lunes, 22 de febrero de 2010

Roger Grimau


Entre abucheos a la monarquía, tocamientos impúdicos, cánticos varios y olas multicolores, terminó la Copa del Rey con victoria aplastante del favorito, un FC Barcelona que dudó ante el Cajasol, trabajó ante el Valencia y lo celebró contra el enterno rival, el Real Madrid de un Ettore Messina que empieza a ver fantasmas.
El MVP se lo llevó Fran Vázquez, los flashes Ricky Rubio y la copa la recogió Roger Grimau. El 44 del Barça, con su rubia y rizada pelambrera, jugó 11 minutos en la final y aportó 6 puntos, mucho mejor que en cuartos y semifinales, donde apenas jugó 11 minutos entre los dos partidos para aportar 4 puntos. Pero el catalán es un jugador asombroso. Aparentemente limitado en la técnica, lento y con un tiro estrambótico y poco fiable, resulta que siempre genera juego, anota y cuenta en las rotaciones de un equipo que cuenta en su puesto con internacionales como Juan Carlos Navarro o Gianluca Basile. El caso de Grimau es digno de estudio, un buen ejemplo de como debes saber exprimir tus cualidades para sacarles la mejor producción. Lleva 7 temporadas consecutivas en el FC Barcelona, y ya jugó antes en ACB con Joventut y Lleida, aunque no fue hasta llegar a ACB con estos cuando, por fin, disfrutó de protagonismo (14 puntos de media en las dos temporadas que estuvo con los de Lleida en ACB). Esta temporada, con un FC Barcelona repleto de estrellas, promedia 16 minutos, 6'5 puntos y 7 de valoración por partido, 22 en total ha jugado. A sus 31 años, Grimau es el capitán de la sección y no creo que llegue a la selección, pero puede estar orgulloso de su trabajo para un equipo que raramente muestra fisuras y que, si mantiene la linea y le acompaña la suerte, repetirá éxito a lo largo de lo que queda de temporada.
Por cierto, hablando de selecciones. Es digno de comentario el elenco de entrenadores que la Federación de Baloncesto está reuniendo en torno a sus distintas selecciones para continuar con un proyecto deportivo que ha llevado al baloncesto español a lo más alto. Quitando que el seleccionador nacional absoluto es italiano, el resto de los entrenadores que trabajan para la federación forman un reputado equipo en el que destaca la cantidad de profesionales de la ACB que ahora intentan aportar a la maquinaria de promoción del baloncesto estatal. Alfred Julbe lleva a los promesas con la ayuda de Natxo Lezkano y Nacho Rodríguez, Gustavo Aranzana a la sub 20, Orenga a la sub 19, que también llevó a la sub 18 junto con Manolito Aller pero que ahora llevará Ricard Casas, Diego Ocampo la sub 17, Luis Guil la sub 16, que también llevó Manolo Aller y Josep Bordas y Antonio Navas se encargan de los más jóvenes. Muchos más trabajan con ellos, otros trabajaron, como Moncho Monsalve o el propio Txus Vidorreta, y otros trabajarán, porque ante próximos campeonatos los titulares de cada selección podrán cambiar.
Lo dejo aquí, hasta que no me contraten a mí, voy a dedicarme a mis labores, a ver si yo también produzco algo interesante con mis patéticas cualidades.

2 comentarios:

Leo del Mar dijo...

El juego de Grimau es feo, pero efectivo. Me recuerda a cierto estilo poético en boga expansiva y que, como él, capitanea lo mejor de la poesía actual por estos lares en aparente contradicción con la belleza del juego, quiero decir, poesía.

Holden Caulfield dijo...

Acertado simil, Leo del. Últimamente, rehuyo las reflexiones más interesantes y me limito solo a la exposición de los fríos datos, pero tu comentario solventa mi falta de análisis profundo. Gracias por la relación entre poesía y baloncesto. Si Grimau fuera poeta seguro que se atragantaba con el verso endecasílabo.