domingo, 15 de marzo de 2020

Cheryl Miller



Cheryl Miller era hasta el año pasado, 2019, la entrenadora del equipo femenino de baloncesto de la Universidad Estatal de California, la misma en la que estudió, por mencionar a otra deportista de renombre, la tenista Billie Jean King. Antes de entrenar a Cal State, Miller también entrenó en Oklahoma, para la Universidad de Langston. En ambas experiencias, su valedor fue Mike Garrett, ex jugador de fútbol americano que comenzó su formación en la Universidad del Sur de California, precisamente, donde Miller empezó su carrera como entrenadora. Primero como ayudante, y después como entrenadora principal durante dos temporadas de las troyanas de Southern California. De ahí, pasaría a la WNBA, la liga profesional norteamericana femenina que creó en 1997 David Stern, y para cuya temporada inaugural y otras tres firmó con los Phoenix Mercury como primera entrenadora y manager general, consiguiendo llevarlas a las finales por el título en la segunda edición, donde perderían ante las Houston Comets de Van Winston Chancellor, donde destacaba una Cynthia Cooper de la que volveremos a hablar luego. 

Miller también fue una reconocida y reputada periodista o comentarista deportiva. Trabajó, en muchas ocasiones, a pie de cancha, entrevistando a jugadores de la NBA. Trabajó para TNT, la propia NBA, TBS, ABC Sports, ESPN y, en los Juegos Olímpicos de Atlanta, firmó para NBC. En eso ocupó su tiempo desde que dejó los Mercury, según ella por fatiga, y su regreso para entrenar a la universidad de Langston. 

Pero, sobre todo, Miller es conocida por ser, para muchos, una de las mejores jugadoras de baloncesto de la historia, la que, de alguna manera, cambió el estilo del juego y aceleró su progresión, protagonizando el paso hacia la modernidad del baloncesto femenino norteamericano. Su historia, además, se trunca a los 22 años, cuando tenía todo su futuro por delante. Una lesión de rodilla le obligó a retirarse. No pudo jugar al baloncesto después de aquellos cuatro años para la historia con la camiseta de las Mujeres de Troya de USC, en compañía de la ya mencionada Cynthia Cooper y de otras compañeras como las gemelas Pamela y Paula McGee. Bajo la dirección de Linda K. Sharp, las californianas ganaron dos títulos de la NCAA, el primero ante las Lady Techsters de Louisiana Tech que entrenaba Sonja Hogg, quienes defendían título y ponían en juego su absoluto dominio del baloncesto femenino en Estados Unidos y el segundo ante la Tennessee de Pat Summitt, quienes, poco después, se convertirían en legendarias (8 títulos de campeonas). En esos cuatro años de baloncesto con la camiseta de USC, Miller promediaría los siguientes números: 20.4 puntos, 9.7 rebotes, 3.5 asistencias, 3.5 robos y 2.4 tapones por partido en su primer año; 22.0 puntos, 10.6 rebotes, 3.6 asistencias, 3.2 robos y 2.5 tapones por partido en su segundo año; 26.8 puntos, 15.8 rebotes, 2.9 asistencias, 3.9 robos y 2.7 tapones por partido en su tercer año; y, finalmente, 25.4 puntos, 12.2 rebotes, 2.9 asistencias, 4.0 robos y 2.5 tapones por partido en su cuarto y último año. Números que dan medias finales de 23.6 puntos, 12.0 rebotes, 3.2 asistencias, 3.6 robos y 2.5 tapones por partido en sus cuatro años de universidad. Con esas estadísticas, con su capacidad competitiva, con su popularidad y habilidad mediática, y con la buena compañía que tuvo y los resultados que cosechó, a sus 22 años estaba predestinada a comerse el mundo y ya era considerada la mejor jugadora del mundo. Más aún cuando, con la selección, Cheryl Miller colaboró en la consecución de un Campeonato del Mundo, el de 1986, derrotando en la final de Moscú a la Unión Soviética, con 23 puntos de su mano en el partido definitivo, y una medalla de oro en las olimpiadas de Los Ángeles 1984, amén de otros títulos. Su camiseta con el número 31 fue retirada por las troyanas de USC, después de retirarse con los ya mencionados títulos de campeona de la NCAA, más dos premios como mejor jugadora de las finales y el trofeo Wade que se otorga todos los años a la mejor jugadora nacional en la NCAA y que ella ganó en la temporada 1984-1985.

Todo esto lo sé porque lo he buscado en internet, que tampoco es tan difícil. Pero, en realidad, nace de la casualidad. Del aburrimiento, más bien, que me llevó a ver, hace un par de días, el documental Women of Troy de HBO. En el documental, no se sabe muy bien si la protagonista es ella, aquel equipo de los dos títulos o el baloncesto femenino norteamericano en general, lo que, de alguna manera, da medida de la genialidad y trascendencia de esta jugadora de 1.87 que solía ocupar la posición de alero. El documental cuenta con los testimonios de las jugadoras mencionadas y de algunos otros grandes protagonistas, como Nancy Lieberman, la primera mujer en entrenar a un equipo profesional masculino, los Texas Legends de la NBDL, o el histórico Geno Auriemma, once títulos de la NCAA femenina con UConn. En el documental, queda bien reflejado su impacto para con el baloncesto femenino, su capacidad competitiva y su talento para un deporte que se tomó con alegría y dedicación hasta que se rompió. Su historia con Cynthia Cooper, quien también podría haber reclamado su propio documental, es de lo mejor de la pieza. Cooper, salida del difícil barrio de Watts, quizás no tuviera un talento tan natural pero sí la misma trascendencia en este deporte, que la vio emigrar a Italia y regresar a su país cuando David Stern por fin, al abrigo del éxito del baloncesto femenino en Atlanta 1996, organizó la WNBA, competición que ganaría en sus cuatro primeras ediciones, liderando a los Houston Comets, como bien muestran sus cuatro títulos de mejor jugadora de esas cuatro finales, más dos títulos de MVP de la temporada. Mucho. Más aún cuando hablamos de una jugadora que llegó a aquella temporada inaugural con 34 años ya, y diez largos de carrera en Italia. Cooper pudo, Miller, no, pero ellas dos, junto con aquellas gemelas McGee, la entrenadora Sharp y otras compañeras agilizaron, aceleraron la modernidad en el baloncesto norteamericano.

Ah, sí, también es la hermana de Reggie Miller, sí. Y le solía ganar siempre cuando eran niños, por cierto. 

viernes, 13 de marzo de 2020

Jett Canfield



Muchas noticias para contar con respecto a la temporada de los Bluejays de Creighton, y, la más significativa, ésta: cuando estaban disputando su partido de cuartos de final en la lucha por el título de la Big East, e iban perdiendo ante Saint John's, en el descanso, se decidió la suspensión del campeonato y no volvieron a saltar a la cancha. La crisis internacional del coronavirus ha llevado a esta situación en muchos deportes, en todas sus competiciones y en países lejanos entre sí. Y la NCAA de baloncesto y, con ello, la Big East y la temporada de los de Creighton, no ha sido ajena a todo este ajetreo. De paso, la NCAA decidió también suspender los campeonatos nacionales de la primera división, tanto en la categoría masculina como femenina, con lo que no habrá post-temporada y se cierra así lo que se había convertido en una ilusionante temporada para los de Omaha. Esta suspensión acarrea muchas más consecuencias que, simplemente, la de dejar desierto, sin ganador, una temporada en la que se proponían como candidatos universidades no tan habituales en la lucha por el título. La suspensión puede tener consecuencias en la elegibilidad de algunos jugadores para el próximo draft, en el año de sénior de algunos jugadores, y aún quedan decisiones que tomar. La que está tomada es la de su cancelación. Eso, por ahora, parece inamovible. 

Por lo tanto, Creighton cerró su temporada de corto, sentados en el vestuario, y esta quedará como la de su primer título de liga regular desde que ganaron la Missouri Valley Conference en la temporada 2012-2013 con los Doug McDermott, Gregory Echenique, Grant Gibbs, Ethan Wragge o Austin Chatman. Y es que sí, lo consiguieron. Nos quedaban cuatro partidos por contar aquí y estos se sucedieron con un cómputo final de tres victorias y una derrota, encaramando a Creighton a lo más alto de la clasificación, gracias al triple empate (13-5) con Seton Hall y Villanova. Así, al menos, despiden la temporada 2019-2020 con un trofeo en las manos. 

Las victorias en estos cuatro partidos fueron ante Butler (81-59), Georgetown (91-76) y la última fue ante Seton Hall (77-60), consiguiendo, así, ganar el título en el último partido y ante su afición. La derrota, dolorosa, fue ante el rival que le iba ganando en cuartos de final cuando se suspendió la temporada en el descanso, una Saint John's que parecía haberle cogido la medida a los de McDermott (77-91). Ante Butler, la victoria fue contundente y destacó, sobre todo, Marcus Zegarowski, 25 puntos y 7 de 7 en triples. Ty-Shon Alexander le acompañó con 15 puntos y excelente partido de un Christian Bishop que se fue a los 19 puntos, 7 rebotes, 5 asistencias y 4 tapones. La derrota ante St. John's vino en el siguiente partido y fue dolorosa. En el Lou Carnesecca Arena de Queens, los arrendajos fueron a remolque todo el partido, en un partido que fue el partido de su vida para Greg Williams Jr, con 7 de 10 en triples y un total de 21 puntos, todos los tiros de tres que convirtió. Entre él, Rasheed Dunn, LJ Figueroa y Julian Champaigne sometieron a una Creighton que perdió desde fuera (4 de 27 en tiros de tres), a pesar de los 20 puntos y 8 rebotes de Damien Jefferson y los 19 puntos y 4 rebotes de Ty-Shon Alexander. Era la primera victoria de los Red Storm de St. John's ante un top 10 desde 1975. Se recuperaron para el siguiente partido, ante Georgetown en el CHI Health Center, y ganaron por 91-76, llevando ya una gran diferencia al descanso, y sustentando la victoria sobre un cambio radical en puntería, ya que consiguieron su récord de triples en la temporada 17 (de 36 intentos). Mitch Ballock hizo 6 de 13 y Markus Zegarowski 4 de 6 y ambos se fueron a los 20 puntos, añadiendo Zegarowski a su estadística 8 asistencias. 18 puntos y 5 rebotes aportó Ty-Shon Alexander y 14 y 5 un Denzel Mahoney que seguía rindiendo en su rol desde el banquillo, donde también destacó el senior Kelvin Jones (7 puntos, 6 rebotes y 2 tapones). Precisamente Kelvin Jones, junto con Jordan Scurry, eran homenajeados en el último partido ante Seton Hall, ya que era el último de la temporada en Omaha, el día de despedida para los jugadores séniors. Un final de partido arrollador (30-10) sentenció el marcador final y le dio la victoria, extraordinaria por la manera y por los réditos que dio, a los de Omaha por 50 a 47. 16 de esos 30 puntos finales los consiguieron entre Denzel Mahoney y Ty-Shon Alexander, quienes se echaron el equipo a la espalda, sin que les pesara, además, la responsabilidad de hacerlo ante 18.519 espectadores, la décima asistencia más exitosa en la historia del equipo. Quincy McKnight, Myles Powell y el reserva Jared Rhode fueron los mejores de Seton Hall junto con Sandr Mamukelashvili (7 puntos y 12 rebotes). Por Creighton, además de los ya mencionados Mahoney (16 puntos) y Alexander (15), destacó Markus Zegarowski, con 23 puntos (5 de 5 en triples), 6 rebotes y 5 asistencias, quien, eso sí, protagonizó la peor noticia del partido ya que acabó tocado de su rodilla y se dudaba de su participación en los finalmente fatídicos cuartos de final. En estos cuatro partidos, nuestro elegido para ilustrar esta extraña temporada, Jett Canfield, tuvo cancha en todos ellos (ante Butler, St. John's, Georgetown y Seton Hall). Eso sí, con pocos minutos: 5 ante Butler, 2 ante St. John's, 3 ante Georgetown y 1 solo ante Seton Hall. En dos de ellos, Georgetown y Seton Hall sus estadísticas quedaron inmaculadas, sin registros. Ante St. John's fueron negativas: falló el único tiro de campo que intentó. Y solo ante Butler pudo aportar algo: 1 rebote, y, eso sí, 1 balón perdido. 

Con la celebración y alegría por el título, llegaron otros reconocimientos, como encontrarse en la posición 11º en el NET de la NCAA, primer equipo de la Big East, o 11º también en el ranking de la Associated Press, solo por debajo de Seton Hall (8º), o 14º en el de los entrenadores para el US Today, eso sí, con Seton Hall (7º) y Villanova (12º) por encima. Llegaron luego, otros reconocimientos individuales: Denzel Mahoney fue elegido mejor sexto hombre de la Big East y Ty-Shon Alexander formó parte del primer equipo de la competición y Markus Zegarowski fue elegido en el segundo. Romaro Gill, de Seton Hall, fue elegido mejor defensor y, de hecho, mejor jugador de la conferencia. Pero, otra buena noticia para Creighton, el mejor entrenador de la temporada fue Greg McDermott. 

Y, me temo, esto ha sido todo. No parece que el virus de Wuhan se vaya a echar para atrás ahora y no tendremos más competición de baloncesto universitaria. Este año, la temporada se me va a hacer hasta corta así que, si seguimos tozudos y escribiendo de esto, volveremos el año que viene y contaremos una temporada que, si no hay sorpresas, puede ser muy esperanzadora y excitante para los de Omaha, ya que no pierden a ninguno de los jugadores que han destacado este año por edad. Si los Markus Zegarowski, Ty-Shon Alexander, Denzel Mahoney, Damien Jefferson, Christian Bishop y Mitchell Ballock se quedan y regresan fuertes de sus lesiones gente como Antwann Jones, Jacob Epperson o Davion Mintz, más lo que pueda llegar o los que puedan mejorar, la verdad es que se presenta un futuro alentador para la universidad de Creighton. Como digo, supongo que, si resistimos y no desistimos, seguiremos contándolo un año más aquí, que este, por lo que todos ya sabemos, se nos ha hecho bien corto.  

jueves, 5 de marzo de 2020

Danny Drinkwater



Vamos a empezar por lo que solemos dejar para el final, más que nada, para aprovechar y advertir. Tras poco pensarlo, hemos decidido otorgarle el dudoso honor de encabezar esta entrada a Danny Drinkwater. Con su nombre, podéis anticipar que vamos a hablar de fútbol y que, algo, aunque sea tangencialmente, tocará al fútbol inglés. Si Drinkwater es el elegido es, sí, en parte, porque vaya con el chaval, qué racha lleva. Allá por principios de enero, ya lo decía el titular de una noticia del As firmada por Fernando S. Tavero: “El calvario de Drinkwater”. Y es que el centrocampista inglés no levanta cabeza. El Chelsea pagó 38 millones al Leicester City por su fichaje después de que Drinkwater destacara en aquel equipo de Claudio Ranieri que sorprendió a todos alzándose con el título de la Premier. Ni con Antonio Conte ni con Maurizio Sarri encontró su sitio en el Chelsea ni en su cesión al Burnley recuperó sensaciones. A los problemas deportivos, hubo que sumarle una detención por conducir borracho y estrellarse con su coche (los chistes con su apellido eran demasiado fáciles) y una pelea de bar que le dejó una lesión de tobillo. Ahora lo intenta, de nuevo, cedido en el Aston Villa. Pero, sobre todo, si hemos elegido a Danny Drinkwater ha sido por aquel magnífico año haciendo dupla con N’Golo Kanté en el Leicester City y lo que consiguió junto a otros compañeros como Kasper Schmeichel, Robert Huth, Riyad Mahrez, Jamie Vardy, Shinji Okazaki o Leo Ulloa. Aquel título de Liga ilustra visualmente esta entrada. Eso sí, y ya lo advertimos, no vamos a hablar mucho más del Leicester City en concreto, o del propio Drinkwater, y sí que vamos a ofrecer aquí una visión panorámica de los triunfos en las Ligas más potentes de Europa y, sobre todo, en la Liga española. No es nuestro objetivo ser concienzudos ni meticulosos, pero sí ofrecer una visión algo más objetiva de aquello que parece evidente: que son muy pocos los equipos que dominan las clasificaciones domésticas. Llegar a preguntarse por qué y a responder porque... tampoco es algo extraordinario. Pero, más o menos, es lo que buscamos aquí. Nos centramos en la Liga española, pero, en la parte final, expandimos la observación a otras Ligas y a una geografía más amplia. 

Ya no sé ni cómo la llamamos. Con la entrada de los mecenas, la Liga española de fútbol, en su Primera División, que es lo que vamos a analizar aquí, sin mucha ambición, por supuesto, ha cambiado de nombre y, repito, ya ni sé cómo la llamamos. Se la llamó Campeonato Nacional de Liga de Primera División desde 1928 hasta que en la temporada 1984-1985 pasa a denominarse Liga Nacional de Fútbol Profesional de Primera División, justo en el año en el que la LFP (Liga de Fútbol Profesional), una asociación deportiva integrada por los clubes y sociedades anónimas deportivas, toma el relevo de la Federación Española de Fútbol como organizadora principal de la competición. 

Los datos generales ya los sabemos y son de fácil acceso en diferentes fuentes digitales y otros anales y recursos enciclopédicos: con esta que se está disputando son 89 ediciones ya, y solo tres equipos las han disputado todas, Athletic Club de Bilbao, el FC Barcelona y el Real Madrid Club de Fútbol. También sabemos que el equipo más laureado es el Real Madrid (con 33 títulos), a falta de que alguien se lleve el de este año que, se lo lleve quien se lo lleve, no supondría ningún cambio en el liderato histórico, ya que el que más cerca está es el FC Barcelona con 26 títulos. Entre estos dos clubes suman 59 títulos en 88 ediciones ya disputadas, es decir, el 67% de los títulos. Si sumamos los triunfos finales conseguidos por el Atlético de Madrid, que ha sumado 10 a lo largo de su historia, hablaríamos de 69 títulos conseguidos por tres equipos en las 88 ediciones. Es decir, el 78% de los títulos finales. Recuperaremos estos datos más adelante, y los despiezaremos un poco más, amén de compararlos, ya que este es el objetivo, un tanto superficial, lo reconozco, de esta entrada.

Sin embargo, antes de eso, seguiremos repasando los datos históricos más generales y populares, para contextualizar un poco el alcance de esta competición. Real Madrid y FC Barcelona son también los equipos que más veces han sido subcampeones (23 veces los madrileños y 25 los barceloneses). El tercero en discordia también es el Atlético de Madrid, con el mismo número de subcampeonatos que de títulos. Estos tres equipos también copan el pódium en la clasificación histórica: primero es el Real Madrid con un total de 4529 puntos, seguido del FC Barcelona, con 4442, y el Atlético de Madrid, con 3597. El Real Madrid es el que más partidos ha ganado (1690) y, curiosamente, el único dato histórico con valor positivo (o relativamente positivo) en el que ninguno de estos tres equipos aparece primero es el del equipo con más empates en la historia de la Liga, donde gana el Athletic Club de Bilbao con 660 en 2838 partidos disputados, el máximo posible de partidos disputados, como no podía ser de otra manera, al ser el único equipo con los dos ya repetidamente mencionados aquí que ha disputado todas las ediciones. Por lo tanto, esa cifra de partidos disputados es igualada por Real Madrid y FC Barcelona. Entre los dos equipos que se acercan más a esas cifras acumuladas no se encuentra el Atlético de Madrid, ya que los colchoneros solo han disputado 83 ligas y un total de 2690 partidos, mientras que, por encima de esos números, se sitúan otros dos equipos, el Valencia Club de Fútbol (85 temporadas y 2740 partidos disputados) y el Reial Club Deportiu Espanyol de Barcelona (85 temporadas y 2702 partidos disputados). Los datos de este último equipo no sorprenden, pero, en parte, alarman, viendo lo apurados que están en la clasificación esta temporada. Ven demasiado cerca el abismo del descenso a la Segunda División, categoría que no pisan desde hace unos 27 años. La última vez que los catalanes descendieron fue en la temporada 1992-93 y consiguieron ascender al año siguiente, temporada 1993-1994, de la mano de José Antonio Camacho en la dirección deportiva y de jugadores como Toni Jiménez, Víctor Manuel Torres Mestre, Roberto Fresnedoso, Jordi Lardín o Igor Korneiev. Desde la 1994-1995 no han abandonado la Liga de Primera División. 

Otros datos históricos que dan una visión general del alcance de esta Liga se refieren más a logros individuales. Por ejemplo, Lionel Messi es el máximo goleador histórico con 437 goles en 473 partidos. También Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro (con 311 en 292) superó, junto a Messi, por supuesto, un récord histórico que se resistía a ser batido, el del delantero bilbaíno Telmo Zarra, hasta años recientes el mejor goleador de la historia, y aún el mejor goleador nacional. Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, por cierto, tiene mejor promedio que el líder en esta clasificación: 1,07 goles por partido por los 0,92 de Lionel Messi. Andoni Zubizarreta, con 622 partidos en 17 temporadas repartidas entre tres equipos, Athletic Club, FC Barcelona y Valencia CF, es el jugador con más partidos disputados en esta competición, seguido por Raúl González (550) y Eusebio Sacristán (543). Solo Joaquín Sánchez, cuarto y con los mismos que Sacristán, sigue en activo. Volviendo a los goles y a datos colectivos, la máxima goleada registrada en la Liga sigue siendo el 12-1 que le endosó el Athletic Club al FC Barcelona un 8 de febrero de 1931. En aquel partido, el barakaldés Agustín Sauto “Bata” marcó 7 goles él solo, estableciendo un récord que comparte con Ladislao Kubala, otro histórico de la Liga. El goleador más joven es más reciente, ya que se trata del camerunés Fabrice Olinga, quien consiguió su primer gol con el Málaga cuando contaba con 16 años y 98 días no hace muchas temporadas. No era, sin embargo, el jugador más joven en debutar, porque ese récord es de Francisco Bao “Sansón”, jugador que debutó con el Celta de Vigo con 15 años y 255 días. En el extremo contrario, Donato Gama da Silva, con 40 años y 138 días, ha sido el jugador más veterano en marcar un gol. 

En cuanto a títulos y galardones, Paco Gento, siempre con el Real Madrid, es el jugador con más títulos (12 en total), mientras que Miguel Muñoz es el entrenador más laureado con 9 clasificaciones finales terminadas en primera posición. Luis Aragonés es el que más partidos ha dirigido con 757. Sus dos competidores más cercanos ya no podrán superarle: Miguel Muñoz, tercero con 608 partidos, falleció hace 30 años, y Javier Irureta, segundo, no entrena desde el 2008. Víctor Fernández (con 544 partidos dirigidos en la máxima categoría) podría avanzar si asciende al Real Zaragoza y vuelve a entrenar en la Liga de Primera División. Javier Clemente (5º con 511) y Joaquín Caparrós (6º con 510) aún no se han retirado, pero hace tiempo que no parecen aspirar al pódium de esta clasificación. Dado que Ernesto Valverde (10º con 443 partidos al cargo de un equipo de Primera División) fue cesado de sus obligaciones con el FC Barcelona esta misma temporada, José Luis Mendilibar, entrenador de la SD Eibar, queda como el entrenador en activo con más partidos dirigidos (21º con 371). 

Por añadir algún dato más, esta vez en otra parcela que no sea la de los jugadores, entrenadores y clubes, destacar que el árbitro con más partidos en la Liga de Primera División es Alberto Undiano Mallenco (con 348), por delante de dos vascos, Eduardo Iturralde González (291) y Miguel Ángel Pérez Lasa (276). En esta categoría, destacan datos como los que protagoniza José Japón Sevilla, el árbitro que más penaltis ha pitado en un solo partido: 6 en total. Sucedió en mayo de 1996, durante un Real Oviedo-Valladolid que terminó con el resultado final de 3 a 8, y con otro dato histórico, el de Alen Peternac, delantero del Real Valladolid, marcando cinco goles, cuatro de ellos desde la pena máxima (los seis penaltis señalados se convirtieron). Alfonso Pino Zamorano también tiene otro récord: expulsó a 6 jugadores en un RCD Espanyol-FC Barcelona de diciembre de 2003 que acabó 1 a 3. Era la 16º jornada y ninguno de los dos equipos iba bien. Se adelantó el Espanyol con gol de Jordi Cruyff, pero Ronaldinho, que reaparecía tras una lesión muscular, y Patrick Kluivert por partida doble sentenciaron el partido para los de Frank Rijkaard antes de llegar al descanso. Pino Zamorano expulsó, por roja directa, a Philip Cocu e Iván de la Peña y por doble amonestación a Antonio Soldevilla, Ricardo Quaresma, Rafael Márquez y Albert Lopo.

Nada de todo lo que he recogido en datos objetivos aquí es nuevo ni esclarecedor. Son datos públicos que demuestran la larga historia de esta competición. Tampoco lo que vamos a analizar ahora nos llevará a conclusiones extremadamente reveladoras, pero hemos querido hacer este ejercicio para elevar la capacidad reflexiva de nuestras propias opiniones, sin aspirar a modificar las de otros o cambiar, por supuesto, el rumbo que lleva esta competición, algo que está fuera de nuestro alcance y, por qué no decirlo, también de nuestro interés. 

Hace unas semanas, Aritz Aduriz, jugador del Athletic Club de Bilbao que apura sus últimos partidos como profesional (anunció que se retiraría al finalizar esta temporada, a sus 39 años y tras disputar su primer partido en la Liga de primera división allá por 2002), realizaba unas declaraciones que, como casi todas las declaraciones hoy en día, resultaron polémicas, al menos, para algunos. Aduriz, a la espera de lo que suceda esta temporada, se retirará con más de 400 partidos disputados y más de 150 goles conseguidos, lo que me lleva a concluir que se le puede considerar como alguien con la experiencia y el recorrido suficiente para tener una opinión formada. En la pasada gala de entrega de los premios Panenka, a Aduriz le preguntaron por el formato y las semifinales de la Copa del Rey, ronda que se disputa, por cierto, esta semana, y donde no solo Aduriz, si no todo Bilbao, y, por supuesto, también Granada, Donostia y Miranda de Ebro tienen todas las ilusiones puestas para alcanzar la final. Con educación y sinceridad, el delantero guipuzcoano declaró: “Estamos hartos de ver al Barça y al Real Madrid ganarlo todo. Que me perdonen, pero es bonito ver competiciones con más dinamismo, como pasa en Inglaterra”. Él se refería a la Copa del Rey, competición que aún es organizada por la Federación Española de Fútbol y que no es el objetivo de esta entrada, pero su reflexión nos llevó a sentir el impulso de escribir esta entrada, nos invitó a observar los datos históricos de la Liga para explorar si estábamos o no de acuerdo con Aduriz, algo que, por otra parte, probablemente, no requiriera tantas palabras y números. 

Como decíamos al principio, Real Madrid, FC Barcelona y Atlético de Madrid han ganado el 78% de los títulos en la Liga. Hablamos de las dos épocas de la competición, los años anteriores al cambio de denominación, más los años posteriores, con la Liga de Fútbol Profesional como administradora de la misma. Sin embargo, si nos fijamos solo en esta segunda época, que, con cierta libertad y excusándonos por la licencia, podemos llamar la época moderna de la competición, observamos que los porcentajes son aún más impactantes. Desde ese cambio sustancial que sucede en la Liga antes del comienzo de la temporada 1984-1985, son 35 ediciones las que se han disputado, sin contar la actual, aún a expensas de vencedor. En esos 35 años, el Real Madrid ha ganado en 13 ocasiones la Liga, el FC Barcelona en 17 ocasiones y el Atlético de Madrid se ha llevado 2 títulos. Es decir, en total, 32 de los 35 títulos posibles, el 91,4% de los títulos en juego. Solo dos equipos han conseguido romper esta hegemonía y eso ocurrió, por última vez, hace 16 años, cuando el Valencia Club de Fútbol ganó su segundo título en tres años, temporadas 2001-2002 y 2003-2004. Fueron los años de Rafael Benítez como entrenador, con jugadores como Santi Cañizares, Amadeo Carboni, Mauricio Pellegrino, Roberto Ayala, Pablo Aimar, Miguel Ángel Angulo, David Abelda, Cristian Alberto “Kily” González, Miguel Ángel Ferrer “Mista”, Carlos Marchena o Rubén Baraja a las órdenes del técnico madrileño. Dos años antes del primer título valencianista, el Deportivo de La Coruña consiguió su primer y único título en la temporada 1999-2000, a los que sumaría cuatro subcampeonatos (1993-1994, 1994-1995, 2000-2001 y 2001-2002) y cuatro terceros puestos (1992-1993, 1996-1997, 2002-2003 y 2003-2004). Aquel Superdepor o Súper Dépor añadiría a sus hazañas otros títulos: dos Copas del Rey (1994-1995 y 2001-2002) y tres Supercopas (1995-1996, 2000-2001 y 2002-2003). Fue la década dorada de un equipo que había ascendido a la Primera División cuatro años antes de su primer título, en la temporada 1990-1991, tras diez temporadas consecutivas en Segunda y un ascenso desde Segunda B en la 1980-1981. De hecho, su última temporada en Primera División databa de la temporada 1972-1973. De la mano de Augusto César Lendoiro en la presidencia (lo fue de 1988 a 2014), Arsenio Iglesias era el entrenador de aquel equipo que ascendería, que estaba repleto de jugadores vascos (Jon Aspiazu, Juan Mari Mujika, Santi Francés, Peio Uralde, Alberto Albistegi, Sabin Bilbao, Josu Anuncita y hasta dos hijos de la diáspora como el uruguayo Martín Lasarte y el argentino Ricardo Albisbeascoechea) y donde ya destacaba Fran González. Conseguirían el ascenso y, poco después, el primer título en la historia del club: cuatro años más tarde, exactamente, y gracias, en parte, a las incorporaciones de jugadores como Donato Gama da Silva, José Roberto Gama de Oliveira “Bebeto”, Javier Manjarín, Adolfo Aldana, Mauro da Silva y Julio Salinas, más los que ya habían estado en el ascenso, como Fran González o Miroslav Djukic. La primera y única Liga ya sería cosa de Javier Irureta y de nuevos protagonistas como los Nourredine Naybet, Roy Makaay, Flavio Conçeiçao, Óscar “Turu” Flores, Djalminha Feitosa, Víctor Sánchez del Amo, Manuel Pablo García, Gabi Schürrer, Pedro Miguel Carreiro “Pauleta” o Lionel Scaloni. Solo los hermanos González, Fran y José Ramón, quedaban por allí. De los vascos se pasó a los brasileños y argentinos y el equipo que seguía presidiendo Lendoiro consiguió amenazar el monopolio de los tres equipos más laureados.  

En estos 35 años, además de los tres habituales y de los ya mencionados Deportivo de La Coruña y Valencia CF, solo otros cuatro equipos han conseguido acercarse tanto que rozaron el campeonato con un segundo puesto: el Villarreal CF (2007-2008), la Real Sociedad (2002-2003 y 1987-1988) y el Athletic Club (1997-1998). Athletic Club, RCD Espanyol, Real Zaragoza, Real Betis, RCD Mallorca, Villarreal CF, Real Sociedad y Sevilla, además de los otros que consiguieron triunfos y que ya hemos mencionado repetidamente, también han acabado en alguna de estas ediciones en la tercera posición. 

Si comparamos estos datos con los últimos 35 años en las otras cuatro grandes Ligas europeas, puede que, en principio, lleguemos a alguna otra conclusión. Por las otras cuatro grandes Ligas europeas, entiendo las de Francia, Italia, Inglaterra y Alemania. Comparando los datos, igual encontramos paralelismos o, lo mismo, diferencias. Veámoslo. Desde la temporada 1984-1985, en la Bundesliga, el Bayern Munich ha ganado 22 títulos de 35 posibles, incluyendo los últimos siete de manera consecutiva. Sin embargo, hay algo más de diversidad en los 13 títulos restantes, que han disfrutado hasta cinco equipos: Borussia Dortmund, hasta en cinco ocasiones; Werder Bremen, en otras tres, aunque ahora pasan por apuros; dos títulos para Stuttgart y Kaiserslautern y uno solo para el Wolfsburgo, allá por 2008-2009. En Italia, la Juventus domina estos últimos 35 años con 14 títulos, incluidos los 8 últimos de manera consecutiva. El AC Milan ha ganado 8, el último en la 2010-2011, justo antes de que empezara el dominio de la Juventus y justo después de que el Inter ganara 5 seguidos, que son 6 en total en estos 35 años. Entre los tres, por lo tanto, suman 28 de 34. Los otros 7 los disfrutaron seis equipos: dos el Nápoles y uno el Hellas Verona, la Roma, Sampdoria y Lazio. La temporada 2004-2005, y por eso hemos hablado de 34 títulos en 35 años, aparece sin ganador después de retirarle el triunfo a la Juventus. En Francia, en la Ligue 1, el PSG ha ganado 8, incluidos 6 de los 7 últimos. El Olympique de Lyon ha ganado 7, todos ellos consecutivos a principios de los 2000, y el otro Olympique, el de Marsella, 6, aunque el de 1992-1993 le fue anulado, con lo que, en realidad, debemos contabilizarle 5. Siete equipos más han disfrutado de títulos, el Girondins de Burdeos y el Mónaco han ganado 4, el Nantes, 2 y con un solo título en estos últimos 35 años en Francia estarían Auxerre, Lens, Lille y Montpellier. Finalmente, en Inglaterra, desde la temporada 1984-1985, nueve equipos han disfrutado el título de la Premier: el más galardonado ha sido el Manchester United, con 13 títulos. Arsenal y Chelsea han conseguido 5. El Manchester City, 4. El Liverpool, 3. El Everton, 2. Y, finalmente, con un solo triunfo, Leeds United, Blackburn Rovers y Leicester City. El Liverpool, principal candidato a ganar este año, no gana un título de la Premier desde 1989-1990 y el Manchester United, el equipo más ganador en estas tres décadas y media, no gana un título desde la 2012-2013. Por el contrario, el Manchester City ha ganado 4 de sus 6 títulos en los últimos ocho años, y los 2 que tenían antes databan de 1936-1937 y 1967-1968. 

Es decir, en España, solo 5 equipos han conseguido títulos en 35 años y 3 se reparten el 91,4% de los títulos. En Alemania han sido 6, uno más que en España, pero también es cierto que un solo equipo ha conseguido el 62,8% de los títulos. En Italia, son hasta 8 equipos los que han disfrutado las mieles del triunfo final, pero, nuevamente, tres equipos, Inter de Milán, AC Milán y Juventus acaparan gran parte de ellos: el 80% de los títulos en juego en estos años. Un ganador más ha habido en Inglaterra, hasta un total de 9 vencedores finales y los títulos están más repartidos. Es cierto que, si nos detenemos en la temporada 2012-2013, último año en el que el Manchester United ganó un título, los mancusianos llevaban 13 de 29 hasta entonces, un 44% de los títulos. Pero es indiscutible que la competitividad de equipos como Chelsea, Manchester City y Arsenal o el regreso del Liverpool amplían la nómina de candidatos. Sin embargo, es Francia la que se lleva la palma en diversidad, con hasta 10 ganadores distintos, aunque es cierto que los títulos están más repartidos en Inglaterra. En Francia, entre Olympique de Lyon, Olympique de Marsella y PSG acaparan el 58,8% de los títulos. El dominio en las Ligas de Francia, Italia y Alemania parece más individual. El ascendente del Bayern de Munich en la Bundesliga, de la Juventus de Turín en el Calcio y del PSG en Francia, aunque en todos los casos es reciente y recorre solo el último lustro y medio, es tan significativo como la acumulación de títulos entre los tres equipos dominadores en la Liga de Primera División. España parece un país bicéfalo, en lo que se refiere al fútbol. Francia parece representar la entrada significativa de capital extranjero en un solo proyecto dominante. Inglaterra reparte su poderío. E Italia parece una cuestión de corrientes, y ahora le toca a la Vecchia Signora.

Los casos del Leicester City de Claudio Ranieri en la 2015-2016, el Montpellier de René Girard en la 2011-2012, el Wolfsburgo de Felix Magath en la 2008-2009 o el Deportivo de Jabo Irureta un poco antes cada vez parecen más utópicos. Las perspectivas para este año son que el Liverpool de Jurgen Klopp, que amasa 22 puntos de diferencia a falta de 10 jornadas, ganará un título después de 30 años de espera. El FC Barcelona y el Real Madrid, con 55 y 56 puntos cada uno, y teniendo al tercero en discordia con 46, apuntan a disputarse el título de Liga una vez más. En Italia, la Lazio (62 puntos) de Simone Inzaghi y de los Sergej Milinkovic-Savic, Luis Alberto Romero, Joaquín Correa o Ciro Immobile está poniendo en duda la racha imbatible de la Juventus (60 puntos), con el Inter aun aspirando a dar la sorpresa (54 puntos), cuando faltan 12 jornadas. En Francia, el PSG, a pesar de las lesiones de Neymar da Silva y los problemas entre Thomas Tuchel y Kilian Mbappé, apunta a revalidar título, ya que lleva 13 puntos de distancia con el Olympique de Marsella, aunque aún faltan 11 jornadas. Por último, en Alemania, también el Bayern está encontrando resistencia. A falta de 10 jornadas, es primero con 52 puntos, pero tiene muy cerca al sorprendente RB Leipzig (49 puntos) del jovencísimo entrenador Julian Nagelsmann (32 años) y al Borussia Dortmund (48 puntos) del nuevo delantero de moda, Erling Braut Haaland. Un poco más lejos, pero aún con aspiraciones, aunque sean más atrevidas, estarían el Borussia Mönchengladbach que entrena Marco Rose (46 puntos) y el Bayern Leverkusen (44 puntos) del joven talento alemán Kai Havertz.

Vamos, que parece que los patrones se repetirán: el PSG ganará en Francia, el Real Madrid o el FC Barcelona en España, el Liverpool recuperará ascendente sobre el Manchester United, y Juventus y Bayern de Munich tendrán que lucharlo, pero aún tienen posibilidades de añadir un nuevo título consecutivo a sus largas listas. El fútbol moderno (este que ha ido progresando y transformándose en los últimos 35 años) parece, a ojos de los datos, más sujeto que nunca a las ventajas que ofrecen los presupuestos más holgados. Los equipos que, en esta comparación de datos, han salido más beneficiados en el computo histórico (Real Madrid, FC Barcelona, Bayern Munich, Juventus, PSG y Manchester United), son también los más ricos de sus respectivos países. Según el último ránking de Deloitte que recoge los 20 equipos más ricos del mundo: el FC Barcelona (con 840 millones de euros) ocuparía la primera posición, el Real Madrid sería el segundo (757), tercero el Manchester United (711), cuarto el Bayern Munich (660), quinto el PSG (635) y décimo una Juventus que con 459.7 millones de euros sería el equipo italiano más rico según esta clasificación. Entre la Juventus y el PSG se encontrarían otros cuatro equipos ingleses, por este orden, Manchester City (610), Liverpool (604), Tottenham (521), Chelsea (513), y justo por detrás de la Juventus, un quinto equipo inglés, el Arsenal (445), lo que podría arrojar luz sobre la mayor rivalidad y diversidad en los títulos de la Premier. El resto de los equipos que aparecen entre estos 20 equipos que más facturan en Europa serían el Borussia Dortmund, el Atlético de Madrid, el Inter de Milán, el Schalke 04, la Roma, el Olympique de Lyon, el West Ham, el Everton y el Nápoles, todos con cifras entre los 377 millones del 12º y los 207 del 20º. 

Curiosamente, esos datos económicos nos llevan a conclusiones más reveladoras, si los combinamos con los palmareses de las distintas competiciones. Si Inglaterra, por ejemplo, parecía el equipo con más diversificación a la hora de encontrar ganadores, también es cierto que, al fin y al cabo, parece que los ganadores siguen estando definidos por su capacidad económica. La única variante significativa aquí sería que en Inglaterra hay más equipos ricos. En Inglaterra, 32 de esos 35 últimos títulos han sido conseguidos por equipos que están, según Deloitte, entre los 20 equipos más ricos del mundo: 13 el Manchester United, 5 Arsenal y Chelsea, 4 el Manchester City, 3 el Liverpool y 2 el Everton. Solo tres equipos que no aparecen en esta lista consiguieron alzarse con la Premier, los tres con un título solamente: Leeds United, Blackburn Rovers y Leicester City. Por lo tanto, eso supone el 91,4% de los títulos. Mientras que en Francia, solo 15 de los 34 títulos en juego (una edición fue anulada) han sido conseguidos por el PSG (8) o por el Olympique de Lyon (7), los dos únicos equipos franceses en la lista de privilegiados de Deloitte. Mientras que 19 títulos se han repartido entre equipos que no aparecen en ella: Olympique de Marsella (5), Girondins y Mónaco (4), Nantes (2) y con un título, Lille, Auxerre, Lens y Montpellier. Es decir, solo el 44% de los títulos, menos de la mitad, habrían caído en manos de alguno de los dos equipos franceses que se encuentran entre los 20 equipos más ricos del mundo. Sin embargo, los datos globales de todas las Ligas (Francia, Italia, Inglaterra, Alemania y España) apuntan a la tendencia inglesa: de los 173 títulos repartidos en estos últimos 35 años en las 5 grandes Ligas, el 74’5% (129 títulos de 173) los han disfrutado entre 18 equipos que aparecen en esa lista de Deloitte que recoge a los 20 equipos más ricos del mundo (Schalke 04 y West Ham aparecen en la lista pero no han ganado ningún título de Liga en estos 35 años), mientras que el 25’4% (44 de 173) de esos títulos fueron conseguidos por equipos que no aparecen en esa lista, teniendo, además, que repartírselos entre más equipos porque fueron hasta 21 equipos distintos los que se repartieron esos 44 títulos. 

Si proyectamos estos datos a las competiciones internacionales, destaca que el monopolio de los 20 equipos con más facturación en la máxima competición europea se reproduce con igual exactitud. Desde el cambio de siglo, por ejemplo, se han disputado 20 ediciones de la Champions League y hay que remontarse a 2007 para ver ganar a un equipo que no aparece entre estos, el AC Milan, que ganó, por última vez, en 2007, habiendo ganado también en 2003. Un año después, la ganaría el Oporto, en 2004. Son 3 y los otros 17 se quedan entre esos 20 equipos registrados en la lista de Deloitte: 6 el Real Madrid, 4 el FC Barcelona, 2 el Manchester United y el Liverpool, y 1 el Inter, Chelsea y el Bayern de Munich. En la otra competición europea actual, la Europa League, los datos son más esperanzadores, para aquellos, al menos, que aspiran a disfrutar de títulos sin contar con tan buenos recursos económicos. Solo 7 de los 20 títulos los han conseguido equipos que aparecen en esa lista: Atlético de Madrid hasta en 3 ocasiones, Chelsea en 2 y 1 título para Manchester United y Liverpool. Por el contrario, Sevilla con 5 títulos, Oporto con 2 y Shaktar Donetsk, Zenit de San Petersburgo, CSKA de Moscú, Valencia, Feyenoord y Galatasaray le dan un poco más de colorido y diversidad al palmarés de esta competición y al fútbol europeo en general. 

En todos estos países, el formato que ha traído mayor variedad en los títulos y los agraciados con ellos ha sido el que dirime la otra competición oficial, las Copas, en sus distintas versiones, que, sin embargo, se consideran un título menor, por alguna razón, en comparación con la Liga. Pero esa variedad es relativa. En esta edición, por ejemplo, la Copa del Rey en España ha visto como ni Atlético de Madrid ni Real Madrid ni FC Barcelona han alcanzado las semifinales. Sin embargo, desde la 2010-2011 y hasta que el Valencia la ganó en la 2018-2019, los otros ocho títulos habían sido para los tres de siempre: Barcelona (5), Real Madrid (2) y Atlético de Madrid (1). En Italia, Juventus y Milán e Inter y Nápoles disputarán las semifinales. La Lazio, el año pasado, rompió una racha de cuatro títulos consecutivos de la Juventus. En Inglaterra, en la FA Cup, Arsenal, Chelsea y Manchester City ya están clasificados para cuartos, junto con Newcastle, Sheffield United, Norwich y Leicester City. Solo queda por saber qué pasará en el Derby County-Manchester United que se disputa hoy. Desde el cambio de siglo, desde la 1999-2000, en los últimos 20 años, Manchester City, Chelsea, Arsenal, Liverpool y Manchester United se han repartido 18 de esos 20 títulos, dejando solo espacio para dos sorpresas: Portsmouth y Wigan Athletic. En Alemania, en el mismo periodo, Borussia Dortmund y Bayern Munich se han repartido 12 de los 20 títulos, que ascienden a 15 de 20 si sumamos los tres que consiguió el FC Schalke 04, entre los 20 más ricos del mundo, pero sin ninguna Liga reciente en su palmarés. Este año, aún están en los cuartos, y de entre los cinco primeros de la Liga solo han llegado dos, el omnipresente Bayern de Munich, que se enfrentará al Schalke 04 (6º), y el Bayern Leverkusen que se enfrentará al FC Union Berlín, 10º clasificado en la Bundesliga. Finalmente, en Francia, PSG y Lyon disputaron ayer una semifinal, que se llevó el PSG por un contundente 1 a 5, mientras que hoy se disputará la que enfrenta a Saint-Étienne y Rennes. El año pasado, el Stade Rennais sorprendió a propios y extraños al resistir al todopoderoso PSG, que había ganado las cuatro ediciones anteriores, y levantó la Copa después de ganar en la tanda de penaltis. Por lo tanto, sí, en Francia se ha visto ganar al Stade Rennais, al Guingamp, al Sochaux o al Lorient en el siglo XXI; lo mismo en Italia con Parma o Fiorentina; en Inglaterra con Portsmouth o Wigan Athletic, en Alemania con Eintracht de Frankfurt, Wolfsburgo o Núremberg; o en España con Betis, Zaragoza, Espanyol, Sevilla o Mallorca. Sin embargo, observados con perspectiva y ponderación, siguen pareciendo datos relativos. 

Probablemente, siempre ha habido equipos más laureados que otros, y, seguramente, la relación entre presupuesto económico (o facturación, según la clasificación de Deloitte) y logros deportivos siempre ha sido estrecha y significativa. Que el mundo del deporte, dada su profesionalización y su impacto económico y social, ha sufrido una transformación que, de alguna manera, ha reforzado los extremos, también es algo evidente, en mi opinión. Probablemente, no sea del todo sano ocupar el tiempo en mirar hacia atrás, lamentar lo que fue y observar todo lo reciente y contemporáneo como algo malo o pernicioso. Sin embargo, no podemos evitar aprovechar oportunidades cómo estas para acompañar reflexiones que puedan parecer subjetivas con datos algo más objetivos. Como anunciábamos al principio, tampoco es que sea un estudio concienzudo ni se revelan, al final, conclusiones muy significativas ni sorprendentes. Al fin y al cabo, las aspiraciones y medios de este blog no dan para mucho más, ni ambicionan llegar mucho más lejos. A ver, eso sí, si Drinkwater remonta el vuelo.

jueves, 20 de febrero de 2020

Eddie Griffin



Hace unos días me llamó la atención leer el siguiente titular: "Sebastian Telfair: El último juguete roto de la NBA". Se publicaba en Gigantes del Basket y recogía información sobre la detención y condena del otrora jugador profesional de la NBA. Al parecer, por otras fuentes, descubrí que en agosto del año pasado fue condenado a más de tres años de cárcel por posesión ilegal de armas, y un mes más tarde, fue puesto en libertad a la espera de la resolución sobre la apelación que pidieron sus abogados. Está bajo arresto domiciliario, sin pasaporte y llevando una pulsera de seguimiento en su tobillo. Su caso, probablemente, no fuera tan aireado y popular como el más reciente de Delonte West, pero era otro más en una larga lista de ejemplos de jugadores que acabaron peor de lo que se podía esperar dadas sus carreras y las oportunidades que tuvieron. Si no me confundo, por cierto, Delonte West y Sebastian Telfair coincidieron juntos en los Cleveland Cavaliers. Era el quinto equipo NBA para un Telfair que, en su adolescencia, fue una estrella nacional, convirtiéndose en un acontecimiento cuando renunció a la NCAA y su acuerdo con la Louisville de Rick Pitino para ingresar en el draft del 2004 y ser elegido en el puesto 13º por los Portland Trail Blazers, por detrás justo de Robert Swift, otro que podría entrar en esa lista, que también fue detenido por posesión de armas y que ahora busca una segunda oportunidad en Gijón en la LEB Plata. 

En esa lista de muñecos rotos, de jugadores que dilapidan fortunas, que se ven envueltos en actos criminales o acaban en la cárcel, uno de los casos más dramáticos fue el de Eddie Griffin. Griffin, estrella de la universidad de Seton Hall, llegó al draft de 2001 con aspiraciones y se situó, finalmente, en el 7º puesto, elegido por unos New Jersey Nets que lo traspasarían a los Rockets. Fue el draft de Pau Gasol, elegido en tercera posición por detrás de Kwame Brown y Tyson Chandler. La carrera de Griffin en la NBA fue corta y sinuosa, en gran parte, debido a sus problemas extradeportivos, principalmente con el alcohol. Fue corta, también, porque falleció a los 25 años, cuando su coche fue arrollado por un tren de carga, al conducir borracho y saltarse un paso a nivel. No era la primera vez que sufría percances en la carretera. Se hizo viral, antes de que se hiciera viral esa expresión, al sufrir un accidente por distraerse conduciendo mientras al mismo tiempo se masturbaba y conseguir que la policía no le realizara un test de alcoholemia. Cuando firmó por los Wolves, allá por la temporada 2004-2005, se confiaba en su rehabilitación, tras haber pasado por problemas de disciplina y con el alcohol en los Rockets y no llegar a jugar con los Nets, con los que firmó después, por un asunto de violencia doméstica que le llevó a la cárcel, aunque fuera por unos días. Era algo que ya venía de lejos, de su instituto y del único año en el que jugó para Seton Hall. Aún así, en la cancha, su talento brillaba por encima de todo: en el instituto era una estrella en Filadelfia, a la altura del propio Wilt Chamberlain y, en su único año en la NCAA, llegó a estar entre los mejores a nivel nacional en tapones y rebotes. Sus dos primeras temporadas en los Rockets fueron prometedoras, pero la tercera se la pasó, como ya comentamos, en un centro de desintoxicación. 

Y todo esto viene por una única razón: yo vi jugar en directo a Eddie Griffin y Sebastian Telfair. Los dos al mismo tiempo, en el mismo partido, en el único partido de la NBA que he visto en directo. Fue el 15 de enero de 2005, en el Target Center de Minnesota. Los Wolves ganaron a los Blazers por 92 a 84. Telfair apenas jugó 8 minutos, y consiguió un triple. Griffin salió del banquillo, e hizo un gran partido, sobre todo en defensa y en el rebote: 18 cazó. Leer el nombre de Telfair en la prensa me llevó a relacionarlo con el de Griffin, y entonces me acordé de aquel día de invierno, frío, con la nieve reciente, y yo en la primera fila de butacas, horas antes de que empezara el partido, viendo a Sam Cassell en chandal tirando a canasta y las chicas haciéndose fotos con Mark Madsen

Por curiosidad, abrí un cajón en casa y lo encontré: el librillo del partido. Allí seguía en esa caja repleta de recuerdos abandonados de aquel tiempo que pasé viviendo en los Estados Unidos. Y me puse a ojearlo, a revivir aquel día. Entre publicidad de Verizon, Best Buy, Samsung, Toshiba, Hard Rock Café, Ramada Inn, Buick, Chevrolet, JVC (hasta un próximo concierto de Josh Groban en el mismo Target Center), pasatiempos para niños y mayores, y otras recomendaciones más locales, en aquel librillo te encontrabas noticias y entrevistas que, por aquel entonces, serían pura actualidad, pero que ahora se tiñen de nostalgia y curiosidad. 

Por ejemplo, el primer reportaje era una entrevista con el ahora entrenador de los Cornhuskers de Nebraska en la NCAA, competición a la que vuelve después de sus no muy exitosos dos años y un poco del tercero en los Bulls, Fred Hoiberg. El titular y su pequeña ampliación debajo eran significativos: "Doing What It Takes on Both Ends of the Court, Fred Hoiberg does whatever is necessary to get a win". Es decir, algo así: "Haciendo lo necesario en los dos lados de la cancha, Fred Hoiberg hace lo que haga falta para ganar." Así definían el carácter de un jugador que había llegado el año antes desde los Bulls, equipo al que luego entrenaría, como ya hemos dicho. Solo jugó en tres equipos en la NBA, Pacers, Bulls y Wolves antes de retirarse, y, en parte, descubría por qué en esa entrevista: no primaba el dinero y prefería privilegiar otras cosas. Renovó por el equipo de Minnesota porque su familia estaba muy a gusto en la ciudad. En ese mismo librillo, Hoiberg también protagonizaba la sección "time out", una batería de preguntas rápidas sobre cuestiones más generales y anecdóticas como la típica "¿qué hubieras sido de no ser jugador de baloncesto?". La respuesta era jugador de golf. Por eso, su deportista preferido era Jack Nicklaus. Y, a parte de su pasión por este deporte, descubríamos otras curiosidades como que le gustaba el rock clásico y su primer concierto fue uno de los Rolling Stones y su primer coche un Oldsmobile del 83, que le gustaba comer pollo antes de los partidos y, lo más sorprendente, que, de poder elegir a alguien, a quien le hubiera gustado conocer sería a Sócrates, y supongo que se refería al filósofo más que al futbolista brasileño.  

Además de la entrevista y las preguntas rápidas a Hoiberg, también había un pequeño reportaje sobre el mismo Griffin: “is working to overcome a troubled past and excel on and off the court”. Es decir: "Griffin trata de superar un pasado problemático para brillar tanto en la cancha como fuera de ella". Todo era optimismo y buenas intenciones, aunque no se ocultaban detalles para con ese pasado del que hablamos antes, eso sí, ligeramente suavizados: “After spending two seasons with the Houston Rockets, Griffin was released for reportedly missing practices and even a team flight early in the 2003-2004 season. Not long after his release, he signed with the New Jersey Nets. He never played a minute in New Jersey. Instead, he entered an alcohol rehabilitation center”. Vuelvo a traducir: "Tras pasar dos temporadas en los Houston Rockets, Griffin fue despedido por, supuestamente, ausentarse de los entrenamientos y llegar incluso a perder un vuelo con el equipo en la temporada 2003-2004. Poco después de su despedida, firmó con los New Jersey Nets pero no llegó a jugar un solo minuto. En lugar de ello, fue internado en un centro de desintoxicación."

Otras secciones recurrentes, incluían, en este número, cinco preguntas al speaker del Target Center, Rod Johnson; información sobre las actividades más recientes en favor de la comunidad; curiosidades sobre los gustos deportivos en fútbol americano y béisbol a los jugadores de los Wolves, en donde destacaba que solo dos, Kevin Garnett y Hoiberg, optaban por el de la ciudad, los Vikings de Minnesota, y peor en béisbol, porque solo Garnett elegía a los Twins de Minnesota; la sección sobre universidades del estado, en la que le tocaba el turno a un equipo de la tercera división de la NCAA, el Gustavus Adolphus Gusties donde entrenaba Mark Hanson, y cuyos mejores jugadores, según el reportaje, eran Doug Espenson, Adam TeBrake y Phil Sowden, de los que no se encuentra información en la red porque probablemente no tuvieran carrera profesional. Mark Hanson sigue allí, creo que lleva 30 años como primer entrenador de ese equipo; y el resto era información sobre el equipo, la franquicia o los rivales. Quizás la sección más chocante, para alguien de fuera, era la relativa a las animadoras, que incluía las fotografías de las 16 bailarinas del Timberwolves Dance Team, Abby, Alysia, Andrea, Emily, Erin, Inger, Heather, Krisan, Melissa, Natalie, Nicee, Shannon, Shayna, Stacey, Stacy y Tristina. Más las de las dos responsables del equipo, Melissa Sax y Tura Hallblade. 

Aquellos Wolves de la temporada 2004-2005 ya eran propiedad de Glen Taylor, quien lo tenía, de hecho, desde 1995. Natural de Mankato, Minnesota, Taylor era el fundador de Taylor Corporation y, por aquel entonces, confiaba en la labor administrativa de Rob Moor y Chris Wright, y, para la deportiva, contaba con Jim Stack y un Kevin McHale que, a pesar de haber hecho su carrera profesional en los Celtics de Boston, era natural de Hibbing, Minnesota, y había jugado para la Universidad de Minnesota. McHale ya no está. Su lugar lo ocupa ahora Gersson Rosas, quien tras convertirse en el primer manager de origen latino en la NBA, con los Dallas Mavericks, fue luego la mano derecha de Daryl Morey en los Houston Rockets. Él fue el elegido para rejuvenecer la plantilla y reestructurar el futuro del equipo. Su primera decisión fue una coincidencia histórica, al menos, tal y como encaja en esta entrada: decidió que Ryan Saunders siguiera siendo el entrenador principal, cargo que ya había aceptado cuando se despidió a Tom Thibodeau la temporada anterior. Acompañado en el banquillo por dos viejos conocidos del baloncesto europeo, David Vanterpool y Pablo Prigioni, Saunders se convertía en el entrenador más joven de la NBA en la actualidad, a sus 32 años (más de cuarenta jugadores en la NBA son mayores que él), y el más joven en 40 años, desde que Dave Cowens entrenara a los Celtics de Boston cuando solo tenía 30 años, seis más que Dave DeBusschere, entrenador de los Detroit Pistons en la 64-65 con 24 años, aunque en estos dos casos ambos eran jugadores-entrenadores. Sin embargo, la coincidencia histórica con respecto a esta entrada es que Ryan Saunders, actual entrenador de los Minnesota Timberwolves, es el hijo de Philip "Flip" Saunders, entrenador de los Wolves cuando yo estuve en aquel partido del Target Center y toda una leyenda del baloncesto en Minnesota que fallecería en 2015, diez años después de aquel partido. Acompañaban a Saunders padre en su equipo técnico, allá por 2005, clásicos de la NBA, tanto en los banquillos como en la cancha, como Sidney Lowe o Randy Wittman, más un caso curioso, el de Don Zierden, más que nada por ser el padre de Isaiah Zierden, del que hemos hablado mucho aquí en nuestros repasos de la actividad competitiva de la universidad de Creighton, con la que se licenció, se marchó a jugar a Portugal y no hemos vuelto a saber más de él. Por cierto, en aquellos Wolves de Saunders padre, Zarko Durisic era el jefe de la sección internacional, el caza talentos extranjero para el equipo. Durisic, que estaba en aquella Wichita State de los Xavier McDaniel y Antoine Carr, se instaló en Estados Unidos después de jugar para Buducnost y Olimpija Ljubljana y allí sigue, en algún otro cargo dentro del equipo administrativo de los Minnesota Timberwolves. 

Flip Saunders tenía a sus órdenes un buen equipo de veteranos, con hasta diez jugadores rozando o por encima de los 30 años: Anthony Carter (1975), Sam Cassell (1969), Kevin Garnett (1976), Fred Hoiberg (1972), Troy Hudson (1976), Ervin Johnson (1967), Mark Madsen (1976), Michael Olowokandi (1975), Latrell Sprewell (1970) y John Thomas (1975). El más joven de todos era el inglés Ndudi Ebi (1984), que para aquel partido estaba lesionado, igual que Madsen y Cassell, como recordaremos luego. Wally Szczerbiak (nacido en Madrid mientras su padre Willy Szczerbiak hacía carrera en España) era de 1977, de 1979 Trenton Hassell, y de 1982 Eddie Griffin. Llegaban al partido con un récord de 17-17, cuando aún faltaba más de la mitad de la temporada. En la anterior, habían ganado la división Medio Oeste (con un rango de 58 victorias por 24 derrotas) y acabarían como subcampeones del Oeste al perder en semifinales ante Los Angeles Lakers de Kobe Bryant, Shaquille O'Neal, Karl Malone y Gary Payton que luego perderían la final ante los Detroit Pistons de Rasheed Wallace y Ben Wallace, más el que acabaría como MVP de las finales, Chauncey Billups. El MVP de la temporada 2003-2004 fue precisamente Kevin Garnett, de los Wolves, quien, junto con Latrell Sprewell y Sam Cassell, encandiló a los aficionados de la NBA en una temporada regular excelsa que no pudieron coronar con la final. Y así llegaban a la siguiente temporada, manteniendo al equipo, aunque la edad de este trío letal (Garnett en los 29, Cassell en los 36 y Sprewell en los 35) ya anunciaba que quizás era el momento de darle un giro a la plantilla. En cualquier caso, Garnett seguía liderando al equipo, con 23.6 puntos por partido, seguido por un Sam Cassell (15.6) al que empezaban a afectarle las lesiones y el tercero en discordia, Sprewell, con 12.0 puntos por partido. Entre medias, se colaba Wally Szczerbiak, que promediaba 15.4 puntos por partido.

Por su parte, los rivales eran los Portland Trail Blazers, entrenados por Maurice Cheeks. Tenían un juego exterior temible con gente como Derek Anderson (1974), Damon Stoudamire (1973), Nick Van Exel (1971), Ruben Patterson (1975), Darius Miles (1981) o el ya mencionado Sebastian Telfair (1985). Por dentro, un ex de la universidad de Minnesota, precisamente, Joel Przybilla (1979), uno de los mejores taponadores de su generación, Theo Ratliff (1973) y un joven que ya despuntaba: Zach Randolph (1981). Además de los jugadores de banquillo, como Geno Carlisle (1976), el surcoreano Ha Seung-Jin (1985) o Richie Frahm (1979), Cheeks también contaba con dos jugadores interesantes, como el prometedor Travis Outlaw (1984) o el veterano Shareef Abdur-Rahim (1976), al que se le dedicaba un pequeño apartado en el librillo que nos ha llevado a escribir esta entrada, y se rescataban sus buenos años en los Grizzlies y su apodo como "el mejor secreto guardado en la NBA". Los Blazers traían peor racha que los Wolves: 15-19. Zach Randolph, con 20.1 puntos por partido, se había convertido en la referencia del equipo, junto a Abdur-Rahim (15.7), Miles (12.6), Stoudamire (11.7) y el sexto hombre Derk Anderson (11.0).

Kevin Garnett, de todos los jugadores que se presentaron a aquel partido, seguía siendo el que más impacto tenía a nivel nacional. Ocupa la 9º posición entre los líderes en anotación, muy lejos de un Allen Iverson que, con 28.4 puntos por partido para los Sixers, lideraba la tabla de anotadores por delate de Koby Bryant, Dirk Nowitzki, Amar'e Stoudamire, Tracy McGrady y LeBron James. Sin embargo, Garnett lideraba la de reboteadores, con 15.2 capturas por partido, por delate de Tim Duncan, Troy Murphy de los Golden State Warriors y Emeka Okafor. Garnett también aparecía entre los primeros en asistencias (13º), en una clasificación liderada por Steve Nash (11.1). Y, además, Garnett aparecía en 11º posición en robos y en 10º en minutos jugados. El único otro jugador de estos dos equipos que destacaba tanto en una clasificación era Fred Hoiberg, líder de la liga en porcentaje de tiros de tres.

Así se presentaron los equipos en aquel sábado helador de enero de 2005 en el Target Center para disputar un partido que, por supuesto, pasará desapercibido en los anales históricos de la NBA. Los Wolves se llevaron la victoria final, pero después de esta llegarían dos derrotas consecutivas, y tras una prometedora racha de cinco victorias seguidas, las seis derrotas en seis partidos que, finalmente, le costarían el puesto a Flip Saunders, cerrando toda una época, y dándole la oportunidad de entrenar a un Kevin McHale que no haría un mal papel. Por los Blazers, contaban con las bajas, importantes, de Zach Randolph, Darius Miles y Shareef Abdur-Rahim, tres de sus mejores hombres. El surcoreano Seung-Jin estuvo allí pero ni se quitó el chandal. Por parte de los Wolves, Michael Olowokandi estaba sancionado y Sam Cassell regresaba de una lesión, pero no salió del banquillo. Ndudi Ebi y Mark Madsen tampoco fueron de la partida, aunque su impacto en el equipo fuera menor. Con tantas bajas en el juego interior, parecía claro que la cosa se iba a disputar desde el perímetro, y, en parte, así fue, sobre todo, para los Blazers. Ruben Patterson fue el mejor de su equipo, con 25 puntos, 7 rebotes y 2 asistencias, bien secundado por dos jugones que, en rachas de puntería, apunto estuvieron de darle un disgusto a los aficionados locales: el veterano Nick Van Exel, 19 puntos, 6 rebotes y 8 asistencias y Damon Stoudamire: 18 puntos, 6 rebotes y 4 asistencias. Por dentro, se dedicaron a apoyar en el juego el titular, Joel Przybilla, quien apenas aportó 4 puntos, 1 rebote y 2 asistencias, y el reserva Theo Ratliff, quien estuvo más acertado en los minutos que tuvo: 9 puntos, 6 rebotes y 2 tapones, especialidad defensiva en la que Ratliff destacaba en la liga. También jugaron James Thomas, Richie Frahm, Derek Anderson, Travis Outlaw y un Sebastian Telfair que en 8 minutos añadió 3 puntos y 2 rebotes. Por los Wolves, el mejor fue Latrell Sprewell con 25 puntos, 5 rebotes y 2 asistencias, seguido por Kevin Garnett con 17 puntos, 10 rebotes, 4 asistencias, 2 robos y 1 tapón. Los otros jugadores importantes para los Wolves en este partido salieron desde el banquillo. Un sorprendente Troy Hudson, que se fue hasta los 15 puntos y 5 asistencias, Wally Szczerbiak, con 11 puntos y 3 rebotes, y Eddie Griffin, quien solo añadió 6 puntos, pero se fue a la friolera de 18 rebotes, además de añadir 3 asistencias, demostrando que tenía unas cualidades innatas para destacar en varias parcelas de un juego que se le daba muy bien. Fred Hoiberg, en silencio, como siempre, añadió 8 puntos, 1 rebote y 1 asistencia. También jugaron John Thomas, Ervin Johnson, Trenton Hassell y Anthony Carter. La aportación de los banquillos, sin duda, marcó gran parte de la diferencia en el banquillo: 16 puntos de jugadores reservas en los Blazers por los 40 del banquillo de los Wolves. También pesaron los rebotes: 32 para los Blazers y 44 en los Wolves, donde la pareja Garnett-Griffin desarboló a Przybilla y Ratliff, y aunque les esperaran duelos de mayor calibre, los aficionados de los Wolves se ilusionaron ante el rendimiento que podría dar esta dupla. Volved al principio para descubrir que pasó luego con ella.

El partido fue disputado, un correcaminos en varios momentos. Se impuso el juego deslabazado y los tiros en jugadas individuales. Al menos, así lo recuerdo yo. No tengo, de hecho, grandes recuerdos del partido en sí: un alley-oop de Garnett, la electricidad de Van Exel y Stoudamire, y la calidad de Sprewell, poco más. Recuerdo que me aburrí. Recuerdo que estábamos muy alto en el graderío, pero aún así la visibilidad del Target Center era muy buena. Recuerdo que compramos palomitas, como no, y yo me pillé un bidón de cerveza Foster's que no fui capaz de terminarme. De hecho, guardo con más cariño otros recuerdos de aquella experiencia, aunque quizás estos no le interesen a quien sea que haya llegado tan lejos para leer hasta aquí. Recuerdo que el partido era a las ocho de la tarde, pero nosotros llegamos mucho antes. Aparcamos el coche en algún sitio de la ciudad, en el centro, pero no sabría decirte donde: nevaba, hacía mucho frío, apenas había gente por la calle. Entramos en el primer edificio que pillamos y ya no volvimos a salir. Caminamos durante una hora, hicimos algunos kilómetros, nos tomamos nuestros descansos, pero no volvimos a pisar la calle. Los edificios de Minneapolis estaban conectados por puentes acristalados y pasadizos que permitían moverse de un edificio a otro sin tener que salir al exterior. Si te asomabas a los ventanales, fuera veías a gente, muy poca, que se abrigaba como podía mientras esperaba al autobús en su parada o que corría para abrir su coche y refugiarse dentro. Fuimos de moqueta en moqueta, cómodos con la calefacción a tope, cruzando almacenes, tiendas, todo tipo de tentaciones, hasta llegar, casi sin darte cuenta por la falta de orientación, al Target Center. Y allí todo estaba dispuesto: música, puestos, diversión, publicidad... y poca gente. Entramos al campo y bajamos hasta pie de cancha, hasta donde dejaba la seguridad, para ver calentar a los jugadores de cerca. Recuerdo lo que dije antes, a un Mark Madsen sonriente, a un Eddie Griffin que bostezaba, a Sam Cassell lanzando a canasta con desgana pero sin fallar tiro alguno. Recuerdo darle la mano a Wally Szczerbiak y que respondió a mi hola con otro y una sonrisa. Recuerdo aburrirme pronto, porque no he sido muy mitómano, y he visto calentar antes de un partido a gente como Mikel Cuadra, Mark Simpson u Oscar Schmidt Bezerra y estos tampoco fallaban una. Y, de la misma, cuando terminó el partido, nos fuimos. Más convencido, al haberlo visto en directo, de la capacidad que tenía aquel gran negocio y de la falta de juego en lo que ocurría abajo, sobre el parqué. Y eso era 2005. Del resto de aquel fin de semana en Minnesota, recuerdo cosas que han quedado más intensamente sujetas en mi memoria que aquel partido de baloncesto, como el paseo alrededor de las cataratas congeladas de Minnehaha o conducir un coche por un lago helado en el que había una exhibición de esculturas sobre hielo al aire libre y gente pescando como en la película Beautiful Girls. Recuerdo ir a un restaurante malasio, que dormí en un sótano donde si no había fantasmas bien podría haberlos habido y que hicimos una guerra de bolas fuera de la casa y yo me llevé una buena ostia en la jeta. Me regalaron una camiseta, pero la perdí, y no recuerdo de qué universidad era.

En resumen, y vamos a ir terminando ya, no vi jugar a Sam Cassell, pero sí a Kevin Garnett, y, sobre todo, a Sebastian Telfair y Eddie Griffin. La NBA es un universo complejo repleto de historias minúsculas que pueden convertirse en vidas mayúsculas, ya sea por el lado más brillante o por el más trágico. Un ejemplo es esto: lees una noticia, te encuentras un librillo, y solo con eso, te sueltas una entrada que mejor no cuento el número de palabras. Es lo que hay: no soy el jugador que más tiros libres mete pero sí el escritor que más palabras tira.