gendt no se cansa, por lo menos, no se cansa de intentarlo. Su nombre debería ser sinónimo de escapada. Estaba en todas, y cuando estaba, no estaba para guardarse fuerza: tiraba en cabeza, abría las hostilidades, luchaba por los premios parciales. Lo suyo no tiene nombre, son corredores como él los que consiguen que tenga sentido correr durante más de 100 kilómetros. Además, a punto de cumplir 32 años, De Gendt no es un cualquiera, un corredor sin posibilidades que al menos lo intenta a la desesperada, no. Él ha ganado etapas, una en cada una, en las tres grandes vueltas de tres semanas. Ha llegando a ser 3º en el pódium del Giro de Italia, en aquel que ganó Ryder Hesjedal por delante de Joaquim Rodríguez. En esta Vuelta, no ha levantado los brazos, pero estuvo en Madrid, en lo más alto, como ganador de la Montaña. 

Jetse Bol ha sido el elegido como lo podría haber sido Lluís Mas Bonet, y, en realidad, muchos más. Ambos, Mas y Bol, estarían aquí en representación del Burgos-BH y del Caja Rural y, con amplitud, representando a todos los equipos humildes. Estos dos equipos pueden representar a aquellos que luchan por intangibles que les ofrezcan un rol y un protagonismo en esta competición. No tienen tantos posibles para ganar, pero sin su concurso, este tipo de competición no sería posible. Habíamos decidido elegir a Bol, en lugar de otros compañeros que estuvieron igualmente escapados, porque dolió ver cómo se le escapó la oportunidad que sí aprovecharon Jelle Wallays y Sven Erik Bystrom. Los tres se escaparon juntos en una de esas interminables jornadas de llano que parecen estar dispuestas para el sprint final, pero Wallays y Bystrom perseveraron y acabaron robándole los segundos justos a los velocistas. El viento o un despiste, o un gramo menos de fuerza, hicieron que Bol perdiera la rueda de sus dos compañeros y que, por unos minutos, viviera la agonía y la impotencia de verlos marchar sin poder evitarlo. 

Jordi Simón Casulleras también está en esta lista en representación. En representación de gente como Simone Petilli y muchos otros, en representación de los que se caen y, en ocasiones, no pueden levantarse. Los ciclistas profesionales están hechos de otra pasta, es una conversación típica de bar. En el pasado Tour de Francia, los sesenta kilómetros que se hizo Philippe Gilbert con la rótula rota fueron todo un ejemplo inmejorable. Pero siempre hay, sigan o no sigan en carrera. Y en esta ocasión, era obligado elegir a uno y decidimos que fuera Jordi Simón, quien aún sigue ingresado en Cruces, si no me confundo, después de conseguir un parte médico de dos escápulas rotas, siete costillas y un pulmón golpeado, tras chocar contra un coche y el quitamiedos. Hace unos días, alivió las angustias de los aficionados en twitter con un mensaje esperanzador. 

Elijamos también, por supuesto, a los triunfadores, incluso a los triunfadores que no lo fueron del todo. En ese caso, la mejor elección es la de Alejandro Valverde Belmonte, por su edad, 38 años, y porque, sin Alberto Contador, Samuel Sánchez ni Joaquim Rodríguez, él es lo que queda de esa generación de los nacidos a finales de los 70 y principios de los 80. Por ello, quizás, la prensa se obsesionó con él, con ponerle las expectativas que quizás estaban proyectando más que percibiendo. El murciano, sin embargo, se dedicó a lo suyo y seguro que acabó contento, a pesar de salir del pódium en los últimos días: acabar  5º en la general, llevarse dos etapas, venciendo, además, a Michal Kwiatkowski y Peter Sagan, y llevarse el maillot de la regularidad ya lo firmarían corredores de todas las generaciones. Lleva una docena de victorias este año. Hizo 14º en el Tour y ahora 5º en la Vuelta. Se encamina a los cuarenta y no deja de rendir, no creo que se merezca soportar todos los comentarios sobrevenidos de la multicefalia de su equipo. 

Ha sido sorprendente ver las relaciones de parentesco tan en primera línea durante esta Vuelta. Ha habido muchas parejas de hermanos en el pelotón, tanto nacional (Prudencio y Miguel Indurain, Aitor y Unai Osa, Rubén y Julián Gorospe, Álvaro e Igor González de Galdeano o Jesús y José Herrada) como internacional (Laurent y Nicolás Jalabert, Bert y Ralf Grabsch, Antonio y Vincenzo Nibali, Dayer y Nairo Quintana o Juraj y Peter Sagan), y en distintas épocas, pero hacía tiempo que no veía esa constante fraternal, y por dos partes bien distintas, en una misma edición de una carrera importante. Compartiendo el maillot de Bahrain-Merida se vio en muchas ocasiones a Gorka Izagirre Insausti echándole un cable a su hermano Jon Izagirre Insausti. El segundo sorprendió con su primera semana y llegó a soñar con incordiar a los favoritos, con serlo él, pero se le hizo muy largo, el recorrido y algunos puertos en concreto. Ha acabado entre los diez primeros (9º), algo que nunca había conseguido en sus ocho grandes anteriores (seis Tours y dos Giros) así que puede concluir que fue bueno el cable que le echó su hermano. Más gloria aún se llevaron los otros dos, porque, en esta ocasión, los dos hermanos que coinciden en el Mitchelton-Scott, celebraron que uno pudiera ayudar a otro con el triunfo final. Simon Yates se coronó en Madrid y en gran parte se lo debe a su hermano Adam Yates.  El primero de los dos hermanos en aspirar a las grandes vueltas fue Adam, quien hizo 4º en el Tour de Francia de 2016. En 2017, con su 9º en el Giro de Italia, volvió a estar entre los diez primeros en una grande, pero hizo una Vuelta a España decepcionante y tampoco este año (ha hecho Tour y Vuelta) consiguió ser regular. Le tocó, entonces, trabajar para su hermano, quien, en 2016, pero unos meses después que su hermano, también se apuntó un top ten, fue en la Vuelta con un 6º. Su 2017, incluyó un 7º en el Tour y este año deslumbró en las primeras semanas del Giro de Italia, haciéndonos creer que definitivamente había llegado su momento, hasta que la tercera semana le sepultó: 21º al final, aunque, eso sí, con un buen botín de victorias de etapa y la sensación de que si se sentaban y estudiaban qué había pasado, quizás se podría arreglar. Y así debieron hacerlo, porque en la última grande del año, la Vuelta, y con la ayuda de su hermano, consiguieron que la tercera semana fuera tan plácida como las anteriores. 

Otro gran protagonista de esta edición de 2018 ha sido, en general, el ciclismo francés. Antes de que empezara, hicimos un repaso un poco atropellado pero fijándonos en las nacionalidades. Bueno, si bien, Elia Viviani y Alessandro de Marchi le dieron cuatro victorias a Italia, las mismas que consiguió España gracias a Alejandro Valverde, Óscar Rodríguez y Enric Mas, en mi opinión, el pelotón francés ha tenido un rendimiento incluso más meritorio que el que representa a estos otros dos países. Para empezar, han conseguido cinco victorias de etapa, dos de Thibaut Pinot, una de Tony Gallopin, una de Alexandre Geniez y otra, al sprint, de Nacer Bouhanni. Los tres equipos franceses que participaban se llevaron victoria. Rudy Molard, además, fue cuatro días líder de la carrera y el Ag2r acabó cuarto por equipos en la general final. Cofidis tuvo a Jesús Herrada como líder un par de días. Otros corredores como Nans Peters, Luis Ángel Maté y Marc Sarreau también les dieron presencia a los equipos franceses. En la clasificación final, Pinot fue 6º, Tony Gallopin, 11º y Rudy Molard, 14º. Es un resultado sobresaliente. Queda pendiente lo de siempre: que algún francés aspire con garantías a la victoria final, pero, bueno, algún día ocurrirá. Pinot puede que lo hubiera sido de haber tenido una cuarta semana. Ha ido de menos a más y después de sus abandonos en los dos últimos Tours de Francia y el Giro de Italia de este año, con 28 años, se ha vuelto a mirar atrás, a aquel 4º puesto en el Giro de 2017 o el 3º en el Tour de 2014, confiando aún en que le quede un desarrollo más. 

Rohan Dennis ha dominado esta vuelta en su especialidad: la contrarreloj. Dos triunfos de etapa y muchas horas sentado en el set de televisión, poniendo cara de resignación mientras iba viendo como nadie le superaba. Mucha paciencia. A sus 28 años, este australiano, varias veces campeón de su país en la especialidad, ya ha pasado al selecto grupo de los que saben lo que es ganar en las tres grandes vueltas por etapas. Le queda el Mundial. En la época post Michael Rogers, Fabian Cancellara y Tony Martin, él debería tomar el relevo y hacerse con el medallero. Aún no tiene ninguna. 

También, como siempre, debemos a hablar de los otros elementos que forman, en gran medida, una gran vuelta: el recorrido y la afición. Aunque sea difícil elegir, nos quedaremos con dos, la llegada al, hasta ahora, desconocido monte Oiz y el estrecho y emocionante paso por la localidad salmantina de Candelario, camino de La Covatilla, en la 9º etapa. Aquella recta larga y empinada, empedrada y llena de gente, fue una de las imágenes que permanecerán en la retina. Al estilo de Valdepeñas de Jaén, pero con un carácter propio, Candelario pidió su hueco entre los territorios históricos del ciclismo. Lo mismo hizo Oiz, con sus exigentes cuatro últimos kilómetros finales. La cumbre desde la que se ve el Urdaibai tan bien como el monte Larraun, allí donde cada siete años viene Mari del Anboto, la cima que hasta ahora recordábamos por una tragedia aérea, dispuso su perfil para que el ciclismo encontrara un nuevo puerto dispuesto a darle tardes de gloria. Lo logra, además, porque la afición vasca siempre responde. Respondió durante todo el recorrido. Fuimos testigo de ello en un sitio anónimo, una curva sin peligro a poco más de media hora de haber tomado la salida, cruzando por primera vez Barakaldo. El público ya estaba apostado en las dos orillas, esperando con ansias a que pasaran los ciclistas. Solo era el aperitivo de lo que les quedaba en La Arboleda y el Oiz. Del caballito de Sagan a las lágrimas de Michael Woods, la etapa dejó claro que aún hay espacios por descubrir. Los corredores hacen la carrera dura. A Woods, la vida se le hizo dura. Fue un premio perfecto que él fuera, al final, quien levantara los brazos asomándose al "infinito" de Bizkaia. 

Si hablamos de nacionalidades, también podemos hacerlo de quintas. Esta Vuelta no ha sido solo la de la confirmación de Enric Mas Nicolau como la gran esperanza del ciclismo español. Señalado por Alberto Contador como su sucesor, el balear se destapó en la última etapa de montaña, haciéndose con la victoria parcial y con el segundo puesto de la general. Tiene 23 años, lleva tiempo emigrado para medrar, y da la sensación de que el camino que le queda por delante será excitante. Este año ya ganó en la Vuelta al País Vasco. El anterior, entre él, David de la Cruz y Mikel Landa, dieron brillo al futuro del ciclismo estatal en la Vuelta a Burgos. Pero, como decimos, no es solo él. Miguel Ángel López Moreno, al que Mas arrebató el maillot de mejor joven en el último suspiro, también es parte de esta nueva generación, la nacida a mediados de los 90, entre el 94 y el 96. Muchos de ellos han estado en la Vuelta y se han dejado ver, apuntando lo que les queda por delante y como están dispuestos a coger el relevo. Del 94 son, por ejemplo, Miguel Ángel López, Sepp Kuss, Ryan Gibbons, Nicholas Schultz, Edward Ravasi, Simone Consonni o Nelson Soto. Un año menos, nacidos en el 95, son los que podrían protagonizar esta nueva generación, los Enric Mas, Iván García Cortina, Tao Geoghegan Hart, Laurens de Plus o Álex Aranburu. Más jóvenes aún, del 96, Mark Padun o Jai Hindley. Y el que más, del 97, Bjorg Lambrecht. Todos ellos se han dejado ver, pero vamos a hacer una distinción especial con dos del 94, los corredores del Dimension Data, Amanuel Ghebreigzhabhier Werkilul y Merhawi Kudus. Para el primero, esta era su primera grande. Ha terminado en 37º posición, sin victorias parciales. Para el segundo era la sexta, su cuarta Vuelta. También ha corrido un Giro y un Tour. Su 31º puesto en esta Vuelta de 2018 es su mejor clasificación hasta ahora. Los dos son de Eritrea. Los dos son africanos. Algunos aún se extrañan de verlos en el pelotón. Mucho más si son visibles, porque ambos cogieron escapadas, ambos se dejaron ver. Ninguno triunfó pero estuvieron ahí, dejando bien claro que África quiere existir en el pelotón internacional. 

No todo es Gran Bretaña, aunque, con la victoria de Simon Yates, hayan cerrado un círculo perfecto. Con Yates en la Vuelta, Chris Froome en el Giro y Geraint Thomas en el Tour de Francia, no sé cuántas, pero pocas serán las ocasiones en las que un mismo país copa la victoria en la general final de las tres grandes. Los Yates no corren en la estructura del Team Sky, a sí que no todo el éxito del ciclismo británico se le puede achacar al equipo de Dave Brailsford, pero lo cierto es que en las islas, donde, hasta ahora, el ciclismo en pista tenía más raigambre que el de ruta, ya no tienen secretos para alcanzar lo más alto del ciclismo profesional. Veremos si dura. 

Otro gran protagonista de esta Vuelta ha sido el próximo Mundial de Austria. Su recorrido, que lo hace apetecible para corredores que, en otras ocasiones, no se ven con potencia para disputar Mundiales más llanos o para rodadores, han visto en Innsbruck la oportunidad de sus vidas. Por eso, tampoco ha sido tan extraño que corredores de mucho nivel que partían con dorsal oficial hayan pasado sin pena ni gloria por las carreteras de la península. Algunos, se han dejado ver, como Vincenzo Nibali o Peter Sagan. Otros, eran invisibles. La lista es relativa y subjetiva, pero muchos se sorprenderán al saber que esta Vuelta 2018 la han corrido, aunque no les hayan visto, corredores como Richie Porte, Michael Albasini, Louis Meintjes, Pierre Rolland, Sergio Henao Montoya o Daniel Martin. El mejor clasificado de todos estos ha sido Henao en la 28º posición. 

Elia Viviani tiene que llevarse su cuota de protagonismo. Aquí, en la Vuelta, y en general, cuando termine la temporada. Y es que la va a cerrar con cuatro etapas del Giro de Italia y tres etapas de la Vuelta a España. Es decir, 7 victorias parciales en vueltas grandes solo en un año. A sus 29 años, salir del Sky al Quick Step parece haberle sentado muy pero que muy bien. Además de lo ya mencionado, se ha hecho con el campeonato de Italia en ruta y venció en el Tour de Dubai, una competición reciente que parece un campeonato mundial de sprinters. Viviani, por ejemplo, sin ir más lejos, ocupa en el palmarés de Dubai el sitio que antes ocuparon corredores como Marcel Kittel y Mark Cavendish. Él mismo lo dijo al finalizar la Vuelta, que esta era: "Su mejor temporada de siempre".

Y, finalmente, no queríamos cerrar esto sin hablar de Steven Kruijswijk. Por un momento, pensamos que sí, que, por fin, el de Lotto NL-Jumbo iba a conseguirlo y se auparía a un pódium, pero no. Tiene 31 años y se le van agotando las posibilidades. Lo ha rozado: 4º en el Giro de 2016, 5º en el Tour y 4º en la Vuelta de este año. Va progresando, pero le queda un paso. A su generación, la de los Robert Gesink, Bauke Mollema y Tom Slagter, todos entre los 29 y los 32, y a otros más veteranos, Laurens ten Dam, y jóvenes, Wilco Kelderman, les ha arrebatado todo el protagonismo Tom Dumoulin. Pero todos son porfiados, corredores de fondo, bregados, con estrategias de equipo y capacidad de sufrimiento. Ojalá, algún día, veamos sonreír a Kruijswijk ahí arriba. 

martes, 28 de agosto de 2018

Martin Krampelj



Esta es como para desintoxicar. Y es que no tiene mucho sentido hablar de estos aquí y ahora porque aún falta mucho para que empiece la temporada y la pretemporada casi que ni ha arrancado y nosotros no vamos a seguirla. Sin embargo, fue lo único que se nos ocurrió, socorridamente, para escribir un rato y no hacerlo de ciclismo.

A la temporada de baloncesto universitario aún le queda tiempo para empezar. Eso sí, todo el mundo parece coincidir en que será la temporada de Duke. Ganen o no ganen, gran parte de la expectación y el interés mediático estará puesto en Mike Krzyzewski y sus muchachos. Sobre todo en tres que, además, acaban de llegar a la liga: R.J. Barrett, Cameron Reddish y Zion Williamson. Todo el mundo habla de ellos y muchos hemos descubierto qué es eso del One & Done: un año de universidad y me marcho a la NBA, que dicen que puede ser una de las razones por las que estos tres talentos naturales se hayan reunido en el mismo equipo. Habrá más candidatos y protagonistas, por supuesto. Y, aunque sea caprichosamente y de vez en cuando, un año más, lo contaremos aquí.

Y es que, aunque lo poníamos en duda al terminar, un año más, nos dedicaremos a seguir las andanzas de Greg McDermott y sus pupilos de Creighton. Ahora, como anticipo y canapé, vamos a soltar una batería de noticias breves y sucedidos en torno a la universidad de los arrendajos azules y ya, luego, dentro de unas cuantas semanas, recuperaremos este hilo de entradas para seguir la temporada de los de Omaha.

Hace unos días, dos históricos de la universidad entraban en el Hall of Fame de la misma. Dana Altman, entrenador, y Kyle Korver, jugador, recibían los correspondientes agasajos en una gala. Altman era entrenador de Creighton cuando nosotros empezamos a cubrir sus temporadas. De hecho, fue entrenador de 1994 a 2010. 16 temporadas que le han valido de mérito, amén de los resultados, para entrar en ese salón de reconocimiento. Desde que se fue, se mantiene en el puesto en Oregon. Por su parte, Korver es un profesional reconocido en la NBA, con una larga trayectoria y ascendente en los clubes en los que ha jugado, a la sazón: Sixers, Jazz, Bulls, Hawks y Cavaliers. Algunos datos rápidos que podrían resumir su acierto en todas estas temporadas podrían ser el hecho de que ocupa la cuarta posición en triples convertidos, la sexta en porcentajes en triples y la decimosexta (con un 88%) en porcentaje de tino en tiros libres en las clasificaciones históricas de la NBA. Korver estuvo en Creighton de 1999 a 2003 y aún mantiene el récord de ser el único jugador de la universidad que disputó cuatro competiciones finales por el título nacional. 

Desde que Altman se fue, como ya sabemos, McDermott se convirtió en el entrenador principal. Uno de los ayudantes más veteranos en el programa, Darian DeVries (ayudante desde 2001), ha decidido poner punto y final a esta experiencia y, el año que viene, será el primer entrenador de la universidad de Drake. No serán los únicos cambios en la plantilla, aunque el resto sean de jugadores y no de cuerpo técnico. No se podía esperar más después de las bajas de Tyler Clement, Manny Suarez, Toby Hegner, Marcus Foster y Khyri Thomas. Este último es el que ha encontrado un mejor contrato. Thomas ha firmado por los Detroit Pistons y jugará en la NBA la próxima temporada. No le fue tan bien a Marcus Foster, a pesar de sus buenos partidos en algunos momentos de la temporada pasada, y ha acabado firmando muy lejos de casa. Foster firmará su primer contrato profesional en Corea del Sur, con el DB Promy. No tenemos noticias ni de Tyler Clement, ni de Manny Suarez ni de Toby Hegner, los otros tres seniors del año pasado. 

Con esas bajas, por supuesto, ha habido nuevas incorporaciones. En concreto, Marcus Zegarowski, Christian Bishop y Samson Froling. Los dos primeros llegan desde sus respectivos institutos. Froling lo hace desde más lejos, ya que es Australiano. Aterriza en Omaha, además, con méritos, ya que fue uno de los mejores jugadores en una selección australiana sub18 que se hizo este verano con el campeonato de Asia. También llegan nuevos Connor Cashaw y Denzel Mahoney. El segundo no podrá jugar en su primer año, como consecuencia de cambiar Southeast Missouri State por Creighton. Sí podrá hacerlo, al parecer, la otra incorporación, Connor Cashaw. Este escolta anotador llega desde Rice, donde fue titular y una de las referencias atacantes del equipo. También podrá contar McDermott con Damien Jefferson. Jefferson dejó los Lobos de New Mexico para firmar por los Bluejays pero se tuvo que pasar un año en blanco por el trasvase. Finalmente, Jett Canfield también es una nueva incorporación. Un base de Topeka, Kansas, que intentará hacerse un hueco en el grupo de McDermott.

En ese grupo, siguen jugadores importantes como Davion Mintz, Mitch Ballock, Jacob Epperson, Ty-Shon Alexander y Jordan Scurry, además de un Martin Krampelj que, a pesar de su lesión en un momento muy oportuno de la temporada, ha recibido sus reconocimientos este verano y se espera mucho de él la temporada que viene. Por cierto, ya que sigue y él fue el elegido el año pasado, no vamos a volvernos locos, y seguiremos usando su nombre para titular todas las entradas sobre Creighton en esta temporada 2018-2019. 

Finalmente, la universidad ha publicado el calendario de enfrentamientos, los partidos que jugarán antes de comenzar a batirse contra sus rivales de la Big East. Muchos alicientes y buenas expectativas en un calendario exigente, ya que Creighton se enfrentará a Montana, Gonzaga, Oklahoma, Nebraska, u Ohio State. Además, participarán en el prestigioso torneo Cayman Islands Classic, donde también lo harán las universidades de Clemson, Akron, Georgia, Illinois State, Boise State, St Bonaventure y Georgia State. 



domingo, 26 de agosto de 2018

Javier Otxoa



El 2 de enero de 2001, la web autopista.es se hacía eco de un estudio del Instituto de Tráfico que arrojaba unas cifras insoportables. En todo el siglo que recién se abandonaba entonces, más en el año primero del siguiente que se acababa de estrenar, habían muerto más de 250.000 personas en accidentes de tráfico. El número de heridos se multiplicaban. Poco más de un mes después de esa publicación, se produjo otro accidente. El 15 de febrero de 2001, en el término municipal de Cártama, Málaga, a la altura del kilómetro cincuenta, en la A-357, un vehículo atropellaba a dos ciclistas. Eran los gemelos Ricardo y Javier Otxoa. Ricardo Otxoa moría minutos después. Javier Otxoa ingresaba en el hospital Carlos Haya de Málaga y estaría en coma 65 días. A pesar de las pocas esperanzas, despertaría. Los daños cerebrales, sin embargo, serían permanentes. Tuvo que volver a aprender a leer y escribir. A andar. Y, sobre todo, tuvo que aprender a soportar lo que le había ocurrido. Tuvo que aceptar que su hermano gemelo ya no iba a poder salir a entrenar con él. 

El año 2017 mantuvo la misma insoportable realidad numérica: 1.830 muertos en carretera. 408 de ellos eran motoristas, 351 peatones y 78 ciclistas, casi el 50% de los muertos. Los Otxoa entrenaban en Málaga hace 17 años. Ellos mismos confesaban que eran mitad vascos, mitad andaluces. Vivían abajo, nacieron arriba. Nacieron en Barakaldo, como tantos vizcaínos, pero eran de Berango. Crecieron en Málaga, entrenaban allí, se habían enamorado en el sur. Aquel día entrenaban en una zona complicada pero muy transitada por ciclistas. El diario El País lo explicaba al hacerse eco del accidente: "Recientemente, todo el equipo Alessio, con su líder Ivan Gotti al frente, circuló cotidianamente por esa carretera". Gotti había ganado los Giros de 1997 y 1999, aquel año, en 2001, acabaría séptimo. Su compatriota Gilberto Simoni sería el vencedor final, dejaría sin premio a otros dos vascos, como los hermanos Otxoa, Abraham Olano y Unai Osa. 

Antes de ser profesionales, los dos hermanos gemelos habían sido campeones de España amateur. Salieron de la Sociedad Ciclista Punta Galea, la misma cantera de la que salieron corredores como Mikel Zarrabeitia, Iñigo Landaluze, Jonathan Castroviejo o Roberto Laiseka. Laiseka, 2001: sus brazos arriba en Luz Ardiden. Fue superando a todos los escapados y acabó por cumplir la alegría de muchos aficionados. Un año antes, Javier Otxoa había hecho lo mismo: en la montaña de Lourdes, en Hautacam. Resistió al frío, a sus rivales, a la niebla y al mismísimo Lance Armstrong. Era la décima etapa, la reina, decían. Vestía el maillot del Kelme, apenas tenía 25 años. Todo su futuro profesional estaba por delante. Igual que el de su hermano. 

Javier Otxoa acaba de morir a los 43 años. Vivía en Alhaurín de la Torre, se quedó en el sur. Durante todo este tiempo, siguió luchando. Tras una larga recuperación, superó las secuelas del atropello para convertirse en un paralímpico laureado. Consiguió dos medallas en Atenas 2004, una de oro en ruta y otra de plata en pista, y dos en Pekín 2008, una de oro y otra de plata, ambas en ruta. No serían sus únicos logros y sus únicas medallas. En los últimos años, su lucha fue doméstica, personal, ajena a los focos mediáticos. Pero siguió luchando, hasta que no le quedaron fuerzas. La nota de prensa anunciando su fallecimiento la publicó el ayuntamiento de Alhaurín de la Torre. Apenas a una docena de kilómetros de aquel 15 de febrero de 2001. A diecisiete años de distancia, si contamos en días. Una eternidad. 

Ahora que ya no están, quedará la Randonnée Punta Galea, una marcha cicloturista con más de treinta años de historia que, desde 2005, cambió de nombre y se la conoce como Klasika Javier Otxoa. Su hermano también queda recogido y homenajeado. El veterano Circuito de Getxo, prueba profesional que se disputa de 1924, pasó a llamarse, en 2001, Memorial Ricardo Otxoa. 

He visitado cientos de veces la tumba de Ricardo Otxoa, aunque no fuera a propósito. Estaba allí, de camino a la que yo iba a visitar. Un par de bloques antes, siempre la miraba de reojo cuando pasaba. Se le veía feliz, quieto, pero feliz, levantando el trofeo. Acabó formando parte de aquella parte de mi vida, la que te lleva a un silencioso pasillo de hormigón, decorado con lápidas de mármol, intentando desesperadamente soportar y entender cómo funciona el tiempo y los sucesos que lo van escalonando.  Nunca he acabado por entenderlo del todo, por supuesto. Sigo en ello. No sé si Javier Otxoa acabó superando, aunque fuera soportando, lo que le ocurrió diecisiete años antes. La memoria de los dos gemelos quedará ahí. Junto a los números y los porcentajes. Los números y los porcentajes tienen nombres y apellidos, familia, recuerdos. Recuérdalo tú: paciencia, respeto y, sobre todo, 1,5 metros, mínimo. 

sábado, 25 de agosto de 2018

Arnaud Demaré



Agosto siempre es un mes que a este blog se le hace cuesta arriba y, por eso, con esfuerzo, vamos a elegir el ciclismo para seguir escribiendo, a pedaladas lentas, y que no nos pille el coche escoba. Voy a publicar dos entradas seguidas, ambas de ciclismo, o eso me propongo. Una va a ser más desenfadada y enfangada, así que voy a empezar por esta.

Porque también empieza la Vuelta a España.

Después de la confirmada ausencia de Mikel Landa, quien tampoco hubiera arrojado mucha luz a las quinielas de haber llegado, parece que todo el mundo está de acuerdo en que la nómina de corredores presenta muchos candidatos pero no hay ninguno en el que apostar con seguridad. Todos parecen llegar tras una temporada de dudas y sobresaltos, ya sea por una razón o por otra.

En cualquier caso, no vamos a escribir la típica entrada resumiendo participantes, recorrido y expectativas. Vamos, mejor, a enredarnos con números y porcentajes.

Siempre que escribimos una entrada así, primero puntualizamos y nos lavamos las manos, pero esta vez, solo vamos a insistir en la falta de rigurosidad y la parcialidad y relatividad de todo lo que expongamos, incluidas las conclusiones. Vamos a usar números y porcentajes, como ya he dicho, pero, aún y así, creo que todo seguirá siendo relativo.

La motivación ha llegado cuando me he encontrado con este titular en un periódico deportivo de tirada nacional: "España está de vuelta en la Vuelta a España". Ocurrente, ¿verdad? El artículo, firmado por Nacho Labarga, venía a decir que desde 2012 no se juntaban cuatro equipos profesionales con arraigo en España (dejemos política e identidad a un lado). El dato, así, en frío, es bueno. En otra noticia, añadían un número más: 37 españoles se reunirían en el pelotón que tomará la salida en Málaga hoy mismo. ¿Son 37 de 176 muchos o pocos? ¿Son datos para generar ilusión, para hablar de recuperación en el mermado pelotón estatal? Vamos a intentar contestar a esa pregunta aunque, como ya he anticipado, acabaremos por concluir que todo es relativo.

Para hacerlo, y aunque no nos guste, nos vamos a ceñir a las tres grandes, ya que estamos hablando del pelotón de la Vuelta, y lo compararemos con los logros y participaciones en el Giro de Italia y el Tour de Francia de este año 2018. Lo haremos, además, centrándonos en esos tres países, Italia, Francia y España, ya que ellos albergan y organizan estas tres grandes. Aquí solemos abrazar la internacionalizad del pelotón y la diversidad del calendario, las pruebas y las categorías del ciclismo profesional y semi profesional, pero, en este caso, vamos a hacer un esfuerzo y ceñirnos a esto.

Es cierto, que haya cuatro equipos nacionales en el pelotón de salida de la Vuelta es una buena noticia. No podemos obviar, sin embargo, que solo uno es de la máxima categoría de la UCI, el Movistar. Los otros tres equipos, Caja Rural, Burgos-BH y Murias Taldea, recibieron una invitación para poder tomar parte en esta edición. Merecida, dirán algunos. Sí, se puede decir. Pero la escasez de proyectos profesionales en la élite del ciclismo internacional sigue latente. 

En total, como ya hemos dicho, participarán en esta vuelta un total de 176 corredores, y 37 serán clasificados como nacionales. De esos 37, 22 participarán vistiendo un maillot de un equipo español. Es decir, el 59,4%. Hasta 15 corredores nacionales participarán en la vuelta cobrando su nómina en otros equipos con sede en países extranjeros. Si hay 4 equipos españoles, quiere decir que podrían haber alistado hasta 32 corredores, ocho por cada escuadra. Si, entre los 4, aportan 22, quiere decir que el 68% de los corredores de equipos nacionales son del país. Solo un equipo, el Murias Taldea, completa su ocho de salida sin contar con corredores que no hayan nacido en el estado español. Queda al criterio de cada uno colegir y/o decidir si los porcentajes o los números invitan a sacar conclusiones. Sean cuales fueran esas conclusiones. 

Si nos fijamos en la aportación nacional en las otras dos grandes vueltas por etapas, vemos que los números son relativamente parecidos. En esta última edición del Giro de Italia hubo 3 equipos italianos, mientras que en el Tour de Francia contaron con hasta cinco escuadras francesas. Sin embargo, en el Giro de Italia participaron un total de 42 corredores italianos, mientras que en el Tour, a pesar de tener más equipos nacionales, el número de corredores autóctonos fue incluso menor que el de españoles en la Vuelta, aunque solo ligeramente: 35 corredores franceses en total. Parece que los números en cuanto a corredores son bastante parejos, aunque sí se puede interpretar que Francia cuenta con una salud más sana en cuanto a la creación de proyectos deportivos. Al fin y al cabo, cinco escuadras tomaron parte en el Tour, 2 de ellas repitieron en el Giro y hasta 3 representarán a los galos en la Vuelta a España. Justo en el extremo opuesto, Italia no contará con ningún equipo ni en la Vuelta ni lo hizo en el Tour, aunque proyectos como UAE Team Emirates y Bahrain tienen un gran peso italiano en su formación. Sin embargo, lo que no se puede negar es que los italianos, aunque no tengan equipos, siguen siendo competitivos en el pelotón internacional. En esta Vuelta a España, por ejemplo, a pesar de no tener equipos, tendrán hasta 20 corredores, 4 más que los franceses, quienes contarán con 16 participantes y eso que cuentan con 3 equipos profesionales en la Vuelta. En el Tour, la comparativa fue parecida si lo hacemos, esta vez, comparando a españoles e italianos. Italia no tuvo ningún equipo en el Tour pero contó con 13 corredores, los mismos que España, pero estos contaban con un equipo tomando parte. En el Giro, los franceses tuvieron, como ya hemos dicho, 2 equipos y 14 corredores en liza, mientras que los españoles contaron con 1 solo equipo y 12 corredores participantes. Lo que resaltó en este Giro fue la fidelidad de los equipos italianos para con el talento nacional, ya que teniendo 3 equipos, contaban con un potencial de 24 corredores y hasta 22 de los que alistaron fueron italianos. Un 91,6% que mejora mucho el 68% de los equipos españoles en la Vuelta, a su vez, parecido al porcentaje que presentaron los franceses en el Tour, ya que de los 40 corredores que pudieron elegir los 5 equipos franceses en este Tour, 30 fueron nacionales, 75%.

Si nos fijamos en las victorias, los resultados son más escasos, pero ponen, aún y así, el listón muy alto para los españoles en la Vuelta. Y es que en el Giro de Italia hubo hasta 5 victorias italianas, aunque ninguna tuviera como protagonista a un corredor que participara con el nombre de un proyecto nacional. Elia Viviani se llevó cuatro y Enrico Battaglin, una. En el Tour, los corredores nacionales consiguieron hasta 3 victorias, dos para Julian Alaphilippe y una para Arnaud Demaré, quien, de paso, consiguió la única victoria para un equipo francés, el Groupama-FDJ. Habrá que ver si los españoles consiguen repetir estos triunfos en la Vuelta. Eso sí, ningún equipo francés y ningún corredor francés mojaron en territorio italiano, y ningún equipo italiano (ninguno participó) y ningún corredor italiano mojaron en territorio francés. Sin embargo, tanto corredores españoles como el único equipo español participante en Giro y Tour consiguieron victorias en ambas carreras. Mikel Nieve, corriendo para un equipo australiano, y Omar Fraile, corriendo para un equipo kazajo, triunfaron en Giro y Tour respectivamente. Finalmente, el Movistar ganó en ambas pruebas, aunque con corredores extranjeros: Richard Carapaz, ecuatoriano, en el Giro y Nairo Quintana, colombiano, en el Tour. 

El pelotón internacional se ha hecho más internacional que la propia palabra que lo describe. Ya no se puede señalar a Italia, Francia y España como las únicas potencias. Nunca lo fueron en realidad. Los datos son igual de significativos si miramos solo al palmarés y contamos los ganadores finales en estas pruebas. Sobre todo en el caso de Francia, donde llevan años sin conseguir formar un ganador de grandes vueltas. Hay que remontarse hasta 1985 para ver ganar a un francés el Tour, Bernard Hinault. Hasta 1989 para ver a Laurent Fignon ganar el Giro de Italia. Y hasta 1995 para que Laurent Jalabert hiciera lo mismo en la Vuelta. Vincenzo Nibali ha sido el último italiano en ganar el Giro y el Tour, y lo hizo relativamente cerca; en 2014 el segundo y en 2016 el primero. Fabio Aru fue el último italiano en ganar la Vuelta, en 2015. Más hay que remontarse en el caso de España, ya que Alberto Contador, retirado, acapara los últimos triunfos: el Tour de 2009, el Giro de 2015 y la Vuelta de 2014.  

Lo cierto es que otros países han tomado el relevo ganador en estas categorías y pruebas. Colombia vio a Nairo Quintana ganar la Vuelta de 2016 y el Giro de 2014, y aún confía en que repita en otras ediciones, se estrene en el Tour o corredores como Iván Sosa o Egan Bernal le tomen el relevo. Pero, el país que más ha acaparado triunfos en estas ediciones finales de las tres grandes es sin duda el Reino Unido. En parte, por supuesto, gracias al éxito de Chris Froome. De él son la Vuelta de 2017, el Giro de 2018 y cuatro de los siete últimos Tours. Pero es que, además, Bradley Wiggins y Geraint Thomas también han ganado Tours desde 2012, uno cada uno, con lo que completan 6 Tours de los 7 últimos, todo un éxito en Inglaterra. 

El éxito británico en esta temporada es más absoluto, habiéndose llevado ya dos de las tres grandes vueltas. Será difícil que consigan el triplete y alguno de los cuatro ingleses en esta Vuelta agrande el éxito, pero quién sabe si alguno de los dos Yates, Simon y Adam, el veterano Stephen Cummings y el joven Tao Geoghegan Hart no podrían dar la sorpresa o, al menos, acaparar más triunfos parciales, que no son pocos los que llevan ya: cinco victorias en el Giro (tres de Simon Yates y dos de Chris Froome) y 2 más en el Tour, ambas de Geraint Thomas. El éxito de las islas se completaría con los irlandeses Sam Bennett y Daniel Martin, ya que el primero ganó tres etapas en el Giro y el segundo una en el Tour de Francia. 

Así pues, ahora dejaré espacio al final de la entrada para que cada uno saque sus conclusiones. ¿Se pueden echar las campanas al vuelo? ¿Son estos cuatro equipos participando en la Vuelta el comienzo de una nueva época de vacas gordas en el ciclismo español? ¿37 participantes son muchos, pocos? ¿Se confía en el producto nacional en los equipos españoles? ¿Han dejado de ser potencias internacionales estos tres clásicos países? ¿Es una chorrada y una pérdida de tiempo plantearse estas preguntas? Yo no voy a contestar ninguna. Tiro la piedra, y luego, esconderé la mano. 

Hoy, para empezar, en la Vuelta se ha llevado la primera etapa un australiano. Ya veremos cómo sigue todo. 

Posdata: Le voy a dar el titular y la fotografía a Arnaud Demaré. Más que nada, porque él ha sido el único ganador, por ahora, en su país con un maillot de su país. Y porque, aunque no participe en la Vuelta, acaba de hacer una auténtica exhibición en el Tour de Poitou-Charentes al llevarse las cinco etapas parciales que se disputaron y, por supuesto, de paso, la general final. 

domingo, 5 de agosto de 2018

Ziortza Villa



Se lo han preguntado varias veces a Kilian Jornet, por lo que me cuentan: cómo habría sido su carrera si hubiera puesto su talento al servicio de disciplinas atléticas con presencia en las Olimpiadas, por ejemplo. No sé si a Jornet le molesta o le trae al pairo esta pregunta. Él ama la montaña. Lo que hace comporta más que un espíritu competitivo. Creo, sinceramente, que lo mismo podría decirse de los ciclistas que se dedican al ultrafondo. Si ya es difícil, a veces, que se reconozcan las victorias fuera de las tres grandes vueltas por etapas o el campeonato del mundo, imagínate si dedicas todos tus esfuerzos y sacrificios a distancias y competiciones que no tienen la misma repercusión ni atraen a los patrocinadores que si consiguen otras. Pero, el valor es el mismo, o quizás mayor, si se contemplan estas variables. Hay poesía en el rumor de las ruedas sobre el asfalto cuando la noche se ha echado encima. Seguro. 

Hace unos días Julián Sanz y Ziortza Villa consiguieron una de esas hazañas que apenas logran un pequeño hueco de unos segundos en los telediarios y cuatro líneas en una sección hundida de los periódicos deportivos. Justo al final del fútbol, ahí, en un rincón, te podías encontrar la reseña, quizás una foto, una pequeña referencia a lo que estos dos ciclistas vascos lograron pedaleando el camino de Santiago. El palmarés de Julián Sanz reclama otra entrada completa en este blog, y se la dedicaremos en otra ocasión, pero ahora hemos decidido centrarnos en la figura de Ziortza Villa. Primero, porque ella fue, qué curioso, de los dos, a quien menos espacio y atención se la dedicó en la prensa y la televisión. Segundo, porque nadie puede negar que lo que ha hecho es un hito. Ha abierto un camino, un camino muy largo, por cierto, que ahora, ojalá, sigan y superen otras. Su sonrisa cansada pero satisfecha en la llegada a la plaza del Obradoiro, donde le recibían sus allegados y los aplausos rebotaban en el eco del empedrado, merece llevarse el titular de esta entrada y el foco de la misma.

Nacida en 1983, Villa parece haber encontrado su espacio deportivo a los 35 años. Lo que ha mejorado en los últimos años solo lo saben los que pedalean cerca de ella, sus compañeros de Ciclos Gorliz, sobre todo, que la acompañan en entrenamientos y retos. Fue brevemente profesional con el Bizkaia-Durango, pero pronto dejó esta aventura para aventurarse aún más lejos, doblando la distancia. En el ultrafondo, encontró lo que pareció faltarle en la competición de ruta profesional. Ahora, ya consolidada como una referencia nacional en la disciplina, su palmarés empieza a hincharse como crecen los dígitos en su pulsómetro. Ya ha sido tres veces ganadora del Campeonato de España de Ultrafondo y, este mismo año, se ha convertido en la primera ganadora de la Copa de España de ultrafondo. Su próximo gran reto es el mundial de la categoría en Borrego Springs, California, Estados Unidos, donde ya obtuvo muy buenos resultados el año pasado.

Pero antes de encarar este, tenía otro reto personal para el que entrenó en silencio.  Hace unas semanas, lo añadió a su lista de sueños cumplidos. En abril, lo confesaba en la web Zikloland: "Es algo que llevo queriendo hacer hace años y creo que ha llegado el momento. Me siento preparada para afrontarlo y me hace especial ilusión poder cumplir este sueño junto a Julián". Se refería a recorrer el Camino de Santiago sin paradas: 750 kilómetros y 7900 metros de desnivel desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela. Todo el recorrido sin parar. Ambos corredores, Sanz y Villa, buscaban dos récords que serían atestiguados y recogidos por la asociación mundial de ultrafondo (World Ultracycling Association), quienes siguieron el desarrollo de la prueba para dar validez al logro. En concreto, el reto de Julián Sanz era batir su propio récord y cubrir la distancia en menos de 24 horas. Sanz lo consiguió al pedalear todos esos kilómetros en 23 horas y 37 minutos. Para Sanz, al mismo tiempo, este desafío suponía la oportunidad de cerrar un ciclo que empezó en 2006 en las mismas circunstancias y ponerle, así, un broche de oro perfecto a la carrera del de Ugao. Villa aún está creciendo. La impresión es que aún le quedan pendientes otras gestas. Su objetivo era comenzar una historia: ser la primera mujer en establecer una marca en esta distancia, un recorrido caprichoso, quizás, pero que une el ciclismo y el reto deportivo con los ecos de la historia y la cultura de un país. Días después de la gesta, también en Zikloland, Villa explicaba su alegría. Acababa de lograr su objetivo al llegar a la plaza después de invertir 34 horas y 20 minutos para recorrer los más de 700 kilómetros: "Me hace muy feliz haber cumplido mi sueño y establecer el primer registro femenino avalado por la World Ultracycling Association WUCA en este recorrido. Es todo un honor obtener este primer récord y con él poder seguir abriendo el camino."

Mientras estábamos escribiendo esto, otro ultrafondista vasco, Mikel Azparren, perseguía la misma distancia y buscaba parecidos tiempos. Creo que acababa de pasar Sahagún cuando le dimos el visto bueno a lo que escribíamos. Tras la pájara de hace unos días, que le dejó desfondado en Logroño, Azparren había decidido volver a intentarlo en plena ola de calor. Según él, las temperaturas de la sobremesa, las compensaría el viento a favor y los buenos grados de la noche, donde más sufría habitualmente, según confesaba en una entrevista. Antes de que le diéramos a publicar la entrada, Azparren ya había terminado su reto, y lo hizo con final feliz y una clavícula rota, al parecer. 

Ni Sanz ni Azparren ni los que vengan después de ellos, sin quitarles mérito, podrán restarle valía a la gesta que firmó Ziortza Villa por la ruta peregrina. Unos días más tarde de conseguir su hazaña, la vizcaína sonreía afable y cercana en la entrega de premios de la 5ª cronoescalada a Gorliz. No era una estrella pero en el firmamento del ultrafondo, la primera que ha brillado camino de Santigo fue su estela, la que fue dejando por el asfalto, cuando todo se oscurece, la noche enmudece, y solo ella y sus fuerzas sostienen el reto. Eso es, probablemente, lo que fascina a Jornet en lo alto de la cima, y algo parecido debió sentir Villa cuando entraba a la plaza. Los demás, como el que ahora escribe, solo podemos jugar a imaginárnoslo. Da igual que no salga en televisión, el eco, de alguna forma, siempre llega.