miércoles, 30 de junio de 2010

Peio Uralde


El delantero vitoriano de la cantera del Ariznabarra, igual que otro paisano que ahora disfruta de un éxito relativo, Gaizka Toquero, me ha hecho reír hoy leyendo el periódico. Bueno, reír. He esbozado una sonrisa, vamos. También me ha hecho pensar. ¿Cuántos jugadores han disputado un Mundial sin disputarlo? Podría estudiarlo alguien. Contaba Uralde la conversación que tenía con un amigo que le decía, con orgullo ajeno, que, al menos, el vitoriano había jugado un Mundial, aquel ya lejano de Naranjito donde Uralde confesaba que se aburrió un montón. Uralde le contestaba que, bueno sí, que jugó media hora. Y su compañero insistía: "media hora más que el 90% de los jugadores." ¿No tiene parte de razón? Cada equipo lleva plantillas de 23 jugadores, ¿cuántos llegan a debutar? ¿Cuántos pasan de un debú sin trascendencia? Pensando en los nuestros, Javi Martínez tuvo sus minutillos, quién sabe si volverá a jugar. Llorente ha conseguido que su nombre aparezca en prensa con otro poco más o menos de media hora. Marchena, que no es de los nuestros pero viene a cuento, se apuntó poco más de un minuto. Al menos ellos han pisado un terreno de juego. ¿Cuántos porteros han disputado un mundial sin saber lo que es estar sobre la cancha ni un solo minuto? Supongo que la experiencia merece la pena en cualquier caso, y que estar allí ya supone un valor en sí mismo. Uralde debería estar contento. Por lo menos, como cuenta él, aún se vanagloria de haber tenido la oportunidad de calentar junto a la banda con Kevin Keegan. Y cierra la entrevista con buen sentido del humor contando que Kevin Keegan también se vanagloriaba de haber podido calentar en la banda junto con Peio Uralde, aunque no tuviera ni idea de quién era el de Ariznabarra.

viernes, 25 de junio de 2010

John Wall


Sin sorpresas en el draft. Los Wizards ya se han hecho con lo que querían. Ahora, le toca a John Wall recomponer el equipo tras el paso del ciclón Arenas. Y uno de los pocos enredos del draft, fue ver como los Chicago Bulls se libraban del dinero que les cobra Hinrich y éste pasará a ser un fiel escudero del base de la Universidad de Kentucky en Washington. Por lo demás, pocas o ninguna sorpresa. Buena elección para Utah Jazz, con el héroe de Butler, Gordan Hayward, ¿por qué parece que era inevitable? Si no me equivoco, el primer europeo es Kevin Seraphin en el puesto 17, otro excesivamente joven francés que encima ha sido objeto de traspaso, dentro del asunto Hinrich. La esperanza venezolana, Greivis Vasques se irá con Marc Gasol. Nemanja Bjelica, oiremos hablar de él, fue elegido por Wizards para ser traspasado a Wolves, aunque creo que donde realmente va a jugar es en la Benetton de Treviso. El hijo de Leo Rautins se irá a los Knicks. Paulo Prestes fue elegido en el 45 por los Wolves aunque tardará en dar el salto, creo, y eso que Unicaja aún no se lo plantea para la primera plantilla. Otro, francés, Pape Sy, entró de chiripa al final de la segunda ronda por Hawks y un poquito más arriba el jugador sorpresa de la cantera del Gran Canaria, el inglés Ryan Richards que, cedido en Suiza, ya ha dado para videos en el youtube con su enorme elasticidad y su agresividad a la hora de anotar. Y ya está. No hay españoles, apenas hay europeos y casi no conozco a los americanos que han sido elegidos. Prácticamente todos los focos han ido a parar a John Wall, estrella indiscutible de este draft. Se habla bien del segundo, Evan Turner y de Derrick Favors que parece el más maduro y además caerá en unos Nets ansioso de talento. Por último, los Kings, ya sin Nocioni, se hicieron con DeMarcus Cousins, al que comparan con Derrick Coleman aunque parecen dudar de su cabeza.
Me parece a mí, sin embargo, que el mejor rookie del año que viene será el del año pasado, un Blake Griffin al que todavía le queda debutar tras su larga lesión. Al final, el año pasado el que se llevó la palma fue el cuarto de la lista, Tyreke Evans. Thabeet hasta jugó en la liga de desarrollo, Ricky Rubio ni debutó y Brandon Jennings se lució a relevos. Veremos si John Wall, que tiene nombre de protagonista de peli de acción, si cumple con las expectativas.

John Isner


Como la vida misma, joder. En primera ronda, más de once horas de partido y 112 saques directos para pasar a la historia. En el siguiente partido, te meten 6-0, 6-3 y 6-2 en poco más de una hora y no metes ni un solo ace. Como la vida misma, joder. El muchachón de 2'06 y 111 kilos ha dicho basta, me vuelvo a Greensboro con mi familia, estoy machacado, y no me extraña. Su partido con Mahut ya es parte de la historia y aunque continúe su carrera deportiva con pocos momentos de gloria, ya saldrá en los libros. Saldrán los dos, y su foto junto al marcador de baloncesto que se marcaron, ilustrará los almanaques de tennis. Y es una fotografía como para escribir un libro: el aspecto desgarbado e interminable de Isner y el pelo revuelto y la cara de madrugón de Mahut junto a un marcador trucado. La gente hablará de este partido como se habla aún del pie de Armstrong en la luna. Quizás Robert Redford se marque una película dentro de unos años, como cuando llevó a la pantalla la historia de Charles Van Doren en Quiz Show. No estoy diciendo que el partido de Mahut e Isner haya sido un amaño, pero la imaginación puede dar para labrar auténticas conspiraciones.
Esta entrada estaba cantada, ¿verdad? Y eso que me he hecho el remolón.

miércoles, 23 de junio de 2010

Nicolas Anelka


No va ni la mitad, ¿no? No sé ni lo que queda. Esto de los Mundiales, con sinceridad, no es lo mío. Nunca he tenido muy desarrollado el sentido nacional. Mi identidad se parece más a las teorías postmodernistas de Paul Gilroy, Youngbear-Thibbetts, Neil Campbell o Werner Sollors. Siento un vínculo sentimental con la tierra en la que nací, pero también con los lugares en los que he vivido, los que he visitado y los que me quedan por conocer. Así que los himnos oficiales, las elásticas tricolores y los héroes nacionales, nunca han sido lo mío. Qué se le va a hacer, cada uno cojea de un pie. Yo tengo bastante con reconocer mi sentimentalismo más romántico en relación con un club concreto, o con un par de ellos si me apuras. Así que, me tomo estos acontecimientos con una mezcla de hastío, un poco de curiosidad y una ligereza que, en ocasiones, me ha ayudado a disfrutarlo más que los que toman partido emocional.
Este año, sin embargo, el Mundial es que me está pasando más inadvertido que nunca. No he visto ni un partido completo, y cuando leo el periódico, paso las páginas a toda prisa. Algunas cosas si han atrapado mi atención, empezando por el annus horribilis de los franceses, pobre personaje más odiado de la república el señor Domenech, la dulzura con la que maneja el lenguaje Nicolás Anelka y demás asuntos que han ido pasando en la selección bleu. También la historia del delantero de Corea del Norte me llamó la atención. Y los nombres curiosos, y la selección de Argentina, y la humildad arrolladora de Cristiano Ronaldo… y yo qué sé, pero poca cosa. Me puse un día a ver un partido y me enteré de que Dinamarca jugaba el torneo, ya ves tú, desde ese día son mis favoritos, Tomasson siempre ha sido una debilidad. A España la he visto jugar, y no sé qué decir, me enfado cuando veo que Del Bosque hace los cambios y no debutan ni Llorente ni Javi Martínez, pero me enfado como un niño mimado, así que eso no cuenta.
Todo lo que he visto han sido trozos sueltos de partidos. Habré visto jugar media hora a Brasil, otra media a Alemania, un ratito a Camerún y con Inglaterra e Italia el pestiño no me dio ni para cinco minutos. El caso es que mi juicio no es el más adecuado, no soy quién para hablar, pero lo que voy viendo por ahora me ha quitado todas las ganas de seguir mirando. Todos los partidos que he empezado a ver, me han obligado a cambiar de canal entre bostezos desesperados. He llegado a preferir un programa de una cadena local con debate sobre política municipal y todo, ya ves tú. Igual soy un poco exagerado, pero soy sincero. Y hay una cosa más: no aguanto las vuvuzelas o como quiera que se escriba. Ese sonido continuo de fondo me incita a meter la cabeza en el horno, de verdad. Sí, definitivamente, soy un poco exagerado. Pero el Mundial me está pasando de lo más desapercibido. Ni tan siquiera le estoy haciendo caso a los aspectos más sociales, a cómo está repercutiendo todo esto en la sociedad sudafricana o si le dará a John Carlin para escribir otro libro. Ni eso.
Así que para la otra mitad o más que queda, en mi pobre faceta de adivinador, apuesto a que ganará uno de los de siempre: Brasil, Argentina o Alemania. Igual hasta Italia. Inglaterra no lo creo. Y España tampoco, aunque quién sabe, no, no sabe, no creo que tampoco esta vez haga nada. Está siendo el año de los americanos, lo que me alegra, porque mi barrio es más latino que nunca, así que apuesto por Dinamarca que es el país más latino del mundo y Tomasson lo más parecido a Simón Bolívar que ha dado el fútbol. En serio, que gane el mejor, pero a ver si es el mejor de verdad.

domingo, 20 de junio de 2010

Manute Bol


En noviembre del año pasado, escribí una entrada encabezada por Shannon Brown, campeón de la NBA hace unos días, en la que decía algo así: "Y quién no recuerda los cuatro tapones seguidos de aquel milagro de la naturaleza llamado Manute Bol, cuya historia da para mucho más que una entrada y quizás por eso nunca la he escrito."
El pivot más estrambótico de la historia de la NBA falleció ayer sábado a la edad de 47 años a causa de una enfermedad hepática. En un fin de semana en el que el mundo de la cultura y la literatura, ha perdido a otro protagonista como José Saramago, el pivot sudanés de 2'31 ha ocupado humildes reconocimientos en la prensa. Su historia sigue siendo muy larga como para contarla aquí, así que solo dejaré como homenaje la jugada de los cuatro tapones consecutivos, y, aunque no le gustara probablemente el baloncesto y no existe conexión alguna entre ellos, más allá de las propias de superación y supervivencia que compartimos todos los seres humanos, que sirva también de homenaje al escritor portugués:

Iñaki Descarga


Se terminó la temporada con el descenso del Real Unión, voy directo al grano: ganó el Hércules al Real Unión de Irún y uno subió a primera y otro bajó a segunda B, gracias, en parte, a un autogol inverosimil, según cuentan porque no he visto, de Iñaki Descarga. Como no podía ser de otra manera, la prensa se hace eco de la noticia. Y, no voy a andar con subterfugios, la versión digital del diario MARCA también lo hace. Para ello, titula: "El Hércules vuelve a primera división trece años después", y, debajo, le sigue una serie de noticias relacionadas y resumidas en un escueto titular. Una dice, y está destacada en negrita, en este caso azulita, "A Iñaki Descarga le persigue la polémica." Pincho. La noticia no está firmada. Ni por un periodista, ni por una agencia, por nadie, a no ser que sea del periodista que firma la crónica del partido Real Unión-Hercules, pero no tiene por qué. Leo el primer párrafo y me quedo flipado:
"Cuando Iñaki Descarga materializó, en propia puerta y de forma insólita, el segundo gol favorable al Hércules inmediatamente la retrospectiva nos obligó a recordar lo sucedido con el defensa irundarra cuando defendía los colores del Levante.
En una cinta emitida por Popular Televisión, el presidente del Levante, Julio Romero, y el entonces capitán del equipo, Iñaki Descarga, admitieron un pacto con el Athletic para dejarse perder en el último encuentro de Liga."
Y utiliza once líneas más para desplegar una vez más el caso y hacer especial hincapié en la implicación de Ángel María Villar.
El artículo se cierra con un escueto, pero terrífico documento periodístico que pone el broche de oro al artículo: "El defensa del Real Unión, tras la sorprendente acción en contra de su portería, se tapó la cara con la camiseta en un gesto de auténtica desolación e incluso pidió el cambio a su entrenador." Claro, no es para menos, di que sí.
Pero no queda ahí la cosa, porque yo lo he leído a las doce de la mañana de una mañana resacosa y ya había más de 200 comentarios glosando la noticia. Comentarios que no se paraban a pensar en la coherencia, ética y manipulación del artículo, ni tan siquiera se preguntaban si Descarga tiene derecho a ser tratado como un ser humano, simplemente volvían a hablar y hablar y hablar, insultar, agredir, aleccionar y desnudarse, hablar y hablar y hablar del puto tema, para demostrar una vez más, lo valiente que es la ignorancia, lo sañudos que somos, lo maniatados que estamos por nuestros prejuicios y lo cómodos que nos sentimos así. Esta vez, sin embargo, la culpa es del que suelta la carnaza, del manipulador, del que enciende el ventilador, del que sigue, con mano dulce y casi invisible, ejerciendo un periodismo mediocre y envilecedor.
Estoy de resaca, pero me he quedado a gusto. Descarga, seguro, que aún sigue pidiendo el cambio. El autor de la noticia (bonita palabra sin contenido) quizás esté cocinando ya una nueva felonía. Quién sabe.

viernes, 18 de junio de 2010

David Llorens


Todavía quedan un buen puñado de periodistas. Podría hacer una lista, pero estoy hasta los huevos de hacer listas, sonar sentencioso y proponer juicios de valor. Eso es lo que llevo haciendo todas estas madrugadas en vela, así que paso. Ya he ido deslizando algunos nombres en este blog, y quien quiera puede repasarlo, o, si no, ejercer su propio punto de vista crítico e individual y leer los periódicos con perspectiva y escepticismo, que, hoy en día, parece la única forma válida de leerlos. David Llorens es uno de ellos. Sus reportajes pueden parecer triviales pero son amenos y agudos, aunque ocupen esa última página de los viernes en un periódico deportivo nacional, que normalmente se reserva a comentarios subjetivos, reportajes tendenciosos y relleno fotográfico, cuando no a publicidad. Llorens se dedica a repasar la historia del deporte centrándose en las carreras inverosímiles de deportistas extravagantes, peculiares o repudiados. Y hoy, bajo el título de "La Raqueta Metallica" le tocaba a un personaje que simboliza al máximo lo anterior: fue y era extravagante, peculiar y, puede que no repudiado, pero no creo que en el All England les hiciera gracia su larga barba blanca y sus comentarios filosóficos.
Ahora viene la digresión personal. Yo crecí en Barakaldo, ciudad del extrarradio de Bilbao, gris, industrial, cataclísmica y denostada por un acento materialista que forma parte de su raíz pero que ha sido explotado con cicatería. Cuando yo era un chaval, quedaban los resíduos de una época de punk y heroína que tuvo su lado negativo, pero también su lado positivo, que no sé muy bien cómo explicar porque a veces lo tiño de demasiada nostalgia. Nunca fui punk del todo, pero tampoco heavy, aunque ése era mi ambiente. Hacíamos cuernos, botellón, nos subíamos al tejado de la antigua papelera por las noches y mis amigos guardaban con aprecio las camisetas de Iron Maiden. Yo todavía tengo una de Metallica, la que me compré aquel día iniciático en el que me olvidé el arrantzale en el autobús heavyorgiástico que nos llevó hasta Anoeta para ver a los Metallica en directo. Así que todo eso, tararear a My Dying Bride, saltar con Led Zeppelin en el C-Mento, robarle las baquetas a Boikot, escuchar mil veces a los colegas ensayar una versión del "Fear of the Dark" o discutir sobre si era mejor guitarrista Arellano que Ritchie Blackmore forman parte de mi educación sentimental. Por eso, esta mañana, cuando a falta de un día para mi cumpleaños, he leído la historia del padre de Lars Ulrich, famoso batería de uno de los grupos heavies más famoso de la historia, he sentido que David Llorens me estaba haciendo un regalo por adelantado.
Si tenéis un minuto y os gusta mover la cabeza con las guitarras de Sepultura, o berrear con el diabólico sonido de Deicide, bajad al bar, pediros un caf'e (¡o una puta birra, tío!) y leed la historia de Torben Ulrich, el padre del mejor batería de todos los tiempos en el hard rock... ¡qué dices joputa! ¿El mejor? No me toques los huevos, ¿y John Bonham? ¿Y Dave Lombardo? ¿Y Scott Columbus? ¿Y Bill Ward? ¿Joey Jordison? ¿Vinnie Paul Abbott? ¿E Ingo? ¿Portnoy? ¿Nicko McBrain? Lo único que queda claro es que el mejor batería heavy jugando al tennis tiene que ser Ulrich, ¿que no?