martes, 2 de octubre de 2018

Alejandro Valverde



Fue un mundial muy excitante, la verdad. Aplaudo a los organizadores, o a quien decidiera el recorrido. Ver a ese tipo de corredores disputándose un mundial fue alentador. Tres años consecutivos llevaba ganándolo Peter Sagan y tuvo el bonito detalle de subir a ponerle la medalla a Alejandro Valverde que, a estas alturas, ya sabemos todos que ganó. El propio Sagan lo dijo, en algún sitio, que estaba bien que también ganaran los escaladores. Fueron cinco últimos kilómetros de clase y emoción, viendo a gente fuerte intentándolo, otros desfalleciendo, y asistiendo a la clase de rodador y al mucho pundonor y sangre fría que tiene Tom Dumoulin. Romain Bardet y Michael Woods, excepcional este último en la rampa final, fueron dignos rivales. No era fácil para el murciano Alejandro Valverde: fueron 500 metros de mucha presión, de muchos otros intentos antes que no salieron bien. Pero esta vez sí. Los datos no dejan lugar a dudas: plata en 2003 y 2005, bronce en 2006, 2012, 2013 y 2014. Todos esos metales, todos esos segundos o minutos que le faltaron para cambiar el material de la medalla, tenían que pesar en esos pocos metros finales. Pero no lo hicieron y ganó. 

Se le veía muy humilde y emocionado tras haberlo conseguido. Valverde tiene 38 años. Como comentaban en NBC Sports a las pocas horas, se había convertido en el segundo corredor más veterano en ganar un Mundial. Solo Joop Zoetemelk en 1985 era mayor que él cuando se convirtió en campeón del Mundo. Y solo por unos meses. Es, además, Valverde, el ciclista que más veces ha estado en el pódium de un mundial y el que más medallas ha conseguido. 

Con la suya, la selección de España consigue su sexta medalla de oro. Tres las consiguió Óscar Freire, y las otras las lograron dos corredores vascos, Abraham Olano e Igor Astarloa. Astarloa con aquel ataque definitivo en Hamilton, dejando en la picota a Paolo Bettini, y en la que Alejandro Valverde conseguiría su primera plata. La de Olano, quizás la más épica, llegando pinchado en Colombia, venciendo a rivales de la clase de Miguel Indurain y Marco Pantani, que serían segundo y tercero. Freire sorprendió a todos en Verona, repitió en Lisboa, y volvió a ganar en Verona cinco años después por delante de Erik Zabel y Luca Paolini. Hasta Valverde, las victorias españolas se consiguieron en una franja de diez años, de 1995 a 2004. Eran 14 años ya sin ganar, aunque, en ese ínterin, Valverde se cansó de ser tercero, fue segundo en 2005 y ambos puestos los saboreó también Joaquim Rodríguez. Lo decía Javier Mínguez, el veteranísimo seleccionador español, que esto era historia del ciclismo español, pues sí. Seis son pocos. España aún está muy lejos de las 119 medallas italianas y de las muchas que han conseguido selecciones como Bélgica, Holanda, Francia o Alemania. Países como Australia, Rusia y Estados Unidos tienen más medallas en total que la selección española. 

Valverde lucirá el maillot durante todo un año. No parece que vaya a retirarse con él puesto. Es bonito lucirlo, aunque alguno diga que trae consigo una maldición. Ayer decían que quería lucirlo ya en Lombardía. Incluso, en alguna de las muchas entrevistas que ha concedido tras la victoria, le puso una posible fecha a su despedida: los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Queda lejos, se retiraría con 40 años. Pero, ¿por qué va a pensar en la retirada un corredor que, este mismo año, encabeza el ranking UCI con 3963 puntos y que ha conseguido catorce victorias, incluyendo dos etapas en la Vuelta a España y el campeonato del Mundo? Invita a pensar que aún tiene recorrido, ¿verdad?

No vamos a repasar su carrera deportiva, recordar sus éxitos y los puntos oscuros de la misma, ni hacernos eco de todo lo que ya se ha venido diciendo de él estos días. Solo queríamos que quedara aquí registrado, porque, la verdad, dicen que no fue el mundial más duro, ni el más épico, pero fue un mundial entretenido, excitante y disputado, y merecía un hueco en este blog. Personalmente, seguimos quedándonos con aquel grito de ¡va pinchado! mientras Abraham Olano pedaleaba a ciegas y la cámara no acertaba a enfocar la rueda, pero, sin duda, este también se aúpara al pódium de nuestros recuerdos ciclísticos. 

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