martes, 18 de julio de 2017

Haimar Zubeldia



Los días de descanso del Tour siempre dan juego. Las ruedas de prensa suelen ser jugosas. Según cuentan, los representantes también están muy activos este día. Sin embargo, una de las ruedas de prensa que se han dado hoy, de verdad, no me la esperaba. 
Creía que no iba a llegar nunca. Parecía que Haimar Zubeldia iba a ser eterno. 
Pero no es así, por supuesto. Con 40 años, dice que se marcha en la Klasika. Mejor escenario no podía tener: en casa, con un pelotón internacional, y después de disputar su último Tour. 
Su último Tour que hace el número 16. Se queda a uno de igualar los 17 que hacen el máximo de un ciclista y pasar a los libros de historia, pero, ¿para qué? Como él mismo ha dicho hoy, cada corredor hace su carrera y Zubeldia ha hecho la suya sin tener que añadir un año más para decorarla con récords. Su carrera quedará en la memoria. Sobre todo, en la memoria de los aficionados que saben mirar más allá de los trofeos, los enfoques de la cámara, los maillots dorados y tricolores y toda la parafernalia del éxito. 
Haimar Zubeldia es uno de los elegidos, de la grupeta de corredores silenciosos, con aire de clásico, empeñados y sólidos que siempre le han gustado a todos los aficionados al ciclismo. 
Cuando empezó tampoco tenía punta de velocidad, pero destacaba en la lucha contra el reloj. De una manera sorprendente (al menos desde fuera) fue perdiendo en esta especialidad todo lo que ganó en la montaña. Muy al principio de su carrera creíamos que teníamos un ganador de carreras de tres semanas, pero no lo fue. Nunca estuvo cerca de ganar una, pero siempre estuvo cerca de los que las ganaban. Se enfrentó, además, a grandes rivales en una de las épocas más vistosas, y, al final, más oscuras, del ciclismo profesional. Formó parte de esa pasión naranja por el ciclismo vasco que inundó las cunetas de los Pirineos y de cuyos rescoldos algunos aún siguen soñando con crear algo que repita la historia de nuevo. Esa fue la época dorada de ese equipo que todos los aficionados vascos guardan en la memoria. Y él estuvo ahí. Haciéndonos soñar acompañado de Iban Mayo, afilado y pertinaz, siempre agarrado al grupo de los elegidos. El último en caer. Estrechando el hueco. Te pasabas gran parte de la retransmisión buscando la curva que ya habían dejado atrás los favoritos. Y por ahí aparecía Zubeldia. 
Este de 2017 es su decimosexto Tour de Francia, como decíamos. Estuvo apunto de no correrlo, pero a su compañero André Cardoso le sancionaron. Desde 2001, solo se ha perdido un Tour, el de 2010. Es decir, de los dieciocho Tours que se han corrido en el siglo XXI solo se ha perdido dos. Y en todos esos años, y a la espera de lo que suceda en este (ocupa el puesto 44º), su peor puesto ha sido el 73º de su debut. Ha hecho cinco veces entre los diez primeros, 5º en 2003, 8º en 2006, 4º en 2007, 6º en 2012 y 8º hace solo tres años, en 2014. No son resultados al alcance de cualquiera. En la Vuelta a España los resultados no son tan buenos, aunque ha disputado una docena de ellas y su debut en el año 2000, su primera grande también, fue una bocanada de aire fresco para el ciclismo vasco, ya que alcanzó un esperanzador 10º puesto. Nunca lo ha mejorado. Aunque eso sí, excepto las dos ocasiones en las que abandonó, siempre ha hecho entre los cincuenta primeros. En el Giro de Italia, solo ha participado en una ocasión, en 2005, y fue 49ª, lejos del ganador Paolo Savoldelli. Nunca ha ganado una etapa, pero subió al pódium de París como componente del mejor equipo del Tour. Y, sin duda, forma parte de las imágenes históricas del cambio de siglo. 
También brilló en otras pruebas durante la temporada, sobre todo, en Francia. Su favorita, quizás, era la Dauphinè Liberè, una carrera donde brilló desde el principio. Ya en 2000, fue líder y acabó segundo en la general, justo por detrás de Tyler Hamilton y por delante de Lance Armstrong. No sería su única buena actuación en esta prueba. También fue 7º en la Klasika, donde precisamente dirá adiós. Fue en la edición de 2005, cuando se metió en la escapada buena pero no pudo seguir el ritmo de Tino Zaballa en Miracruz. En la Vuelta a Murcia o la Vuelta a Asturias también destacó.
Por supuesto, en su palmarés, brillan sus dos únicos triunfos. El primero, joven, en 2000, la punta de lanza de aquel Euskaltel-Euskadi que se dirigía hacia la cumbre de la ilusión para la afición vasca. Ganó la contrarreloj de Mendaro y aguantó los ataques de Igor González de Galdeano en Arrate para imponerse en la general final de la Euskal Bizikleta o Bicicleta Vasca, una prueba que muchos aún seguimos echando de menos por mucho que se suba a Arrate en la Vuelta al País Vasco. Pasaron 10 años hasta que volvió a ganar y ya lo hizo con otro patrocinador rotulado en el jersey. Triunfó en el Tour de L'Ain. Una prueba que se disputa desde 1984 y que recorre el departamento de Ain en Francia, en la frontera con Suiza. Además de Zubeldia, gente como David Moncoutié, Bobby Julich, Axel Merckx, John Gadret, Rein Taaramae, Andrew Talansky, Romain Bardet o Jerome Pineau relucen en el palmarés de la prueba. Zubeldia ganó la edición de 2010 al imponerse en el prólogo de la primera etapa y recuperar el liderato justo en la última que ganó Wouter Poels, quien acabó en la general con el mismo tiempo que Zubeldia, excepto por dos décimas. La gente disputando la general aquel año era de nivel: David Moncoutié, Thibaut Pinot, Tejay Van Garderen, Tony Gallopin...
Esas son las cuatro victorias en 20 años de carrera que relucen en su palmarés. Para mucho será poco, irrelevante, pero, como hemos repetido a lo largo de esta entrada, hay otros intangibles que demuestran el valor de una carrera. 
Zubeldia superó una cardiopatía en 2012 y ha llegado a convertirse en uno de los corredores más veteranos del pelotón, apreciado en sus últimos años por un buen trabajo de equipo. Este año, le llaman "el abuelo del Tour" y él mismo ha confesado que esta es una de las razones que le hicieron meditar con tranquilidad la decisión que ayer, finalmente, anunció. Atrás queda ya aquel 1997, los años corriendo con su hermano Joseba Zubeldia, o, lo que yo guardaré personalmente, aquella imagen que nos regaló llegando a Luz Ardiden con la boca abierta como un pez fuera de la pecera. Fue mi última vez en las cunetas del Tour de Francia. Una exhalación antes había pasado Lance Armstrong. Después llegaba él, con Jan Ullrich, con Iban Mayo... Pasó a nuestro lado como si arrastrara el ejemplo del sufrimiento y la superación, algodonado por un silencio que solo rompían los piñones y los gritos de la gente. Solo cuatro victorias, pero aquella imagen, en mi cabeza, brilla más que cualquier triunfo. 
Zorionak, Haimar Zubeldia, hogei urte hauetan eman diguzuna gogoan gordeko dugu. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Uno de los mayores fiascos de la historia reciente del ciclismo. Ni una sola victoria de las que cuentan en 20 tristes años. Eterno conservador y amarrategui. Prácticamente ni un solo ataque, ni un solo demarraje... siempre a rueda, hasta que no podía mas... Siempre enmascarado, enterrado en el grupo... Lo dicho, anodino y muy gris.

Holden Caulfield dijo...

Ok, gracias. Es una opinión que no comparto pero respetaré.