viernes, 1 de marzo de 2013

Joey Barton



Lo bueno que tiene tener tanto trabajo es que no me he enterado del enésimo clásico. A la mañana siguiente, me levanté, abrí la edición de cualquier periódico digital y vi que el Real Madrid le había ganado al FC Barcelona. Y me dije: ¿ah?, ¿pero jugaban? No veas qué sensación de alivio, ni darme cuenta. Y eso que para una vez que no me doy cuenta la alegría pasa al barrio madrileño. Me alegré, casi me obligué a alegrarme (la sensación de hastío y falta de interés me supera), por mis amigos y conocidos que se incluyen entre los millones de seguidores del equipo merengue y que en los últimos años han sufrido (en parte, ya me gustaría a mí sufrir como ellos) un período un poco convulso de su equipo preferido. Yo, a lo mío, no me enteré de nada y seguí sin enterarme después. De hecho, aún no sé quién marcó los goles. Sé que uno lo metió Cristiano Ronaldo, el resto me la trae al pairo. 

Eso sí, de lo que sí me he enterado es de que Karim Benzema llegaba tarde a misa y al pobre le han pillado conduciendo demasiado rápido; que Balotelli, nunca dejará de sorprendernos, quiere hacerse una estatua de sí mismo; y de que Joey Barton se mofó de la nariz de Zlatan Ibrahimovic. Gracías Joey, hasta ahora, no me había fijado en la nariz de Zlatan. No me había fijado en la cara de Zlatan. Si le miras fijamente, también corres el riesgo de escucharle, y, la mayor parte de las veces, a Ibrahimovic es mejor verle jugar (o vivir) con la voz de la televisión en mute. Ahora ya me he fijado en su nariz. 

Probablemente, me hubiera ido mejor disfrutando del fútbol en las semifinales de Copa, que perdiendo el tiempo leyendo esas noticias que acabo de resumir. Pero no fue así. No vi el partido porque tenía otras responsabilidades, pero, si no las hubiera tenido, probablemente tampoco lo habría visto. Hace tiempo que empecé a sospechar de los derbies en la cumbre, amén de ir convenciéndome poco a poco de la resistencia pasiva que me invitaba a hacerme el Ibrahimovic cada vez que ocurría un nuevo fin del mundo de este mundo futbolístico reducido a dos que se pegan por uno. Tampoco voy a ponerme yo aquí melodramático. La Liga española no sería lo mismo sin FCB ni RM, y que tengan más resonancia que los demás supongo que va acorde con el dinero que mueven y la trascendencia que generan, y me libraré de criticar esto o de pedir que otros reciban como consuelo una porción pelín más gruesa del pastel. No, yo de lo que voy es de algo más triste aún: de disidente fumao. A mí me la pela, miro para otro lado, que hagan lo que quieran, me fijo en los actores secundarios y por eso, después de esta extensa y ridícula introducción, en lugar de escribir una égloga sobre las virtudes tácticas de José Mourinho o un réquiem por las desgracias extradeportivas del FC Barcelona, me vengo arriba, me dejo llevar por los efectos secundarios, y a quien le dedico mi entrada es a Joseph Anthony Barton.

Joey ya no es un niño, que tiene 31 tacos, y ahora ha emigrado y todo para ganarse el pan, no es broma. Es además un hombre complejo, y aquí no hay ironía. No voy a intentar descubrir la complejidad de su personalidad en una ridícula entrada de blog, así que podemos decidir que aquí más que hablar de Barton hablamos de la figura, del personaje, o de la dimensión profesional de Barton, y esta dimensión, este personaje o esta figura son paradójicas, complejas y un tanto cautivadoras (sobre todo, a distancia).

Barton empezó ya un poco torcido cuando de chaval cambió la cantera del Everton por la del Liverpool (su mal rollo con los seguidores del Everton aún le persigue) y acabó en la del Manchester City con los que al final debutaría en la Premier, y no sin éxito, ya que consiguió el premio al mejor jugador joven del equipo. Acabó jugando con el City hasta cinco temporadas (unos 130 partidos con 15 goles) para luego marchar al Newcastle United. Al Newcastle llegó justo cuando se marchaba Lee Bowyer, otro jugador del que se podría hablar largo y tendido, y que durante sus años en el Newcastle protagonizó una patética pelea sobre la cancha con su compañero Kieron Dyer (no es el mismo Dyer, éste es Nathan, que se las tuvo hace unos días con su compañero Jonathan de Guzmán, ex del Mallorca y Villarreal, y hermano del ex del Dépor Julián de Guzmán, porque ambos querían tirar el mismo penalty y eso es difícil de conciliar, los calmó Nice to Michu). Los cinco años de Barton en el NU terminaron mal cuando se encaró con Alan Shearer y su ayudante Iain Dowie y le mandaron a jugar con el Queen's Park Rangers. Poco le duró la paciencia a Mark Hughes que ha acabado por cederle al Olympique de Marseille donde Barton intenta que los aires de la Provenza lo convenzan de dedicarse solo a pasar la pelota y meter gol. 
Y es que la fama de Barton supera a su reconocimiento como un jugador de garantías en defensa, un medio centro que sabe aplacar el ritmo de juego cuando hace falta. Con el paso de los años, mejoró su llegada a gol y su capacidad de pase, y siguió mejorando sus virtudes para la retención. Sin embargo, como decía, esa reputación se ve mancillada por la fama: algunos lo consideran el jugador más sucio de la Premier League. Quizás lo hagan solo por pura estadística (39 amarillas y 3 rojas solo en sus cinco años en el City) o por muchas de sus archifamosas noticias relacionadas con sucedidos violentos (o polémicos) dentro (y fuera) de un campo de fútbol.

Sin ir más lejos, Mark Hughes perdió la paciencia no sin fundamento. Tras el último partido de liga contra el Manchester City, Barton fue sancionado con 12 partidos por conducta violenta, dicen, aunque yo creo que fue por abuso de variedad. Chiste malo: no solo usa los puños, contra el City lo intentó y probó con todo. Le dio un codazo a Tévez, una patada a Agüero y con la cabeza lo intentó con Kompany. En la variedad está el gusto y también el tamaño de la multa: 12 partidos que acabaron con él en Marsella donde ya llevaba trece jugados y en el último, un gesto suyo movió videos del youtube por todo el mundo. Tras un salto con el brazo abierto (muy feo e innecesario por parte de Ibrahimovic), ambos jugadores se encararon y Barton le recordó a Ibrahimovic el tamaño y la forma de su pituitaria. 

Por supuesto, el currículo de Barton es más extenso. Ha estado dos veces en prisión. Ha tenido sus más y sus menos con compañeros y rivales, en entrenamientos y en partidos. Se ha zurrado, encarado o enfrentado con Ousmane Dabo, Dickson Etuhu, Gabriel Agbonlahor, Xabi Alonso, Fernando Torres, Morten Gamst Pedersen, Fernando Torres, Abou Diaby, Gervinho, Alex Song, Bradley Johnson o Karl Henry. A Xabi Alonso le hizo una entrada escalofriante, las partes íntimas de Etuhu encontró con otra, le hizo comentarios homófobos a Torres, dicen que raciales a Agbonlahor, aparentemente le enseñó el culo a los aficionados del Everton y supuestamente una vez hizo un saludo nazi. En Tailandia se encaró con un aficionado de 15 años del Everton. Le pillaron en varias broncas en la calle, una bastante gorda. A su compañero Ousmane Dabo le puso la cara como un cromo. En 2008, durante un juicio, reconoció sus problemas con el alcohol. Y seguro que hay muchas más. 
Quizás la más famosa fue una de las más antiguas y sucedió durante una fiesta de Navidad cuando aún jugaba para el City. Sin más, le apagó un cigarro en el ojo a Jamie Tandy, que por entonces jugaba en el filial, cuando pilló a este intentando prenderle la camisa. La cosa trascendió con los años. Tandy dio titulares como éste: "Joey Barton Turned Me Into Wife-Beater" (Barton me convirtió en un maltratador). Barton dio su versión que aún se puede leer en su página web bajo el título de "The Cigar Incident". Tandy, por cierto, se dedica ahora a ganarse la vida limpiando ventanas, pasa del fútbol, y hace poco fue detenido en Heathrow cuando intentaba coger un avión, probablemente para huír de sus responsabilidades tras ser acusado de golpear a su novia. 
Con ese currículo, alguien se tomará a mofa ahora que yo diga que Barton es un tío complejo. Pero lo es. Es un personaje de contrastes. Llegó a ser en una ocasión internacional, y luego la prensa se hizo eco de sus declaraciones críticas con muchos de los jugadores que participaron en el Mundial de 2006, a los que Barton acusó de aprovecharse económicamente después de dedicarse a publicar biografías tras el mundial. Lampard le llevó la contraria, Gerrard le alabó la sinceridad. Y precisamente por sincero nadie va a ganar a Barton. Confesó que tenía problemas con el alcohol pero, además, no oculta sus sentimientos aunque estos sean oscuros, peligrosos o viciados. Cuando aún no había terminado su experiencia en el Queen's Park Rangers pero se sospechaba el final, confesó que sentía que los aficionados no le tenían mucho aprecio y, en unas declaraciones que jamás esperaría escuchar en España, dijo que "I knew I'd come for money" (sé que vine solo por dinero) y que ésa era la razón de que toda esta experiencia hubiera estado torcida desde el principio. Cuando ya se supo que se marchaba a Marsella, declaró: "My slate's never going to be clean but I think I've found a football club who love me for being a bit of a rogue". Traducción pelín libre: "Nunca voy a limpiar del todo mi reputación, pero al menos ahora he encontrado un equipo que sé que aprecia, aunque sea un poco, que soy un pelín granuja". Quizás es que no hay granujas en el fútbol español, o quizás no haya granujas del calado de Barton, pero si los hubiera, tampoco creo que fueran capaces de decirlo así. 

No es solo por eso que Barton es un tío complejo. Hace ya tiempo que Barton dijo que quería revertir su imagen y convertirse en un modelo de buena conducta. Del todo no lo ha conseguido, pero se ha convertido en un fenómeno del twitter, gracias a sus muchos comentarios de carácter incendiario e ilustrado y su uso de citas de gente como Gandhi, Nietszche o Einstein. El debate ha llegado hasta el Telegraph y el Guardian... hasta al New York Times, donde hace poco publicó Benji Lanyado un artículo titulado: "Joey Barton's Twitter Philosophizing". Lee libros y habla de los libros que lee. Farda de su amistad con Noel Gallagher y es un fan confeso de The Smiths y de Morrissey y no se cansa de repetirlo y de hacer bandera de ello. Para acabar con la música, posee un caballo de carreras que se llama como una canción de Arctic Monkeys (si no os creeis toda esta información, la mayoría está en la Wikipedia). En una entrevista con Amal Fashanu (la hermana del futbolista John Fashanu) habló abiertamente de la homosexualidad, llegando a decir que lamentaba que aún no hubiera jugadores que confesaran su condición y que esperaba que esto ocurriera pronto. Añadía que uno de sus tíos es homosexual y que se sentía sensible con ese tema. Finalmente, escribe en The Big Issue, un periódico de calle (con sede en el Reino Unido pero que también se vende en Australia, Japón, Corea del Sur o Taiwan), que venden mendigos y donde escribe gente como, además de la columna de Barton, la autora de Shire Hell Rachel Johnson o la presentadora del Sunday Morning Live en la BBC One, Samira Ahmed. 

Un carácter difícil, una vida intensa, un personaje complejo con aparente talento para las cosas sencillas: tanto en el fútbol como en la mera observación. No le estoy justificando ni encumbrando: lo que ha hecho, hace o hará, lo ha hecho, lo hace y lo hará, y tendrá que apechugar por ello. De todas formas, tendré que agradecerle que, gracias a él, sé que Ibrahimovic tiene una napia de consideración. 
Mañana, por cierto, otro clásico, dicen que descafeinado, y éste que se supone que soy yo, que se supone que lleva un blog, que se supone que habla de fútbol, entre otra cosas, se lo va a saltar como está mandao. Luego vais, y si os apetece, ya me lo contáis. 

Por cierto, la foto es de Barton a lo Bradley Wiggins, con aspecto de mod sofisticado. Wiggins, por cierto dos, ha sido invitado por Roger Daltrey a todos los conciertos de la gira de The Who, según he escuchado hoy en Radio 3. Por cierto tres, la foto de Barton la he encontrado en google y parece que pertenece a la hemeroteca del Telegraph


2 comentarios:

Fat Lever dijo...

Magnífica entrada, qué buena lectura. Tipos como Barton sólo los da la Premier, ¿verdad?. Un saludo.

Holden Caulfield dijo...

Gracias, tío, se agradece. Sí, más allá del canal de la Mancha, parece imposible encontrar tipos como éste, al menos, de manera tan impune.