miércoles, 22 de diciembre de 2010

Joaquín Caparrós


Mi amigo hacía que se ponía nervioso y gritaba con la voz pequeña, tírala fuera, tírala fuera. Él es seguidor de otro equipo con el que los culés tienen aún más rivalidad. Pero la vida tiene estas cosas, que da muchas vueltas, y ahora mi amigo ha descubierto una afinidad secreta y casi impúdica por el equipo de su tierra. Yo no tengo escapatoria.
Así que seguimos el partido con sentimientos encontrados, entre la crueldad más esotérica y el sarcasmo más afilado que habíamos puesto en práctica en mucho tiempo. Ya somos más viejos que zorros, eso también es verdad.
Cuando Mateu Lahoz pitó el final respiramos aliviados. Aunque he de reconocer que las angustiosas sensaciones del mediante, una vez terminadas, fueron hasta agradables. Hasta lo disfrutamos.
Ahora, pasado un día de ello, aún no sé muy bien qué pensar. Cuando me alegro, se me pone la piel de gallina. Sin embargo, cuando me alegro del partido de ayer, me duele la cabeza. Por alguna extraña razón, no me apetece celebrarlo, y la única razón no es que aún queden noventa minutos que auguro serán igual de sufridos aunque el sufrimiento, probablemente, tenga otra forma y otro color.
Es difícil entender estos tiempos futbolísticos. Te obliga a aceptar certezas que no me hacen nada feliz. Pero la historia del mundo occidental y del fútbol occidental ha sido siempre así, ¿no? Vamos a pasar de la frase de Lineker que decía que el fútbol es un deporte que juegan once contra once y donde siempre ganan los alemanes, a una nueva que no sé quién acuñará y que dirá que el fútbol lo juegan once y otros once intentan que no lo jueguen. Y ahora voy y me explico: no me estoy poniendo melodramático ni estoy criticando con absoluta bajeza la táctica lícita (y probablemente lógica) de Joaquín Caparrós ni haciendo de menos la labor igualmente deportiva y esforzada de los jugadores del Athletic. Otros, han ganado títulos a mansalva con una táctica parecida y además han ganado reputación internacional. No solo es lícita, como ya he dicho, si no que es probablemente lógica y hasta épica, como algunos periodistas han resaltado en el día de hoy, volviendo incluso a usar frases ya pretéritas y casi desgastadas como aquello de los "once aldeanos".
El fútbol está lleno de matices, de estrategias y supongo que tiene clases y hasta castas. E incluso las dos cosas, clase y casta al mismo tiempo en un solo equipo. Y yo creo que mi equipo la tiene, aunque solo sea potencialmente en ocasiones. Pero duele. A mí me duele, si soy sincero, me duele un poquito. Me duele tener que ser del equipo que defiende y no del que ataca. Me duele con cierta envidia y con pudor, incluso. Me duele pero no lo rechazo. También me siento incómodamente orgulloso. Por todo eso, digo que en lugar de ponérseme la piel de gallina, me duele la cabeza. Y si sonrío, que lo hago, me sale la sonrisa un poco torcida.
Probablemente sea eso, que cada vez somos más viejos y menos zorros, y, aún así, seguimos haciendo más preguntas que nunca sabemos cómo responder. Caparrós supo responder la suya. A ver si la próxima que se haga, también consigue acertar con la respuesta. A mí que no me llame si tiene el comodín de la llamada, porque bastante tengo yo con las mías.
Eso sí: ¡Aupa Athletic!, que yo no tengo escapatoria.

2 comentarios:

M dijo...

Aupa Athletic!!! Claro que sí!!! Y la vuelta creo que hay que jugar exactamente igual, a ver si tenemos un pelín de suerte y enchufamos una, más o menos como con el madrid el año pasado.
HC, qué tal va esa rodilla? Un saludo.

Ricky dijo...

Gran entrada Holden!! Me ha encantado. Y muy buena también la foto de Caparrós.

Como siempre, enhorabuena.