martes, 13 de noviembre de 2018

Antonio Soto

Foto encontrada en el buscador de imágenes de google que proviene de la web zikloland.com


Los últimos habían sido Antonio Soto y Urko Berrade. La noticia del salto a profesionales del último de estos dos nos animó a escribir esta entrada. Poco después, se confirmó otro salto al profesionalismo, en este caso, el del colombiano Nicolás Sáenz al Manzanas Postobón. Probablemente, no añadamos nada nuevo, pero falta hacía. Tampoco queremos ser irrespetuosos con otras estructuras de cantera que también merezcan un aplauso y un reconocimiento. Hemos elegido a la Asociación Deportiva Galibier, para bien, no para crear comparaciones odiosas.

En su página web lo resumen ellos a las mil maravillas, aunque no sé si está actualizado, pero da igual, una idea ya nos da: 25 años, 330 corredores, 320 victorias y 43 corredores profesionales. El equipo lo fundó, y aún lo gestiona, Manolo Azcona, allá por 1993. La idea: hacer cantera y contribuir a la formación de aquellos que aspiran a dedicarse al ciclismo, supongo. Hablamos de un equipo amateur, por supuesto. Con asentamiento en Navarra, pero capacidad más global, el equipo, en estos más de veinticinco años, ha tenido una retahíla de patrocinadores, desde las dos empresas de construcción con las que empezaron, ACR y MRA, hasta la empresa de recambios de coche Lizarte, con la que ya llevan más de una decena de años, ya que el primer contrato de patrocinio se firmó allá por 2006. En este bagaje, Azcona ha sido siempre la cabeza visible de este proyecto, por el que pasaron, puntualmente, como parte del equipo técnico, corredores que tuvieron peso en su estructura, como Iban Latasa, Martín Iraizoz, Javier Iriarte o Gorka Beloki. Sin embargo, el que ha marcado una diferencia ha sido Juanjo Oroz. El ex ciclista de Euskaltel-Euskadi se retiró con 34 años y uno más tarde se incorporaba a la lista de colaboradores de Azcona. Desde 2015, para él han sido gran parte de los elogios cada vez que alguien sube a profesionales. Y no han sido pocos, como hemos visto en los números de arriba, más aún después del acuerdo de colaboración que alcanzaron con Movistar hace ya más de un lustro.

Sería fácil resumir la historia de este equipo en un par de nombres destacados que pasaron a profesionales y triunfaron, pero vamos a hacerlo un poquito más complicado, aunque tampoco muy exhaustivo. En 1993, debutaron con un equipo en el que todos eran navarros, excepto cuatro corredores: un pacense, un cántabro y tres guipuzcoanos. Consiguieron cuatro victorias. Muy pronto, al año siguiente, dieron un salto de calidad enorme, al menos, en lo más evidente, las victorias, ya que consiguieron un total de 25. Fue, sobre todo, el año de Claus Michael Moller, el ganador de la única Vuelta a España amateur. Al año siguiente, Juan José de los Ángeles se suma a Moller. Y, poco después, los dos hermanos Beloki, Gorka y Joseba, y el cántabro Isidro Nozal. Joseba Beloki destaca desde el principio y dura poco. El equipo, que mira más allá de Navarra, consigue muchas victorias y continúa con esa trayectoria expansiva hasta que rozamos el año 2000. El rendimiento de corredores como Jorge Ferrío, Julián Sánchez Pimienta o Benjamín Noval da una perspectiva sobre la apertura de fronteras, aunque sean nacionales, en el equipo. Eso sí, también hay producto autóctono y Patxi Ugarte es, durante varios años, uno de los grandes representantes del equipo. También llega, por esa época, el malogrado Ricardo Otxoa. Esa tónica se mantiene unos años más, pero, enseguida, se vuelve al pasado, se recupera un enfoque más navarro y un perfil más bajo. Iban Latasa se convirte en seña del equipo. Las victorias escasean durante unos años. Sin embargo, los triunfos vuelven a espuertas en torno a 2007 con la llegada del costarricense Andrey Amador. Junto a él se mantienen históricos del equipo como Garikoitz Atxa, Martín Iraizoz e Iban Latasa. Enrique Sanz y Javier Iriarte se sumarán al proyecto. Desde 2010, en los últimos ocho años, por la estructura del equipo han pasado corredores que ahora son profesionales como Jorge Arcas, Marc Soler, Dayer Quintana, Antonio Pedrero, Higinio Fernández, Aitor González, Rafael Márquez o los recientísimos Sergio Samitier, Óscar Rodríguez, Héctor Carretero, Egoitz Fernández, Jaime Castrillo, Richard Carapaz y Nicolas Sessler. Sus ascensos dan testimonio del buen trabajo que se hace en el equipo. La procedencia de los corredores sigue siendo diversa, resaltando una mirada hacia el otro lado del Atlántico. Interpretamos que, en parte, sobrevenida por el acuerdo de colaboración con Movistar.

Los últimos en dar el salto, como ya explicamos al principio, han sido Urko Berrade (1997), quien correrá la próxima temporada con el Euskadi-Murias en la categoría profesional continental, Nicolás Sáenz, quien volverá a su país para debutar con Manzanas Postobón, y Antonio Soto (1994), uno de los mejores corredores en el pelotón amateur durante la temporada pasada, que lo hará en la categoría de continental con la Fundación Euskadi. A Soto le llega la oportunidad con ciertos años ya, y seguro que su labor será doble en el equipo de Mikel Landa, incluyéndose, a pesar de ser nuevo, la labor de consejero experimentado para algunos corredores más jóvenes.

Hasta que empiece la temporada igual se suma alguno más, quién sabe. Mimbres y candidatos hay en el equipo. El gallego Martín Bouzas (1997), el vasco Iñigo Elosegi (1998) o el catalán, campeón de España juvenil, Álex Jaime (1998), por ejemplo. Corredores del 96 como Martí Márquez, Dimitry Zhigunov o Iván Moreno aún aspirarán a conseguir algo este año. Roger Adriá, José Félix Parra, Kiko Galván... El equipo ha destacado este año en pruebas exigentes como el Giro amateur, donde acabaron terceros por equipos, solo por detrás del Hagens-Berman Axeon continental y la selección de Colombia. Los méritos de sus corredores se han perpetuado en otras carreras y geografías. Si no lo hacen ahora, lo harán más tarde, pero otros, a buen seguro, seguirán multiplicando el número de corredores que ascienden de categoría y cumplen su sueño de convertirse en profesionales. Azcona seguirá encabezando un proyecto en el que, como ya decía en una entrevista antigua, "hay que trabajar duro y no valen medias tintas". Las tintas, en este equipo, no les salen a medias. 

Posdata: de entre los muchos nombres que podríamos haber elegido para encabezar esta entrada vamos a elegir el de Antonio Soto. No es el corredor más veterano en dar el salto a profesionales, pero su ejemplo de constancia y determinación le servirán a muchos que vienen por detrás. En diciembre cumplirá 24 años y tendrá la oportunidad de debutar en profesionales con la Fundación Euskadi, como ya hemos dicho. En estos días, ha dado bastantes entrevistas: ha explicado cómo es un corredor valiente y aspira a seguir siéndolo, cómo dejó de obsesionarse por ser profesional y entonces consiguió su mejor temporada. Y es que este año se ha alzado con la Copa España. Eso hizo que su nombre sonara para el Burgos pero, finalmente, una llamada personal de Mikel Landa le convenció de que su futuro estaba con los de naranja. Uno más del Lizarte que correrá en el pelotón que todos los amateurs ansían. No será el último. Ya no lo es. 

jueves, 18 de octubre de 2018

Glenn Murray



A los que viven o vivimos lejos de Inglaterra, Brighton nos puede sonar a muchas cosas. A cursos de idiomas en el extranjero, a Graham Greene si te gusta leer, a los Mods y The Who si te gusta la música, y casi que a aparatos musicales, altavoces o algo así. Pero Brighton, ante todo, es una ciudad costera en el sur de Inglaterra, con su acuario, su emblemático museo y palacio real y un precioso muelle de recreo. Y tiene un equipo de fútbol: el Brighton & Hove Albion.

Fundado en 1901, casi nada, visten de azul y blanco y, desde hace muchos años, arrastran el apodo de las gaviotas, supongo que, en parte, por tener su sede en una ciudad de costa pero, también, por llevarle la contraria aviar a sus eternos rivales del Crystal Palace, que responden al sobrenombre de las águilas. En 2008 o así, por cierto, alguien hizo un estudio de las rivalidades deportivas inglesas más destacadas, y esta se quedó entre las diez primeras. Más que nada, por sorprendente, y es que representan a ciudades alejadas geográficamente y, a lo largo de su historia, tampoco se han enfrentado tantas veces.

No vamos a hacer aquí historia del Brighton porque no estamos tan puestos y no tenemos tiempo para acabar estándolo. Digamos, tan solo, que llevaban 34 años, si no me confundo, lamentando que no estaban en la Premier League. Lo consiguieron hace dos, tras el ascenso de la 2016-2017. La temporada pasada acabaron en la 15º posición, siete puntos por encima de un descenso con el que coquetearon. Disputadas las primeras ocho jornadas de esta edición, las gaviotas merodean por la mitad de la tabla, en la decimotercera posición, a cinco puntos del descenso.

Por el Brighton han pasado varios jugadores con experiencia en la liga española, como Gai Assulin, Adrián Colunga, Florin Andone, David López, Martín Montoya, Andrea Orlandi, Francisco Sandaza o Leonardo Ulloa. De hecho, quedan algunos. Martín Montoya y Florin Andone juegan cada quince días en el Falmer Stadium como locales. Y no son los únicos, también está el ex portero australiano del Valencia Matthew Ryan o Bruno Saltor.

Precisamente este es un caso especial. Y es que el catalán cumple su séptima temporada en el equipo, es su capitán y, además, uno de los jugadores más veteranos de la liga. De hecho, si no me confundo, es el jugador más veterano de la Premier League. Pero, esta temporada, hay otro jugador, también veterano, también en el Brighton & Hove Albion FC, que le está robando todo protagonismo a Bruno Saltor y al resto de sus compañeros. Y ese es nuestro protagonista, el veterano delantero inglés Glenn Murray.

Igual que Salvatore "Toto" Schillaci sorprendió a todos en el Mundial de Fútbol de 1990 cuando nadie le conocía y ya tenía 26 años. Igual que Aritz Aduriz se destapó como goleador por encima de la treintena. Igual que Vicente Engonga debutó con la selección española a los 32 años. Igual que Sergio Pelegrín fue el jugador más veterano en debutar en la liga española, con el Elche, hace como cinco años, a sus 34 años... Igual que todos estos, con el tiempo y los años, a Glenn Murray le ha salido el talento. 

Murray no juega con el 9 pero es un delantero tradicional, de los de merodear por el área a ver si cae. Roza los 190 centímetros, es espigado, algo desgarbado, viste barba y se faja. Podría pasar desapercibido. Podría haberse pasado toda la vida en el anonimato, jugando por ahí abajo. Sin embargo, se ha ido labrando una carrera por las categorías inferiores del fútbol inglés hasta que ahora está disfrutando del éxito. 

Murray emigró a Estados Unidos muy joven y luego volvió a Inglaterra para pasar por una retahíla de equipos, hasta que destacó, hace como diez años, en el Brighton & Hove Albion. Curiosamente, fueron los archirivales de estos, el Crystal Palace, los que se fijaron en él. Para más curiosidades, en la temporada 2012-2013, ambos equipos se enfrentaron en el play-off de ascenso a la Premier, pero Glenn Murray sufrió una grave lesión de rodilla y se perdió el ascenso de su equipo, el Crystal Palace, y la tristeza de su antiguo equipo. Volvió de la lesión en la temporada 2013-2014 y debutó en la Premier cuando ya alcanzaba la treintena. Su primer gol, lo lograría jornadas después, gracias a convertir un penalty que cometió sobre él mismo el español José Manuel "Chico" Flores, actual jugador del Rubin Kazan. Tras una cesión en el Reading y un regreso, acabó siendo traspasado al Bournemouth y, una temporada más tarde, regresó al Brighton. Sus 23 goles en la 2016-2017 ayudaron a aúpar a las seagulls a la Premier, después de un porrón de años. El año pasado, primero en el que jugó con asiduidad en la Premier, marcó 12 goles en 35 partidos. 35 años tiene ahora. Lleva 8 partidos jugados, todos los de la temporada, y ha marcado 5 goles. 

Desde que debutó con el Crystal Palace en la Premier, a los 30 años, había disputado 52 partidos y marcado 11 goles en tres temporadas con las águilas y una con el Bournemouth. Cuando solo llevamos ocho partidos de esta, en las dos últimas temporadas, si hacemos el cómputo ya, lleva 43 partidos y 17 goles. Pero lo que llama la atención es lo que queda por venir. Y lo que ya ha pasado. Entre los jugadores más veteranos de la liga, debutante en la Premier cuando ya era talludito, goleador de los de antes con bagaje en la Championship, parece que, ahora, le llega su momento, cuando muchos ya habrían desistido. Hay quien incluso piensa en la selección. Martin Keown jugaba con su edad en el equipo nacional. Franck Lampard con uno más. Los porteros David Seaman y David James lo hicieron con 39 años. Peter Shilton, con 40. Stanley Matthews vestía el jersey de la selección con 42 años. No hablamos de debuts. Dicen que el jugador más veterano en debutar con la selección de Inglaterra fue Alec Morten, con unos 40 años, pero como ocurrió allá por en torno a los años 70 del siglo XIX. No está muy clara ni su fecha de nacimiento, así que... Lo que si queda claro es que Leslie Compton debutó con 38 años en 1950. Por lo tanto, a Murray, esos records, le quedan lejos, pero, a buen seguro, le daría igual no cumplirlos. Ahora, lo que le queda por delante, es una temporada apasionante, en la que él y sus compañeros del Brighton & Hove Albion, una plantilla muy internacional (dos españoles, un nigeriano, un australiano, un colombiano, dos holandeses, un austriaco, un francés, un israelí, un camerunés, un brasileño, un rumano...) y con experiencia, buscarán la permanencia y, a título personal, probablemente, Murray aspire a conseguir un buen puñado de goles y seguir disfrutando de una madurez repleta.

martes, 2 de octubre de 2018

Claudio Pizarro



Mañana cumple el tío 40 años. Y, ahí, sigue, ampliando sus estadísticas en la Bundesliga. Ya ha batido varios récords, no podía ser de otra forma. De manera resumida, digamos que es el jugador extranjero que más partidos ha jugado y más goles ha marcado en la historia de la liga alemana y, en general, es el jugador que más partidos ha jugado y más goles ha marcado y que aún se mantiene en activo.

Precisamente, el sábado pasado, si no me confundo, Pizarro jugó su partido 450 en la Bundesliga. Acaba de empezar la temporada, pero no conseguiría, en esta, entrar en el top ten de jugadores con más partidos en la historia de la liga. Sí, quedarse cerca. Uli Stein, estrella del Hamburgo, ocupa la décima posición en esa clasificación con 512 partidos. Si el peruano consigue estirar su carrera, quién sabe, quizás consiga escalar tan alto y meterse entre los diez primeros, convirtiéndose, por supuesto, en el primer jugador no alemán que lo hace. Donde si aparece entre los diez mejores es en la clasificación histórica de goleadores. Pizarro, ahora mismo, es el quinto mejor goleador en la historia de la Bundesliga, el mejor extranjero en esa clasificación, ya que Robert Lewandowski está un puesto por abajo, eso sí, con apenas una decena de goles menos. Pizarro está a 21 goles de Manfred Burgsmüller, cuarto en esa clasificación y lejísimos, por supuesto, del casi insuperable Gerd Müller, máximo goleador en la historia de la Bundesliga con 365 goles.

En esas clasificaciones históricas encontramos a dos jugadores que nos ayudarán a recorrer la historia de Claudio Pizarro en Alemania y el legado que está dejando tras su dilatada carrera. Klaus Allofs es décimo máximo goleador en la historia del fútbol alemán, empatado con Dieter Müller, el noveno, ambos con 177 goles; por otro lado, Klaus Fichtel, histórico del Schalke 04, es el cuarto jugador con más partidos en la Bundesliga, 552, habiéndole arrebatado Oliver Kahn el pódium hace no muchos años. Tanto Allofs como Fichtel fueron jugadores del Werder Bremen, equipo en el que actualmente juega Claudio Pizarro, y para el que ya lo había hecho hasta en tres periodos distintos anteriormente.  Ambos guardan una relación con Claudio Pizarro que nos ayudará a entender el pasado, los comienzos de este jugador en Alemania y el que puede ser su futuro.

Y es que Klaus Allofs era gerente del Werder Bremen cuando, acompañado por su presidente, Jürgen L. Born, un banquero alemán que dejaría la presidencia del equipo bremense por algunas cuentas turbias, viajó a Lima para ver a un joven jugador peruano de apenas 20 años. La leyenda dice que lo vieron entrenar a través de un agujero en la valla del estadio. El caso es que Pizarro aterrizó en Alemania, en la ciudad del río Weser, y en su primera temporada convencería, jugando 25 partidos en la liga y aportando 10 goles y 3 asistencias. Por otro lado, Fichtel mantiene un récord que le costará batir al peruano Pizarro. Si lo hace, probablemente también le reclame su puesto entre los jugadores con más partidos en la Bundesliga. Y es que Fichtel, quien jugó cuatro años en el Werder Bremen, tras haber pasado anteriormente 15 temporadas en el Schalke 04, volvería de nuevo a su equipo anterior para rematar su carrera con otros cuatro años y retirarse a los 43, convirtiéndose en el jugador más veterano en disputar partidos de liga en Alemania. Pizarro va a cumplir los 40. Tampoco lo tiene tan lejos. Pero, al hilo de esto, el propio Fichtel, en una entrevista, decía que veía complicado que Pizarro, dada la exigencia física del fútbol moderno, pudiera llegar a igualarle o batirle.

Las estadísticas de Pizarro, que, como las de cualquier futbolista, son bien frías, nos cuentan que el peruano llegó a Bremen allá por 1999, a punto de cambiar de siglo. En dos temporadas en la Bundesliga, marcó 29 goles, 10 la primera y 19 la segunda, y lo fichó el todopoderoso Bayern Munich. Con el Bayern, jugó seis temporadas consecutivas en las que marcó 71 goles, bajando de diez solo en la última. Se marchó al Chelsea, donde no le fue tan bien, y una temporada después, regresó a Alemania, a su primer club, el Werder Bremen. Otras cuatro temporadas seguidas en las que recuperaría su arma más celebrada, el gol: 60 goles en total. Con esos números, volvió a Munich, donde no le fueron tan bien las cosas y tuvo un papel más residual. Tras tres temporadas, firmaría el tercer regreso a Bremen. La temporada pasada, sin embargo, la disputó con el Colonia. Y, en esta, volvió a aparecer en prensa al confirmar que, por cuarta vez, volvería a vestirse de verde y blanco para jugar con el Werder Bremen. El equipo es quinto, ha ganado tres partidos, empatado dos y perdido uno, tienen 11 puntos. Pizarro salió desde el banquillo contra el Hannover 96, el Frankfurt y el Sttutgart. No jugó contra el Nürnberg ni el Hertha Berlín y fue titular contra el Augsburgo. Aún no ha marcado. Si juega contra el Wolfsburgo esta próxima jornada, ya lo hará con 40 años. 

Su palmarés, además, es para enmarcar. Ha ganado 6 Bundesligas, 6 Copas de Alemania, 2 Copas de la Liga, 1 Supercopa de Alemania, 1 Champions League, 1 Copa Mundial de Clubes, 1 Supercopa de Europa y 1 Copa Intercontinental. Todo lo ha ganado con el Bayern Munich excepto un título, aquella Copa que ganó con el Werder Bremen en 2009. Aquel equipo que dirigía Thomas Schaaf estaba liderado por gente como Diego Ribas, Naldo Aparecido, Hugo Almeida, Torsten Frings, el propio Pizarro y, sobre todo, Mesut Ozil, el goleador de la final. 

Curiosamente, el capitán de aquel equipo era Frank Baumann, quien, ahora, con 42 años, es el director general del Werder Bremen. Dicen que Pizarro negociará con él su renovación. En una entrevista a Bild, antes de que el peruano cumpliera los 40, Baumann comentó que no descartaba su renovación. En otra, dijo estar asombrado de que alguien que era solo unos pocos años más joven que él siguiera rindiendo así sobre un campo. Fue el propio Pizarro el que dejó caer que esta sería su última temporada. Y su actual entrenador, Florian Kohfelt, ya debió comentar que no le importaría contar con su ayuda en la dirección. Pero, si sigue participando, si los récords siguen cayendo, ni Baumann se atreve a confirmar que este sea el último año de aquel joven jugador al que Allofs espiaba por un agujero. Fichtel dice que no cree que ocurra, pero tampoco creo que mucha gente en Trujillo, Extremadura, pensaran, en su día, que algún día el pequeño Francisco acabaría descubriendo el Perú. Y ya ves. Nunca se sabe con los Pizarros. 

Laia Palau



El Mundial de baloncesto femenino ha reforzado lo que ya sabíamos: que la selección de Estados Unidos disfruta de una generación dorada y que la española solo le va un poco a la zaga. E ir a la zaga de las americanas, dado lo que han conseguido hasta ahora, tiene un mérito increíble. 

Las de Dawn Staley consiguieron, con éste, su tercer campeonato del mundo consecutivo. A lo que suman los seis últimos oros olímpicos. El palmarés de jugadoras como Diana Taurasi, Breanna Stewart, Sue Bird, Tina Charles o Brittney Griner es insuperable. Normalmente, los focos se los lleva Taurasi, para muchos, la mejor jugadora del mundo y de la historia, pero no es el único argumento de un equipo que cuenta con varias potencias para mostrarse invencible, que es lo que llevan haciendo desde hace varios años y lo que han vuelto a repetir en este mundial de Tenerife: ganar, ganar y ganar. 

A sus 36 años, Taurasi añadió un título más a un palmarés que ya acumulaba, antes de este, tres títulos de la WNBA, 6 Euroligas, 4 medallas olímpicas de oro y 2 mundiales. Acompañada de las ya mencionadas anteriormente, y de otras, como la jovencísima Jewell Loyd, y A'Ja Wilson, Ellena Della Donne o Nneka Ogwumike, nadie ha sido capaz de vencerlas, ni tan siquiera la rotundidad de una Liz Cambage que ha sido la gran protagonista del torneo.

Con sus 2,03 y su fuerza física, la australiana ha dominado los tableros y ha liderado las estadísticas en puntos (23,6), tapones (1,1) y casi en rebotes por partido (10,5), solo superada por la talentosa belga Emma Meesseeman (10,7) otro nombre propio que explica el buen resultado de la selección belga, 4º en la clasificación final. Cambage se ha apoderado de los tableros durante todo el torneo, a base de talento, imponer su físico y una polémica capacidad competitiva. Su actitud durante la semifinal contra España desesperó a algunos, profesionales incluidos. Sin embargo, nada puede poner en duda su calidad y su compromiso para con una selección, la australiana, que sobrevivió como pudo cuando, en la final, se encontró con que Dawn Staley tenía varias armas preparadas para negarle la prioridad en la zona. 

Para finalizar, conviene recalcar el bronce de España, a quien solo pudo parar Cambage y su Australia en semifinales y que no dio ninguna posibilidad a la sorprendente Bélgica en la final de consolación. Las de Lucas Mondelo son uno de los grupos más competitivos y efectivos del deporte estatal y del femenino, en general. Con esta suman 12 medallas en el siglo XXI: la plata en las olimpiadas de Río de Janeiro en 2016, los bronces en el campeonato del mundo de 2010 y el de ahora y la plata en el de 2014, y ocho medallas en los Europeos desde 2001, dos de oro, cinco de bronce y una de plata. De todas esas, Laia Palau, una barcelonesa de 39 años, ha disfrutado 11, a la que sumaría el oro en los Juegos del Mediterráneo de 2001, convirtiéndola, así, en una de las deportistas más laureadas de España y, por lo tanto, la candidata perfecta para asumir el título de esta entrada. 

Alejandro Valverde



Fue un mundial muy excitante, la verdad. Aplaudo a los organizadores, o a quien decidiera el recorrido. Ver a ese tipo de corredores disputándose un mundial fue alentador. Tres años consecutivos llevaba ganándolo Peter Sagan y tuvo el bonito detalle de subir a ponerle la medalla a Alejandro Valverde que, a estas alturas, ya sabemos todos que ganó. El propio Sagan lo dijo, en algún sitio, que estaba bien que también ganaran los escaladores. Fueron cinco últimos kilómetros de clase y emoción, viendo a gente fuerte intentándolo, otros desfalleciendo, y asistiendo a la clase de rodador y al mucho pundonor y sangre fría que tiene Tom Dumoulin. Romain Bardet y Michael Woods, excepcional este último en la rampa final, fueron dignos rivales. No era fácil para el murciano Alejandro Valverde: fueron 500 metros de mucha presión, de muchos otros intentos antes que no salieron bien. Pero esta vez sí. Los datos no dejan lugar a dudas: plata en 2003 y 2005, bronce en 2006, 2012, 2013 y 2014. Todos esos metales, todos esos segundos o minutos que le faltaron para cambiar el material de la medalla, tenían que pesar en esos pocos metros finales. Pero no lo hicieron y ganó. 

Se le veía muy humilde y emocionado tras haberlo conseguido. Valverde tiene 38 años. Como comentaban en NBC Sports a las pocas horas, se había convertido en el segundo corredor más veterano en ganar un Mundial. Solo Joop Zoetemelk en 1985 era mayor que él cuando se convirtió en campeón del Mundo. Y solo por unos meses. Es, además, Valverde, el ciclista que más veces ha estado en el pódium de un mundial y el que más medallas ha conseguido. 

Con la suya, la selección de España consigue su sexta medalla de oro. Tres las consiguió Óscar Freire, y las otras las lograron dos corredores vascos, Abraham Olano e Igor Astarloa. Astarloa con aquel ataque definitivo en Hamilton, dejando en la picota a Paolo Bettini, y en la que Alejandro Valverde conseguiría su primera plata. La de Olano, quizás la más épica, llegando pinchado en Colombia, venciendo a rivales de la clase de Miguel Indurain y Marco Pantani, que serían segundo y tercero. Freire sorprendió a todos en Verona, repitió en Lisboa, y volvió a ganar en Verona cinco años después por delante de Erik Zabel y Luca Paolini. Hasta Valverde, las victorias españolas se consiguieron en una franja de diez años, de 1995 a 2004. Eran 14 años ya sin ganar, aunque, en ese ínterin, Valverde se cansó de ser tercero, fue segundo en 2005 y ambos puestos los saboreó también Joaquim Rodríguez. Lo decía Javier Mínguez, el veteranísimo seleccionador español, que esto era historia del ciclismo español, pues sí. Seis son pocos. España aún está muy lejos de las 119 medallas italianas y de las muchas que han conseguido selecciones como Bélgica, Holanda, Francia o Alemania. Países como Australia, Rusia y Estados Unidos tienen más medallas en total que la selección española. 

Valverde lucirá el maillot durante todo un año. No parece que vaya a retirarse con él puesto. Es bonito lucirlo, aunque alguno diga que trae consigo una maldición. Ayer decían que quería lucirlo ya en Lombardía. Incluso, en alguna de las muchas entrevistas que ha concedido tras la victoria, le puso una posible fecha a su despedida: los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Queda lejos, se retiraría con 40 años. Pero, ¿por qué va a pensar en la retirada un corredor que, este mismo año, encabeza el ranking UCI con 3963 puntos y que ha conseguido catorce victorias, incluyendo dos etapas en la Vuelta a España y el campeonato del Mundo? Invita a pensar que aún tiene recorrido, ¿verdad?

No vamos a repasar su carrera deportiva, recordar sus éxitos y los puntos oscuros de la misma, ni hacernos eco de todo lo que ya se ha venido diciendo de él estos días. Solo queríamos que quedara aquí registrado, porque, la verdad, dicen que no fue el mundial más duro, ni el más épico, pero fue un mundial entretenido, excitante y disputado, y merecía un hueco en este blog. Personalmente, seguimos quedándonos con aquel grito de ¡va pinchado! mientras Abraham Olano pedaleaba a ciegas y la cámara no acertaba a enfocar la rueda, pero, sin duda, este también se aúpara al pódium de nuestros recuerdos ciclísticos. 

domingo, 30 de septiembre de 2018

Ana Carrasco

Encontrado en el buscador de imágenes de google, la fotografía parece provenir de la web de Cadena Ser. 


A los que entendemos poco de motociclismo, lo de las superbikes no suena un poco a algo más, a eso, no sé, a aquello. Vamos, que no entendemos. Entre moto GP, moto 3, 125... Nos han cambiado tanto de nombres las competiciones que encima es peor. Pero puede parecerte que correr en moto se reduce a las tres grandes competiciones que suelen aparecer en los periódicos. Por supuesto, no todo es motoGP, moto2 y moto3, que, si no me confundo, se distingue tan solo de otras categorías como Superbikes, Supersport y/o Superstock porque las segundas usan motos derivadas de las de serie que puede utilizar cualquier persona en la carretera, la ciudad o el campo mismamente. Por supuesto, hay más categorías, como el motocross, el trial... y yo qué sé cuántas más. 

Hoy se ha prestado atención a una de esas categorías que normalmente se ven arrinconadas por la prevalencia y popularidad de las más mediáticas, la de Superbikes, en categoría supersport300. Lo ha hecho porque, por primera vez en la historia del motociclismo, una mujer ha ganado un campeonato mundial. Ana Carrasco, murciana de 21 años, se ha hecho con el triunfo final en esa categoría al aprovechar los problemas de su más directo rival en la temporada, remontar en la carrera al final y sumar los pocos puntos que necesitaba para confirmarse como la mejor corredora de esta categoría en la presente temporada. Lo ha celebrado, dicen, dando la vuelta de honor con una bandera donde se leía la leyenda, "Ride like a Girl", conduce como una chica, y dedicándole la victoria a Luis Salom, compañero que falleció en un circuito hace un par de años. 

Carrasco debutó en Moto3 cuando era solo una niña, porque lo hizo en 2013 y ahora cuenta con 21 años, así que calcula. Ya por entonces hizo historia: no era la primera mujer, pero era la más joven. Durante tres temporadas seguidas participó en la categoría con KTM. Desde 2017 corre con Kawasaki en Superbikes. Consiguió su primera victoria en la categoría el año pasado, en Portugal, terminando 8º en la clasificación final. Pero lo mejor estaba por llegar y lo ha logrado rápido, ya mismo: dos victorias este año, Italia y Gran Bretaña, y clasificación final. Cuando ganó en Portugal el año pasado, ya lo explicaba bien, según se hacía eco el diario El País: "Cuesta encontrar marcas que apoyen a una mujer." Puede que, a partir de ahora, no le cueste tanto. O quizás sí, es posible. Algunas costumbres es más difícil romperlas que las barreras de los récords. 

Carrasco ha ganado en la categoría supersport300, una prueba que nació muy recientemente, en 2017, y que venía a substituir a la European Junior Cup, buscando, como la anterior, ayudar a que aparezcan nuevos talentos. La Federación Internacional de Motociclismo le otorgó valor mundialista y de ahí la importancia y el valor de la victoria de Ana Carrasco. El año pasado, el ganador también fue un español, Marc García, y otro, Mika Pérez, ha sido uno de los grandes rivales de Carrasco este año, junto con el holandés Scott Deroue, de 22 años. 

Los titulares, hoy, están muy fácil. Mañana, ya, volverán a ser más caros. Y, a buen seguro, a pesar de su triunfo, Ana Carrasco seguirá teniendo que luchar mucho para conseguir poles, triunfos y, tan solo, oportunidades. Ojalá que se vuelva a pronunciar su nombre. Y que otras la sigan, aunque el número ordinal ya no se podrá volver a utilizar. Enhorabuena por ello. 


martes, 18 de septiembre de 2018

Óscar Rodríguez

Fotografía tomada del buscador de imágenes de google pero proveniente del diario As


Se acabó la Vuelta a España y hemos estado tentados de venir aquí a escribir un rato prácticamente después de cada etapa, pero no lo hemos hecho. Decidimos dejarlo para el final y soltar nuestro resumen, personal y subjetivo, como siempre, sin enfoque ni mesura. Se ha puesto de moda eso de resumirlo todo eligiendo a ocho corredores (antes eran nueve) y nosotros mismos elegimos esa opción en anteriores ocasiones. Pero hoy, no. Vamos a ir por tramos, por estímulos, a golpes, pero nuestros nombres en negrita van a ser más de ocho. Van a ser los que nos plazcan, en realidad. Con ello, intentaremos resumir cómo hemos disfrutado nosotros de esta edición de la Vuelta a España. El orden, por cierto, de los elegidos como protagonistas, no significa, en realidad, nada. Bastantes clasificaciones hay ya en esta competición como para que nosotros añadamos más. 
Empezamos.

Óscar Rodríguez Garaikoetxea, no podía ser de otra manera (y para él van titular y fotografía), viniendo de donde venimos y teniendo el recorrido que ha tenido este blog, tenía que ser nuestro primer nombre en negrita. Ganador en La Camperona, su victoria supone mucho más que un triunfo parcial. Para empezar, este escalador navarro, desconocido hasta ahora a sus 23 años, se presentó, con su victoria, como una nueva esperanza para el pelotón vasco, la constatación de que cantera siempre ha habido y la seguirá habiendo. Llevaba toda la temporada dando muestras de que esto podía ocurrir, aunque fueran pequeños detalles en los que había que fijarse con lupa. La primera vez que asomó lo hizo en Francia, en el Tour de los Alpes, donde luchó por y consiguió finalmente la clasificación final de la montaña en una prueba donde, entre los diez primeros clasificados en la general final, nos encontrábamos a gente como Fabio Aru, George Bennett, Chris Froome, Miguel Ángel López o Thibaut Pinot, ganador final. No es fácil que, con esos participantes, un joven de un equipo profesional continental, por mucho que se escape y porfíe, se lleve esa clasificación. Tardó en volver a deslizar su talento, pero cuando lo hizo, no lo hizo en cualquier lado, porque es algo reseñable, con 23 años y la competitividad que existe en esa prueba, quedar 2º en la clasificación de los jóvenes de la Vuelta a Portugal (el primero fue Xuban Errazkin) y 20º en la clasificación final, además de hacer entre los veinte primeros en 7 de las 11 etapas, una regularidad que le llevó a la Vuelta y que le permitió aprovechar una escapada para derrotar a rivales tan potentes como Rafal Majka, Dylan Teuns o Ilnur Zakarin y probar la gloria. Su triunfo supuso una gran alegría en el seno de un Euskadi-Basque Country Murias Taldea que le puso la guinda a una temporada extraordinaria. Jon Odriozola se emocionaba al tiempo que reivindicaba un proyecto que él ha llevado a buen puerto con su tozudez y buena gestión. Óscar Rodríguez, por su parte, sonreía, se mostraba humilde y no podía evitar un leve gesto de sorpresa inagotable. Recuerda a Mikel Nieve y, su victoria, evocó a la de Agustín Sagasti por la naturalidad y atrevimiento. La Vuelta de Euskadi-Basque Country Murias Taldea ha sido de matrícula de honor y no solo por esta victoria: 10º en la clasificación final por equipos, el primer Pro Continental. Con Mikel Bizkarra (17º) haciendo entre los veinte primeros de la Vuelta, que no es nada fácil. Con gente como Héctor Sáez o Aritz Bagüés eternamente escapados. Jon Aberasturi y Eduard Prades hicieron más puestos entre los diez primeros, a sumar a los muchos que se han logrado esta temporada. Gari Bravo se asomó en Madrid y, por supuesto, cabe destacar la rueda de prensa en la que se confirmó la continuidad del proyecto como Profesional Continental la temporada que viene. Para quitarse el sombrero. Porque hay más: el verde, y no el de las colinas, se vio en las cunetas. Aún queda, pero empieza a tomar forma.   

Otro corredor vasco reclama su protagonismo: Igor Antón Hernández. La Vuelta lo confirmó como ciclista de élite, así que no había, pensó, mejor momento para anunciar también su retirada, tras 14 años como profesional. Se despidió estando entre los mejores en el último puerto de la Vuelta, demostrando que hubo algo ahí, algo que, por distintas razones, no acabó de cuajar, pero que, durante mucho tiempo, le convirtieron en uno de los mejores escaladores del pelotón. Parece que fue ayer cuando se dejaba ver por primera vez en una pendiente del Giro de Italia. Catorce años después, el pelotón le agasajó, permitiéndole ser el primero en entrar en Madrid. En la Vuelta a España vivió sus mejores y sus peores momentos: de la emotiva y espectacular victoria en casa, entrando a la par que el coche de su equipo por la línea de meta de Bilbao hasta su caída camino de Peña Cabarga, cuando vestía de líder y todo el mundo estaba convencido de que era su gran oportunidad. Se retira con un buen palmarés: ganador de 4 etapas en la Vuelta y una en el Giro, además de otras en Suiza, Romandía o Castilla y León. Sin embargo, es muy difícil no pensar en lo que pudo ser. Eso sí, sin dejar de agradecerle todos estos años y las imágenes imborrables que nos ha dejado. 

Bauke Mollema ha acabado 30º en la clasificación y, si no me confundo, creo que, al final, se ha llevado la combatividad. Se ha pasado gran parte de la Vuelta por ahí, intentándolo, escapado, viniéndose abajo, o no, pero sin dejar de probar suerte. Eso se agradece. Su duelo con Benjamin King fue de lo más comentado de la Vuelta. King, por su puesto, es otro de los protagonistas de esta vuelta. Siempre fue un corredor ambicioso, con el ánimo de triunfar en esta profesión. Sufrió desórdenes alimenticios de joven por su obsesión por mejorar. A los 21 años fue campeón de los Estados Unidos en ruta, pero su gran éxito no le ha llegado hasta los 29 años: dos etapas y 24º en la general final y mucho protagonismo en carrera, sobre todo, cuando esta se empinaba. Hasta ahora, muchos, por aquí, solo lo conocíamos porque nos dejó sin Mikel Landa en esta Vuelta, ya que él fue el primero en caerse en la Klasika, llevándose la peor parte Landa y Egan Bernal. Por supuesto, nadie le acusó, pero él mismo habrá agradecido conseguir mejores razones para que la gente recuerde su nombre. 

En la línea de Mollema y King, podríamos incluir a muchos otros en la lista de valientes y aventurados, pero nadie estaría por encima, quizás a la misma altura, si me apuras, del belga Thomas de Gendt. De Gendt no se cansa, por lo menos, no se cansa de intentarlo. Su nombre debería ser sinónimo de escapada. Estaba en todas, y cuando estaba, no estaba para guardarse fuerza: tiraba en cabeza, abría las hostilidades, luchaba por los premios parciales. Lo suyo no tiene nombre, son corredores como él los que consiguen que tenga sentido correr durante más de 100 kilómetros. Además, a punto de cumplir 32 años, De Gendt no es un cualquiera, un corredor sin posibilidades que al menos lo intenta a la desesperada, no. Él ha ganado etapas, una en cada una, en las tres grandes vueltas de tres semanas. Ha llegando a ser 3º en el pódium del Giro de Italia, en aquel que ganó Ryder Hesjedal por delante de Joaquim Rodríguez. En esta Vuelta, no ha levantado los brazos, pero estuvo en Madrid, en lo más alto, como ganador de la Montaña. 

Jetse Bol ha sido el elegido como lo podría haber sido Lluís Mas Bonet, y, en realidad, muchos más. Ambos, Mas y Bol, estarían aquí en representación del Burgos-BH y del Caja Rural y, con amplitud, representando a todos los equipos humildes. Estos dos equipos pueden representar a aquellos que luchan por intangibles que les ofrezcan un rol y un protagonismo en esta competición. No tienen tantos posibles para ganar, pero sin su concurso, este tipo de competición no sería posible. Habíamos decidido elegir a Bol, en lugar de otros compañeros que estuvieron igualmente escapados, porque dolió ver cómo se le escapó la oportunidad que sí aprovecharon Jelle Wallays y Sven Erik Bystrom. Los tres se escaparon juntos en una de esas interminables jornadas de llano que parecen estar dispuestas para el sprint final, pero Wallays y Bystrom perseveraron y acabaron robándole los segundos justos a los velocistas. El viento o un despiste, o un gramo menos de fuerza, hicieron que Bol perdiera la rueda de sus dos compañeros y que, por unos minutos, viviera la agonía y la impotencia de verlos marchar sin poder evitarlo. 

Jordi Simón Casulleras también está en esta lista en representación. En representación de gente como Simone Petilli y muchos otros, en representación de los que se caen y, en ocasiones, no pueden levantarse. Los ciclistas profesionales están hechos de otra pasta, es una conversación típica de bar. En el pasado Tour de Francia, los sesenta kilómetros que se hizo Philippe Gilbert con la rótula rota fueron todo un ejemplo inmejorable. Pero siempre hay, sigan o no sigan en carrera. Y en esta ocasión, era obligado elegir a uno y decidimos que fuera Jordi Simón, quien aún sigue ingresado en Cruces, si no me confundo, después de conseguir un parte médico de dos escápulas rotas, siete costillas y un pulmón golpeado, tras chocar contra un coche y el quitamiedos. Hace unos días, alivió las angustias de los aficionados en twitter con un mensaje esperanzador. 

Elijamos también, por supuesto, a los triunfadores, incluso a los triunfadores que no lo fueron del todo. En ese caso, la mejor elección es la de Alejandro Valverde Belmonte, por su edad, 38 años, y porque, sin Alberto Contador, Samuel Sánchez ni Joaquim Rodríguez, él es lo que queda de esa generación de los nacidos a finales de los 70 y principios de los 80. Por ello, quizás, la prensa se obsesionó con él, con ponerle las expectativas que quizás estaban proyectando más que percibiendo. El murciano, sin embargo, se dedicó a lo suyo y seguro que acabó contento, a pesar de salir del pódium en los últimos días: acabar  5º en la general, llevarse dos etapas, venciendo, además, a Michal Kwiatkowski y Peter Sagan, y llevarse el maillot de la regularidad ya lo firmarían corredores de todas las generaciones. Lleva una docena de victorias este año. Hizo 14º en el Tour y ahora 5º en la Vuelta. Se encamina a los cuarenta y no deja de rendir, no creo que se merezca soportar todos los comentarios sobrevenidos de la multicefalia de su equipo. 

Ha sido sorprendente ver las relaciones de parentesco tan en primera línea durante esta Vuelta. Ha habido muchas parejas de hermanos en el pelotón, tanto nacional (Prudencio y Miguel Indurain, Aitor y Unai Osa, Rubén y Julián Gorospe, Álvaro e Igor González de Galdeano o Jesús y José Herrada) como internacional (Laurent y Nicolás Jalabert, Bert y Ralf Grabsch, Antonio y Vincenzo Nibali, Dayer y Nairo Quintana o Juraj y Peter Sagan), y en distintas épocas, pero hacía tiempo que no veía esa constante fraternal, y por dos partes bien distintas, en una misma edición de una carrera importante. Compartiendo el maillot de Bahrain-Merida se vio en muchas ocasiones a Gorka Izagirre Insausti echándole un cable a su hermano Jon Izagirre Insausti. El segundo sorprendió con su primera semana y llegó a soñar con incordiar a los favoritos, con serlo él, pero se le hizo muy largo, el recorrido y algunos puertos en concreto. Ha acabado entre los diez primeros (9º), algo que nunca había conseguido en sus ocho grandes anteriores (seis Tours y dos Giros) así que puede concluir que fue bueno el cable que le echó su hermano. Más gloria aún se llevaron los otros dos, porque, en esta ocasión, los dos hermanos que coinciden en el Mitchelton-Scott, celebraron que uno pudiera ayudar a otro con el triunfo final. Simon Yates se coronó en Madrid y en gran parte se lo debe a su hermano Adam Yates.  El primero de los dos hermanos en aspirar a las grandes vueltas fue Adam, quien hizo 4º en el Tour de Francia de 2016. En 2017, con su 9º en el Giro de Italia, volvió a estar entre los diez primeros en una grande, pero hizo una Vuelta a España decepcionante y tampoco este año (ha hecho Tour y Vuelta) consiguió ser regular. Le tocó, entonces, trabajar para su hermano, quien, en 2016, pero unos meses después que su hermano, también se apuntó un top ten, fue en la Vuelta con un 6º. Su 2017, incluyó un 7º en el Tour y este año deslumbró en las primeras semanas del Giro de Italia, haciéndonos creer que definitivamente había llegado su momento, hasta que la tercera semana le sepultó: 21º al final, aunque, eso sí, con un buen botín de victorias de etapa y la sensación de que si se sentaban y estudiaban qué había pasado, quizás se podría arreglar. Y así debieron hacerlo, porque en la última grande del año, la Vuelta, y con la ayuda de su hermano, consiguieron que la tercera semana fuera tan plácida como las anteriores. 

Otro gran protagonista de esta edición de 2018 ha sido, en general, el ciclismo francés. Antes de que empezara, hicimos un repaso un poco atropellado pero fijándonos en las nacionalidades. Bueno, si bien, Elia Viviani y Alessandro de Marchi le dieron cuatro victorias a Italia, las mismas que consiguió España gracias a Alejandro Valverde, Óscar Rodríguez y Enric Mas, en mi opinión, el pelotón francés ha tenido un rendimiento incluso más meritorio que el que representa a estos otros dos países. Para empezar, han conseguido cinco victorias de etapa, dos de Thibaut Pinot, una de Tony Gallopin, una de Alexandre Geniez y otra, al sprint, de Nacer Bouhanni. Los tres equipos franceses que participaban se llevaron victoria. Rudy Molard, además, fue cuatro días líder de la carrera y el Ag2r acabó cuarto por equipos en la general final. Cofidis tuvo a Jesús Herrada como líder un par de días. Otros corredores como Nans Peters, Luis Ángel Maté y Marc Sarreau también les dieron presencia a los equipos franceses. En la clasificación final, Pinot fue 6º, Tony Gallopin, 11º y Rudy Molard, 14º. Es un resultado sobresaliente. Queda pendiente lo de siempre: que algún francés aspire con garantías a la victoria final, pero, bueno, algún día ocurrirá. Pinot puede que lo hubiera sido de haber tenido una cuarta semana. Ha ido de menos a más y después de sus abandonos en los dos últimos Tours de Francia y el Giro de Italia de este año, con 28 años, se ha vuelto a mirar atrás, a aquel 4º puesto en el Giro de 2017 o el 3º en el Tour de 2014, confiando aún en que le quede un desarrollo más. 

Rohan Dennis ha dominado esta vuelta en su especialidad: la contrarreloj. Dos triunfos de etapa y muchas horas sentado en el set de televisión, poniendo cara de resignación mientras iba viendo como nadie le superaba. Mucha paciencia. A sus 28 años, este australiano, varias veces campeón de su país en la especialidad, ya ha pasado al selecto grupo de los que saben lo que es ganar en las tres grandes vueltas por etapas. Le queda el Mundial. En la época post Michael Rogers, Fabian Cancellara y Tony Martin, él debería tomar el relevo y hacerse con el medallero. Aún no tiene ninguna. 

También, como siempre, debemos a hablar de los otros elementos que forman, en gran medida, una gran vuelta: el recorrido y la afición. Aunque sea difícil elegir, nos quedaremos con dos, la llegada al, hasta ahora, desconocido monte Oiz y el estrecho y emocionante paso por la localidad salmantina de Candelario, camino de La Covatilla, en la 9º etapa. Aquella recta larga y empinada, empedrada y llena de gente, fue una de las imágenes que permanecerán en la retina. Al estilo de Valdepeñas de Jaén, pero con un carácter propio, Candelario pidió su hueco entre los territorios históricos del ciclismo. Lo mismo hizo Oiz, con sus exigentes cuatro últimos kilómetros finales. La cumbre desde la que se ve el Urdaibai tan bien como el monte Larraun, allí donde cada siete años viene Mari del Anboto, la cima que hasta ahora recordábamos por una tragedia aérea, dispuso su perfil para que el ciclismo encontrara un nuevo puerto dispuesto a darle tardes de gloria. Lo logra, además, porque la afición vasca siempre responde. Respondió durante todo el recorrido. Fuimos testigo de ello en un sitio anónimo, una curva sin peligro a poco más de media hora de haber tomado la salida, cruzando por primera vez Barakaldo. El público ya estaba apostado en las dos orillas, esperando con ansias a que pasaran los ciclistas. Solo era el aperitivo de lo que les quedaba en La Arboleda y el Oiz. Del caballito de Sagan a las lágrimas de Michael Woods, la etapa dejó claro que aún hay espacios por descubrir. Los corredores hacen la carrera dura. A Woods, la vida se le hizo dura. Fue un premio perfecto que él fuera, al final, quien levantara los brazos asomándose al "infinito" de Bizkaia. 

Si hablamos de nacionalidades, también podemos hacerlo de quintas. Esta Vuelta no ha sido solo la de la confirmación de Enric Mas Nicolau como la gran esperanza del ciclismo español. Señalado por Alberto Contador como su sucesor, el balear se destapó en la última etapa de montaña, haciéndose con la victoria parcial y con el segundo puesto de la general. Tiene 23 años, lleva tiempo emigrado para medrar, y da la sensación de que el camino que le queda por delante será excitante. Este año ya ganó en la Vuelta al País Vasco. El anterior, entre él, David de la Cruz y Mikel Landa, dieron brillo al futuro del ciclismo estatal en la Vuelta a Burgos. Pero, como decimos, no es solo él. Miguel Ángel López Moreno, al que Mas arrebató el maillot de mejor joven en el último suspiro, también es parte de esta nueva generación, la nacida a mediados de los 90, entre el 94 y el 96. Muchos de ellos han estado en la Vuelta y se han dejado ver, apuntando lo que les queda por delante y como están dispuestos a coger el relevo. Del 94 son, por ejemplo, Miguel Ángel López, Sepp Kuss, Ryan Gibbons, Nicholas Schultz, Edward Ravasi, Simone Consonni o Nelson Soto. Un año menos, nacidos en el 95, son los que podrían protagonizar esta nueva generación, los Enric Mas, Iván García Cortina, Tao Geoghegan Hart, Laurens de Plus o Álex Aranburu. Más jóvenes aún, del 96, Mark Padun o Jai Hindley. Y el que más, del 97, Bjorg Lambrecht. Todos ellos se han dejado ver, pero vamos a hacer una distinción especial con dos del 94, los corredores del Dimension Data, Amanuel Ghebreigzhabhier Werkilul y Merhawi Kudus. Para el primero, esta era su primera grande. Ha terminado en 37º posición, sin victorias parciales. Para el segundo era la sexta, su cuarta Vuelta. También ha corrido un Giro y un Tour. Su 31º puesto en esta Vuelta de 2018 es su mejor clasificación hasta ahora. Los dos son de Eritrea. Los dos son africanos. Algunos aún se extrañan de verlos en el pelotón. Mucho más si son visibles, porque ambos cogieron escapadas, ambos se dejaron ver. Ninguno triunfó pero estuvieron ahí, dejando bien claro que África quiere existir en el pelotón internacional. 

No todo es Gran Bretaña, aunque, con la victoria de Simon Yates, hayan cerrado un círculo perfecto. Con Yates en la Vuelta, Chris Froome en el Giro y Geraint Thomas en el Tour de Francia, no sé cuántas, pero pocas serán las ocasiones en las que un mismo país copa la victoria en la general final de las tres grandes. Los Yates no corren en la estructura del Team Sky, a sí que no todo el éxito del ciclismo británico se le puede achacar al equipo de Dave Brailsford, pero lo cierto es que en las islas, donde, hasta ahora, el ciclismo en pista tenía más raigambre que el de ruta, ya no tienen secretos para alcanzar lo más alto del ciclismo profesional. Veremos si dura. 

Otro gran protagonista de esta Vuelta ha sido el próximo Mundial de Austria. Su recorrido, que lo hace apetecible para corredores que, en otras ocasiones, no se ven con potencia para disputar Mundiales más llanos o para rodadores, han visto en Innsbruck la oportunidad de sus vidas. Por eso, tampoco ha sido tan extraño que corredores de mucho nivel que partían con dorsal oficial hayan pasado sin pena ni gloria por las carreteras de la península. Algunos, se han dejado ver, como Vincenzo Nibali o Peter Sagan. Otros, eran invisibles. La lista es relativa y subjetiva, pero muchos se sorprenderán al saber que esta Vuelta 2018 la han corrido, aunque no les hayan visto, corredores como Richie Porte, Michael Albasini, Louis Meintjes, Pierre Rolland, Sergio Henao Montoya o Daniel Martin. El mejor clasificado de todos estos ha sido Henao en la 28º posición. 

Elia Viviani tiene que llevarse su cuota de protagonismo. Aquí, en la Vuelta, y en general, cuando termine la temporada. Y es que la va a cerrar con cuatro etapas del Giro de Italia y tres etapas de la Vuelta a España. Es decir, 7 victorias parciales en vueltas grandes solo en un año. A sus 29 años, salir del Sky al Quick Step parece haberle sentado muy pero que muy bien. Además de lo ya mencionado, se ha hecho con el campeonato de Italia en ruta y venció en el Tour de Dubai, una competición reciente que parece un campeonato mundial de sprinters. Viviani, por ejemplo, sin ir más lejos, ocupa en el palmarés de Dubai el sitio que antes ocuparon corredores como Marcel Kittel y Mark Cavendish. Él mismo lo dijo al finalizar la Vuelta, que esta era: "Su mejor temporada de siempre".

Y, finalmente, no queríamos cerrar esto sin hablar de Steven Kruijswijk. Por un momento, pensamos que sí, que, por fin, el de Lotto NL-Jumbo iba a conseguirlo y se auparía a un pódium, pero no. Tiene 31 años y se le van agotando las posibilidades. Lo ha rozado: 4º en el Giro de 2016, 5º en el Tour y 4º en la Vuelta de este año. Va progresando, pero le queda un paso. A su generación, la de los Robert Gesink, Bauke Mollema y Tom Slagter, todos entre los 29 y los 32, y a otros más veteranos, Laurens ten Dam, y jóvenes, Wilco Kelderman, les ha arrebatado todo el protagonismo Tom Dumoulin. Pero todos son porfiados, corredores de fondo, bregados, con estrategias de equipo y capacidad de sufrimiento. Ojalá, algún día, veamos sonreír a Kruijswijk ahí arriba.