jueves, 20 de febrero de 2020

Eddie Griffin



Hace unos días me llamó la atención leer el siguiente titular: "Sebastian Telfair: El último juguete roto de la NBA". Se publicaba en Gigantes del Basket y recogía información sobre la detención y condena del otrora jugador profesional de la NBA. Al parecer, por otras fuentes, descubrí que en agosto del año pasado fue condenado a más de tres años de cárcel por posesión ilegal de armas, y un mes más tarde, fue puesto en libertad a la espera de la resolución sobre la apelación que pidieron sus abogados. Está bajo arresto domiciliario, sin pasaporte y llevando una pulsera de seguimiento en su tobillo. Su caso, probablemente, no fuera tan aireado y popular como el más reciente de Delonte West, pero era otro más en una larga lista de ejemplos de jugadores que acabaron peor de lo que se podía esperar dadas sus carreras y las oportunidades que tuvieron. Si no me confundo, por cierto, Delonte West y Sebastian Telfair coincidieron juntos en los Cleveland Cavaliers. Era el quinto equipo NBA para un Telfair que, en su adolescencia, fue una estrella nacional, convirtiéndose en un acontecimiento cuando renunció a la NCAA y su acuerdo con la Louisville de Rick Pitino para ingresar en el draft del 2004 y ser elegido en el puesto 13º por los Portland Trail Blazers, por detrás justo de Robert Swift, otro que podría entrar en esa lista, que también fue detenido por posesión de armas y que ahora busca una segunda oportunidad en Gijón en la LEB Plata. 

En esa lista de muñecos rotos, de jugadores que dilapidan fortunas, que se ven envueltos en actos criminales o acaban en la cárcel, uno de los casos más dramáticos fue el de Eddie Griffin. Griffin, estrella de la universidad de Seton Hall, llegó al draft de 2001 con aspiraciones y se situó, finalmente, en el 7º puesto, elegido por unos New Jersey Nets que lo traspasarían a los Rockets. Fue el draft de Pau Gasol, elegido en tercera posición por detrás de Kwame Brown y Tyson Chandler. La carrera de Griffin en la NBA fue corta y sinuosa, en gran parte, debido a sus problemas extradeportivos, principalmente con el alcohol. Fue corta, también, porque falleció a los 25 años, cuando su coche fue arrollado por un tren de carga, al conducir borracho y saltarse un paso a nivel. No era la primera vez que sufría percances en la carretera. Se hizo viral, antes de que se hiciera viral esa expresión, al sufrir un accidente por distraerse conduciendo mientras al mismo tiempo se masturbaba y conseguir que la policía no le realizara un test de alcoholemia. Cuando firmó por los Wolves, allá por la temporada 2004-2005, se confiaba en su rehabilitación, tras haber pasado por problemas de disciplina y con el alcohol en los Rockets y no llegar a jugar con los Nets, con los que firmó después, por un asunto de violencia doméstica que le llevó a la cárcel, aunque fuera por unos días. Era algo que ya venía de lejos, de su instituto y del único año en el que jugó para Seton Hall. Aún así, en la cancha, su talento brillaba por encima de todo: en el instituto era una estrella en Filadelfia, a la altura del propio Wilt Chamberlain y, en su único año en la NCAA, llegó a estar entre los mejores a nivel nacional en tapones y rebotes. Sus dos primeras temporadas en los Rockets fueron prometedoras, pero la tercera se la pasó, como ya comentamos, en un centro de desintoxicación. 

Y todo esto viene por una única razón: yo vi jugar en directo a Eddie Griffin y Sebastian Telfair. Los dos al mismo tiempo, en el mismo partido, en el único partido de la NBA que he visto en directo. Fue el 15 de enero de 2005, en el Target Center de Minnesota. Los Wolves ganaron a los Blazers por 92 a 84. Telfair apenas jugó 8 minutos, y consiguió un triple. Griffin salió del banquillo, e hizo un gran partido, sobre todo en defensa y en el rebote: 18 cazó. Leer el nombre de Telfair en la prensa me llevó a relacionarlo con el de Griffin, y entonces me acordé de aquel día de invierno, frío, con la nieve reciente, y yo en la primera fila de butacas, horas antes de que empezara el partido, viendo a Sam Cassell en chandal tirando a canasta y las chicas haciéndose fotos con Mark Madsen. 

Por curiosidad, abrí un cajón en casa y lo encontré: el librillo del partido. Allí seguía en esa caja repleta de recuerdos abandonados de aquel tiempo que pasé viviendo en los Estados Unidos. Y me puse a ojearlo, a revivir aquel día. Entre publicidad de Verizon, Best Buy, Samsung, Toshiba, Hard Rock Café, Ramada Inn, Buick, Chevrolet, JVC (hasta un próximo concierto de Josh Groban en el mismo Target Center), pasatiempos para niños y mayores, y otras recomendaciones más locales, en aquel librillo te encontrabas noticias y entrevistas que, por aquel entonces, serían pura actualidad, pero que ahora se tiñen de nostalgia y curiosidad. 

Por ejemplo, el primer reportaje era una entrevista con el ahora entrenador de los Cornhuskers de Nebraska en la NCAA, competición a la que vuelve después de sus no muy exitosos dos años y un poco del tercero en los Bulls, Fred Hoiberg. El titular y su pequeña ampliación debajo eran significativos: "Doing What It Takes on Both Ends of the Court, Fred Hoiberg does whatever is necessary to get a win". Es decir, algo así: "Haciendo lo necesario en los dos lados de la cancha, Fred Hoiberg hace lo que haga falta para ganar." Así definían el carácter de un jugador que había llegado el año antes desde los Bulls, equipo al que luego entrenaría, como ya hemos dicho. Solo jugó en tres equipos en la NBA, Pacers, Bulls y Wolves antes de retirarse, y, en parte, descubría por qué en esa entrevista: no primaba el dinero y prefería privilegiar otras cosas. Renovó por el equipo de Minnesota porque su familia estaba muy a gusto en la ciudad. En ese mismo librillo, Hoiberg también protagonizaba la sección "time out", una batería de preguntas rápidas sobre cuestiones más generales y anecdóticas como la típica "¿qué hubieras sido de no ser jugador de baloncesto?". La respuesta era jugador de golf. Por eso, su deportista preferido era Jack Nicklaus. Y, a parte de su pasión por este deporte, descubríamos otras curiosidades como que le gustaba el rock clásico y su primer concierto fue uno de los Rolling Stones y su primer coche un Oldsmobile del 83, que le gustaba comer pollo antes de los partidos y, lo más sorprendente, que, de poder elegir a alguien, a quien le hubiera gustado conocer sería a Sócrates, y supongo que se refería al filósofo más que al futbolista brasileño.  

Además de la entrevista y las preguntas rápidas a Hoiberg, también había un pequeño reportaje sobre el mismo Griffin: “is working to overcome a troubled past and excel on and off the court”. Es decir: "Griffin trata de superar un pasado problemático para brillar tanto en la cancha como fuera de ella". Todo era optimismo y buenas intenciones, aunque no se ocultaban detalles para con ese pasado del que hablamos antes, eso sí, ligeramente suavizados: “After spending two seasons with the Houston Rockets, Griffin was released for reportedly missing practices and even a team flight early in the 2003-2004 season. Not long after his release, he signed with the New Jersey Nets. He never played a minute in New Jersey. Instead, he entered an alcohol rehabilitation center”. Vuelvo a traducir: "Tras pasar dos temporadas en los Houston Rockets, Griffin fue despedido por, supuestamente, ausentarse de los entrenamientos y llegar incluso a perder un vuelo con el equipo en la temporada 2003-2004. Poco después de su despedida, firmó con los New Jersey Nets pero no llegó a jugar un solo minuto. En lugar de ello, fue internado en un centro de desintoxicación."

Otras secciones recurrentes, incluían, en este número, cinco preguntas al speaker del Target Center, Rod Johnson; información sobre las actividades más recientes en favor de la comunidad; curiosidades sobre los gustos deportivos en fútbol americano y béisbol a los jugadores de los Wolves, en donde destacaba que solo dos, Kevin Garnett y Hoiberg, optaban por el de la ciudad, los Vikings de Minnesota, y peor en béisbol, porque solo Garnett elegía a los Twins de Minnesota; la sección sobre universidades del estado, en la que le tocaba el turno a un equipo de la tercera división de la NCAA, el Gustavus Adolphus Gusties donde entrenaba Mark Hanson, y cuyos mejores jugadores, según el reportaje, eran Doug Espenson, Adam TeBrake y Phil Sowden, de los que no se encuentra información en la red porque probablemente no tuvieran carrera profesional. Mark Hanson sigue allí, creo que lleva 30 años como primer entrenador de ese equipo; y el resto era información sobre el equipo, la franquicia o los rivales. Quizás la sección más chocante, para alguien de fuera, era la relativa a las animadoras, que incluía las fotografías de las 16 bailarinas del Timberwolves Dance Team, Abby, Alysia, Andrea, Emily, Erin, Inger, Heather, Krisan, Melissa, Natalie, Nicee, Shannon, Shayna, Stacey, Stacy y Tristina. Más las de las dos responsables del equipo, Melissa Sax y Tura Hallblade. 

Aquellos Wolves de la temporada 2004-2005 ya eran propiedad de Glen Taylor, quien lo tenía, de hecho, desde 1995. Natural de Mankato, Minnesota, Taylor era el fundador de Taylor Corporation y, por aquel entonces, confiaba en la labor administrativa de Rob Moor y Chris Wright, y, para la deportiva, contaba con Jim Stack y un Kevin McHale que, a pesar de haber hecho su carrera profesional en los Celtics de Boston, era natural de Hibbing, Minnesota, y había jugado para la Universidad de Minnesota. McHale ya no está. Su lugar lo ocupa ahora Gersson Rosas, quien tras convertirse en el primer manager de origen latino en la NBA, con los Dallas Mavericks, fue luego la mano derecha de Daryl Morey en los Houston Rockets. Él fue el elegido para rejuvenecer la plantilla y reestructurar el futuro del equipo. Su primera decisión fue una coincidencia histórica, al menos, tal y como encaja en esta entrada: decidió que Ryan Saunders siguiera siendo el entrenador principal, cargo que ya había aceptado cuando se despidió a Tom Thibodeau la temporada anterior. Acompañado en el banquillo por dos viejos conocidos del baloncesto europeo, David Vanterpool y Pablo Prigioni, Saunders se convertía en el entrenador más joven de la NBA en la actualidad, a sus 32 años (más de cuarenta jugadores en la NBA son mayores que él), y el más joven en 40 años, desde que Dave Cowens entrenara a los Celtics de Boston cuando solo tenía 30 años, seis más que Dave DeBusschere, entrenador de los Detroit Pistons en la 64-65 con 24 años, aunque en estos dos casos ambos eran jugadores-entrenadores. Sin embargo, la coincidencia histórica con respecto a esta entrada es que Ryan Saunders, actual entrenador de los Minnesota Timberwolves, es el hijo de Philip "Flip" Saunders, entrenador de los Wolves cuando yo estuve en aquel partido del Target Center y toda una leyenda del baloncesto en Minnesota que fallecería en 2015, diez años después de aquel partido. Acompañaban a Saunders padre en su equipo técnico, allá por 2005, clásicos de la NBA, tanto en los banquillos como en la cancha, como Sidney Lowe o Randy Wittman, más un caso curioso, el de Don Zierden, más que nada por ser el padre de Isaiah Zierden, del que hemos hablado mucho aquí en nuestros repasos de la actividad competitiva de la universidad de Creighton, con la que se licenció, se marchó a jugar a Portugal y no hemos vuelto a saber más de él. Por cierto, en aquellos Wolves de Saunders padre, Zarko Durisic era el jefe de la sección internacional, el caza talentos extranjero para el equipo. Durisic, que estaba en aquella Wichita State de los Xavier McDaniel y Antoine Carr, se instaló en Estados Unidos después de jugar para Buducnost y Olimpija Ljubljana y allí sigue, en algún otro cargo dentro del equipo administrativo de los Minnesota Timberwolves. 

Flip Saunders tenía a sus órdenes un buen equipo de veteranos, con hasta diez jugadores rozando o por encima de los 30 años: Anthony Carter (1975), Sam Cassell (1969), Kevin Garnett (1976), Fred Hoiberg (1972), Troy Hudson (1976), Ervin Johnson (1967), Mark Madsen (1976), Michael Olowokandi (1975), Latrell Sprewell (1970) y John Thomas (1975). El más joven de todos era el inglés Ndudi Ebi (1984), que para aquel partido estaba lesionado, igual que Madsen y Cassell, como recordaremos luego. Wally Szczerbiak (nacido en Madrid mientras su padre Willy Szczerbiak hacía carrera en España) era de 1977, de 1979 Trenton Hassell, y de 1982 Eddie Griffin. Llegaban al partido con un récord de 17-17, cuando aún faltaba más de la mitad de la temporada. En la anterior, habían ganado la división Medio Oeste (con un rango de 58 victorias por 24 derrotas) y acabarían como subcampeones del Oeste al perder en semifinales ante Los Angeles Lakers de Kobe Bryant, Shaquille O'Neal, Karl Malone y Gary Payton que luego perderían la final ante los Detroit Pistons de Rasheed Wallace y Ben Wallace, más el que acabaría como MVP de las finales, Chauncey Billups. El MVP de la temporada 2003-2004 fue precisamente Kevin Garnett, de los Wolves, quien, junto con Latrell Sprewell y Sam Cassell, encandiló a los aficionados de la NBA en una temporada regular excelsa que no pudieron coronar con la final. Y así llegaban a la siguiente temporada, manteniendo al equipo, aunque la edad de este trío letal (Garnett en los 29, Cassell en los 36 y Sprewell en los 35) ya anunciaba que quizás era el momento de darle un giro a la plantilla. En cualquier caso, Garnett seguía liderando al equipo, con 23.6 puntos por partido, seguido por un Sam Cassell (15.6) al que empezaban a afectarle las lesiones y el tercero en discordia, Sprewell, con 12.0 puntos por partido. Entre medias, se colaba Wally Szczerbiak, que promediaba 15.4 puntos por partido.

Por su parte, los rivales eran los Portland Trail Blazers, entrenados por Maurice Cheeks. Tenían un juego exterior temible con gente como Derek Anderson (1974), Damon Stoudamire (1973), Nick Van Exel (1971), Ruben Patterson (1975), Darius Miles (1981) o el ya mencionado Sebastian Telfair (1985). Por dentro, un ex de la universidad de Minnesota, precisamente, Joel Przybilla (1979), uno de los mejores taponadores de su generación, Theo Ratliff (1973) y un joven que ya despuntaba: Zach Randolph (1981). Además de los jugadores de banquillo, como Geno Carlisle (1976), el surcoreano Ha Seung-Jin (1985) o Richie Frahm (1979), Cheeks también contaba con dos jugadores interesantes, como el prometedor Travis Outlaw (1984) o el veterano Shareef Abdur-Rahim (1976), al que se le dedicaba un pequeño apartado en el librillo que nos ha llevado a escribir esta entrada, y se rescataban sus buenos años en los Grizzlies y su apodo como "el mejor secreto guardado en la NBA". Los Blazers traían peor racha que los Wolves: 15-19. Zach Randolph, con 20.1 puntos por partido, se había convertido en la referencia del equipo, junto a Abdur-Rahim (15.7), Miles (12.6), Stoudamire (11.7) y el sexto hombre Derk Anderson (11.0).

Kevin Garnett, de todos los jugadores que se presentaron a aquel partido, seguía siendo el que más impacto tenía a nivel nacional. Ocupa la 9º posición entre los líderes en anotación, muy lejos de un Allen Iverson que, con 28.4 puntos por partido para los Sixers, lideraba la tabla de anotadores por delate de Koby Bryant, Dirk Nowitzki, Amar'e Stoudamire, Tracy McGrady y LeBron James. Sin embargo, Garnett lideraba la de reboteadores, con 15.2 capturas por partido, por delate de Tim Duncan, Troy Murphy de los Golden State Warriors y Emeka Okafor. Garnett también aparecía entre los primeros en asistencias (13º), en una clasificación liderada por Steve Nash (11.1). Y, además, Garnett aparecía en 11º posición en robos y en 10º en minutos jugados. El único otro jugador de estos dos equipos que destacaba tanto en una clasificación era Fred Hoiberg, líder de la liga en porcentaje de tiros de tres.

Así se presentaron los equipos en aquel sábado helador de enero de 2005 en el Target Center para disputar un partido que, por supuesto, pasará desapercibido en los anales históricos de la NBA. Los Wolves se llevaron la victoria final, pero después de esta llegarían dos derrotas consecutivas, y tras una prometedora racha de cinco victorias seguidas, las seis derrotas en seis partidos que, finalmente, le costarían el puesto a Flip Saunders, cerrando toda una época, y dándole la oportunidad de entrenar a un Kevin McHale que no haría un mal papel. Por los Blazers, contaban con las bajas, importantes, de Zach Randolph, Darius Miles y Shareef Abdur-Rahim, tres de sus mejores hombres. El surcoreano Seung-Jin estuvo allí pero ni se quitó el chandal. Por parte de los Wolves, Michael Olowokandi estaba sancionado y Sam Cassell regresaba de una lesión, pero no salió del banquillo. Ndudi Ebi y Mark Madsen tampoco fueron de la partida, aunque su impacto en el equipo fuera menor. Con tantas bajas en el juego interior, parecía claro que la cosa se iba a disputar desde el perímetro, y, en parte, así fue, sobre todo, para los Blazers. Ruben Patterson fue el mejor de su equipo, con 25 puntos, 7 rebotes y 2 asistencias, bien secundado por dos jugones que, en rachas de puntería, apunto estuvieron de darle un disgusto a los aficionados locales: el veterano Nick Van Exel, 19 puntos, 6 rebotes y 8 asistencias y Damon Stoudamire: 18 puntos, 6 rebotes y 4 asistencias. Por dentro, se dedicaron a apoyar en el juego el titular, Joel Przybilla, quien apenas aportó 4 puntos, 1 rebote y 2 asistencias, y el reserva Theo Ratliff, quien estuvo más acertado en los minutos que tuvo: 9 puntos, 6 rebotes y 2 tapones, especialidad defensiva en la que Ratliff destacaba en la liga. También jugaron James Thomas, Richie Frahm, Derek Anderson, Travis Outlaw y un Sebastian Telfair que en 8 minutos añadió 3 puntos y 2 rebotes. Por los Wolves, el mejor fue Latrell Sprewell con 25 puntos, 5 rebotes y 2 asistencias, seguido por Kevin Garnett con 17 puntos, 10 rebotes, 4 asistencias, 2 robos y 1 tapón. Los otros jugadores importantes para los Wolves en este partido salieron desde el banquillo. Un sorprendente Troy Hudson, que se fue hasta los 15 puntos y 5 asistencias, Wally Szczerbiak, con 11 puntos y 3 rebotes, y Eddie Griffin, quien solo añadió 6 puntos, pero se fue a la friolera de 18 rebotes, además de añadir 3 asistencias, demostrando que tenía unas cualidades innatas para destacar en varias parcelas de un juego que se le daba muy bien. Fred Hoiberg, en silencio, como siempre, añadió 8 puntos, 1 rebote y 1 asistencia. También jugaron John Thomas, Ervin Johnson, Trenton Hassell y Anthony Carter. La aportación de los banquillos, sin duda, marcó gran parte de la diferencia en el banquillo: 16 puntos de jugadores reservas en los Blazers por los 40 del banquillo de los Wolves. También pesaron los rebotes: 32 para los Blazers y 44 en los Wolves, donde la pareja Garnett-Griffin desarboló a Przybilla y Ratliff, y aunque les esperaran duelos de mayor calibre, los aficionados de los Wolves se ilusionaron ante el rendimiento que podría dar esta dupla. Volved al principio para descubrir que pasó luego con ella.

El partido fue disputado, un correcaminos en varios momentos. Se impuso el juego deslabazado y los tiros en jugadas individuales. Al menos, así lo recuerdo yo. No tengo, de hecho, grandes recuerdos del partido en sí: un alley-oop de Garnett, la electricidad de Van Exel y Stoudamire, y la calidad de Sprewell, poco más. Recuerdo que me aburrí. Recuerdo que estábamos muy alto en el graderío, pero aún así la visibilidad del Target Center era muy buena. Recuerdo que compramos palomitas, como no, y yo me pillé un bidón de cerveza Foster's que no fui capaz de terminarme. De hecho, guardo con más cariño otros recuerdos de aquella experiencia, aunque quizás estos no le interesen a quien sea que haya llegado tan lejos para leer hasta aquí. Recuerdo que el partido era a las ocho de la tarde, pero nosotros llegamos mucho antes. Aparcamos el coche en algún sitio de la ciudad, en el centro, pero no sabría decirte donde: nevaba, hacía mucho frío, apenas había gente por la calle. Entramos en el primer edificio que pillamos y ya no volvimos a salir. Caminamos durante una hora, hicimos algunos kilómetros, nos tomamos nuestros descansos, pero no volvimos a pisar la calle. Los edificios de Minneapolis estaban conectados por puentes acristalados y pasadizos que permitían moverse de un edificio a otro sin tener que salir al exterior. Si te asomabas a los ventanales, fuera veías a gente, muy poca, que se abrigaba como podía mientras esperaba al autobús en su parada o que corría para abrir su coche y refugiarse dentro. Fuimos de moqueta en moqueta, cómodos con la calefacción a tope, cruzando almacenes, tiendas, todo tipo de tentaciones, hasta llegar, casi sin darte cuenta por la falta de orientación, al Target Center. Y allí todo estaba dispuesto: música, puestos, diversión, publicidad... y poca gente. Entramos al campo y bajamos hasta pie de cancha, hasta donde dejaba la seguridad, para ver calentar a los jugadores de cerca. Recuerdo lo que dije antes, a un Mark Madsen sonriente, a un Eddie Griffin que bostezaba, a Sam Cassell lanzando a canasta con desgana pero sin fallar tiro alguno. Recuerdo darle la mano a Wally Szczerbiak y que respondió a mi hola con otro y una sonrisa. Recuerdo aburrirme pronto, porque no he sido muy mitómano, y he visto calentar antes de un partido a gente como Mikel Cuadra, Mark Simpson u Oscar Schmidt Bezerra y estos tampoco fallaban una. Y, de la misma, cuando terminó el partido, nos fuimos. Más convencido, al haberlo visto en directo, de la capacidad que tenía aquel gran negocio y de la falta de juego en lo que ocurría abajo, sobre el parqué. Y eso era 2005. Del resto de aquel fin de semana en Minnesota, recuerdo cosas que han quedado más intensamente sujetas en mi memoria que aquel partido de baloncesto, como el paseo alrededor de las cataratas congeladas de Minnehaha o conducir un coche por un lago helado en el que había una exhibición de esculturas sobre hielo al aire libre y gente pescando como en la película Beautiful Girls. Recuerdo ir a un restaurante malasio, que dormí en un sótano donde si no había fantasmas bien podría haberlos habido y que hicimos una guerra de bolas fuera de la casa y yo me llevé una buena ostia en la jeta. Me regalaron una camiseta, pero la perdí, y no recuerdo de qué universidad era.

En resumen, y vamos a ir terminando ya, no vi jugar a Sam Cassell, pero sí a Kevin Garnett, y, sobre todo, a Sebastian Telfair y Eddie Griffin. La NBA es un universo complejo repleto de historias minúsculas que pueden convertirse en vidas mayúsculas, ya sea por el lado más brillante o por el más trágico. Un ejemplo es esto: lees una noticia, te encuentras un librillo, y solo con eso, te sueltas una entrada que mejor no cuento el número de palabras. Es lo que hay: no soy el jugador que más tiros libres mete pero sí el escritor que más palabras tira.

Jett Canfield



Si no lo recuerdo mal, lo dejamos con un bagaje de 13-4 y 2-2 en los partidos de la Big East. Ahora volvemos, y lo decimos ya de sopetón, las noticias son buenas. A saber, el nuevo cómputo es de 21-6, 10-4 en conferencia. Es decir, dos derrotas más pero añadiendo, para compensar, 8 victorias. Y con esos índices, el equipo ha comenzado a tener visibilidad a nivel nacional. Para empezar, es el segundo mejor equipo de su conferencia, solo mejorado por Seton Hall y por encima de Villanova. Para seguir, ha conseguido derrotar a ambos, ya que estos dos equipos punteros de la Big East se encuentran entre los derrotados en esos ocho partidos que han contado como triunfos. Para finalizar, los baremos nacionales han dejado un hueco para los de Greg McDermott. En una continuada pero espectacular subida, los Bluejays se han alzado a la 15º posición a nivel nacional en el ranking que preparan los entrenadores para US Today, solo uno por detrás de Seton Hall (14º) y dos por debajo de Villanova (13º). Baylor y Gonzaga encabezan la lista. En el ranking de la Associated Press, los de Creighton están en la misma posición (15º), uno por encima de Seton Hall (16º) y tres por debajo de Villanova (12º). Baylor y Gonzaga también lideran esta clasificación. En el ranking NET de la propia NCAA, Creighton está aún más arriba (12º), por encima de Villanova y Seton Hall, en una clasificación que lidera San Diego State, por delante, eso sí, de Baylor y Gonzaga. Finalmente, hace poco, el comité de expertos de la NCAA seleccionó sus 16 cabezas de serie a mitad de temporada, y entre ellas, no se encuentra Creighton, y sí Seton Hall (11º) y Villanova (12º), en una propuesta que vuelve a encabezar la Baylor de Jared Butler, MaCio Teague, Davion Mitchell y Freddie Gillespie. Todos estos datos de los rankings los tomamos hace unos días, antes de la octava victoria, la que consiguieron ante Marquette.

En cualquier caso, buenas noticias para los arrendajos azules, a quienes les quedan cuatro partidos para cerrar la ronda regular en la Big East. Sus partidos contra Butler, St John's, Georgetown y Seton Hall (dos en casa y dos fuera) decidirán su posición final en unos play-offs donde, a pesar de todo, los Wildcats de Villanova y los Pirates de Seton Hall partirán, a buen seguro, como favoritos. Aún y con ello, un buen campeonato refrendaría sus opciones de estar en la locura de marzo, disfrutando de las rondas finales por el campeonato nacional. Veremos si sucede, pero parece que el equipo de McDermott, con el refuerzo de Denzel Mahoney y la buena puntería de sus exteriores, ha cogido ritmo y ha encontrado una identidad de la que parecen estar convencidos. Antes de que lleguemos a eso, rememoramos, brevemente, los diez partidos que han transcurrido desde nuestro último recuento y entre los que, como ya dijimos, se cuentan ocho victorias (ante Providence, DePaul, Xavier, Villanova, Seton Hall, St John's, DePaul nuevamente y Marquette) y dos derrotas (Georgetown y Providence). Empecemos por estas, aunque nos saltemos, en parte, el orden cronológico. 

La derrota ante Georgetown en Washington fue dolorosa por lo apretado del resultado: 80 a 83. Marcus Zegarowski fue el jugador más destacado de McDermott, con 20 puntos y 7 asistencias, aunque los 14 puntos de Ty-Shon Alexander le sirvieron para superar la cifra de los 1000 puntos y convertirse en el 42º jugador en la historia de la universidad en hacerlo. Denzel Mahoney, desde el banquillo, añadió 19 puntos y 4 rebotes, confirmando su gran impacto desde que se sumó a las rotaciones. El máximo reboteador fue Alexander, con 5, pero destacó la coincidencia de que hasta cinco jugadores, Christian Bishop, Mitch Ballock, Denzel Mahoney y Kelvin Jones le siguieran de cerca con cuatro capturas. Jett Canfield no jugó y, de hecho, la aportación del banquillo siguió siendo reducida, con solo tres jugadores añadidos a las rotaciones de los titulares. Por los Hoyas de Patrick Ewing destacó, por encima de todos, el turco nacido en Uzbekistán Omer Yurtseven, ex del Fenerbahçe, quien se fue hasta los 20 puntos, 13 rebotes y 3 asistencias. Por cierto, para Ewing juega George Muresan, el hijo de Georghe Muresan, quien, en este partido, apenas contó con cinco minutos, en los que le dio tiempo a fallar un tiro, perder un balón y hacer una falta. 

La otra derrota fue ante Providence, también a domicilio, y más contundente, ya que los arrendajos azules cayeron por 56 a 73. Fue un partido de rachas, donde empezaron bien los de Creighton pero sucumbieron ante el buen partido de A.J. Reeves, 22 puntos con 6 de 8 en triples, y el neoyorkino Alpha Diallo, quien añadió 14 puntos y 6 rebotes para los Friars. De los 56 puntos de Creighton, 53 se los repartieron entre cuatro jugadores: 15 puntos Ty-Shon Alexander, 13 Christian Bishop y Damien Jefferson y 12 Mitch Ballock. Especialmente malos fueron los partidos de Marcus Zegarowski, que se quedó en 3 puntos, pero eso sí, con 7 asistencias, y un Denzel Mahoney que ni anotó. Jugaron un minuto los reservas Jalen Windham, Jett Canfield, Jordan Scurry y Nic Zeil, minuto en el que lo único que aportaron fue una asistencia a cargo de Canfield, lo que es significativo y da muestras de lo que fue el final del partido. Los porcentajes son aún más esclarecedores: 23 de 62 en tiros de campo con un 6 de 27 en triples. Un mal partido, en resumen. 

El resto de los partidos, eso sí, se cuentan por victorias. En casa, se ganó a Providence, Xavier, St. John's y DePaul, todas ellas victorias que podían haberse esperado. Las grandes victorias llegaron fuera ya que, además de la reciente ante Marquette y la que se consiguió ante DePaul, los de McDermott fueron capaces de asaltar las canchas de Seton Hall y Villanova, los dos grandes favoritos. Vamos a empezar por ahí:

Primero se ganó a Villanova en el Wells Fargo Center de Filadelfia. Fue, además, una victoria rotunda, por 76 a 61, y al descanso ya ganaban de doce. El gran héroe del partido fue Denzel Mahoney, sólido en su rol de sexto hombre, quien aportó 21 puntos, su mayor cifra hasta ese momento en la temporada. Estuvo bien secundado por Damien Jefferson, 8 puntos y 8 rebotes, y por los otros tres jugadores que consiguieron dobles dígitos: Ty-Shon Alexander, con 16 puntos y 10 rebotes, Mitch Ballock, con 15 puntos y 5 asistencias, y Marcus Zegarowski, con 13 puntos y 4 asistencias. Jett Canfield, Jalen Windham, Jordan Scurry y Nic Zeil volvieron a servir de metáfora, esta vez más positiva, al jugar un puñado de segundos para ilustrar el relajado final de partido. No aportaron nada. Quienes si aportaron para los Wildcats, pero no lo suficiente, fueron Collin Gillespie y Justin Moore, yéndose ambos a los 18 puntos.

La otra gran victoria fue aún más inesperada, ya que los Pirates de Kevin Willard lideraban y aún lideran la clasificación de la Big East. Sin embargo, los de McDermott volvieron de Newark con una victoria que, en gran parte, les ha dado mucha motivación para seguir la racha. La sangre fría de Damien Jefferson y Denzel Mahoney y el poco acierto de los Pirates en los minutos finales sirvió para sellar una victoria por 87 a 82. Mal partido de Myles Powell para los de Willard, con 1 de 11 en triples, y bueno de Quincy McKinght (20 puntos y 6 asistencias) y del georgiano Sandro Mamukelashvili, con 13 puntos y 6 rebotes. Nada de eso fue suficiente para derrotar la inspiración de los cuatro de siempre en Creighton quienes, para más armonía, se quedaron todos en 18 puntos: Denzel Mahoney, Marcus Zegarowski, Damien Jefferson y Ty-Shon Alexander. Zegarowski volvió a ser el mejor pasador (8 asistencias) y Jefferson el mejor reboteador (9 capturas). Por dentro, Christian Bishop apenas jugó 12 minutos, pero, eso sí, aportó 11 puntos y 5 rebotes. 

Las otras dos victorias fuera pueden calificarse de más esperadas: ante DePaul, por un contundente 83 a 68, y ante Marquette, este mismo fin de semana, por 73 a 65. En Milwaukee, en casa de los Golden Eagles de Marquette, el mejor fue Ty-Shon Alexander, quien está realizando una temporada muy sólida, con 22 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias. Zegarowski con 17 puntos y Damien Jefferson con 11 puntos y 8 rebotes fueron sus mejores escuderos. Mahoney, desde el banquillo, se quedó en 9 puntos, 5 rebotes y 3 robos. Solo Kelvin Jones y Shareef Mitchell, además de Mahoney, tuvieron minutos desde el banquillo. Más rotunda, como decíamos, fue la victoria ante DePaul, peor equipo de la Big East, que no pudo oponer resistencia en Chicago ante los porcentajes de tiro de los de Omaha, cercanos al 50%. El mejor titular fue Mitch Ballock, con 19 puntos y 6 rebotes, y el mejor reserva, de los tres que participaron, Denzel Mahoney, como no, con 14 puntos y 4 rebotes. Zegarowski dio 10 asistencias y el equipo robó hasta nueve balones, demostrando un buen trabajo en defensa. 

En casa, los de Creighton cerraron las opciones de victoria a todos sus rivales, y, uno por uno, cayeron en Omaha Providence, en lo que no fue una venganza porque ocurrió antes de la derrota ante los Friars en Rhode Island, DePaul de nuevo, Xavier y la St. John's de Mike Anderson, quien ha sustituido a Chris Mullin este año en el cargo de entrenador principal de los Red Storm. El partido más apretado fue ante los Friars, a los que derrotaron por 78 a 74, con más de 17.000 personas asistiendo en las gradas. David Duke, alero natural de Providence, hizo el partido de su vida al concluir sus estadísticas con 36 puntos, 4 rebotes, 3 asistencias y 3 robos, pero no fue suficiente ante el trabajo colectivo de los de Creighton con cuatro jugadores firmando dobles dígitos. El mejor fue Ty-Shon Alexander con 24 puntos, seguido por Mitch Ballock (17 puntos y 7 rebotes), Damien Jefferson (11 puntos y 10 rebotes) y un Denzel Mahoney que se fue a los 14 puntos en su primer partido como titular, relegando a la suplencia a Marcus Zegarowski, quien, sin embargo, jugaría más minutos que él, aportando 8 puntos, 3 rebotes y 3 asistencias en su nuevo rol. 4 puntos y 8 rebotes añadió Christian Bishop en su rol de referencia interior. Casi 18.000 personas se reunieron para el Pink Out, la fiesta filantrópica que se celebró con la llegada de Xavier, a quienes se derrotó gracias a una buena defensa al principio y a saber mantener las ventajas, que, al final, quedaron registradas en un 77 a 66 en el marcador. La lectura de las estadísticas vuelve a arrojarnos las mismas conclusiones: el mejor fue Ty-Shon Alexander, con 24 puntos, acompañado por Marcus Zegarowski, de nuevo titular, con 15 puntos y 6 asistencias y Denzel Mahoney desde la reserva con 14 puntos. Damien Jefferson, empatado con el reserva Kelvin Jones, fue el mejor reboteador con 5 cada uno y, esta vez, contó con 1 minuto de juego un Jett Canfield que no pudo aportar nada. Las victorias ante St. John's y DePaul fueron mucho más fáciles. A los primeros se les derrotó por 94 a 82 y a los segundos por 93 a 64. Por los Red Storm de St. John's destacó Marcellus Earlington, con 25 puntos y 10 rebotes, pero estuvo un poco solo. Marcus Zegarowski tuvo un gran día, con 23 puntos, 7 rebotes y 4 asistencias. Hasta cinco jugadores más consiguieron dobles figuras: Ty-Shon Alexander (16 puntos y 5 asistencias), Damien Jefferson (16 puntos y 2 rebotes), Mitch Ballock (10 puntos, 6 rebotes y 8 asistencias), Christian Bishop (10 puntos y 7 rebotes) y Denzel Mahoney (18 puntos desde el banquillo). Jett Canfield, Jordan Scurry, Nic Zeil y Jalen Windham volvieron a jugar un minuto sin marcar nada en las estadísticas. Ante DePaul, tuvieron mejores oportunidades: Kelvin Jones contó hasta con 12 minutos, en los que cogió 4 rebotes, Nic Zeil jugó tres minutos, consiguiendo un robo, Jalen Windham y Jordan Scurry cuatro cada uno, consiguiendo, además, encestar en una ocasión, Scurry de dos y Windham de tres, Jett Canfield se fue hasta los 6 minutos, añadiendo dos puntos y haciendo una personal y el que mejor lo aprovechó fue Shareef Mitchell quien, en sus 13 minutos de juego, aportó 11 puntos y 2 robos. El último en participar desde el banquillo, como no, fue Denzel Mahoney, que fue además el que más jugó, aunque esta vez se quedó en 9 puntos y 3 rebotes. Entre todos, consiguieron 28 de los 93 puntos de Creighton, uno de los mayores porcentajes de aportación desde la reserva en lo que va de temporada. De los 56 de DePaul, 20 fueron para Charlie Moore. Así, los titulares de Creighton, más relajados que nunca, disfrutaron del partido, y Ty-Shon Alexander lo aprovechó para que lucieran sus estadísticas: 24 puntos, 8 asistencias, 5 robos y hasta un tapón. Mitch Ballock y Damien Jefferson se quedaron en 12 puntos pero aportaron en el rebote, el primero con 9 en total y el segundo con 6. 11 puntos y 6 asistencias añadió Marcus Zegarowski. 

No voy a volver a repetir lo poco que podemos aportar sobre el elegido para encabezar nuestras entradas de esta temporada, ya que, como habréis podido observar si habéis llegado hasta aquí, la contribución de Jett Canfield ha sido un tanto residual, aunque era lo que se podía esperar, y su principal rol llega en los espacios entre partidos. En su lugar, vamos a repasar las estadísticas generales del equipo, ahora que nos acercamos ya a la parte caliente de la temporada. Zegarowski lidera al equipo en asistencias, promediando 5.1 por partido. En rebotes, la cosa está muy repartida, y es significativo, siendo el máximo reboteador un jugador exterior, Mitch Ballock (con 147 rebotes), aunque tiene mejor porcentaje otro que también suele jugar por fuera, Damien Jefferson (con 5.5 por partido). Bishop, la referencia interior, se mantiene cerca con 143 y 5.3, justo lo mismo que el escolta titular, Ty-Shon Alexander. Alexander, por su parte, es el mejor anotador, 457 puntos y una media de 16.9, seguido muy de cerca por Marcus Zegarowski con 427 y 15.8. Eso sí, el jugador con mejores porcentajes es Christian Bishop con un 58.2 en tiros de campo, aunque no es el que más tira, por supuesto, y, por ejemplo, también lidera el ranking de mejor porcentaje en triples, porque metió el único que intentó, aunque el mejor, en este sentido, sería Mitch Ballock, con 81 triples conseguidos y un porcentaje del 44.3%. En tiros libres, el líder es Ty-Shon Alexander, con un 85.2 por ciento para 104 tiros libres de 122 intentos. Alexander también lidera la clasificación de robos, mientras Bishop lo hace en tapones. Destaca que tres jugadores, Marcus Zegarowski, Mitch Ballock y Ty-Shon Alexander se reparten porcentajes de minutos muy altos, muy por encima de los 30 minutos por partido, y que Denzel Mahoney, quien empezó mucho más tarde que sus compañeros a aportar en las estadísticas, se luce desde el banquillo con medias de 12.4 puntos, 3.5 rebotes y 1 robo en los 17 partidos que ha jugado, la gran mayoría ejerciendo de sexto hombre. Y estas estadísticas nos llevan a las conclusiones que hemos ido viendo anteriormente: el equipo tiene poco fondo de armario, los exteriores llevan el peso en ataque y en defensa del equipo, se apoyan mucho en el tiro de tres, la defensa y el juego rápido y se reparte el rebote entre varios jugadores. Estas son las líneas de un equipo que ha aceptado estas características y cree en su propuesta, al verla refrendada por buenos resultados en una conferencia tan dura como la Big East. Habrá que ver si se confirma en los pocos partidos que quedan para terminar la liga regular y en un play off por la Big East que seguro que afrontan con ilusión y con la perspectiva de estar en la locura de marzo. Si no hay lesiones y el equipo demuestra puntería y entereza detrás, a buen seguro, se conseguirá. La primera reválida llegará este domingo con la visita de Butler al CHI Health Center de Omaha. Lo contaremos ya, de manera colectiva, cuando se terminen todos los partidos de esta liga regular y puede que hasta alguno de play-off, una parte de la competición que se disputará entre el 11 y el 14 de marzo en Nueva York.

martes, 4 de febrero de 2020

Iñaki Sáez



Antes de disputarse la jornada 23, que está ahora mismo en plena disputa (de hecho, ya ha finalizado y no lo incorporo), se me ha ocurrido, al hilo de la anterior entrada, insistir con esto. Porque vuelvo a hablar de fútbol y de la segunda división B. En esta ocasión, de un tema que es habitual discusión entre los aficionados que se encuentran por estos niveles, que haberlos haylos, y muchos, y fieles. Me refiero a los filiales. Quién no ha oído, o incluso dicho, aquello de que los filiales deberían tener su propia liga, como en Inglaterra, o algo así. Los filiales compiten aquí con otros equipos de grandes capitales, pequeñas localidades, con más o menos aspiraciones, algunos históricos, proyectos nuevos, equipos tradicionales y otros menos, pero los filiales siempre han estado ahí, pululando por la categoría de bronce.

Ahora mismo, en la categoría de plata no hay ningún equipo filial. Y, no creo que haga falta decirlo, pero entendemos filial como un equipo que forma parte de la estructura de otro de nivel superior, con el que le atan las ligaduras suficientes para aprovechar jugadores que pueden moverse entre ambos. Algo así. El descenso del Barcelona B y el Sevilla Atlético en la temporada 2017-2018 marca la última con equipos filiales en la segunda división. El Real Madrid Castilla no juega en esta categoría desde la temporada 2013-2014, último año en el que destacó un filial, el del FC Barcelona, al acabar 3º con 66 puntos. Entrenado por Eusebio Sacristán, era el Barcelona B de los Denis Suárez, Sandro Ramírez, Adama Traoré, Javier Espinosa, Munir El Haddadi, Edu Bedia... El filial del Atlético de Madrid no juega en segunda desde la 1999-2000 y el del Athletic Club desde la 2015-2016. Villarreal B, Sevilla Atlético o Barcelona B, el que más y con más éxito, son algunos de los pocos clubes que han asomado a sus filiales por la segunda categoría del fútbol profesional en los años más recientes. Dicho esto, queda claro que el territorio habitual de estos filiales es alguno de los cuatro grupos que componen la categoría de bronce. 

Repito, hasta la jornada 23, que ya se disputó pero no incluyo aquí, la presencia de los filiales en la segunda B, en esta temporada de 2019-2020 es de un 25% del total de los equipos: hay 20 filiales entre los 80 equipos que disputan la competición repartidos en cuatro grupos. 

En el Grupo 1, el Atlético B es primero, empatado a 48 puntos con el Atlético Baleares. En el mismo grupo, el Sporting B es 8º a 4 puntos de play-off; 10º es el R.Madrid B con un punto menos. Las Palmas Atlético, 12º, tiene 28 puntos. Dos menos tiene el Oviedo B, 15º, solo 1 punto por encima del descenso, donde están Celta B y Getafe B. En el computo global, estos equipos ocupan el 35% de la representatividad del grupo.

En el Grupo 2, el Bilbao Athletic es 3º, el Valladolid B 4º, la R.Sociedad B 5º y el Osasuna B, 6º. El Alavés B no va tan bien y es 15º, a dos puntos del descenso. Al final, el 25% de los equipos de este grupo son filiales.

En el Grupo 3, tres filiales van bien en cabeza: Barça B, 3º, Espanyol B, 5º y Villarreal B, 7º, entre los tres, se manejan solo dos puntos de diferencia. El At. Levante es 12º a 7 puntos del Valencia B 16º en promoción de descenso. Nuevamente, 25% de filiales en este grupo.

Finalmente, el Grupo 4 cuenta con un Cádiz B que es 10º a 10 puntos del ascenso y del descenso. Por abajo, está el Sevilla Atlético, 13º, seis puntos por encima del descenso. El filial del Granada, el Recreativo Granada es último con 18 puntos. Estos tres equipos suponen un 15% del global de los equipos de este grupo. 

El éxito de los equipos, cuando acabamos de empezar, como quien dice la segunda vuelta, está repartido. Por encima del 10º puesto se encuentran 11 de los 20, es decir, el 55% de los filiales. Cuatro de ellos estaban en puestos de play-off y solo uno encabezaba la tabla. Hay un lugar común en estas opiniones encontradas sobre la participación de los filiales en la segunda B: siempre se ha dicho, al menos yo lo he oído varias veces, que los filiales son impredecibles. Lo mismo se presentan y se ausentan, lo mismo se inspiran inesperadamente y parecen la Brasil de Sócrates y Zico. Ha habido, en épocas recientes, filiales relucientes, que mostraban una solidez pareja a la de otros equipos que no pecan por bisoños, como aquel Bilbao Athletic de José Ángel Ziganda que ascendió, el Real Madrid B de Juan Ramón López Caro o el Villarreal B de Miguel Álvarez, solo por mencionar tres. 

Esta bastante claro que alguno de ellos están apostando por el ascenso. La probabilidad de que el rendimiento y la efectividad de la formación en una categoría superior mejore no está probada pero todo indica que es bueno para estas estructuras que el filial tenga la oportunidad de mostrarse cuanto más arriba, mejor. Y el mercado de invierno ha dejado claro que algunos equipos apuestan por que sus equipos disputen esa posibilidad. El Atlético de Madrid, por ejemplo, ha incorporado a Josep Calavera desde el FC Barcelona, al que algunos llaman el nuevo Sergio Busquets, a Joan Rojas del Calahorra o a Abdelilah Damar, jugador marroquí del Cornellá. El Villarreal B se ha hecho con Rafa Mújica, delantero canario que llega del Extremadura de la Segunda división. El Sevilla B se hizo con Ryan Johansson del Bayern Munich. El FC Barcelona B se llevó a Rey Manaj desde el Albacete o a al brasileño Matheus Pereira. El Real Madrid Castilla de Raúl González ha estado en el foco de la prensa al hacerse con los fichajes del jugador del Girona Marc Gual, de Hugo Vallejo o del mediático brasileño Reinier Jesús. Con todas estas incorporaciones, se puede esperar que estos equipos mejoren su rendimiento en la rampa final del calendario. En el lado opuesto estarían filiales como los del Bilbao Athletic o la Real Sociedad B que, a pesar de incorporar jugadores al primer equipo, no han pensado en incluir nuevos en sus filiales y mantienen la confianza en lo que encontrarán en Lezama y Zubieta. 

Otro dato interesante, para calcular la fiabilidad y rentabilidad de estas estructuras de formación, sería ver cuántos jugadores de estos equipos han tenido ya presencia en la dinámica del primer equipo, ya que ese salto, se dé desde la segunda B o desde la segunda, siempre es duro. El Atlético de Madrid B, el mejor filial esta temporada, ya ha contado con varios jugadores en esta misma temporada. Óscar Clemente, Darío Poveda, Sergio Camello, Rodrigo Riquelme, Manuel Sánchez y Germán Valera. Más o menos, pero todos han estado y han debutado con el primer equipo. En el FC Barcelona, jugadores como Riqui Puig, Ronald Araujo, Álex Collado o Daniel Morer también se han asomado, con más o menos presencia, por el primer equipo. En el Real Madrid B, la cosa está más cara. De los jugadores que han entrenado con Raúl González, solo Diego Altube ha ido convocado con el primer equipo y, por supuesto, Rodrygo Silva de Goes, quien jugó un par de partidos en el filial, forma ahora parte del primer equipo. En el Athletic Club de Bilbao, Oihan Sancet ha jugado ya varios partidos en primera, Jokin Ezkieta debutó y destacó en una tanda de penaltis en la Copa, Gorka Guruzeta regresó al filial después de una larga lesión y se mantiene a caballo entre los dos equipos, y Daniel Vivian, en una temporada con muchos problemas físicos, se mantiene en los entrenamientos del primer equipo y jugando poco con el filial. En el Villarreal B, jugadores como Iván Martín, Andrei Ratiu o Miguel Ángel Leal, por mencionar algunos, han ido acercándose al primer equipo. Un último ejemplo, la Real Sociedad, jugadores como Julen Lobete o Aritz Arambarri aún no lo han conseguido pero aspiran a crecer en el primer equipo como lo han hecho, recientemente, sus compañeros Ander Guevara o Andoni Gorosabel. 

Veremos si, al final de la temporada, alguno de estos equipos consigue el ascenso, cuántos jugadores acceden a los primeros equipos o si, algún día, alguien se replantea la situación de los filiales en las competiciones profesionales y semiprofesionales. Por ahora, su presencia sigue dando picante y mordiente a la categoría de bronce y, en un fútbol cada vez más globalizado y exigente, el trabajo de formación, para muchos, sigue siendo una asignatura pendiente y, para otros, una forma de supervivencia. 

Es difícil elegir un nombre aquí, para encabezar, pero se lo vamos a dar a Iñaki Sáez, que se me acaba de ocurrir. No va, en realidad, mucho con la actualidad de la entrada, pero algo de relación sí guarda. El que llegara a ser seleccionador nacional absoluto, se distinguió, durante mucho tiempo, por dedicar su carrera profesional como entrenador al fútbol, principalmente como seleccionador nacional sub-21, pero también como entrenador del Bilbao Athletic en tres épocas diferentes, y en muchos años de esos disputando la segunda división. Por sus manos, en aquellos años en el filial bilbaíno, pasaron jugadores que hoy son (o han sido) entrenadores como Patxi Salinas, Jon Aspiazu, Edorta Murua, Javier González Etxebarria, Félix Sarriugarte, Borja Agirretxu, Ander Garitano, Iñigo Lizarralde, Aitor Larrazabal, Xabi Gracia, Joseba Agirre, Asier Garitano, Óscar Tabuenka...

viernes, 31 de enero de 2020

Iñigo Baqué



Creo que luego voy a escribir otra entrada que podría estar relacionada con ésta, así que no me voy a explayar con el contexto. Todo esto surgió a raíz de cruzarse una imagen en la televisión, probablemente por casualidad, que me hizo ver a Mikel Vesga y a Unai López juntos en el campo de fútbol, probablemente celebrando alguna eliminatoria de Copa, y entonces recordé que ambos habían formado la media titular del Bilbao Athletic en la única temporada, en años recientes, que este filial disputó la categoría de plata del fútbol profesional español. 

Y me anime a enredar un rato. Porque aquel año pasó rápido y casi desapercibido, pero creo que, ahora, si se mira hacia atrás, se pueden ver las consecuencias de tener una buena generación y el plus que añade disputar una competición más exigente. Veamos, para empezar, hablamos de la temporada 2015-2016. Tras 19 temporadas en Segunda B, el equipo dirigido por José Ángel Ziganda conseguía un ansiado premio, algo que se ha perseguido largamente en Lezama desde los 90 y se regresaba a la segunda división. La experiencia, en estadísticas y datos, no sería muy positiva: el equipo acabó último con 32 puntos y regresó a la competición de bronce. Alavés, Leganés y un sorprendente Osasuna conseguirían lo contrario, subir a primera. Con el Bilbao Athletic, descenderían Ponferradina, Llagostera y Albacete. Los cachorros consiguieron 8 victorias, 8 empatas y 26 derrotas. Con 35 goles a favor y 59 en contra. Hubo algún desencuentro, al parecer, en torno a la composición de la plantilla, un tanto bisoña, con apenas tres jugadores de 23-24 años, entre el máximo responsable técnico y la dirección deportiva de Lezama. El caso es que se descendió. 

Pero, si miramos ahora hacia atrás, y sin mucha dificultad, se puede hacer otra lectura. Una lectura a posteriori que puede ser relativa y no está basada en un gran trabajo de investigación y cálculo, no te creas, pero que, en mi opinión, demuestra que, para un club como el Athletic, que apuesta parte de su bienestar en su habilidad para formar jugadores, una situación como la que se dio en aquella temporada puede ser muy positiva. 

Veamos. En la dinámica del equipo entraron hasta 30 jugadores, Alejandro Remiro, que jugó 33 partidos, fue el portero titular. Jon Ander Felipe, con 10 partidos, el suplente. Un jovencísimo Unai Simón, con 18 años por entonces, no llegó a debutar pero estuvo en cuatro convocatorias. En defensa, contaron con muchos minutos jugadores como Markel Etxeberria (30 partidos y 1 gol), Urtzi Iriondo (32 partidos y 1 gol), Enric Saborit (26 partidos), Óscar Gil (37 partidos y 2 goles), Yeray Álvarez (32 partidos) o Jonás Ramalho (19 partidos). Menos tuvo Unai Bilbao (13 partidos y 1 gol) y aún menos Iñigo Lekue (3 partidos y 1 gol), aunque por razones positivas, y Julen Arellano (1 partido). Los jóvenes Jon Agirrezabala y Andoni López no llegarían a jugar pero ambos fueron convocados, al menos, en una ocasión. En el centro del campo, eran indiscutibles gente como los ya mencionados Mikel Vesga (41 partidos y 1 gol) y Unai López (40 partidos y 2 goles), más Iker Guarrotxena (34 partidos y 4 goles). En las rotaciones, entraban jugadores como Aitor Seguín (28 partidos y 3 goles), Ager Aketxe (21 partidos y 8 goles), Iker Undabarrena (23 partidos), Gorka Iturraspe (25 partidos), Iñigo Córdoba (21 partidos), Jon Iru (19 partidos) o Jurgi Oteo (14 partidos y 1 gol). Menos presencia tuvieron Lander Olaetxea (9 partidos), Martín Bengoa (3 partidos) y Egoitz Magdaleno (1 partido), quien era, por cierto, el más veterano del grupo con 24 años. En punta, solo jugaron tres, Gorka Santamaría (34 partidos y 7 goles), Asier Villalibre, por entonces con tan solo 18 años, quien llegó a disputar 32 partidos y marcó 3 goles, más Gorka Guruzeta, en situación de meritorio, quien solo jugó 5 partidos sin marcar. 

Como decíamos, Lekue jugó poco por razones positivas, y es que llegó a disputar 20 partidos, en los que marcó un gol, con el primer equipo en aquella temporada de 2015-2016. Una temporada en la que, el equipo, a las órdenes de Ernesto Valverde, acabaría 5º en liga, clasificándose para Europa, donde ya jugó esa temporada, a solo dos puntos de Champions League. Además, por supuesto, como recordarán los aficionados, se ganó la Supercopa. Además de Lekue, Ager Aketxe jugó en las tres competiciones (Liga, Copa y Europa), llegando a jugar 3 partidos en primera división. Nadie más ascendió. Solo el portero Álex Remiro (en Liga) y Yeray Álvarez y Enric Saborit (en Europa), se quedarían cerca. De hecho, Saborit sí jugó, pero, como decimos, en Europa. Yeray Álvarez y Álex Remiro fueron convocados sin llegar a debutar. 

Si miramos a aquellos 30 jugadores, 8 de ellos aún juegan en el Athletic: Unai Simón, Iñigo Lekue, Yeray Álvarez, Iñigo Córdoba, Unai López, Mikel Vesga, Asier Villalibre y Gorka Guruzeta, aunque este último, tras superar una dura lesión, se mantiene ahora más en el filial que en el primer equipo. Es un 26,67% de aquella plantilla, que puede parecer poco, pero dada la exigencia del salto definitivo a la profesionalidad, no parece un mal número. Además de ellos, cinco jugadores disputan ligas de primera división, aunque solo uno en la Liga Española. Álex Remiro es el portero titular de la Real Sociedad, Unai Bilbao juega en la primera división de México con el Atlético de San Luis, equipo con el que el año pasado consiguió el ascenso y gracias a un gol suyo, Enric Saborit juega en el Maccabi de Tel Aviv de la primera división de Israel, Martín Bengoa lo hace en el Mogreb Atlético Tetuán de la primera división de Marruecos e Iker Guarrotxena acaba de firmar con el Volos NFC de la liga griega, después de haber estado jugando en la primera división polaca. Son 13 de 30, el 43,33%. Es decir, aunque alguno le parezca que exageramos, casi la mitad de la plantilla de aquel equipo juega en un equipo de primera división, ya sea en España, Marruecos, México, Grecia o Israel.

Además de estos, hay que destacar que solo un jugador, al menos en la actualidad, de aquella plantilla, está ahora mismo sin equipo: Julen Arellano. El prometedor lateral navarro abandonó el Calahorra hace un año y no se le conoce otro equipo. Y solo uno más, Egoitz Magdaleno, juega en tercera división, en el El Ejido andaluz. Todos los demás, juegan en segunda división o en segunda B. Cinco están en la Liga Smart Bank. Uno, además, cedido por el Athletic Club, Andoni López, quien intenta medrar en el Elche para regresar al Athletic (llegó a debutar en primera con el Athletic). Ager Aketxe juega en el Deportivo, donde coincide con hasta otros tres ex-rojiblancos, Peru Nolaskoain, Eneko Bóveda y Sabin Merino. Ramalho, quien llegó a jugar en primera con el Athletic y el Girona, sigue en este equipo pero en segunda división, donde también juegan Óscar Gil (Racing de Santander) e Iker Undabarrena (Tenerife). En segunda B, y fuera de Euskadi, juegan Gorka Santamaría (Badajoz), Lander Olaetxea (UD Logroñés), Gorka Iturraspe (Atlético Baleares), Jurgi Oteo (Sabadell), Jon Ander Felipe (Ejea) y Markel Etxeberria (Cartagena). En Euskadi se quedaron los demás, Jon Iru (Leioa) y tres que juegan en el mismo equipo, el Barakaldo Club de Fútbol, Jon Agirrezabala, Urtzi Iriondo (quien estuvo jugando en el Saint Gilloise de la segunda división belga, y el recién llegado Aitor Seguín, un jugador que, a sus 24 años, ha llegado cedido por el Athletic, donde aún se espera que se recupere y alcance el nivel que siempre se le vio, después de superar lesión tras lesión que ha amenazado por cercenar por completo su carrera. 

El Bilbao Athletic, que dirige ahora Joseba Etxeberria, se encuentra en puestos de play-off de ascenso en su grupo de la segunda división B, el dos. Con 42 puntos, está a 4 del UD Logroñés, líder del grupo, y mantiene una ventaja de seis con el quinto. Las aspiraciones para retornar a donde estuvieron en esa temporada de 2015-2016 se mantienen. Vistos estos datos, relativos, dirán muchos, y puntualizables, dirán otros, yo sigo pensando que ese ascenso sería una buena nueva en la estructura de formación del club. En este Bilbao Athletic de Joseba Etxeberria, despuntan los jugadores de la generación del 2000. A esos jugadores, los Asier Córdoba, Aitor Paredes, Imanol García de Albeniz, Unai Vencedor, Oihan Sancet o Ewan Urain, y a otros de generaciones anteriores o posteriores, como Jon Morcillo, Daniel Vivian, Jesús Areso, Oier Zarraga o Beñat Prados seguro que les vendría muy bien ese ascenso y ese nuevo nivel de exigencia. 

Le vamos a dar el titular a Iñigo Baqué, jugador del Bilbao Athletic actual que, recientemente, sufrió una grave lesión, la segunda en poco tiempo, y vio cómo se cortaba una temporada que estaba siendo excepcional para él. Más que por los 19 partidos y 3 goles que llevaba, porque, a sus 22 años, había visto como, por razones puntuales, pasaba de sus labores habituales como defensa o medio centro a ocupar la posición de delantero centro, aprovechando su 1'88, ya que Etxeberria había perdido por lesión a Urain y Tascón. Ahora, se encuentra con la temporada prácticamente finiquitada y una larga tarea de recuperación hasta que consiga incluirse en alguno de esos grupos con los que hemos resumido la carrera post-Bilbao Athletic de aquellos que vestían esa camiseta en la temporada 2015-2016. Joseba Etxeberria y José Ángel Ziganda coincidieron durante tres temporadas en la primera plantilla del Athletic Club, incluyendo aquella de la 97/98 en la que, de la mano de Luis Fernández, se alcanzaría la Champions League. En aquel equipo, jugadores como Aitor Larrazabal, Julen Guerrero, Rafael Alkorta, Josu Urrutia, Imanol Etxeberria o Javi González representaban el valor de cantera del equipo. A lo mismo, aspiran muchos de los que hemos mencionado aquí. Solo queda esperar. 

martes, 14 de enero de 2020

Jett Canfield



Dejamos nuestro recuento de la temporada de los Bluejays con un récord de 5-2, y los recuperamos con un 13-4, es decir, dos derrotas más que se compensan con ocho victorias cosechadas en estos diez partidos que no hemos cubierto. Un buen bagaje que les ha llevado a estar incluido, por primera vez en la temporada, entre los 25 primeros de la lista de Associated Press, ya sabéis, un ranking semanal en el que los periodistas elucubran sobre los mejores equipos nacionales. De hecho, no solo es reseñable que hayan entrado en la lista por primera vez en esta temporada, es que, en realidad, no alcanzaban este mérito desde enero de 2018, así que ya tocaba. En los otros rankings que solemos visitar para atestiguar el balance del equipo también ha habido avances: los arrendajos azules ocupan el puesto 27 en el NET de la propia NCAA y en el otro gran ranking, el de US Today, no entran en la lista pero son los primeros de esa segunda en la que se reúnen todos aquellos equipos que no logran acceso a los primeros pero han recibido votos. Todo esto no significa nada y significa solo una cosa: la temporada de los de Creighton está siendo buena y hay ilusión por que queden más cosas buenas por venir. Hay que destacar, para terminar, que en la lista de la AP hay hasta otros tres equipos de la Big East incluidos, todos por encima de Creighton, con lo que queda claro que esta conferencia tiene un nivel competitivo muy alto: la sorprendente Butler es 5º, Villanova es 14º y Seton Hall, 18º. 

En esos diez partidos que tenemos que rememorar ahora, se incluyen los primeros cuatro que corresponden a la disputa por la conferencia Big East, que ya ha comenzado. El bagaje en esos encuentros es de 2-2, con dos victorias ante Marquette y Xavier y dos derrotas ante los dos grandes favoritos a disputarse el título de la Big East y casi que el nacional, Butler y Villanova. Los otros seis partidos correspondieron a la parte de la temporada que antecede a la competencia por la conferencia y todos los resolvieron con victorias: ante Oral Roberts, Nebraska, UTRGV, Oklahoma, Arizona State y Midland. Con este bagaje de 2-2, Creighton es quinto en la conferencia, por detrás de Seton Hall (4-0), Butler (3-0), Villanova y Providence, ambos con 3-1. Los próximos partidos de conferencia son fundamentales, ya que se enfrentarán a equipos con bagaje de 1-3, en principio asequibles, Georgetown, De Paul y Xavier (a los que ya han derrotado y en Cincinnati), más un duelo en Omaha ante Providence que resultará fundamental. Todo esto ocurrirá antes de visitar Wells Fargo Center de Philadelphia para enfrentarse a Villanova de nuevo, con lo que este tramo de cuatro partidos puede ser fundamental para aspirar a situarse arriba en la conferencia y en la aspiración por aparecer en la locura de marzo. 

El partido ante Oral Roberts se disputó en Omaha y se resolvió con victoria por 60 a 72, sustentada en un primer tiempo en el que los locales ya amasaron una ventaja de quince puntos. Por parte de Oral Roberts, destacó el joven holandés Emmanuel Nzekwesi, quien, saliendo desde el banquillo, consiguió 21 puntos y 10 rebotes, insuficiente para oponer resistencia ante el buen partido de cuatro titulares de Greg McDermott: Christian Bishop (17 puntos, 8 rebotes y 2 tapones), Ty-Shon Alexander (14 puntos y 8 rebotes), Marcos Zegarowski (14 puntos y 6 asistencias) y Mitch Ballock (12 puntos y 6 rebotes). El siguiente partido tenía su miga porque era el derbi contra Nebraska e, igual que en el anterior, estaba resuelto al descanso gracias a un contundente 22 a 48. Los de Omaha se relajaron en la segunda parte y el resultado final fue de 95 a 76. A pesar de la ventaja, solo jugadores com Shereef Mitchell y Jalen Windham contaron con muchos minutos desde el banquillo, y, por lo tanto, los números y las estadísticas volvieron a concentrarse en los cinco titulares: Damien Jefferson (8 puntos y 8 rebotes), Christian Bishop (10 puntos y 9 rebotes), Mitch Ballock (13 puntos, 3 rebotes, 3 asistencias y 3 tapones), Ty-Shon Alexander (22 puntos y 6 rebotes) y, sobre todo, un excelso Marcus Zegarowski con 30 puntos, 9 rebotes y 6 asistencias. Tercer partido consecutivo en Omaha y tercera victoria fácil, nuevamente allanada en la primera parte, esta vez ante los vaqueros de UTRGV, la universidad de Texas en el Valle de Río Grande. Muchos minutos para los reservas, sobre todo para jugadores como Nic Zeil o nuestro Jett Canfield, cuyos números globales daremos al final, en lugar de ir partido a partido. Buenos porcentajes de tiro en un partido donde los más destacados volvieron a ser Ty-Shon Alexander y Marcus Zegarowski, demostrando que en ellos va a estar la clave del equipo y que, por lo tanto, el tiro exterior decidirá la temporada. Alexander se quedó en 22 puntos y 8 rebotes, con un reseñable 13 de 15 en tiros libres. Por su parte, Zegarowski añadió 21 puntos con buenos porcentajes, 9 de 13 en tiros de campo. Más dificultades, sobre el papel, anticipaba el siguiente visitante del CHI Health Center de Omaha, Oklahoma. Los Sooners de Lon Kruger apretaron en la primera mitad, de donde salieron derrotados tan solo por tres puntos, pero se quedaron a diez de la victoria al final, 83 a 73, a pesar del buen partido de Kristian Doolittle y Austin Reaves, ambos por encima de los veinte puntos. No fue suficiente ante el buen partido de los tres pilares de McDermott: Ty-Shon Alexander (19 puntos y 11 rebotes), Marcus Zegarowski (20 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias) y Mitch Ballock (17 puntos y 7 rebotes). Sin embargo, todos ellos se vieron ensombrecidos ante el debut ansiado de Denzel Mahoney, un escolta llegado de Southeast Missouri State que tuvo que esperar hasta diciembre para poder debutar con los de Omaha. Lo hizo ante los Sooners y las impresiones fueron buenas: 14 puntos en 29 minutos desde el banquillo. Viajaron después a Temple, Arizona, para enfrentarse a la Arizona State de Bobby Hurley, ex ganador de la NCAA con Duke en dos años consecutivos (1991 y 1992) cuando era jugador. Hurley y su equipo, sobre todo gracias a Romello White y Alonzo Verge Jr, apretaron a los Bluejays pero acabaron cayendo por 60 a 67, en una mala noche de tiro, sobre todo en el triple, con 7 de 24. Buen partido del interior Christian Bishop (12 puntos y 9 rebotes) y muy malo de Ty-Shon Alexander y Marcus Zegarowski, con cuatro canastas de dieciocho intentos entre los dos. Volvió a destacar Denzel Mahoney, demostrando que lo suyo es tirar, y quedándose en 14 puntos, de nuevo, también saliendo desde el banquillo. Y cerraron los partidos antes de debutar en la Big East con otra victoria fácil en Omaha: 91 a 54 ante Midland. Hasta seis jugadores pasaron de los diez puntos: Damien Jefferson, Ty-Shon Alexander, Christian Bishop, Marcus Zegarowski, Denzel Mahoney y Jalen Windham, con especial mención a este último quien aprovechó su oportunidad 14 puntos en apenas 16 minutos. Jefferson añadió 11 rebotes, Zegarowski y Alexander fueron los máximos anotadores con 19 y Mahoney encadenó su tercer partido con dobles dígitos. 

Así llegaban a la Big East y debutaban con victoria en Omaha ante la Marquette de Steve Wojciechowski, otro ex de Duke que acaba entrenando. Los de McDermott supieron sobreponerse al talento del trío de Marquette, formado por Sacar Anim, Brendan Bailey y Markus Howard. Buen partido de los de siempre: Ty-Shon Alexander, 21 puntos, 8 rebotes y 6 robos, Mitch Ballock, 24 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias, Damien Jefferson, 17 puntos y 6 rebotes y Marcus Zegarowski con 18 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias. Mahoney, desde el banquillo, siguió aportando, añadiendo 10 puntos, los únicos puntos que conseguiría un jugador de banquillo. El Hinkle Fieldhouse de Indianapolis vería el fin de esta racha positiva, con la contundente victoria (71 a 57) de la Butler de LaVall Jordan. Kamar Baldwin y Sean McDermott se impusieron a Creighton donde un 4 de 22 en triples fue demasiada losa para levantar. Zegarowski con 15 puntos y 6 rebotes fue el mejor en las estadísticas. Jay Wright y sus Wildcats de Villanova eran los siguientes en visitar Omaha y les costó pero se llevaron la victoria en un apretado 59 a 64. Collin Gillespie, con 24 puntos y 7 rebotes, fue el mejor hombre de Wright, mientras que por el lado de McDermott sobresalió un sorprendente Christian Bishop que se fue a los 16 puntos y 9 rebotes. Nadie más alcanzó dobles dígitos. Finalmente, los Muskeeters de Xavier cayeron derrotados en Cincinnati, Ohio, en la que fue la victoria número 500 de Greg McDermott en su carrera como entrenador en la NCAA. El mejor de los arrendajos fue el jugador más regular que están teniendo esta temporada, Mitch Ballock, quien se fue a los 19 puntos, 8 rebotes y 3 asistencias. Con esos ocho rebotes fue el mejor de su equipo, igualado con un excelente Kelvin Jones, quien se está convirtiendo en el primer relevo interior del equipo, quien también añadió 2 puntos, 2 asistencias y 2 tapones saliendo desde el banquillo. 

En lo que atañe a nuestro elegido para encabezar las entradas de esta temporada 2019-2020, Jett Canfield, comentar que apenas ha disputado cinco partidos en este tramo de diez, con una media de 9,6 minutos por encuentro. En esos apenas 10 minutos en 5 partidos ha conseguido unas medias de 1,4 puntos, 0,2 rebotes, 1 asistencia y 0,6 robos por partido. Su mejor encuentro fue contra UTRGV, donde dispuso de 24 minutos, consiguiendo 4 puntos, 2 asistencias y 2 robos. Su rol ha ido decreciendo con la temporada y más aún con el debut de Denzel Mahoney. Sin embargo, seguiremos siéndole fiel hasta final de temporada, igual que lo somos a aquellos que elegimos antes y, por eso, nos hizo especial ilusión encontrarnos con Martin Krampelj ingresando en la historia de la ACB. El jugador esloveno cuyo nombre usábamos para ilustrar nuestros repasos de Creighton en los últimos tiempos, llegó a Andorra cedido por el Cedevita Olimpia Ljubljana, donde no estaba contando con muchos minutos, para suplir la baja de Moussa Diagné. Por ahora, ha jugado 4 partidos en ACB, promediando 10 minutos, 3 puntos y 1,3 rebotes en cada uno de ellos. Su mejor partido fue en la victoria (106-78) ante Casademont Zaragoza donde aportó 7 puntos, 3 rebotes y 2 asistencias en 19 minutos. 

miércoles, 8 de enero de 2020

Davide Rebellin



A los 47 años, en abril del año pasado, Davide Rebellin anunció que se retiraría del ciclismo profesional en junio, en el campeonato nacional de su país. Más o menos, lo hace tras 28 años de carrera. No sin polémicas, por supuesto. Había debutado en 1992 con aquel GB-MB Maglificio de Giancarlo Ferretti, donde estaban corriendo corredores como Mario Cipollini, Franco Chioccioli, Miguel Arroyo, Fabio Baldato, Franco Ballerini, Zenon Jaskula, Andrei Tchmile... Más adelante, llegarían los dos años de sanción por un positivo por CERA. Sin embargo, se retira con un palmarés que recoge unas 60 victorias, algunas de ellas conseguidas por encima de los 40 años. Entre otras victorias, aparecen triunfos en Lieja-Bastogne-Lieja, Flecha Valona, París-Niza, Tirreno-Adriático, Klasika de Donostia, la Itzulia, Amstel Gold Race, Zurich, o etapas en el Giro de Italia. Fue el primer corredor en conseguir el tríptico de las Ardenas. A pesar de que no era su perfil, llegó a ser 6º en un Giro de Italia y 7º en una Vuelta a España, ambos top tens los consiguió en el mismo año. Tras su positivo de 2009, su carrera entre 2011 y 2019 pasó a otro nivel, el que algunos calificarán de exótico. Corrió en equipos de Polonia, Italia, Croacia, Kuwait y Argelia. Consiguió victorias en carreras disputadas en Irán, Turquía, Eslovaquia, Polonia, Rumanía, Indonesia, Argelia, Francia e Italia. Su retirada ha pasado más desapercibida de lo que, probablemente, lo hubiera sido de no mediar esa sanción. Sin embargo, no deja de ser un ejemplo ilustrativo de los casos de longevidad extrema que, a menudo, se dan en este deporte.

Con su retirada, solo nos quedan dos. Exagero, quedan corredores veteranos, corredores en categoría continental que, probablemente, superen la edad y la longevidad de estos dos, pero no con la trascendencia que tuvieron en algún momento de sus carreras. Hablo de Francisco Mancebo y Óscar Sevilla. Los dos corredores españoles, implicados, aparentemente, aunque nunca sancionados judicialmente, en la Operación Puerto, que vieron como sus carreras cambiaban completamente tras aquellos sucesos pero, no por ello, las dieron por finalizadas. Ambos corredores, con 43 años, anunciaron recientemente que continuarían un año más en el pelotón profesional. 

Mancebo no pasaría profesional hasta 1998, año en el que debutaría ganando el Trofeo Comunidad Foral de Navarra, que al año siguiente pasaría a llamarse Gran Premio Miguel Indurain, y lo haría, precisamente, por delante de Stefano Garzelli y un Davide Rebellin que corría por entonces con el Team Polti. También aquel año debutaría Óscar Sevilla, en su caso, con el Kelme, pero su temporada de debut pasaría más desapercibida. Como ya hemos dicho, tanto Mancebo como Sevilla siguen en activo y ambos, igual que Rebellin, saben lo que es ganar con 40 años o más. Sevilla, este mismo año, se ha llevado la Vuelta a Chiloé y el prestigioso Clásico RCN, además de dos etapas en la Vuelta a Colombia, país del que obtuvo su nacionalidad después de llevar corriendo allí desde 2011. Mancebo, por su parte, se convirtió, este año, en el primer corredor no filipino en ganar la Vuelta a Filipinas y, además, se llevó también la montaña de la Vuelta a la Comunidad de Madrid. De todas formas, ya en 2016, con 40 años cumplidos, ganó una etapa en la 3ª edición del Tour de Alberta que ganaría el norteamericano Robin Carpenter por delante de Bauke Mollema, ganador de la edición anterior, y Evan Huffman, quien ganaría la edición del año siguiente.

Tanto los nombres de Mancebo como el de Sevilla vienen marcados por la Operación Puerto, aunque ninguno de ellos recibió sanción, como ya hemos comentado. De hecho, los dos volverían a firmar contrato en 2007 con el mismo equipo, el Relax GAM, junto con Santi Pérez, quien se encontraba en la misma situación. Sevilla dio positivo más tarde, ya en Colombia. Cumplió la sanción y volvió. Hace unos años en una entrevista, decía: "Si no fuera por la Operación Puerto probablemente seguiría en Europa, hubiera ganado mucho más dinero, quizás más fama, pero nunca hubiera sido tan feliz como lo soy ahora". Los dos, una vez más, seguirán una temporada más como profesionales, y parece que no tienen prisa por ponerle un punto final a sus carreras. Ya en 2017, en una entrevista para el diario Marca, Mancebo decía: "Me gusta que me llamen el abuelo del ciclismo español, como si quieren decirme dentro de 14 años que soy el bisabuelo." En noviembre, la web Zikloland publicaba el siguiente titular: "Mancebo seguirá un año más en activo, y van 23". En la noticia, se explicaba que había decidido renovar por el equipo japonés Matrix Powertag por un año más, cumpliendo 44 encima del sillín, que era la expresión que se utilizaba en la noticia. 

El madrileño, que ya había corrido en Francia en los años anteriores a la Operación Puerto, ha pasado luego por Portugal, Estados Unidos, Grecia, Emiratos Árabes Unidos y República Dominicana, además de Japón y España. Ha conseguido victorias parciales o absolutas en Japón, Egipto, Malasia, Filipinas, Canadá, Estados Unidos, Francia, España, Chile y México. Antes de la Operación Puerto, su palmarés incluía una etapa en la Vuelta a España, el campeonato nacional, la Vuelta a Burgos, la Vuelta a Castilla y León o la Clásica de los Alpes, además de haber sido 3º en la Vuelta 2004 y 3º en el Tour 2005. En la Vuelta también fue 4º y 5º y en el Tour 6º, 7º y 9º. No ha vuelto a correr ninguno de los dos desde 2005. Igual que Sevilla, quien también disputó esas dos grandes en 2005. En su última, en la Vuelta de 2005, fue 7º. Antes había sido 2º y 4º en la misma. 7º también fue en el Tour de 2001. Sevilla no ha viajado tanto como Mancebo. Lo hizo más antes de la Operación Puerto, ya que corrió en Suiza (Phonak) y Alemania (T-Mobile), pero tras la polémica, se instaló en Colombia, donde sí ha corrido en varios equipos, eso sí, sin abandonar el país, convirtiéndose en un corredor relevante allí. Antes de hacerlo, además de coincidir con Mancebo en el Relax-GAM, también lo haría en el Rock Racing estadounidense en 2009, a donde se fueron los dos. Su dueño, Michael Ball, un multimillonario que patrocinaba al equipo, debía creer en la redención, porque, en 2009, su equipo lo dirigía Rudy Pevenage, belga que fue también salpicado por la Operación Puerto, y contaba entre sus filas, además de los dos ya mencionados, con otro afectado de la misma trama descubierta, José Enrique Gutiérrez y con Tyler Hamilton, reincidente en dopaje. El palmarés de Sevilla en Colombia es de relumbrón. Probablemente, no alcance la magnitud que se le confiere a los que triunfan con excelencia en Europa, pero sus logros son, en muchos casos, inaugurales. Además de las parciales que haya conseguido, y de otras pruebas, destaca que haya ganado hasta en tres ocasiones la Vuelta a Colombia y en otras cuatro el Clásico RCN. Estas dos pruebas, sin la pompa de las competiciones europeas, son las dos grandes competiciones americanas. El Clásico RCN, fuera del calendario UCI, organizado por la Federación Ciclista de Colombia, se disputa desde 1961 y, tras la Vuelta, es la prueba más prestigiosa del calendario americano. Hasta que la ganó Óscar Sevilla en 2008, ningún corredor que no fuera colombiano la había ganado. En su palmarés, lucía lo más granado de la historia del ciclismo en este país: Rafael Antonio Niño, Lucho Herrera, Fabio Parra, Álvaro Mejía, Raúl Montaña, Hernán Buenahora... Solo Claudio Chiapucci, segundo tras Alberto Camargo en 1992, y el ecuatoriano Pedro Rodríguez, tercero en 1995 por detrás de Raúl Montaña y Henry Cárdenas, se habían acercado a lo que lograría Sevilla hace 11 años, convertirse en el primer corredor extranjero en vencer en esta prueba histórica. Sevilla repetiría en 2012, 2016 y 2019, quedándose a una sola victoria de Rafael Antonio Niño, el corredor con más victorias absolutas, dominador en la segunda mitad de los años 70 del siglo pasado. Cerca ha estado de igualarlo al ser tercero en 2013 y segundo en 2017. En 2014, el boliviano Óscar Soliz, también segundo en 2013 y 2016, se convirtió en el otro único corredor no colombiano en aparecer en estos puestos de honor. La Vuelta a Colombia si fue una prueba UCI, hasta hace un par de años, que pasó al calendario nacional. Quizás por eso, sí que ha tenido y tuvo ganadores internacionales desde sus comienzos: el francés José Beyaert en 1952, el español José Gómez Del Moral en 1957, el venezolano José Rujano en 2009 y el ecuatoriano Jonathan Caicedo en 2018. Ya está. José Beyaert y José Rujano de nuevo, el español Fulgencio Sánchez o el argentino Humberto Varisco también aparecieron en los pódiums de alguna de las casi setenta ediciones que lleva esta prueba, una prueba reconocida por su dureza, de puertos largos y exigentes, con el condicionante añadido de la altura. A todos ellos se unió Óscar Sevilla en 2013. No fue el primero, pero sí entró en un selecto grupo, el de los mejores corredores colombianos de la historia, gente como Ramón Hoyos, Lucho Herrera o Libardo Niño, al convertirse en uno de los pocos corredores que repetiría triunfo en tres ocasiones consecutivas, añadiendo a la primera las victorias en las clasificaciones generales de 2014 y 2015. Sevilla, además, fue 2º en 2016 y 3º en 2018 y 2019. Desde 2018 se disputa el Tour de Colombia, antes Colombia Oro y Paz, una nueva prueba, dentro del calendario UCI, que intenta devolver el ciclismo de élite al país. Se han disputado dos ediciones. La primera la ganó Egan Bernal por delante de Nairo Quintana y Rigoberto Urán. La segunda se la llevó Miguel Ángel López, dejando atrás a Iván Sosa y Daniel Martínez. Óscar Sevilla disputó la primera edición con el maillot del equipo Medellín, siendo el mejor de su equipo, acabando en la 17º posición de la general final. En la edición de 2019, Sevilla sería 19º, también con Medellín, también el mejor de su equipo. Desde que se marchó a Colombia, el albaceteño ha seguido medrando su palmarés, aunque solo en una ocasión volvió a ganar en Europa. Fue en 2017, llevándose la general final de la Vuelta a la Comunidad de Madrid. Pero en estos últimos años, desde que en 2011 se le levantara la sanción por su primer dopaje en Colombia, se ha llevado infinidad de pruebas en el continente americano además de las ya mencionadas: la Vuelta a Boyacá, la Vuelta al Chiriquí, la Clásica de Anapoima, la Vuelta a Antioquía, el Tour de Río, la Vuelta al Valle del Cauca, la Vuelta a San Juan, la Vuelta a Ecuador... Prácticamente en todas ellas, inauguró el palmarés de victorias europeas. 

No sabemos cuándo se retirarán. Igual no lo saben ni ellos. Son de lo poco que sobrevive de aquel ciclismo europeo de los años 90 que tan manchado quedó. Ambos han seguido con sus carreras, descubriendo otras dimensiones, otras realidades, otros sabores y aromas y relieves. Lo mismo hizo Rebellin. Nadie le echará de menos en el pelotón más vistoso, el más mediático, el más evidente, porque hace tiempo que no estaba, ni están. Siguen pedaleando, eso sí. 

martes, 7 de enero de 2020

Peter Stetina



Con la temporada apunto de empezar... volvemos a mirar atrás, al verano, y el mercado, y los cambios que ha habido. Pero no vamos a hacer resúmenes ni descubrir nada nuevo, más bien nos vamos a quedar en lo anecdótico, como siempre, recuperando un tema del que ya hablamos. Ya hicimos una entrada sobre esto y dijimos que, este año, dicen adiós en el pelotón corredores de los que hacen afición, gente sin palmareses excelsos, pero con una buena colección de momentos memorables que el buen aficionado guardará con celo. Hablamos de rodadores, escaladores, hombres rápidos y/o de equipo como Daniele Bennati, Maxime Monfort, Peter Kennaugh, Stephen Cummings, Stijn Devolder, Manuele Mori, Bart de Clercq, Simon Spilak, Steve Morabito, Taylor Phinney, Amael Mainard, Rubén Plaza, Matteo Montaguti, Rinaldo Nocentini, Marcel Kittel, Roberto Ferrari, Svein Tuft, Matti Breschel, Lars Ytting Bak, Mark Renshaw, Markel Irizar, Samuel Dumoulin, Laurens ten Dam... La lista es más amplia. ¿Y qué hacen cuando se retiran? Algunos, dan un giro brusco, me imagino. Otros, siguen cerca del deporte que les ha dado madurez. O buscan otros. A Lance Armstrong, como se quejaba recientemente, no le dejan ni que lo intente con el ping-pong. 

Mathieu Van der Poel decía hace poco que "el ciclismo nunca es aburrido" y hablaba de eso, de ciclismo, en general. Al final y al cabo, uno de los corredores más mediáticos del momento, en parte por su excelso invierno en el barro, ha destacado en tres modalidades distintas, siempre sobre las ruedas tubuladas. Fue dos veces campeón del Mundo de ciclocross y este año ha hecho una gran temporada en ruta que ha levantado grandes expectativas para el futuro (Amstel Gold Race, Flecha Brabançona y Tour de Gran Bretaña, entre otros triunfos). Y solo tiene 24 años. Pero Van der Poel también ha triunfado en otra categoría, el mountain-bike, la MTB, donde fue campeón de Europa de cross-country.

Siempre ha habido trasvases entre disciplinas. Buenos ciclocrosistas fueron buenos ciclistas de ruta, y al revés. El padre del propio Mathieu Van der Poel es un ejemplo. Adrie van der Poel fue campeón del Mundo de ciclocross, igual que su hijo, pero también ganó en ruta la Lieja-Bastogne-Lieja, la París-Bruselas, la Amstel Gold Race, la París-Tours, el Campeonato de Zurich o la Klasika de Donostia, además de ganar etapas en el Tour de Francia, la Tirreno-Adriático, la París-Niza, la Dauphinè Liberè, la Vuelta a Andalucía, el Tour de Luxemburgo... No es el único caso, es solo uno. Igual que también ha habido corredores de ruta que disfrutan del ciclocross en invierno, porque les mantiene activos, porque se dejan atrapar por el barro, por lo que sea. Este mismo año, en nuestra región, es Gorka Izagirre quien se está luciendo. En Gran Bretaña, la pista es religión y muchos corredores de ruta han destacado en las diferentes categorías de esta disciplina, buscando, sobre todo, medallas olímpicas. El propio Bradley Wiggins, por ejemplo. Esta misma temporada, el Movistar ha incorporado a los pistards españoles Sebastián Mora y Albert Torres. También entre el triatlón y el ciclismo ha habido conversación: Iván Raña pasó del primero al último y, al revés, Héctor Guerra. Laurent Jalabert corrió el Ironman de Hawaii e hizo un puesto muy digno. 

Desde la mountain-bike, también ha habido siempre traslados: Ryder Hesjedal, por ejemplo, pero hubo muchos más. Michael Rasmussen, Jean-Christophe Peraud, Cadel Evans, Floyd Landis... El propio Peter Sagan fue campeón del mundo junior de Mountain bike antes de dedicarse a la ruta. En 1996 se instauró la MTB como prueba olímpica: Cadel Evans fue 9º en la prueba masculina. En Sydney 2000, 7º. Otros corredores con pasado o futuro en la ruta también aparecerían por allí: Roberto Lezaun (15º), Pavel Cherkassov (20º), Michael Rasmussen (22º)... En las posteriores ediciones, se han asomado en esta prueba corredores que también se fajan en ruta como los ya mencionados Jean-Christophe Peraud, Peter Sagan y Ryder Hesjedal, Fredrik Kessiakoff, Yuri Trofimov, Jakob Fuglsang, Ondrej Cink, Sam Bewley o Scott Bowden. Pero parece que la tendencia se perpetúa e incluso se amplía, sobre todo en corredores que, por sorpresa o por desgaste, abandonan su carrera en ruta para pasarse a esta disciplina. Probablemente, esa decisión, para algunos, sea digna de discusión y dé lugar a polémica. 

Javi Moreno, por ejemplo, después de 14 temporadas en la ruta profesional, anunciaba hace poco su retirada. Lo hace con un palmarés que muestra buenos resultados: fue ganador final de una Vuelta a Madrid, de otra en Andalucía, de la de Castilla y León, Aragón o también de la Vuelta a Asturias, además de acabar una Vuelta a España en la 21º posición. Al mismo tiempo que anunciaba su retirada, también anunciaba que dedicaría parte de su tiempo al calendario MTB con el equipo Sport Bike. Otro ejemplo de esta misma temporada, y en la línea del mismo Mathieu Van der Poel, es el de Lars Boom. El holandés ya fue campeón del Mundo de ciclocross, seis veces de su país en la misma disciplina y también sub 23 a nivel mundial, para después despuntar como rodador en ruta, apuntar a mucho y, quizás, quedarse en menos. También deja el ciclismo esta temporada tras la desaparición de su equipo, el Rompoot. También Boom se pasa al MTB. Boom fue ganador de etapa en Vuelta y Tour, además de en carreras como Dauphinè, Tirreno, París-Niza o Mediterráneo, ganó el Eneco Tour, actual BinckBank Tour, la Vuelta a Bélgica y su carrera preferida, el Tour de Gran Bretaña, que ganó en 3 ocasiones, sumando 7 victorias parciales. Ahora, aspira ahora a que en mountain-bike pueda apurar sus últimas gotas de talento. Menos palmarés tiene el norteamericano Peter Stetina, quien abandona la ruta con una sola victoria, en la Cascade Cycling Classic de su país, pero con fama de corredor de equipo y regular. Por ejemplo, nunca ha bajado de la 51º posición en sus ocho grandes disputadas, siendo 21º y 27º en el Giro, 35º en el Tour, y 21º y 28º en la Vuelta. Stetina, ahora, igual que Moreno y Boom, intentará despuntar en otra disciplina, la misma que los anteriores, pero siempre sobre ruedas. 

Cierto es que Nino Schurter, Julian Absalon, Jaroslav Kulhavy, Marco Aurelio Fontana, Bart Brentjens, José Antonio Hermida, Carlos Coloma, Miguel Martínez, Filip Mierhaeghe, Thomas Frischknecht, John Tomac, Gary Fischer, Sam Gaze y compañía, laureados especialistas que han copado las grandes citas de la especialidad, no lo han hecho luego en ruta y, probablemente, ni falta que hace, porque ya han derrochado talento en una especialidad, tan espectacular o más, para algunos, que la que transcurre sobre asfalto. Sin embargo, se mantiene este continuo diálogo entre disciplinas distintas, pero con muchas cosas en común, creando un movimiento que, en realidad, creo que no es solo anecdótico y que puede aportar otras lecturas al deporte profesional de la bicicleta. 

Y, eso, que por eso y por aburrimiento, probablemente, decidimos escribir esta entrada. Ahora, le vamos a regalar el titular a Peter Stetina por la única y reseñable razón de que, de los tres protagonistas de nuestra entrada, es el que peor palmarés tiene. La foto, genérica, sobre el mountain-bike.