sábado, 12 de febrero de 2011

Kostas Vasileiadis



Dejando a un lado si el pie pisaba la linea, la linea pisaba el pie, o fue antes la gallina o el huevo, reconozco que el juego de Kostas Vasileiadis me toca la fibra sensible. Es pura tensión, frenético, rayano en la locura, ajeno a las fuerzas del equilibrio y la mesura. Sus ojos se desorbitan, su presencia en la cancha es una sombra que no deja de moverse. Siempre que juegas con la electricidad, te quemas, pero sin la electricidad, tampoco lucen los neones, no sé si se me entiende, pero tampoco me importa.

El caso es que el juego de Kostas Vasileiadis es una hipérbole de lo que significa la Copa del Rey, siete partidos intensos y dramáticos en cuatro días. Ayer lo decía Pablo Laso, pero todo el mundo parece estar de acuerdo en que esta competición es la más apasionante del calendario. Seguro que ya ha habido reportajes sobre la cantidad de ojeadores que se agolpan en las gradas y sobre el día en el que Pau Gasol se dio a conocer. A menudo, las fases finales de la Copa quedan sujetas a nombres propios: Marcelo Nicola, Mark Davis, Rudy Fernández, Pau Gasol, Chichi Creus, Mirza Teletovic, Nacho Rodilla, Andre Turner... Algunos fueron MVPs, otros fueron protagonistas por otras razones, sin subrayados.

La de este año lleva camino de ser también una suerte de nombres propios, entre los que aún tienen posibilidades de levantar la Copa, Boniface Ndong, Sergio Rodríguez, Marcelinho Huertas o Víctor Claver, y entre los que ya estarán de vuelta a casa, Kostas Vasileiadis, Jaycee Carroll, y, en menor medida, Diego García o Will McDonald. Hasta mañana no se resolverá, pero mientras tanto, la magia del base canario, el desarrollo definitivo del alero valenciano, la ilusión del renacido equipo vallisoletano, la consistencia del juego canario, la fiabilidad de la plantilla barcelonista, la ternura potencial de los de Badalona, las tablas de los baskonistas y la desesperación como argumento de los bilbaínos ya han dejado momentos de auténtico baloncesto febril y enérgico. ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Queréis mi vaticinio? Os lo doy: ganará el Real Madrid de Ettore Messina. ¿Por qué? No lo sé, solo sé que son las 9:30 de la mañana y llevo desde las 6:50 sentado en este escritorio trabajando (y además es sábado), así que creo que hace muchas horas que perdí la razón y la mesura y me hice miembro del club de Kostas Vasileiadis. Será por eso.

2 comentarios:

Lench dijo...

Saludo desde Moscú a todos! Esperaba esa Copa con mucho entusiasmo y ella no defrauda mis esperanzas. Si hubiera perdido el Madrid, diría lo mismo. El torneo es magnifico y es una de mis preferidas competiciones pese a la decepción por resultados coperos de mis favoritos.
La noche del viernes el fan-club virtual de Vasileiadis se ganó a algunos corazones rusos tras el juego explosivo del jugador! Tanta pasión no queda indiferente a ninguno! Y el error arbitral agudizó las sensaciones. Y es una pena que entre los bilbaínos no se encontraron otros chavales también enchufados.
En cuanto a los vaticinios, mi corazón ansia el triunfo copero pero mi cabeza apunta que las opciones son escasas. Al menos ante este Barça con su banquillo largo, con su experiencia, serenidad y muchos otras cualidades que todavía hacen falta al Madrid actual. Lo único que permita superar al Barça es la inventiva del cuerpo técnico y la entrega completa de los todos (juegan con diez contra los doce). Y cómo quiero la Copa! Tanto de baloncesto como de fútbol. Los demás trofeos me interesan poco en las últimas temporadas.
Y tengo un sueño dorado asistir un buen día la Copa del Rey de baloncesto. Tarde o temprano lo haré :-)

Holden Caulfield dijo...

Hola Lench,
He tardado tanto en contestarte que ya no sé lo que iba a decir, además, ahora ya sabemos lo que ha pasado y quien ha ganado.
Espero que, al menos, algún día puedas asistir a la Copa, como quieres, y disfrutar del ambiente. Yo tampoco lo he hecho nunca y mira que lo he tenido cerca.
Un abrazo