jueves, 5 de septiembre de 2013

Dontaye Draper



Yo no tengo facebook. No sé si Draper lo tendrá, la verdad. No tengo facebook, pero tengo a gente cerca que sí lo tiene y, de vez en cuando, para llenar los huecos vacíos, me informa de cosas curiosas o interesantes que se encuentra en esa red social. Hoy me ha dicho, mira lo que ha escrito RL (solo uso inciales porque no he pedido permiso), y RL es un amigo que tenemos en común, y luego me ha mandado el link por correo electrónico. 
RL ha sido uno de los muchos que ha sucumbido al embrujo de The Wire, la serie de televisión escrita al alimón entre David Simon y Edward Burns. Pero RL no es capaz de quedarse complacido con el sabor agridulce que te produce el final de la serie. Dulce porque acabas de disfrutar de uno de los mejores productos de ficción, en cualquier expresión creativa que se te ocurra, del siglo XXI (aún falta mucho para que termine, es cierto), y amargo porque se acaba, y aunque te hayas comprado la colección completa de dvds, sabes que una segunda vez ya nunca podrá ser lo mismo. Así que RL se ha lanzado a leer, a leer sobre lo que ve, o vio, y entre otras cosas, se ha topado con una entrevista a Dontaye Draper en el recomendable magazine cultural Jotdown. En concreto, el artículo que mencionaba en facebook es una entrevista que Dontaye Draper le concede a Javier Gómez para el susodicho magazine. Una entrevista en la que, aunque se hable de baloncesto, se habla de mucho más, de Lexington Terrace Projects, el barrio de West Baltimore donde Draper creció y donde se sitúa la trama argumental de la serie de la HBO, de la rivalidad entre el este y el oeste de la ciudad, de su amigo Carmelo Anthony, de su experiencia europea...
Es difícil que yo pueda añadir algo más. Es difícil decir algo nuevo sobre una serie de televisión que ya mantiene ocupados a unos cuantos doctorandos y a investigadores que reflexionan sesudamente sobre todo lo relacionado con The Wire. Es incluso complicado añadir algo nuevo sobre la relación entre el baloncesto y la serie. Hay artículos publicados en castellano al respecto y fácilmente accesibles en internet. Si sabes inglés, tienes aún más que leer. Aunque el fútbol americano o el boxeo parezcan tener más presencia en la serie, hay hasta quien ha hecho un ránking de los momentos baloncestísticos más interesantes en todas y cada una de las temporadas que duró en el aire. Incluso, en un verano como este último que acabamos de sudar, donde, sin previo aviso, se han puesto de moda las camisetas sin mangas de equipos de la NBA, te diré que he visto a un par de tíos con camisetas retros de Artis Gilmore y de Wes Unseld que, precisamente, aparecen en la serie para deleite de los aficionados más incorregibles. 
Por supuesto, no te será difícil encontrar en internet referencias a todos los jugadores de baloncesto profesional que nacieron o se criaron en Baltimore, ya fuera en el Este o en el Oeste. Ya fuera en barrios aburguesados o en los bloques de apartamentos de los barrios periféricos. David Wingate, Tyrone Bogues, Gary Neal, Ken Banister, Reggie Lewis, Bernard Hopkins, Sam Cassell (curiosamente, la mayoría de estos eran del Este)... En algún lugar, he leído que Baltimore es la ciudad de los Estados Unidos con más jugadores en la NBA y que no posee un equipo de baloncesto profesional.
Quizás los más conocidos hoy en día sean Rudy Gay y, sobre todo, como no, Carmelo Anthony. Rudy Gay creció en el este, y quizás porque creció protegido por su familia y por sus amigos, y porque no vivió en la médula del problema, no ha demostrado la misma admiración por la serie que sus vecinos sí han confesado. En una entrevista a un medio británico, hace un tiempo, le leí como decía que lo que se contaba en la serie era un poco exagerado y que, aunque reconocía su calidad, no había visto más que unos pocos capítulos. Aunque sea del este, Gay suele colaborar en los proyectos solidarios que Carmelo Anthony organiza en Baltimore durante la época veraniega. El propio Draper lo confiesa en la entrevista de Javier Gómez, que le dejan porque, aunque sea del este, es del extrarradio.
Carmelo Anthony no nació en Baltimore pero creció en B-More y aún regresa a menudo. Él sí ha confesado ser un admirador de The Wire (la foto de arriba lo corrobora, se ve a Carmelo Anthony y a varios actores de la serie a quienes invitó a una fiesta que él mismo organizó). Hace solo un año, descubrió los peligros de su fama cuando se aireó un vídeo en el que platicaba amigablemente con un presunto camello en las calles de West Baltimore. La prensa más crítica con el gabinete de Barack Obama, utilizó ese vídeo para atacar al Presidente, cuando éste se fue de cena con Carmelo Anthony y otros jugadores y ex jugadores de la NBA para recaudar fondos. El sambenito de paladín de la droga amenazó con quedarse tatuado en el pecho del jugador de origen boricúa. Russ Limbaugh, un periodista de confesas simpatías con el Partido Republicano, aprovechó el vídeo para resaltar un comentario jocoso de Carmelo Anthony y convertirlo en un argumento censurador: en el vídeo, Melo explica, entre risas, que la medalla de bronce que consiguió en Atenas 2004 la acabó tirando a un lago. Por supuesto, suena a bravuconería barata o astracanada alocada, pero no chirría si pensamos que el protagonista es Carmelo Anthony, un chaval que creció en "The Pharmacy", al que no le gusta perder, al que todo le parece poco; un chaval que se encara con Kevin Garnett y le espera en la puerta del autobús; un chaval que, como bien explica Draper, siempre llevará West Baltimore dentro por muy lejos que marche. 
Draper y Anthony hablan un par de veces a la semana, por lo menos, eso dice el jugador del Real Madrid. No sé si tienen facebook. Jimmy McNulty seguro que no lo tenía. Le gusta llamar desde las cabinas, incluso dormir en ellas. A Draper y a Anthony la factura de teléfono no les tiene que salir barata, pero ya no tienen problemas de dinero. Aunque vuelvan a los projects, consiguieron salir de ellos. Los dos lo hicieron gracias al baloncesto aunque, en un primer momento, querían intentarlo con el fútbol americano. En cualquier caso, Draper tendrá esta temporada la oportunidad de charlar, y no por teléfono, con otro vecino que también ha visto The Wire. Joey Dorsey regresa a la liga ACB para intentar, a la segunda, triunfar, aunque sea, esta vez, en Barcelona y no en Vitoria-Gasteiz. Dorsey también creció en West Baltimore y su historia podría haberla escrito David Simon. El padre les abandonó cuando él tenía dos años y su madre se deslomó para que el talento baloncestístico germinara en un futuro halagüeño para su hijo. Evitó las tentaciones más fáciles e inmediatas y acabó por convertirse en el primero de su familia en terminar el instituto. Si en la entrevista de Jotdown Draper afirma que el secreto de The Wire es que solo exagera "una pizca", Joey Dorsey comparte la opinión. Mientras aún jugaba en la NCAA, le entrevistaron en la ESPN. Cuando le preguntaron su opinión por la serie de Omar Little (tenía que mencionarlo, entre otras cosas, por una reflexión que he leído también por ahí: ¿habrá alguna vez un personaje ficticio tan abiertamente homosexual que levante tanta simpatía entre los deportistas profesionales masculinos?), Dorsey (no recuerdo sus palabras exactas y me da pereza regresar a la fuente, confiad en que se parecen a las que siguen) fue claro: dijo que no se ajustaba a la realidad porque... simplemente, ésta era peor.
No había mucho que decir, ¿verdad? Es lo que tienen las teclas del ordenador a la 1:31 de la madrugada. Lo que tiene la falta de sueño. Lo que tiene la vida. La vida, decía ella, es una tómbola. Otros dicen que una noria, y sí que da vueltas. Creces, vas, vienes. Todos sentimos el influjo y el rechazo. Amamos el barrio, queremos marcharnos lejos. Draper lleva tatuado en sus muñecas el recuerdo de su ciudad, de un barrio que le ha marcado y que ha llegado a convertirse en un espacio sentimental con aroma de hogar para muchas personas que jamás han visitado esa ciudad y que, probablemente, no lo hagan nunca, todo gracias a una serie de televisión que no intentaba cautivar ni convencer ni enamorar. Sí, es paradójico. Igual que es paradójico que alguien que se tatúa en la muñeca el prefijo de una ciudad de la costa este norteamericana acabe defendiendo los colores de la selección de Croacia, viva en Pozuelo, Madrid, y lo haya hecho antes en Australia, Francia, Bélgica, Italia y, por supuesto, Croacia y España. Pero a la paradoja hay que abrazarla, igual que se abrazaban McNulty y Bunk, sin hostias.


La foto corre gratis por internet y yo me he topado con ella en varios artículos y en una búsqueda simple en las imágenes del google. Aparece firmadas por Getty Images y, en concreto, la fuente que yo he usado para la mía proviene blogs.thescore.com.

2 comentarios:

RL dijo...

Pues nada, de un mísero enlace que descubro siguiendo la enfebrecida pista baltimoriana derivada de The Wire y que comparto apostillando un humilde "Recomiendo su Lectura" a este maravilloso análisis deportivo-sentimental.

Sólo puedo decir gracias, Holden.

PD: hacía mucho que no entraba a este tu blog (bueno, al otro también hace bastante, pero ahora le pongo remedio) y desconocía la existencia de esa carrera popular que se ha organizado para el 12 de octubre... Y, dicho lo cual, es muy posible que me apunte.

Salud!!

Holden Caulfield dijo...

Jaja. Pues anímate, claro. Llevamos ya tres años organizándola, la mayoría somos conocidos, pero no todos, y todo el mundo es bienvenido, por supuesto, así que ya sabes... invitado estás.