domingo, 12 de mayo de 2013

Manuel Almunia



Ayer por la noche, nos reíamos. Luego, nos pusimos serios. Hablábamos de esto, de lo otro. Alguien dijo que no entendía muy bien la pasión que levantaba el fútbol. Entre otras torpes razones que buscamos los que si lo sentimos, aunque no nos paremos a intentar entenderlo, para explicarlo como pudimos, recurrimos a la justificación de que muchas veces, el fútbol es algo más que el fútbol. Va unido a gente a la que echas de menos, a tiempos que añoras, o a otros por los que suspiras. Hoy, por ejemplo, ha ocurrido algo de eso. El equipo del que soy socio se jugaba sus opciones de playoff en casa, con cinco mil personas en la grada, un gran ambiente y mucha ilusión. Una porción de ella, estaba en otro campo. Las cosas no iban bien. El otro candidato ganaba. Nosotros empatábamos. Los ataques eran desesperados y la esperanza menguaba. Menguaba. Y en el minuto noventa y tres un penalty, no me preguntes si existió o no, nos ha dado el gol que ha traído la victoria y que ha alargado la ilusión una semana más. Es un deporte. Es una competición. Pero, en el futuro, recordarás ese día: el sol sobre el césped, el colorido de la grada, la algarabía de los niños, y, sobre todo, los compañeros de fila, los abrazos, las caras, los comentarios, la esperanza y la desesperación compartidas entre todos. La próxima vez que me pregunten lo mismo un sábado de fiesta quizás me acuerde de este día, por muy poco que suponga en la inmensidad del universo futbolístico.  
Pues si eso ha pasado en el humilde campo del pueblo donde vivo, ni saber quiero cómo estarán aún celebrándolo algunos en Watford, una ciudad a unos treinta kilómetros al norte de Londres. Y es que la segunda división inglesa, o First Division o The Football League, o como quiera que se llame ahora, está que arde, con varios equipos inmersos en la lucha por el ascenso, en conseguir la última plaza para acompañar a Cardiff City y a Hull City como nuevos equipos de la Premier League. Los galeses del Cardiff City lo consiguieron ya hace tiempo, devolviendo al equipo a la máxima categoría cincuenta años después. Dicen que ahora el Everton se plantea fichar a su entrenador, Malky Mackay para corregir la pérdida de David Moyes. Mientras que los del Hull City tuvieron que esperar a ver por televisión como Watford y Leeds United empataban para desatar el júbilo. 
Tal y como está organizada la competición, los dos primeros de los veinticuatro equipos que disputan la liga suben de manera directa. Los otros cuatro que quedan entre los seis primeros disputan un playoff tras el que solo uno, el que gane el partido final a un único partido que se disputa en Wembley, compartirá la alegría que ya se vivió en Cardiff y Hull. Watford, que acabó tercero, Brighton & Hove Alvion, cuarto, Crystal Palace y Leicester City, quinto y sexto, acabaron en las posiciones para disputar el playoff. Watford contra Leicester City y Brighton contra Crystal Palace. 
La eliminatoria entre el Crystal Palace y el Brighton de Gustavo Poyet, donde juegan los españoles Bruno Sartor, Andrea Orlandi, Iñigo Calderón, Vicente Rodríguez y David López, amén del ex del Almería Leo Ulloa, está a la espera del partido de vuelta. En el de ida, empataron a cero. En la final de Wembley se encontrarán con el Watford que preside el italiano Raffaelle Riva y dirige su compatriota Gianfranco Zola.  Un equipo internacional, con jugadores ingleses, escoceses, suizos, irlandeses, cameruneses, checos, ganeses, italianos, brasileños, galeses, jamaicanos, suecos, belgas, franceses y un español. Un navarro de Iruña que empezó en el Oberena para acabar con pasaporte británico y una larga carrera en las islas. El exportero de la cantera del Osasuna, el Cartagonova, el Sabadell, el Eibar, el Recreativo, el Albacete, el Arsenal (8 temporadas y algo más de 100 partidos en la Premier) y el West Ham juega ahora a los órdenes de Zola y este mismo fin de semana se ha convertido en un ídolo para la afición de su equipo. 
Si yo y mis compañeros de fila estallábamos de júbilo en el descuento de un partido de segunda b para conseguir clasificarse para el playoff de ascenso a segunda división, imagínate la excitación y la tensión que podía existir en las circunstancias que han llevado a Almunia a convertirse en un héroe. 
El Watford perdió 1-0 en el partido de ida en Leicester. En el de vuelta, el checo Matej Vydra adelantó a los de Zola, pero David Nugent empató para el Leicester City. En el segundo tiempo, Vydra volvió a adelantar al Watford pero el 2-1 no servía por el valor doble de los goles en campo contrario. En el descuento, la afición del Watford veía como sus ilusiones se desvanecían cuando el árbitro señalaba un penalty en contra de su equipo. Anthony Knockaert se plantaba delante de los once metros dispuesto a acabar con la eliminatoria cuando el marcador ya corría por el minuto 96. Sin embargo, Almunia no solo acertaba a parar el penalty, si no que, a bocajarro, volvía a detener el rechace que caía a los pies de Knockaert y, su despeje, para rizar el rizo y hacer posible lo imposible y, de paso, el delirio de su afición, caía a los pies de un compañero que se lanzaba poseído al ataque para crear una jugada icomprensiblemente perfecta que terminaba con un pase letal a los pies de Troy Deeney que no desaprochaba la oportunidad para saborear la gloria. Un final casi tan increíble como aquel que hizo llorar a todo Munich. 
Seguro que si, dentro de unos años, a alguien del Watford le preguntan lo mismo que me preguntaron a mí ayer, seguro que se acuerda de Manolo Almunia, como yo me acordaré de Joseba Arriaga y como me acuerdo, por todo lo contrario, de Radamel Falcao y de Toni Doblas, y alguien del Leicester City igual se acuerda también de Manolo Almunia aunque su recuerdo sea triste pero igual de trascendente. Y por eso el fútbol levanta pasiones. Pasiones que te hacen llorar: a veces de pena, y otras, las menos para algunos, de alegría.

2 comentarios:

Ricardo Fernández dijo...

Brutal el vídeo! Gracias por enlazarlo Holden.

Por cierto, me gusta el nuevo estilo que les has puesto al blog. Se lee mejor. Antes con el fondo negro y las letras blancas se me quedaban los ojos un poco chungos.

Ricky

Holden Caulfield dijo...

Aupa tío. Ésa era la intención. A mí también me cansaba la vista y he preferido la sencillez a perder el tiempo en cuestiones estéticas que luego dan más problemas que resultados. Gracias. Un abrazo.