miércoles, 3 de agosto de 2011

Gerald Asamoah

No pretendo volver a aburriros con mis vacaciones, pero había una última cosa que contar. Voy al grano. El último día que estuvimos en Berlín, nuestro avión no salía de Tegel hasta las siete de la tarde. Así que a eso del mediodía, hicimos las maletas, pedimos que nos las guardaran en recepción y nos fuimos a dar un último paseo. Elegimos lo que los vecinos llaman el pequeño Estambul, la zona turca, en el barrio de Kreuzberg. Por supuesto que no éramos los únicos turistas merodeando por las calles, pero todos parecíamos compartir cierta desorientación. Aquel no es el barrio más turístico, aunque cuentan que es uno de los mejores para vivir la noche berlinesa.


Paseábamos con los ojos bien abiertos, el andar cansado y atentos a cada detalle. El barrio tenía el mismo hipnótico atractivo que ya habíamos visto en otras partes de la ciudad: cierto aire desaliñado, por usar una palabra amable, que no daba sensación de inquietud. Todo lo contrario. Íbamos mirando los escaparates: pescaderías con rótulos en musulmán, viejas librerías llenas de encanto, tiendas de discos que reverberaban con los watios a toda potencia... En una esquina, una tienda de ropa resumía el carácter del barrio: camisetas oscuras, últimas tendencias góticas, pulseras de pinchos y en la última ventana del escaparate, todo un museo del merchandising: el rincón del aficionado del Sankt Pauli.


Espera, para, le dije, ¿tienes la cámara? ¿Qué quieres fotografiar?, me contestó con cara de extrañeza. Sácale una foto al escaparate. ¿Al escaparate? Sí, por favor, es para luego enseñárselo a M.


Y es que, y aquí damos un salto al vacío en el tiempo, ver aquel escaparate me retrotrajo al último partido de liga de segunda B en Lasesarre. M y yo, que aguantamos hasta el final, decidimos bajar con media hora de antelación para tomarnos unas cervezas y despedir la categoría con respeto. Al entrar a la sede del club social del club, que está en una esquina del campo de fútbol, nos quedamos asombrados con el cambio. No nos habíamos enterado de que habían cambiado de dueños, y ahora la sede del club era una suerte de refugio proto-punk. La estética no nos sorprendió, porque ambos crecimos en la margen izquierda cuando los noventa guardaban los últimos rescoldos de una época, la de los años ochenta, que nos llegó en sordina pero aún con cierta potencia. Nos sorprendió verlo allí. Mientras compartíamos un katxi, le dije a M, ¿a que vamos a convertirnos en el equipo más punk de Europa? Y M me contestó muy seguro: ¿ésos no son los del Sankt Pauli? Así que, y saltamos otra vez hacia delante, delante de aquel escaparate en Berlín, me acordé de M y le obligué a I a sacar las dos fotos que cuelgo al final de la entrada.


Y es verdad, no somos el equipo más punk de Europa.


El Sankt Pauli es un equipo con sede en uno de los barrios rojos más famosos de Europa. Un barrio cercano al puerto de Hamburgo, donde aún se recuerdan los tiempos de gloria cuando, en el Star-Club, tocaron The Beatles o The Who. Además, de, entre otros, Jerry Lee Lewis, Bill Haley, Little Richard, Eric Burton, Frank Zappa, Jimi Hendrix, Chuck Berry… En 1987 se demolió el edificio. Pero Sankt Pauli sigue siendo un barrio multicultural, con una gran actividad teatral, arte en pequeñas galerías, mucho squatter, prostitutas y un alto índice de inmigración. Allí está el Millerntor Stadion, donde juega sus partidos domésticos el Sankt Pauli.
El club tiene secciones de rugby, fútbol americano, béisbol, bolos, ajedrez, ciclismo, balonmano, futbolín y tenis de mesa. Pero la más famosa es la de fútbol, aunque la más gloriosa sea la sección femenina de rugby. El equipo fue fundado en 1899, pero no jugaron un partido hasta 1907 y oficialmente se señala 1910 como fecha de fundación. Cuando se fundó la actual Bundesliga, en 1963, ellos no accedieron, pero lograron entrar en 1977. Desde entonces, se repiten los ciclos deportivos del equip: ascensos, descensos, problemas económicos...


En los ochenta, el club comenzó a forjar una leyenda extradeportiva que le he convertido en un club especial y distinto. Tomaron ideales anarquistas, comunistas y socialistas, después de que la hinchada, con el cambio de sede al barrio rojo, empezara a cambiar el aspecto de los graderíos. Se prohibieron, primer equipo, los símbolos fascistas y las actividades nacionalistas. Los hinchas, que empezaron a componer el mosáico tan original que ahora se relaciona con el Sankt Pauli, adoptaron el cráneo con huesos cruzados como emblema no oficial del equipo hasta convertirlo en lo que es ahora, un símbolo que supera la frontera del fútbol alemán. De 1.600 espectadores de media en 1981, pasaron a 20.000 en los 90.


El equipo, en lo deportivo, siguió con sus tendencias: volvieron a ascender y descender. A principios de los 90 sufrieron una nueva crisis económica, y la hinchada organizó una venta de camisetas que fue todo un éxito: 140.000 camisetas vendidas en seis semanas. Además de poner en marcha varias actividades benéficas, algunas en las que asomaba las ideas políticas de izquierdas preponderantes entre la hinchada.
El año pasado jugaron en la Bundesliga tras lograr un ascenso meritorio, pero no consiguieron mantener la categoría y la próxima temporada volverán a intentar ascender.
Como ya ha quedado claro, uno de los atributos que hace a este club tan especial es su hinchada, que se declara, bajo estatutos, como antirracista, antifascista y antisexista, por lo que han tenido varios conflictos con neonazis y hooligans. Un dato a tener en cuenta, dicen que es el club con mayor número de admiradoras por sus posturas feministas. En 2002, se retiró del estadio la publicidad de la revista para hombres Maxim tras las quejas de la afición por su utilización de la figura femenina. Un estudi reciente concluyó que el club posee más de once millones de fans por todo el mundo. De hecho, en Arrasate, hay una peña del club, llamada Beste Bat!, y en Valladolid, se encuentra una de las peñas no alemanas más grandes, la Peña El Grano. En resumen, el club se ha convertido, en un símbolo mundial del punk y otras subculturas.


Y aquí llegamos a la música. Para empezar, he leído que los partidos de casa se abre con "Hells Bells" de AC/DC y que después de cada gol se pone la "Song 2" de Blur. Además, los artistas internacionales que han confesado su afinidad con el club son varios: Asian Dub Foundation ha vestido, en directo, los jerseys típicos de la afición. Bad Religion jugó un partido amistoso contra el tercer equipo. Turbonegro hizo una versión especial de una de sus canciones más famosas con la letra cambiada para dedicársela al Sankt Pauli. Sascha Konietzko, el líder de la banda de rock industrial KMFDM, es un fan, igual que Andrew Eldritch, líder de Sisters of Mercy, grupo de rock gótico. Art Brut tiene una canción titulada como el club. Igual que Talco, el grupo de ska combat y folk-punk italiano. El bajista de Sigur Ros también sale en los conciertos con la camiseta. Igual que el guitarrista de The Gaslight Anthem o el guitarrista de Editors, al que se le ha visto en directo con la calavera. El cantante de Swearing At Motorists la tiene en su guitarra.


Hoy en día, el presidente del club es Steffen Orth, que ha substituido a todo un personaje del barrio portuario de Hamburgo, Corny Littmann, quien actuó como presidente del club hasta hace bien poco, después de salvarlo de una última crisis económica a base de estrategias limitadas de márketing y merchandising, porque los aficionados del club, con quien se consulta la gran mayoría de decisiones institucionales, rechaza las posturas capitalistas más habituales dentro del mundo del fútbol. De hecho, se evitó que el estadio cambiara su nombre por el de una empresa para así recaudar más dinero. Cuentan que los aficionados prefieren jugar en tercera a seguir las posturas económicas de otros clubes más poderosos. Littmann, por cierto, un exitoso artista de teatro y empresario (posee teatros en el barrio de Sankt Pauli) declaró abiertamente su homosexualidad.


Por último, es bien conocida la afinidad de este club alemán con la hinchada del Celtic de Glasgow, así como con el equipo argentino Club Atlético Platense, esta última, basada en que son dos de los poquísimos equipos en el panorama mundial que comparten colores: franjas marrones y blancas. Al contrario, la rivalidad más enconada se mantiene con sus vecinos ricos, el Hamburgo, y con otro equipo de la primera división alemana, el Hansa Rostock, ya que, históricamente, este club a contado con una amplia hinchada de tendencias fascistas y racistas, según he podido leer.


De hecho, y ya vamos terminando, sí, que la entrada, como siempre, amenaza con ser demasiado larga, si no lo es ya, Gerald Asamoah, primer jugador de raza negra en debutar con la selección alemana, vivió una de sus peores experiencias futbolísticas, cuando su equipo, el Schalke 04, goleó al Hansa Rostock, incluyendo dos goles suyos, y tuvo que escuchar los insultos racistas que recibía desde la grada. Era el año 2006. Ahora, Asamoah, a sus 32 años, y después de una larga carrera en Hannover 96, Schalke 04, y la temporada pasada en nuestro equipo protagonista, el Sankt Pauli, con quien no consiguió evitar el descenso, está en el paro y participará en uno de esos campamentos para jugadores profesionales sin contrato que también se han puesto de moda en la liga española.


Por cierto, la temporada pasada, con el regreso del Sankt Pauli a la Bundesliga, uno de los alicientes era volver a vivir el derby contra el Hamburgo, pero, otro, era ver si la rivalidad, un poco perdida tras años de no coincidir, con el Hansa Rostock seguía en pie. La estrella del ascenso del año anterior, Deniz Naki, un joven de origen turco, celebró uno de los goles del Sankt Pauli dirigiéndose a la hinchada del Hansa Rostock con un gesto que le costó cuatro partidos de sanción: se llevó una mano al cuello y con uno de sus dedos, imitó el filo de una navaja recorriéndole la garganta.


Ahora, van las fotos, y, probablemente a la tarde, escribiré otra entrada que me apareció por sorpresa mientras buscaba información del Sankt Pauli por internet.




2 comentarios:

M dijo...

Muy buena entrada HC!! Me ha gustado un montón!!!
La pena que no se hayan metido en uefa y jueguen contra el Athletic, ya habría sido la leche.
Hablando de otra cosa, hay que ir mirando la pormaratoniana...
Hablamos y un saludo tanto a ti como a I.

Holden Caulfield dijo...

Tenemos que hablar, sí, porque la gente empieza a meter caña.