jueves, 2 de mayo de 2013

Juan Antonio Morales



... Abrisketa. Nacido en Bilbao en 1969. Nunca jugó en ningún equipo profesional de su ciudad. Salió de la cantera del colegio bilbaíno de San Ignacio de Loyola para marchar pronto a Badalona y comenzar su carrera en la cantera del Joventut. 8 temporadas en el Joventut (primero RAM, luego Montigalá, luego Marbella, finalmente 7Up). Un par de temporadas en el Real Madrid antes de emigrar a Grecia para jugar en el PAOK de Salónica, regresa a la ACB para jugar en el TAU Cerámica una temporada y vuelve a marchar a Grecia para jugar un año en el Panionios, volver al siguiente al PAOK de Salónica y acabar con un contrato temporal en el Vip Rimini de la liga italiana. Internacional con España, con sus 2'12 (o 2'11, depende de la fuente), el bilbaíno se convirtió en una referencia de una nueva época de pivots altos en el baloncesto profesional español: los Ferrán Martínez, Santiago Aldama, Carles Ruf, Antonio Martín...
   Durante la pasada final de Charleroi que enfrentó al Bilbao Basket con el Lokomotiv Kuban, Sergio Sánchez tuvo que atender a la prensa unos días antes de jugarla. Era el único jugador vizcaíno del partido. Su presencia en las rotaciones, sin embargo, es mínima. Ayuda en los entrenamientos, ocupa un puesto simbólico: es vasco, es vizcaíno, ¿es una especie en extinción?
Ahora mismo, en ACB, hay nueve jugadores vascos en las plantillas oficiales que se pueden repasar en acb.com. Algunos de ellos apenas cuentan con minutos, como el ya mencionado Sergio Sánchez, o los jóvenes guipuzcoanos del Lagun Aro GBC Julen Olaizola, ala-pívo de 20 y 2'02 y Mikel Motos, escolta de 20 años y 1'92, ambos de San Sebastián y quienes, al menos, aunque sea con pocos minutos en cancha, sí que han conseguido jugar unos cuantos partidos esta temporada. Menos ha jugado en el Laboral Kutxa el bilbaíno Unai Calbarro. Precisamente, este ala-pívto de 23 años y 2'05 metros de altura, sobrino, si no me equivoco, de un histórico del extinto Cajabilbao, Román Carbajo, estuvo en la órbita del Bilbao Basket, jugando en el filial con sede en Santurtzi, y precisamente ayer, durante el derby, disfrutó de algunos minutos. Nada, lo que se dice nada, ha jugado el jovencísimo, y última promesa de la cantera estudiantil, Darío Brizuela, de 18 años y 1'92 metros de altura. Un base donostiarra que, eso sí, ya ha entrenado a las órdenes de Txus Bidorreta en varias ocasiones. Con todo eso, solo nos quedan los veteranos, cuatro supervivientes que aún cuentan con roles muy importantes en sus equipos, dos bases y dos escoltas. Por un lado, el bilbaíno Javi Salgado, quien, a sus 32 años, sigue rompiendo récords en el Lagun Aro GBC y Ricardo Uriz, quien fuera compañero del bilbaíno, un pamplonica (sí, me he permitido el lujo de contar a los navarros para que, por lo menos, haya un poco de chicha) que juega ahora en CB Canarias. Ambos son de la misma generación. Los escoltas son Jon Cortaberría, escolta donostiarra de 2'00 y 31 años ya, que juega en ACB para el Fuenlabrada después de salir de la cantera de aquel histórico Siglo XXI País Vasco y del Unicaja de Málaga, y José Miguel "Txemi" Urtasun, ya sin la compañía de su hermano en ACB. El pamplonica, que también salió del Siglo XXI, juega ahora para el Unicaja de Málaga.
En LEB Oro, la segunda categoría del baloncesto nacional, son menos aún. Hay un par de navarros jugando en el Planasa Navarra. Iñaki Sanz, de 28 años y 1'90, natural de Pamplona y sobrino del gran delantero de la Real Sociedad Satrustegi, llegó a jugar algún partido con un contrato temporal en el Blu:sens de la ACB. El otro es Iñaki Narros, 32 años, 1'94, natural de Pamplona, y una pieza fundamental del equipo que dirige Ángel González Jareño. Hay un tercer navarro, Mikel Uriz, quien también pasó por la red del Bilbao Basket, un menudo pero habilidoso base de 23 años que ha jugado esta temporada para el Knet Clavijo riojano. He apuntado en la lista a Jesús Castro Romani, escolta del Melilla y de 30 años y 1'91, porque nació en Eibar, pero creo que fue casualidad. Castro es de El Ferrol, donde creció y comenzó a jugar al baloncesto. Un veterano de las categorías inferiores del baloncesto nacional, el durangués Sergio Alonso, un base de 1'80 y 32 años, juega ahora en el Leyma Natura de A Coruña, y, precisamente ahí, juega una de las viejas promesas del baloncesto vasco, el vitoriano Asier García Zengotitabengoa, con experiencia ACB en el Bilbao Basket quien, a sus 25 años, no pierde la esperanza de regresar a la máxima competición. El último sería todo un veterano, también con experiencia en ACB, Urko Otegi. A sus 31 años, el ala-pivot donostiarra juega ahora en el Palencia de LEB Oro.
Poco, ¿no? O solo me lo parece a mí. Hace poco entrevistaban en algún sitio a Jon Txakartegi, entrenador donostiarra que se pasara al masculino después de que Manel Sánchez, histórico del Dyc Breogán, le substituyera en el Hondarribia femenino, y que ahora hace de segundo de Sito Alonso en el Lagun Aro GBC junto con otro donostiarra, Lolo Encinas. Txakartegi comentaba en la entrevista que era necesario fomentar la cantera vasca, aprovechar esta oportunidad histórica con tres equipos en la categoría más alta del baloncesto nacional. Precisamente entrenadores vascos, sí que no faltan en el baloncesto profesional español, ya sean principales o ayudantes: Txus Bidorreta, Pablo Laso, José Ángel Samaniego, Pablo Alonso, Iñigo Zorzano, David Gil, Jota Cuspinera, Rafa Pueyo, Ibon Navarro, Gonzalo García de Vitoria, Natxo Lezkano...
Todo aficionado al baloncesto en Bizkaia, y probablemente en toda Euskadi, incluso los que simplemente son aficionados al deporte o a leer la prensa deportiva mientras desayunan, se habrán hecho eco de la polémica ayuda económica con la que la Diputación vizcaína ha socorrido las sufridas arcas del Bilbao Basket. Durante unos días se oyeron comentarios apocalípticos por parte de los dirigentes del equipo bilbaíno, algo incomprensibles para ciertos aficionados, que acabaron surgiendo efecto. Con el proyecto reflotado, toca ahora aprovechar este último aliento económico para reforzar las bases y mirar al futuro con renovada energía, se pierdan finales o se ganen. Ésa es la sensación con la que se ha quedado todo el mundo. 
Poco después de ese rescate, Roberto Calvo, periodista del Deia que generalmente cubre la información del club, publica un interesante artículo bajo el título de "La hora del abrazo". En ese artículo, Roberto Calvo repasaba la situación deportiva del baloncesto en la provincia más allá del ámbito profesional y recogía una opinión que, aunque no con mucho ímpetu, sí que comparten algunos aficionados al baloncesto en la provincia, muchos de ellos, socios del club (decir ciertos, algunos, muchos, sé que pervierte un poco mi empeño por lo factual y por lo certero, pero es que tampoco es esto un artículo sesudo ni tengo yo todos los datos). Desde que la familia Arrinda comenzara con este club, el Bilbao Basket no ha estado precisamente bien relacionado con los clubes de cantera de la provincia, ni se ha fomentado, al menos con el requerido compromiso, una estructura que trabajara en favor de la cantera baloncestística autóctona. Como se dice en el artículo, es innegable que el crecimiento del Bilbao Basket ha traído aspectos muy positivos: ha habido una subida en el número de fichas federadas y hoy mismo el gremio de la hostelería vizcaína se felicitaba por el rescate del club y lo justificaban aludiendo a los ingresos económicos que produce el club indirectamente. 
Durante unos años, el Santurtzi fue club convenido y dio cobijo a jugadores como Asier García Zengotitabengoa, Tomas Hampl o Mikel Uriz que combinaban entrenamientos con la plantilla ACB y con el club de la villa. Otros como Unai Calbarro o el propio Sergio Sánchez también pasaron por allí. Ya no existe ese acuerdo y, cuando se clasifican para la Copa, el club se las ve y se las desea para seleccionar y organizar un equipo con los mejores jugadores vizcaínos para la Minicopa. 
Yo sé que suena quizás a estribillo de canción folclórica o a utopía tremendista pero defiendo la necesidad de que los clubes cuenten con una estructura deportiva que trabaje con la cantera y fomente la educación deportiva de todos aquellos jóvenes que persigan ese sueño, lo logren o no. No es empeñarse en tener jugadores autóctonos, es intentarlo, y si se quedan por el camino, que, al menos, hayan tenido una educación deportiva y sana. Esa estructura repercutiría en beneficio del equipo profesional y en el de la sociedad que lo acoge. Al menos, esa es mi opinión, y, al parecer, la de Roberto Calvo, o parecida. Su artículo, que os recomiendo leer si os interesa el tema, repasa algunos nombres de jugadores que, a día de hoy, intentan que esas listas de ahí arriba medren en los próximos años:  Unai Mendikote, Borja Mendía, Ander Pérez, Jon Manjón, Jon Zearreta, Imanol Artiñano, Jorge Bilbao, Jon Peña, Xabier Arriaga, Xabier Arroitajauregi, Xabi López Arostegi (en la cantera del Joventut) o Iker Andía (en la del Valencia)... Muchos de ellos aún no saben ni que tienen sueños sobre esto de jugar al baloncesto, estarán verdes, y hasta de un verde fosforescente, se quedarán por el camino, al principio, o casi al final, pero no estaría mal que alguien les diera la oportunidad de intentarlo sin tener que seguir un camino retorcido y más largo aún de lo que ya es en línea recta.
Y, creo que, con esto, decir que ya tenemos semifinales de Euroliga, que el Laboral Kutxa fue mucha labor para el Bilbao Basket ayer, que Kobe Bryant debería dejar los tweeters, Jason Collins, por supuesto, del que quizás hablaremos más adelante... y más y más, creo que voy a dejar el baloncesto por unos días, que ya llevamos bastantes entradas consecutivas y, además, anda por ahí uno intentando conseguir un balón de baloncesto para que hagamos el ridículo una mañana de fin de semana, así que igual es mejor que deje de escribir de ello y me ponga a entrenar, aunque sea con una bola de papel y la papelera, a tablero con la pared del estudio. Voy payá.

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