domingo, 24 de febrero de 2013

Souto Menaya



Por ahí he leído que se inspiró en el gol con la mano de Diego Armando Maradona en el mundial del 86. Algo también se isnpiró en la final de Copa de 1943 cuando el Athletic asaltó el Metropolitano para ganar al Real Madrid por 1-0 con gol de Telmo Zarra. Ramiro Pinilla, escritor de Getxo de cerca ya de 90 años, traslada su historia de amor y dignidad a este contexto y lesiona a Zarra horas antes del partido para así construir la trágica historia de Souto Menaya.
Una de las pocas alegrías que me permito en estos últimos meses de angustia laboral ha sido leer. Leer y ver series de televisión. Esto no viene a cuento, pero los cuentos los escribe Pinilla, yo llevo un blog sin mucho criterio, así que hablo de lo que me place. Y me place contarle a nadie que primero fue Les Ravenants, luego (incluso durante) fue la primera temporada de Revolution, ahora ha sido American Horror Story y siempre es The Wire. De hecho, nos queda poco para terminar con la última temporada de la serie ambientada en Baltimore y con cada episodio que veo, el único pensamiento que tengo es ¿y qué voy a hacer luego? Leyendo me he permitido desviarme de mis obligaciones, lo que es todo un lujo, y he estado repasando a Hasier Larretxea, releyendo como cada año a JD Salinger, aprendiendo de música con la bandagrafía de Dean Wareham (igual acabo de inventarme un nuevo género, que quede aquí registrado), con el trabajo de Gotzon Hermosilla sobre la historia del punk en Barakaldo y con el que ha escrito Carlos Prieto en torno a la figura de Nacho Vegas, además, leí rápido y no con prisas una novela de Willy Uribe y ahora acabo de aprovechar un fin de semana lento y recogido para terminar Aquella edad inolvidable de Ramiro Pinilla.
No voy a poner yo ahora en duda la calidad de un escritor que hace cincuenta años disfrutaba de galardones a nivel nacional para después renunciar a las grandes tentaciones del mercador y no regresar a la luz pública hasta la publicación de su monumental trilogía Verdes valles, colinas rojas, hará como unos seis o siete años. Desde entonces, ha seguido publicando, a buen ritmo, y el año pasado Tusquets publicó en su colección andanzas esta novela que en algunas reseñas han calificado como la más íntima del escritor de la margen derecha del Nervión.
Supongo que dicen lo de íntima porque, aunque se hable de Maradona o de Zarra, el eje de la historia se sostiene en los recuerdos más personales del autor, quien, en algunas entrevistas, ha confesado que es aficionado del Athletic, aunque ha aprendido a rebajar su apuesta sentimental y ahora sabe llevar las derrotas con mucha más indiferencia. Sin embargo, reconoce que creció al abrigo de San Mamés y de lo que significa el Athletic (porque algo significa, y no voy a entrar en máximas que parezcan efectistas y demagógicas, pero el que siente el calor sabe donde está el fuego), y que forma parte de su crecimiento y de su educación y que, de alguna forma, quiso trasladarlo a una novela cuya primera génesis apuntaba a otro relato policíaco. 
El fútbol, sin embargo, y aquí empieza mi análisis subjetivo y prescindible, es secundario. Secundario tampoco es que no admita grados, y, en este caso, el fútbol es secundario pero de igual importancia que lo principal. Lo principal es la historia romántica, romántica por lo de que es una historia de amor entre un hombre y una mujer. Souto Menaya e Irune Berroyarza viven una historia entre la pasión y la pasividad, entre el júbilo y la amargura. La historia contiene un final abierto que no deja de confirmar la singularidad de una historia que, en ocasiones, se diluye entre soliloquios y elipsis un tanto inconexas. El estilo de Pinilla es solemne y refinado. Es intenso y, en ocasiones, disperso. El lector necesita un alto nivel de atención, porque, a menudo, Pinilla se olvida de él y de la historia y de sí mismo y las palabras se apoderan de la narración hasta convertir el lenguaje en una suerte de confabulación poética. En lo que concierne al fútbol, la novela desliza argumentos para debatir el fútbol moderno, el clásico y la diferencia entre ambos, pero no esperes, si es lo que buscas, una novela concentrada en estudiar el mundo de fútbol, ya sea como metáfora o en un ejercicio analitico. De hecho, yo eché en falta más páginas que describieran el momento cumbre en la carrera de Menaya y más aún del antes y el después, de lo que fue su carrera deportiva que Pinilla se ventila, a mi parecer, con una velocidad que solo subraya su interés en la pugna persona del personaje principal por sobrevivir a sus miserias.
Ahora que nos toca ir despidiendo San Mamés, también nos tocará recordar cómo fue desde el principio. La novela de Pinilla formaría parte de cualquier estudio sociológico que intentara examinar la trascendencia e influencia del Athletic en la sociedad vizcaína. La historia de Menaya es inventada, pero muchos la podrían leer y verse reflejados, con sus coincidencias y sus diferencias. Ahora que perdemos, ahora que saboreamos la derrota, quizás convenga más que nunca plantearse cómo es el fracaso y no el éxito lo que ha alimentado ese vínculo. En un año en el que todas las certezas que explicaban no tanto nuestro compromiso como nuestras esperanzas y sueños se tambalean de la manera más inesperada y dolorosa, solo nos queda continuar con la misma vitalidad irracional y el mismo convencimiento apasionado y quimérico que, en mi humilde opinión, siempre ha caracterizado la afinidad emocional con un equipo de fútbol como éste, y, para algunos, como muchos otros. Y nada de esto tiene relación con el libro de Pinilla, aunque puede que sí lo tenga con los goles de Griezmann, Agirretxe y Vela, un fin de semana sin movimiento y un pensamiento un tanto flojo y cicatero que se deja llevar por la melancolía cuando quiere explicar la pasión con raciocinio. Algo que probablemente sea imposible, y hasta poco recomendable. La novela de Pinilla, no. Leedla si tenéis un rato.

Por cierto, no hay fotos, por supuesto, de Souto Menaya. Solo las hay en la cabeza de Pinilla. Por ello, ilustro la entrada con la foto de los once jugadores que aquel 20 de Junio de 1943 ganaron por 1-0 al Real Madrid en el Estadio Metropolitano. Souto Menaya no aparece, pero sí lo hacen Lezama, Elices, Ortiz, Zarra, Oceja, Urra, Nando, Panizo, Ortuzar, Mieza y Gainza. La foto la he cogido de la página oficial del club athletic-club.net.

2 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

Bonita entrada Holden!

Ánimo con lo tuyo en el aspecto laboral.

Cuando acabes con The Wire, te recomiendo Los Soprano. Por alguna razón tengo ambas series conectadas en mi cabeza. Seguro que os engancha y te invita a escribir alguna entrada.

Un abrazo.

Ricky

Holden Caulfield dijo...

Gracias Ricky, tío. Los Soprano siempre han estado en la lista de futuribles, pero por una razón u otra, siempre lo posponemos. Visto el empeño de la gente por recomendármela, supongo que caerá pronto. Gracias por los ánimos sobre todo.
Un abrazo