jueves, 28 de junio de 2018

Eider Merino

Foto tomada de google, pertenece a la web del equipo femenino Movistar


Los recientes Campeonatos de España de ciclismo en carretera, disputados en Castellón, nos han dejado ganas de volver a mirar hacia casa. No está siendo una mala temporada para el pelotón vasco, y parece que aún pueden llegar cosas mejores. El campeonato también dejó buen sabor de boca a la afición vasconavarra. Los datos son evidentes: de los 24 pódiums posibles (hombres élite en ruta, hombres élites contrarreloj, féminas élite en ruta, féminas élite contrarreloj, y las mismas cuatro carreras ya mencionadas pero en sub 23, 8 han sido vascos, un 33% del total. Pero es que el porcentaje sube hasta el 50% si hablamos solo de los 8 posibles campeones: 4 han sido vascos. Desconozco si en otras ocasiones ha habido unos resultados mejores, pero, sin duda, estos son buenos. Muy buenos.

El campeón de España en ruta es, desde su victoria en Castellón, el guipuzcoano Gorka Izagirre, quien ganó por delante de Alejandro Valverde y de Omar Fraile, medalla de bronce y vizcaíno. El último ganador vasco en esta especialidad fue precisamente el hermano de Gorka, Ion Izagirre, hace cuatro años, en 2014. Ellos dos, junto con Juan Manuel Gárate y Álvaro González de Galdeano, son los únicos ganadores vascos en el siglo XXI.

El campeón de España CRI es el mismo que el del año pasado: Jonathan Castroviejo. El vizcaíno superó al propio Gorka Izagirre y al ya mencionado hermano, Ion Izagirre. Así que triplete en esta categoría para el ciclismo vasca. Para Castroviejo es el cuarto título. Ganó en 2013, 2015, 2017 y ahora en 2018. Ha igualado, así, a Luis León Sánchez y José Iván Gutiérrez, también con cuatro victorias. Ion Izagirre también ganó en 2016 e Igor González de Galdeano, 2002 e Iñigo Chaurreau, 2003, lo hicieron muy al principio, pero también en este siglo. El resto de los ganadores vascos en esta categoría datan de los años 90: Abraham Olano, el primero de todos, en 1994, y después en 1998, e Iñigo González de Heredia en 1996.

En chicas, la gran protagonista de los campeonatos de España, tanto en ruta como en contrarreloj, fue Eider Merino. La de Balmaseda, a sus 23 años, triunfó en la prueba en línea y ganó por delante de Gloria Rodríguez, compañera de equipo en el Movistar y murciana de 26 años, y Mavi García, veterana mallorquina que también corre en el Movistar y que ya fue subcampeona el año pasado y campeona en 2016. El Movistar ha sido el gran triunfador de esta edición, aunque no sea sorpresa alguna, y sus resultados han sido abrumadores en categoría femenina.

En la otra especialidad, la CRI, Eider Merino se tuvo que conformar con la plata. Esta vez, la tercera en ruta, Mavi García, se llevó el triunfo final. Tercera en discordia fue Alicia González, prometedora asturiana que también corre en el Movistar.

Merino coge el relevo de las más recientes corredoras vascas que han destacado en los campeonatos nacionales: Eneritz Iturriaga, Leire Olaberria y Lourdes Oyarbide. La primera fue campeona en ruta en 2003 y de CRI en 2002, 2005, 2006 y 2011. Olaberria fue campeona de CRI en 2010 y 2014 y de ruta en 2010, mientras que Oyarbide se estrenó en contrarreloj en 2017. Antes que ellas fueron las Josune Gorostidi, Izaskun Bengoa o, sobre todo, Joane Somarriba, quienes pusieron al ciclismo vasco en los peldaños de los pódiums.

También hubo un triunfador vasco en categoría sub23. En este caso, en la prueba en línea, donde el prometedor Iñigo Elosegi derrotó al andaluz Carmelo Urbano y al balear Gabriel Pons. El último vasco en ganar en esta categoría de meritorios y soñadores fue Joseba Agirrezabala en 2004, quien sucedía a los ya lejanos Unai Elorriaga (2002), Patxi Ugarte (1999) y Javier Otxoa (1996). El vizcaíno de Zierbana, nieto del histórico José Antonio Momeñe, pasó de la Fundación Euskadi al Lizarte de Juanjo Oroz y Jon Armendariz. Ha tenido una temporada llena de obstáculos pero nadie duda de que el vizcaíno es una de las grandes promesas del pelotón vasco y su clase empieza a asomar.

Su compañero en el Lizarte, el gallego Martín Bouzas, se convirtió en campeón de España CRI Sub23. Bouzas ganó por delante de otro Lizarte, Roger Adriá y de Joan Bennassar. Bouzas ya ganó en 2016 y fue tercero en 2017. Los únicos corredores vascos venciendo en esta especialidad y en esta categoría quedan muy lejos en el tiempo: Aitor González (1996 y 1997) e Iker Camaño (2001).

Por último, en féminas, las campeonas sub23, tanto en ruta como en contrarreloj, ninguna vino de Euskadi ni de Navarra. Cristina Martínez ganó por delante de Alba Teruel y Sara Martín en línea, y, en contrarreloj, la primera sub23 fue Alba Teruel, seguida por Sara Martín y Iurani Blanco.

La buena actuación de los corredores vasconavarros también se vio reflejada en otras posiciones de honor, digamos que entre aquellos que quedaron entre los 25 primeros. En la prueba de profesionales en línea, Ion Izagirre (14º), Jonathan Castroviejo (19º), Igor Merino (21º), hermano de Eider Merino, por cierto y Sergio Rodríguez (22º) acabaron delante. En la misma categoría, pero en contrarreloj, otra vez Igor Merino (8º), Víctor de la Parte (14º), Diego López (19º), Beñat Txoperena (20º), Óscar Rodriguez (23º) y Txomin Juaristi (24º) entraron entre los veinticinco primeros. En féminas, Ane Santesteban (4º), Irene Usabiaga (16º), Ainara Elbusto (17º), Lourdes Oyarbide (19º) y Ana Usabiaga (20º) destacaron en línea y Lourdes Oyarbide (5º), Ane Santesteban (7º), Ainara Elbusto (10º), Irene Usabiaga (15º) y Ziortza Isasi (17º) en la lucha contra el reloj. En cuanto a los sub23, solo he podido revisar a los chicos, y destacaría a Xabier Murgiondo, que fue séptimo tanto en ruta como en contrarreloj. Unai Cuadrado (9º), Oier Lazkano (11º) y Jon Agirre (13º) también estuvieron delante en línea y Xabier Azparren (14º), Gabriel Irisarri (17º), Mikel Mujika (19º) y Asier Ormazabal (20º) en contrarreloj. 

lunes, 25 de junio de 2018

Aliou Cissé



Ya está a punto de terminar la fase de grupos del Mundial, si es que no lo ha hecho ya. Ya hay, si no me confundo, seis equipos clasificados para la siguiente ronda y ocho que se vuelven para casa. En este blog, que se supone que está dedicado al deporte y donde el que escribe es aficionado al fútbol entre otras disciplinas, este evento nos resulta un tanto postizo y abrumador. No somos muy aficionados a las competiciones de selecciones. Lo seguimos de reojo, con curiosidad, en ocasiones, pero con un poco de pereza. Tanto es así que la única entrada que le vamos a dedicar (probablemente) nos va a quedar anacrónica, incompleta y presuntuosa. Pero así es. 

Nos ha dado por fijarnos en los cuerpos técnicos de las 32 selecciones que disputan la competición. Lo hicimos porque nos llamó la atención algún reportaje de los cientos, miles, millones que pueblan las publicaciones deportivas en estos días. Los viejos conocidos que aparecen por ahí ejerciendo de asistentes, auxiliares, ayudantes, o como quieras llamarlo, de los entrenadores principales, nos llamó mucho la atención. En concreto, creo que fue el nombre de Océano da Cruz el primero que nos hizo soltar un "anda, fíjate", pero después llegó el de Thierry Henry, más mediático, digamos, y nos dio por hacer y escribir esto. 

Empecemos por lo general:

De los 32 seleccionadores, 12 son extranjeros. Es decir, entrenan a selecciones que no son su país, aunque creo que he contado a Vladimir Petkovic de Suiza que tiene la doble nacionalidad, suiza y serbia. Es el 37,5 %. Puede parecer poco. A mí, me parece bastante. Se da la curiosidad de que todos, excepto el noruego Age Hareide tienen a la selección de su país en el Mundial pero ellos entrenan a otra. También destaca el número de entrenadores castellanoparlantes: once. Argentina se lleva la palma con cinco representantes: Jorge Sampaoli en Argentina, Juan Antonio Pizzi en Arabia Saudí, Ricardo Gareca en Perú, Héctor Cúper en Egipto y José Pékerman en Colombia, país que, curiosamente, tiene a dos seleccionadores pero ninguno en su selección. Juan Carlos Osorio entrena en México y Hernán Darío Gómez en Panamá. 

Vamos a por lo específico, caprichoso y, en parte, curioso:

En Egipto, el argentino Héctor Cúper, ex del Valencia, el Mallorca, equipo con el que hizo historia y le trajo reputación (3º en Liga, subcampeón de Copa y de la Recopa), el Inter de Milán, el Parma o el Betis tiene a Gustavo Siviero en su equipo técnico. Siviero estuvo a las órdenes de Cúper en aquel Mallorca, a donde llegó con Ariel "El caño" Ibagaza y ya estaba allí su compatriota Carlos Roa. Ex entrenador de Lleida, Murcia, Atlético Baleares y Hércules, Siviero se sumó al cuerpo de la selección egipcia antes de llegar el Mundial. En Arabia Saudí, el ex futbolista Juan Antonio Pizzi, que también ejerció como seleccionador en Chile, tiene como entrenador de porteros a Frans Hoek, conocido en la liga por su labor en el Barcelona. Y es que Hoek ya ha hecho labores de entrenador de porteros en equipos como el Ajax, Bayern Munich o Manchester United, además de en el ya mencionado FC Barcelona, a donde llegó con Louis Van Gaal, con quien también hizo la misma labor en Holanda y en Polonia con Leo Beenhakker. Carlos Queiroz entrena en Irán. Queiroz hizo reputación y carrera, precisamente, como ayudante. Tanta experiencia tiene que empezó hace un porrón de años y llegó a entrenar a Fernando Santos, actual seleccionador de Portugal, cuando este jugaba en el Estoril y Queiroz era ayudante del entrenador principal. Ahora, él tiene a un viejo conocido de la afición txuriurdin en su equipo técnico. El caboverdiano Océano da Cruz estuvo tres años en la Real Sociedad, dejando un buen recuerdo, y, si no me confundo, siendo el autor del último gol en Atotxa. En Argentina, Diego Armando Maradona, protagonista mediático de este Mundial, le echó en cara, con mucha sorna, a Jorge Sampaoli que tuviera en la selección a un equipo de "14 ayudantes". Alguno de ellos ha tenido protagonismo mediático, ya que el mismo Sampaoli tuvo una bronca con Sebastián Beccaece, uno de sus auxiliares, y la prensa se hizo eco de ello, como no podía ser de otra manera. A poco de empezar el Mundial, Sampaoli sumó un efectivo más a su equipo y fichó a Pablo Aimar de ayudante, quien estaba con trabajando con la selección sub 17 de Argentina después de retirarse como quien dice ayer. En Australia, el holandés Bert Van Marwijk tuvo su minuto de gloria al salir en prensa porque se anunció que él mismo pagaría de su bolsillo a los ayudantes elegidos para trabajar con él. Entre ellos, cuenta con la ayuda de Mark Van Bommel, retirado hace como cuatro o cinco años tras pasar por PSV, Barcelona, Bayern Munich o Milán. Es el actual entrenador del PSV y la mano derecha de Van Marwijk. En Croacia, el equipo de moda gracias a Luka Modric, Zlatko Dalic trabaja con Ivica Olic, ex jugador del Bayern de Munich, el Hamburgo o el Wolfsburgo, pero la que acaparó la atención mediática fue Iva Olivari, empleada de la Federación, ex tenista profesional y conocida como "la tía Iva", quien se encarga del bienestar de los seleccionados croatas. Adenor Leonardo Bacchi, alias "Tite", seleccionador de Brasil, es un desconocido para muchos aficionados internacionales, a pesar de tener una larga carrera en Brasil, donde ha entrenado a multitud de equipos: Gremio, Sao Caetano, Corinthinas, Atlético Mineiro, Palmeiras o Internacional entre otros. En su equipo, cuenta con Claudio Taffarel para encargarse de los porteros, campeón del Mundo en Estados Unidos en 1994 y con 101 partidos como internacional con la canarinha. También ejerce de entrenador en el equipo de Tite un viejo conocido de la liga española, Sylvio Mendes, "Sylvinho", ex jugador de Celta de Vigo y FC Barcelona quien se retiró en 2010 en las filas del Manchester City. Precisamente un británico, Graeme Jones, es la mano derecha del español Roberto Martínez en Bélgica, otro de los equipos sorpresa de lo que va de evento. Martínez tuvo un inicio complicado con polémica por la lista de seleccionados que dio, dejando fuera a Radja Nainggolan. Por ahora, le van bien las cosas, y hace poco tuvo repercusión que, en su equipo técnico, contara con Thierry Henry, quien, al parecer, cobra el sueldo mínimo por vivir esta experiencia. No son los únicos conocidos en el cuerpo técnico de Martínez, ya que dos ex de la liga española se encargan de la preparación específica de los guardametas: el ex de Rácing y Espanyol, Erwin Lemmens y el vasco Iñaki Bergara.  Otro portero con experiencia en la liga española, donde, además, llegó por su actuación en un Mundial, es Luis Gabelo Conejo. A sus 58 años, forma parte del cuerpo técnico de Óscar Ramírez en la selección de su país, Costa Rica. Ramírez y Conejo estaban a las órdenes de Bora Milutinovic en aquella Costa Rica del Mundial de 1990. Conejo firmaría después por el Albacete Balompié, donde formaría parte del histórico "queso mecánico" que entrenaba Benito Floro y lideraban jugadores como José Luis Zalazar, Francisco Javier Mármol "Catalí" o un joven Delfín Geli, actual presidente del Girona. Otro portero reconocido en los 90 fue Andrea Koepke, ex del Eintracht de Frankfurt o del Olympique de Marsella. Ahora trabaja para Joachim Löw en la selección de Alemania, donde también ejercen ex jugadores como Miroslav Klose, nacido en Polonia pero goleador histórico de la selección de Alemania o Thomas Schneider, ex jugador del Sttutgart, al que también entrenó. Otro jugador con extensa carrera a finales de los 90 y en la primera decena del siglo XXI es el peruano Nolberto Solano, quien hizo carrera, extensa, en Inglaterra (Aston Villa, Newcastle, West Ham...) y ahora ejerce de ayudante para el seleccionador de la selección de su país, Perú, el argentino Ricardo Gareca. El noruego Age Hareide cuenta para trabajar con Dinamarca con dos históricos del fútbol de este país: Jon Dahl Tomasson y Ebbe Sand. Tomasson, ex jugador del Villarreal, Newcastle, Sttutgart, Feyenoord o Milán, comenzó carrera de entrenador en cuanto se retiró, y creo que ahora andaba ejerciendo de ayudante en el Vitesse. Por su parte, Ebbe Sand, histórico del Schalke 04 alemán, ostenta un curioso récord, ya que se convirtió en el goleador más rápido de un Mundial tras salir como suplente, después de anotar un gol a los 16 segundos de haber substituido a un compañero. Un centrocampista con protagonismo en el fútbol internacional del siglo actual fue Esteban Cambiasso, retirado hace nada en las filas del Olympiacos, después de pasar diez temporadas en el Inter y jugar también para el Real Madrid, el River Plate o el Leicester City. Antes de que empezara el Mundial, su compatriota José Pékerman lo sumó a su equipo para trabajar con Colombia. Steve Holland, ayudante en el Chelsea, es la mano derecha de Gareth Southgate en la selección de Inglaterra que lidera uno de los jugadores más de moda en la actualidad, Harry Kane. 

Entre los seleccionadores actuales, también hay casos de entrenadores que, en su día, ejercieron, precisamente, como ayudantes en las selecciones. Ocurre, por ejemplo, con Heimir Hallgrimsson, actual seleccionador de Islandia y ayudante, anteriormente, del sueco Lars Lagerback en la misma selección o Nabil Maaloul en Túnez, quien fue ayudante de Roger Lemerre en la misma. A Japón la entrena Akira Nishino porque dos meses antes de empezar despidieron a Vahid Halihodzic. A días de empezar, echaron a Julen Lopetegi de la selección española y su cargo lo ocupó Fernando Hierro, ex capitán del Real Madrid, quien cuenta en su equipo con Carlos Marchena como enlace federativo. Antes que Lopetegi, el seleccionador español que protagonizó la época de mayor éxito de la roja fue Vicente del Bosque. En su equipo de trabajo, Del Bosque contaba con Toni Grande, su mano derecha, y el preparador físico Javier Miñano. Ambos se encuentran en el Mundial trabajando para Shin Tae-yong, el seleccionador de Corea del Sur. 

Y poco más podemos añadir. Simplemente, recordar que a los anfitriones de Rusia los entrena Stanislav Cherchesov, quien ya estuvo como jugador en el Mundial de 1994; a Uruguay, el veterano Óscar Tabárez. A cargo de Portugal está Fernando Santos. En Francia encontramos a Didier Deschamps, histórico centrocampista de la selección francesa del doblete; en Nigeria trabaja el alemán Gernot Rohr, histórico jugador del Girondins de Burdeos, y ex seleccionador de Gabón, Níger y Burkina Faso; en Marruecos trabaja Hervé Renard, otro europeo con amplio periplo en África, donde ya ha sido seleccionador de Zambia, Angola, Costa de Marfil y Ghana como ayudante de Claude Le Roy, su mentor, según dicen; Serbia tiene a Mladen Krstajic; suiza a Vladimir Petkovic,  nacido en Sarajevo pero con nacionalidad suiza después de una larga carrera como futbolista y entrenador en el país; Juan Carlos Osorio, colombiano, trabaja, con éxito hasta ahora, en México; su compatriota Hernán Darío Gómez lo hace para Panamá; Adam Nawalka está en Polonia; y Janne Andersson en Suiza. 

El último sería Aliou Cissé, entrenador de Senegal. Lo hemos dejado para el final porque Cissé es el único entrenador negro en este Mundial y él mismo se hacía eco de esta circunstancia para reclamar y mostrar esperanza de que en el futuro fueran más. Ex jugador de equipos como el Lille, el PSG, el Crystal Palace o el Portsmouth, Cissé, de 42 años, participó con su selección en el Mundial de Corea y Japón de 2002. Aquella selección alcanzaría los cuartos de final, donde perdieron ante Turquía, después de dejar fuera a Francia y Uruguay en la fase de grupos. Como entrenador, empezó en la categoría sub-23, trabajando para su país, y ahora aspira a triunfar con la absoluta, donde van bien encaminados, empatando con Japón en la cabeza de su grupo, a falta de la tercera y definitiva jornada. 







miércoles, 20 de junio de 2018

Bill Frieder

Bill Frieder y Steve Fisher. La foto apareció en 2009 en el artículo del Michigan Today mencionado abajo. 


La culpa es de la selección de España de fútbol, sí. Eso que ha pasado con el seleccionador, el presidente de la federación... No sé qué más. Lee la prensa, nosotros la ojeamos. El caso fue que Gerard Piqué recordó esto: Michigan Wolverines 88-89. Y nosotros nos propusimos recordarlo aquí, como disculpa para volver a escribir, ya que, últimamente, el blog pasa por un momento de vacas flacas, que se dice así, y nunca podemos hacer lo que nos gustaría hacer. Mi motivación fue: joder, Piqué, ¿cómo te vino esto? ¿Tan fan eres de la NCAA? ¿Buscaste en google? ¿Te lo chivó tu community manager? Sea cual sea la respuesta, nos pusimos nosotros a recordar qué pasó en el título de la NCAA que los Wolverines de Michigan conquistaron en 1989. Su único título, por cierto. Quizás fue porque John Beilein llevó a los Wolverines a la final este año y alguien recordó la hazaña de la única vez que los de Michigan alzaron trofeo. No sé. 

Volviendo a 1989, 1988 en realidad, que la temporada empezó antes de Navidad, por supuesto, la misma se recuerda, principalmente, por el cese en su desempeño del entrenador principal, Bill Frieder, y el relevo que tomó su ayudante, Steve Fisher, compañero en esas labores de ayudantía de Mike Boyd y Brian Dutcher. La trascendencia de aquel cese se produce por cómo ocurre y en qué momento. Luego lo desentrañamos aunque ya lo contara Piqué. 

Los Wolverines habían acabado terceros en la Big Ten de aquel año, por detrás de Indiana e Illinois y por delante de Iowa, los cuatro equipos de la conferencia que se clasificarían para la lucha por el campeonato nacional. A Indiana aún la entrenaba Bobby Knight. En Illinois destacaba Nick Anderson, quien se convertiría en la primera elección de draft en la historia de una nueva franquicia de la NBA por entonces, los Orlando Magic. Anderson sería la primera gran referencia del ataque de aquel nuevo equipo hasta que le llegó la compañía de jugadores como Shaquille O'Neal o Dennis Scott. De todas formas, en aquel potente equipo de Illinois, Nick Anderson tenía compañeros como Kendall Gill, Marcus Liberty o Kenny Battle. En Iowa, cuarto en disputa, estaba B.J. Armstrong, que se salía.

Ya en la Big Conference había destacado sobre todos los demás un nombre. En las estadísticas de los Wolverines y en su juego el protagonista era Glen Rice. Él fue el gran artífice de aquel año y de aquella lucha por el título; la razón por la que los Wolverines, en gran parte, se mostrarían tan infalibles. Fue nombrado mejor jugador del torneo y sería seleccionado en el draft de aquel año por Miami Heat, en cuarta posición. Su carrera en la NBA no sería decepcionante. Fue nombrado MVP del All-Star de 1997, acumuló quince años de carrera, más de 1.500 triples y ganó el título de la NBA en el año 2000 con los Lakers de Kobe Bryant y Shaquille O'Neal. De todas formas, Rice no era el único talento que acumulaban los de Michigan: Rumeal Robinson, Terry Mills, Loy Vaught y Sean Higgins eran otros valores importantes de aquel equipo y todos entrarían en el draft de 1990. Mark Hughes, ahora con carrera de entrenador, era capitán en aquel equipo y llegaría a jugar con los Pistons en el 91, aunque luego saltaría a Europa. También Demetrius Calip llegaría a jugar brevemente en la NBA. Pero los grandes compañeros de Rice eran aquellos cuatro. Rumeal Robinson, jamaicano de nacimiento, decepcionaría un tanto en una carrera NBA que le llevaría por Hawks, Nets, Hornets, Blazers, Lakers y Suns. Terry Mills también pasó por varios equipos, dejando estela de tirador de tres a pesar de jugar de ala-pivot: Nuggets, Nets, Pistons, Heat y Pacers fueron sus equipos. Vaught jugó en Clippers, Pistons, Mavericks y Wizards, pero su gran carrera fue en su primer equipo, Clippers. Allí jugó 8 años, con una temporada promediando más de 17 puntos y 9 rebotes por partido. Fue una temporada muy mala, de solo 17 victorias, con Bill Fitch de entrenador y compañeros como Bo Outlaw, Malik Sealy, Pooh Richardson, Eric Piatkowski, Tony Massenburg, Gary Grant, Harold Ellis... pero Vaught tuvo su mejor baloncesto. Por último, Sean Higgins, recibió la posición más baja en el draft, donde fue elegido por los Spurs. También jugaría en Magic, donde coincidiría con su rival en la Big Ten Nick Anderson, Warriors, Nets, Sixers, Blazers... además de en Rusia, Venezuela, Grecia y Turquía. Le va bien en los negocios ahora. Ellos cinco: Vaught, Rice, Mills y Rumeal Robinson desde el quinteto titular y Sean Higgins desde el banquillo, fueron los grandes protagonistas de aquella edición de la NCAA. 

Aunque no funcionaron del todo bien en la Big Ten, los de Bill Frieder llegaron a la fase final por el título y aún muchos confiaban en ellos. El último partido de la conferencia, ante Illinois, cuando los de Michigan ya pensaban en la lucha por el título nacional, fue un mazazo. Cayeron sin tapujos ante los de Lou Henson. Sin embargo, su registro en el torneo final fue inmaculado. Lo contamos ahora, de manera rápida, fijándonos más en estadísticas que en crónicas, lo que, a veces, puede ser injusto e incorrecto, pero bueno:

En la primera ronda, eliminaron por 92 a 87 a la Xavier de Derek Strong y Tyronne Hill. Lo hicieron gracias a los 23 puntos, 5 de 9 en triples, de Glen Rice. Rumeal Robinson también destacó con 23 puntos y 8 asistencias. Terry Mills añadió 18 puntos, 6 rebotes y 5 asistencias. En la segunda ronda, repitieron en el Omni de Atlanta, pero esta vez jugaban ante South Alabama, a la que ganaron por 82 a 91. Rice volvió a liderar a su equipo con 36 puntos y un 72% en tiros de dos. También jugó un gran partido Terry Mills: 24 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias. La North Carolina de Rick Fox, Scott Williams, J.R. Reid o Steve Bucknall esperaba en la siguiente ronda y también caería, esta vez, por 87 a 92. Glen Rice volvió a salirse: 34 puntos, con 8 triples de 12 intentos, casi nada. Pero compartió protagonismo con un gran Rumeal Robinson, 17 puntos y 13 asistencias, y un bregador Terry Mills, 16 puntos y 6 rebotes, además de contar con la gran labor de Sean Higgins desde el banquillo, 14 puntos y 3 asistencias. Parecían ya lanzados y prueba de ello fue el contundente 102 a 65 ante Virginia en la siguiente ronda. Impresionantes Glen Rice con un 81% de acierto en tiros de campo (9 de 11 en tiros de dos y 4 de 5 en triples) y Sean Higgins desde el banquillo con 7 de 10 en triples y 31 puntos. Así llegaban a la Final Four, donde se enfrentaban a sus rivales en la Big Ten, Illinois. El partido se resolvió en un final apretadísimo que acabó con el resultado final de 83-81. Kenny Battle empató el partido a 81 con 26 segundos por jugar. Rumeal Robinson agotaba el tiempo, abría muy bien arriba para Terry Mills pero este fallaba el triple. Sin embargo, allí estaba Sean Higgins, quien agarraba el rebote de ataque y ponía el 83-81 definitivo a falta de un segundo. 28 puntos de Rice lideraron a un equipo que volvió a encontrar la aportación en la dirección de Rumeal Robinson, 14 puntos y 12 asistencias, y en la zona de Loy Vaught, 10 puntos y 16 rebotes. Nada pudieron hacer los de Illinois con los 29 puntos de Kenny Battle y los 17 de Nick Anderson. La final fue ante Seton Hall, que había eliminado a la Duke de Christian Laettner, Greg Koubek, Alaa Abdelnaby, Quin Snyder y, sobre todo, Danny Ferry, uno de los mejores jugadores nacionales del año, a la postre 2º en el draft de aquel año solo por detrás de Pervis Ellison de Louisville. La final también se resolvió con un marcador apretado, 80 a 79 en la final. John Morton, con 35 puntos, fue el mejor de Seton Hall. Aquel equipo contaba con varios jugadores que llegarían a Europa: el australiano Andrew Gaze (Italia), Anthony Avent (Grecia) o el propio John Morton (España). En la plantilla, destacaba el portorriqueño Ramón Ramos, al que un accidente de tráfico quebró la carrera cuando jugaba con los Blazers. Ninguno pudo con los 31 puntos y 11 rebotes de Glen Rice y los 21 puntos y 11 asistencias de Rumeal Robinson, protagonista final de la victoria. Se llegó a la prórroga y todo se resolvió con dos tiros libres de Rumeal Robinson a falta de tres segundos. Los Wolverines se convirtieron en campeones de la NCAA gracias a un equipo en estado de gracia, con porcentajes de tiro espléndidos, y una historia excepcional que llevó a que quedaran colocados en la historia anecdótica de la NCAA. 

Y es que Bill Frieder, el entrenador principal de Michigan durante toda la temporada regular, se encontró con un cese inesperado, más o menos, a falta de horas, como quien dice, para estrenar la lucha por el título nacional ante Xavier. Por supuesto, tan repentina decisión alcanzó la prensa nacional e internacional. Unos días antes del partido, llegó la filtración: Frieder abandonaría Michigan al finalizar la temporada y se mudaría a Arizona para entrenar a Arizona State. Finalmente, el entrenador lo anunció oficialmente. La noticia sorprendía: hacía solo unos años había sido nombrado AP Coach of the Year y mejor entrenador de la Big Ten. Pero más sorprendió la respuesta de Bo Schembechler, responsable de todo el programa deportivo de la universidad de Michigan: ni corto ni perezoso, despidió a Frieder. A poco de comenzar el asalto al título, el equipo se quedaba sin entrenador. Schembechler murió en 2006, a los 77 años de edad. Cuando todo esto sucedió, en 1989, apenas llevaba un año en el cargo de máximo responsable de todo el área deportiva de la universidad. Schembechler había sido una estrella, era una estrella, de la dirección deportiva en los banquillos de fútbol americano del deporte universitario. Fue incluido en el Hall of Fame de ese deporte en categoría universitaria y aún es una de las grandes estrellas históricas de Michigan, donde entrenó durante muchísimos años hasta que aceptó el cargo. Solo unos meses después de esta decisión y del título del equipo de baloncesto, Schembechler abandonó Michigan y aceptó una oferta para ser el director deportivo de un equipo de béisbol profesional, los Detroit Tigers. Solo duró un par de años. En los años que estuvo en Michigan, se ganó fama por sus grandes frases, una de ellas, aún permanece en el imaginario de la universidad: "Those Who Stay Will Be Champions!", es decir, "aquellos que decidan quedarse, se convertirán en campeones", que, al parecer, dijo a una de las generaciones de jugadores de fútbol americano a los que le tocó entrenar. Glen Rice, hace unos años, aún recordaba la charla que les soltó antes de jugar contra Xavier y cómo aquello les motivó para ganar el título: "Guys, you're Michigan men, you're on a Michigan team, we're going to go out there, and do this the Michigan way and you're going to win". Vuelvo a ponerlo en castellano: "Chicos, sois hombres de Michigan y jugáis en un equipo de Michigan, así que vais a salir ahí fuera, vais a jugar como se juega en Michigan y vais a ganar." La figura de Schembechler era grande en Michigan y los jugadores de aquel equipo lo sabían. Años más tarde Rumeal Robinson lo explicaba, que él creció en Ann Arbor y lo hizo sabiendo lo que Schembechler significaba en el fútbol del estado. Su figura impresionaba. También durante el cese de Frieder, dejó una frase para la historia que parece resumir aquel suceso doloroso en la historia del programa de baloncesto: "A Michigan man will coach Michigan, not an Arizona State man". Traduzco: "Un hombre de Michigan entrenará a Michigan, no uno de Arizona State". Parece que la palabra Michigan era mágica. Ideas sencillas, pero categóricas. Schembechler no se andaba con chiquitas. En la misma mirada atrás de John U. Bacon para Michigan Today, de donde he sacado las palabras de Rumeal Robinson sobre la figura de Schembechler, un reportaje de 2009 recordando los veinte años que habían pasado, Bacon recuerda como Schembechler tampoco se cortó con Higgins, de quien había oído rumores de que pensaba pedir el transfer tras la marcha de Frieder. Le vino a decir algo así: que si quería irse, subirían a su oficina y en cinco minutos los papeles estarían preparados, pero no se montaría en el avión que les llevaría al partido contra Xavier de ninguna manera. Higgins jugó contra Xavier. 

Bill Frieder sí era un hombre de Michigan. Creció allí, estaba unido a aquella universidad. En una entrevista para la CBS en 2013, Frieder, un hombre que tampoco se calla, se despachó a gusto, explicó que tomó la decisión de irse a Arizona State precisamente cuando supo que Schembechler se convertiría en responsable deportivo de la universidad, tras hacerle ver que no tenía mucho interés en el baloncesto. Incluso, decía en aquella entrevista, si hubiera sabido que unos meses después se marcharía a los Detroit Tigers, habría aguantado. Pero no aguantó, firmó, y Schembechler se vengó en caliente, sin pensarlo dos veces. Interinamente, se vio obligado, casi, a firmar a su ayudante Steve Fisher, un amigo íntimo del entrenador al que ayudaba, Frieder, y, de hecho, Schembechler se vio también obligado, después, a mantenerle en el puesto tras ganar la NCAA. Frieder, en la misma entrevista a CBS, criticaba al Tom Goss que en 1997 despediría a Fisher, de lo que ya hablaremos luego, pero por 1989, quiso demostrar su respeto y cercanía con Fisher presenciando la victoria de Xavier en las gradas, hasta que tuvo que marcharse por la presencia de periodistas y asistiendo a la Final Four. Frieder lo tenía claro: "It was the culmination of a decade of hard work. And I was part of it." Traduzco de nuevo: "Fue la culminación de una década de trabajo duro y yo fui parte de ello." Fisher, de hecho, le regaló un anillo de campeón a Frieder, de quien aún es un gran amigo. 

Los dos tuvieron una intensa carrera después de todo esto. Efectivamente, Frieder se marchó a Arizona State y entrenó allí durante ocho temporadas consecutivas. Presentó la dimisión en 1997, unos años después de un escándalo que afectó a Arizona State y que tenía relación con apuestas ilegales. En 1995 llegó al Sweet Sixteen con Arizona State, pero los resultados se anularon por aquel escándalo de las apuestas. Curiosamente, en 1997, Steve Fisher también sería despedido de Michigan, donde había seguido entrenando desde aquella temporada de 1989. Lo hizo cuando se vio supuestamente afectado, luego fue absuelto, si no me confundo, por otro escándalo, este todavía más mediático. Fue el caso Ed Martin y los pagos a jugadores de Michigan como Chris Webber y Louis Bullock, que llevó a que el programa de baloncesto de Michigan sufriera graves penalizaciones. Tras un año haciendo de ayudante de Rick Adelman en los Sacramento Kings de la NBA, Fisher volvió a la NCAA y firmó por San Diego State. En 2017, cumplió 18 temporadas con los Aztecs y anunció su retirada del baloncesto. Su puesto, desde entonces, lo ocupa y ocupará Brian Dutcher, quien ya ayudaba a Frieder cuando todo aquello pasó en el 89, y después siguió siendo la mano derecha de Fisher. Con Fisher en el banquillo, y ya en el siglo 21, llegaron los mejores logros de San Diego State: cinco campeonatos de conferencia, nueve apariciones en la lucha por el título nacional y lo más alto que han llegado nunca, dos sweet sixteens en 2011 y 2014. Fisher ya consiguió antes volver a triunfar con Michigan, a los que llevó hasta la final, de nuevo, en el 92 y en el 93, aunque luego serían desposeídos de estos logros por el escándalo de Ed Martin. En los Aztecs, Fisher ayudó a moldear a una de las últimas grandes estrellas del baloncesto profesional y actual protagonista del mercado veraniego, Kawhi Leonard. Solo en Michigan, tuvo en sus manos a jugadores como Juwan Howard, Jalen Rose o Chris Webber. 

No vamos a llegar a grandes conclusiones. Está claro que las dos historias, la de Julen Lopetegi y Fernando Hierro y este Mundial de 2018, y la de Bill Frieder y Steve Fisher y la NCAA de 1989 tienen algo en común, pero muchas cosas que las hacen completamente diferentes. Si España encuentra un Glen Rice, eso sí, posiblemente aparezcan Terry Mills, Loy Vaughts, Sean Higgins y Rumeal Robinsons que ayuden a que Hierro se convierta en el nuevo Fisher. Pero ni Rubiales es Schembechler ni la NCAA es un Mundial de fútbol, aunque nosotros hemos sabido sacar provecho y divertirnos un rato escribiendo esta entrada sin pretensiones y volviendo a aparecer por aquí. Así que, que nos quiten lo bailao.